Author Archives: A. Sobrino

Deeper: una historia milenaria contada en imágenes

Un día alguien me contó que Sartre le confesó a Simone de Beauvoir: “el pecado habría sido no besarnos”. Nunca he logrado atribuir esta cita a ninguno de los dos. Pero sin duda, en algún lugar de Gary (Indiana), Freddie Gibbs seguro le ha cantado al productor más prolífico de Stones Throw, “el pecado habría sido no sacar un disco juntos”.

Y es que MadGibbs ha logrado una sintonía al crear música que pocos pensamos que se podría dar. Y una vez superada la sorpresa inicial aparece en escena un tercer elemento. Como si se abre la ventana y te encuentras al amante de tu mujer como ESE lo trajo al mundo. Y en vez de enfadarte o coger una escopeta y armar una tragedia digna de las Hurdes, lo aceptas decidido a demostrar que tres no son multitud.

Ese amante no es otro que Jonah Schwartz. Con un estilo simple y unas fórmulas ABC (que si un travelling, que si un poco de slow motion, que si el mismo estilo de fotografía) ha logrado poner imágenes a la boda creativa del rapero y el beatmaker.

Es tan fácil grabar un vídeo de rap como explotar un tópico. Las decisiones más sesudas a las que se puede enfrentar un realizador son ‘¿billetes de 500 o de 1.000?’, ‘¿Ciroc o Cristal?’, ‘¿Rubia o morena?’. Muéstrate naif delante de las cámaras y haz visible tu ostentoso estilo de vida y tendrás un viral auspiciado por Vevo.

No es que Freddie Gibbs haya inventado nada en sus letras ni que Madlib deje de hacer lo que sabe hacer. Pero lo que es grandioso es que con los tres singles de Piñata han logrado hacer una trilogía que ha convertido tres canciones de rap en una banda sonora.

Esta definición no es propia. Ha sido el propio Gangsta Gibbs el que ha definido su disco como un film Blaxploitation en vinilo, en el que se muestra tal, sincero, con sus múltiples errores pero sin arrepentimientos. Ante esto, Schwartz lo tenía muy complicado: no ensuciar uno de los mejores discos de rap de los últimos años. Y convertir en una película algo que ya es una película.

En realidad, la historia tras MadGibbs no es más que una historia corriente. Una introducción, un nudo y un desenlace. Sólo que en un escenario que a muchos nos resulta lejano. Pero a la vez dolorosamente cercano.

Todos los clips de Pinata aparecidos hasta el momento nos relatan historias de hombres extraordinarios. Porque lo ordinario es ir al trabajo, estudiar para un examen, pasear. Lo que va más allá de lo ordinario es limpiar un subfusil, asesinar a una persona por droga, pasar cinco años en la cárcel del condado.

Schwartz coge estas historias que nunca terminamos de creernos y las traduce al lenguaje cotidiano. Al de ese currito que vuelve del trabajo y se encuentro a su mujer con otro. Al de esa camarera que estudia por las noches para intentar una vida mejor. O simplemente a quien, buscando a alguien que la quiera, se escapa del sol odiándose un poco más a sí misma. Esos 20 segundos finales en los que no importa lo que se nos haya contado antes: todo se reduce a historias milenarias.

 Thuggin – El pecado

Así es la vida que rodea a Gibbs y así nos lo cuenta Schwartz. Un ruido en las escaleras, un segundo y un AK47 apuntándonos al entrecejo. Another day, another dollar. Seguramente muchos no nos creamos lo que nos cuenta este mc pero en la misma casa en la que guarda amontonadas armas tiene su estudio de grabación: teletrabajo.

Shame – El amor nos hará libres

O el amor como cualquier otra transacción. Da igual las caras, el resultado es el mismo. Ellas quieren algo de Gibbs y Gibbs quiere algo de ellas. BJ dice que no tiene porque ser un walk of shame, pero mientras las acompañamos hacia el portal, sentimos el peso de esa vergüenza.

Deeper – La penitencia

En el pecado va la penitencia y cinco años después todo ha cambiado y todo sigue igual. Sólo que en este caso ella no era una más pero el trato era el mismo. Los hombres han de tomar decisiones y a la salida del barbero le reviento. Mejor no. Fast Backward y ni le miro porque la quiero a ella y ella le quiere a él. Pero al final, todo vuelve siempre. Time is a flat circle.

Gracias Gibbs por escribir nuestro epitafio, gracias Madlib por poner la fanfarria, gracias Scwartchz por abrirnos los ojos.

Despot, el genio egoísta

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José Luis de Villalonga escribía por el simple hecho de vivir muy bien. No es este el caso de Despot, el rapper que pudo ser pero no fue. Recuerda más a un malabarista carioca que sabedor de su exagerado talento se planta de palomero y corre lo justo, pero a la vez suficiente, para ganar el partido. Y es que si hay algo peor que prostituir el talento para poder comer, es malgastar la magia por pereza.

En cualquier representación artística se puede vender el soporte, la materialización, pero en el fondo el arte se regala. Por eso cuesta tanto regular en materia de derechos intelectuales. La misma razón por la que duele tanto cuando alguien nos priva de disfrutar de sus creaciones por puro egoísmo.

Despot es de esa clase de mcs: egoístas. Oriundo de Nueva York. Más en concreto de Queens. Ligado en cierta manera a a la atemporal Smart Crew y Lo-Life. Musical y personalmente relacionado con nombres como Das Racist, El-P, Mr. Muthafuckin’ eXquire, Mayhem Lauren o Action Bronson.

El pelirrojo nos gusta porque es como nosotros. El dos de enero promete apuntarse al gimnasio y el día 31 de diciembre acaba arrastrando sus penas. Sólo así se explica que en 2004 firmase por Definitive Jux y desde entonces haya protagonizado un total de ningún proyecto de larga, mediana o ínfima duración.

Es tanta la ironía de la carrera de Despot que ha conseguido que el grupo con el que iba –ya hablamos en pasado, ya tendremos tiempo de rectificar- a sacar su álbum –Ratatat– haya pasado de ser un “¡Díos mío, con Ratatat” a “¿Ratatat? Ah, sí…”. Tiene ese mérito. Y el de que da, independientemente de la fecha, siempre responda con «el año que viene» cuando se le pregunta sobre su próximo (y primer) disco.

La carrera de Despot parece estar marcada por ese sino que describe a las personas que simplemente están en donde hay que estar. Además de rapear bien, como ha demostrado en las escasas veces que le apetece, su mayor virtud es molar. Además de cómo poseedor de Polo y amigo de quien hay que ser amigo, como co-propietario de uno de los locales nocturnos más famosos de Nueva York: Santos Party House. En donde, por ejemplo, se celebraban las ‘The Rap Parties’ junto a Noisey, gracias a las cuales lo más selecto del rap se paseó por el garito.

A Despot podemos calificarlo como peculiar. Aunque sólo sea por el hecho de que una de las últimas noticias que ha protagonizado es un reportaje sobre su colección de bienes de Unabomber, conseguidos en una subasta del FBI. El terrorista que atentaba con sobres bomba desde una cabaña perdida en medio de la nada.

En 2012 PitchforkTV entrevistó a Despot y El-P en ‘Selector’, en directo desde el ahora descansando en paz 5-Pointz, y el minuto exacto que el primero habló delante de las cámaras deja claro cuál es su actitud respecto al mundo de la música: una persona que visita a The Alchemist, se graba un par de temas con él. Pero solo por diversión, jamás con la intención de publicar siquiera un EP.

Cuando escuchamos algunos de los pocos temas que nos deja, como House full of bricks, encontramos trazos del genio que creemos que Despot es. Un mc que refleja en su música la misma mezcla que se da en su discoteca. Y capaz de utilizar el cuento de los tres cerditos como metáfora de montar un imperio de la droga.

Sin embargo, él mismo reconoce que de genio no tiene demasiado. Más bien es una persona perezosa que si todavía no ha sacado disco es porque apenas alcance a escribir dieciséis barras al año. Y es tan humano que si sigue ligado de alguna forma al rap es porque siente cierta envidia –entendemos que sana- de ver cómo gente como Heems vive del rap y él no.

Y es que Despot no vive del rap –aunque eso no signifique que pase apuros económicos- pero vive el rap. Presente en discos como ‘Sit Down, Man’, ‘Relax’ o ‘Lost in Translation’. Y con una plaza en el Run the jewels tour. Bastante para quien apenas se pone delante de un micrófono.

Quien sólo escribe para mantener un buen ritmo de vida puede ser un golfo, un caradura o un vendido. Pero aunque sea poco moral, a ese que prostituye su creación jamás podremos acusarle de privarnos de lo suyo. Pero Despot es la peor de la clase de artistas. Aquella tan ruin que no nos da más porque simplemente no lo necesita. Lo repetimos: Despot es el mc más egoísta que existe actualmente.

Irónicamente, en una entrevista realizada en 2004 Despot cerraba el cuestionario diciendo “por favor, rap, espera por mí”. Le hemos hecho tanto caso que todavía seguimos esperando. Y esperaremos. En eso estamos.



 

Ha vuelto el gangsta rap

Q

SchoolBoy Q – Oxymoron

2014 – TDE / Interscope

Celebremos la vuelta del gangsta rap, porque nunca se había ido.

Ha vuelto el gangsta. El que no tenía miedo en afirmar que lloraba abrazado a su hija, compartiendo el dolor de su amigo, que era el suyo propio. Eso será Blessed. Esa contradicción, que en su anterior álbum era evidente ya desde el título, es igual de obtusa en “Oxymoron” (TDE, 2014), pero está camuflada.

Es por eso que aparece su hija en la portada de la edición estándar. Y es por eso que aparece el propio Quincey Matthew Hanley, es decir, SchoolBoy Q, en la de la edición deluxe. Todo “Oxymoron” salta alrededor de la hoguera de la integridad. Cojo carrerilla y me quemo para purificarme. El propio Q lo explicó, que todo se trata en hacer cosas malas para proveer de una buena vida a su hija.

Jamás esperaría que un niño se comportase como un adulto si lo llevo a una tienda de caramelos. Por eso tampoco debemos esperar que SchoolBoy Q abra su disco debut bajo el paraguas de una multinacional con una oda a la sobriedad. No es Kendrick y va a quedar muy claro en los próximos 70 minutos.

Podríamos esperar a SchoolBoy Q entrando en ese despacho con discos de oro y platino en las paredes con bucket hat y su impertérrita aura pero sonriendo. Con alguna sustancia ilegal en los bolsillos. Lo que no entraba en los planes es que fuese su hija la que nos advirtiese con un sonoro “(…) fuck rap (…)”. Estábamos advertidos de que nos las veíamos con un Gangsta. Pero no con un gangsta por partida triple.

Porque si los singles de este “Oxymoron” nos dieron la impresión equivocada, la apertura del álbum nos deja las cosas claras. Barra tras barra, metáfora tras metáfora, nos encontramos con un Q desatado, en estado puro. El mismo que convierte onomatopeyas en la transcripción sonora de un asesinato. El último eslabón de una cadena que ha tratado de traducir en música la vida en un barrio cualquiera de una ciudad como Los Angeles.

El primero en sumarse a esta oda a la vida criminal es Jay Rock. Por dios, ¿cuándo se ganará el estatus que por sus habilidades merece? Ni él, ni ninguno de sus trabajos, tiene el mismo carisma que sus compañeros en TDE, vale, pero al final del día, esto se trata de rapear. Y es innegable que lo hace bien.

Aunque la intención de SchoolBoy Q es en todo momento de mantenerlo clásico en cuanto al contenido, no será así en lo relativo al continente. Desde momentos naif y que en nada le hacen justicia al producto final, como Collard Greens, hasta un cierto toque trap en temas como What they want (se nota la influencia de MiKe Will Made iT y 2 Chainz), o el discotequeable Hell of a night, posiblemente uno de los cortes con más fuerza.

La dualidad contradictoria de SchoolBoy Q cobra toda la fuerza en el corte cenital. Prescription-Oxymoron utiliza un recurso violado hasta el límite como es el de abordar una canción desde dos ópticas distintas –tanto a nivel musical como de mensaje- y lo utiliza para plasmar lo obvio. A modo de espejo, nos demuestra sus dos caras: la del consumidor de drogas que es incapaz de levantarse de un coma, para pasar a la del vendedor de drogas. Esos dos hemisferios es Q.

Uno de los mayores aciertos de Oxymoron es que es un disco tremendamente clásico en unos días en los que se lleva es lo moderno. En que no canta a las mujeres y el dinero y la riqueza por la riqueza. Sí, aparecen entre líneas, pero como una consecuencia más de un estilo de vida cuya militancia se escribe con sangre en el momento de nacer. Y todo ello sin hacer un producto aburrido o vetusto.

En ese sentido tiene mucho que ver las firmas que coronan las producciones y algunas de las colaboraciones. Y es que aquí también encontramos una buena dosis de contradicciones. Si esperábamos a A$AP Rocky, a Mac Miller, a AB-Soul, a Vince Staples o a Isaiah Rashad, esperábamos mal. Por el contrario, nos topamos con nombres como Tyler the Creator, BJ The Chicago Kid o el ya mencionado 2 Chainz. Para luego ver, de repente, a Raekwon o SZA. Sin duda, la mayor representación de que esta es su obra más personal, y va a hacer con ella lo que quiera.

 ¿Mejor o peor que “Good kid m.A.A.d. city?”?. Cuando es el propio autor el que afirma que ante la salida de este disco tuvo que ponerse al lio para hacer uno mejor, es inevitable compararlo. Y las comparaciones son odiosas, pero las diferencias obvias. Kendrick Lamar es ese niño repeinado que le encanta a tu madre. SchoolBoy Q es un maldito desastre, pero la vida a su lado es mucho más divertida. ¿A quién le importa si a tu madre no le gustan tus amigos?

Oxymoron es muy auténtico y como tal no intenta ocultar sus defectos. Y es que la personalidad de Q se nota por momentos: es un disco hecho a golpes de pecho, por impulsos, incluso por retales. SchoolBoy Q no es la clase de persona que se sienta y exclama “voy a hacer un disco que cambie la vida de la gente”. Es más bien el tipo de persona que graba un disco que refleja la vida de alguna gente. En concreto, de una. De él mismo. O más bien, es la clase de persona que no busca objetivo alguno al sacar un disco, sólo hacerlo. Eso es «Oxymoron».

Childish Gambino – «Because the Internet»

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Childish Gamibno – Because The Internet

(2013 – Glassnote)

Si hubiese que definir 2013 bajo una palabra, sería sinceridad. Y si hubiese que definirlo en dos, añadiría personalidad. Lo bueno de este año, al que debemos despedir con un “tanta paz lleves como descanso dejes”, es que hemos madurado –sólo un poquito- como público. Otros lo hemos entendido mal y nos hemos lanzado al feísmo como posesos, devorando expresiones musicales más que cuestionables. Pero eso es otro debate…

Si antes nos guiábamos por el street cred, por el ser real velis nolis, ahora parece que ya nos encontramos más cómodos en otras pieles. Aceptamos reggeaton o bachata como animal de compañía. Los Kefta Voyz, han sido una de las sorpresas –agradables- de 2013 en España. Originales y divertidos. Y el público los ha aceptado. Esto, que no es más que un ejemplo, deja muy claro la evolución que está viviendo el rap a nivel mundial.

De 2013 algunos nos llevamos la impresión de que ha sido un año hiperactivo. Lo cual tiene algo malo: ha sobrado mucha música. Pero algo bueno. A base de cabezazos, se han tirado barreras. Lo mejor del 2013, sin duda, ha sido que por fin, propuestas sinceras, son bien recibidas. O por lo menos, sin el cuchillo entre los dientes. Y es en ésas, que si el autor de este humilde texto debe destacar algo de 2013, será Childish Gambino.

Si hablamos de Childish Gambino y de 2013, tendremos que citar necesariamente “Because the Internet” (Glassnote/Island Records, 2013). Pero han sido otros detalles los que destacan de él. A título personal, primero fue el Donald Glover actor, que encarna a Troy en Community. “¿Sabías que el de Community rapea?” “¡No jodas!” “Pues sí, y no lo hace mal”. Pero ese mal, era un mal en términos comparativos. No lo hace mal para ser un actor de comedia. Para ser un actor de sketches. Para ser guionista de 30 Rock. Para estar hablando de un tipo que coge prestado su apodo del generador de nicknames de Wu-Tang.

Sin embargo, 2013 ha sido el año en que todos los tópicos han caído, y con ellos los prejuicios sobre su música. Quizás mínimo, pero el punto de inflexión ha podido ser la entrevista publicada por Noisey, en la que se mostraba, tal y como decíamos antes, sincero. SINCERO en mayúsculas. En esa entrevista, Glover confesaba abiertamente una serie de miedos y pensamientos internos hacia la idea de la soledad, la muerte y la fama y la notoriedad. Quitando el aspecto filosófico, la entrevista cuenta con algunas partes muy personales e interesantes, como el momento en que se da cuenta de que todos vamos a morir, y que si muere, sería siempre recordado como “el tío de Community”. O la humildad con la que acepta la crítica de Pitchfork a “Camp” (Glassnote, 2011), porque simplemente no es un buen disco.

“Because the Internet”, en cambio, sí es un buen disco. Es mejor disco que “Camp”, sin duda. ¿Lo mejor de 2013? Dependerá de quien tenga que juzgar. ¿Lo más interesante? Sin duda. Y es que “Because the Internet” se presenta como un producto que va más allá que el simple disco de rap. Quizás obsesionado por esa idea de dejar una huella profunda que parece defender últimamente, de hacer algo, este LP se ha presentado en todo momento como un intento constante de ser algo más.

El álbum nace como proyecto las pasadas navidades, cuando Childish Gambino empieza a trabajarlo. Es sin embargo a partir de julio cuando comienza a materializarse. En ese momento, el mc da rienda suelta a una actitud complemente distinta en redes sociales, Internet y entrevistas. Empieza  a actuar “raro”, entendiendo raro como vestir siempre igual, adoptar la misma postura corporal, ser más introspectivo, adoptar un aire naïve que recuerda a un niño (childish)… De hecho, su actitud ha sido definida por algunos como depresiva, y por otros como honesta. En redes sociales, también ha dado un giro, pasando a postear mensajes manuscritos en Instagram sobre temas distintos, pero todos ellos profundos, o a cambiar el tipo de mensajes que escribía en Twitter.

A comienzos de diciembre, a través de un sitio web creado para la ocasión (becausetheinter.net), Glover lanzaba el álbum en versión guión de cine. Un guión de 72 páginas en las que cuales nos presentaba una historia que interactúa y complementa el disco. Esta historia nos pone en la piel de “the boy”, el, hijo de un rapper multimillonario interpretado por Rick Ross, un chaval de 15 años que se dedica a trolear en Internet, fumar marihuana y subir vídeos a WorldStarHipHop.

“The boy” es un crío respetado por sus amigos, pero más por su dinero y su status que por su auténtica personalidad. La historia contada por este guión tiene un punto enrevesado, escrita con emojis, siglas como LOL, y que se debe leer acompañado de los temas del disco, y que por momentos gira sobre esa idea constante de la soledad, de no encajar y de la muerte. Además, para rizar más el rizo “the boy” ve constantemente la misma frase (ROSCOE’S WETSUIT) repetida y otra vez por todas partes, frase que no significa nada y que en el propio guión, algunos de los personajes de la historia dicen que está sacada de Twitter.

La suma del guión, la actitud de Childish Gambino y la idea general de “Because the Internet” es la de una especie de crítica al sueño americano. Sueño americano que hoy en día se refleja en Twitter, Tumblr, ambiciones de millones conseguidos de forma fácil (¿hay una manera más fácil de hacerse rico que con el rap?) y una falsa realidad. Todos los mensajes que ha ido lanzando Gambino en los últimos meses giran alrededor de la soledad, la sinceridad y la muerte (¿qué hay más efímero, más irreal que las caretas que tenemos en Internet?).

Desde el momento en que salió el disco, las teorías en foros de discusión como reddit.com no han parado. La idea general es que Childish Gambino, como buen actor, ha ido construyendo un personaje en su vida real a través de redes sociales y sus apariciones públicas, en las que estaba nada más y nada menos que interpretando a “the boy”. Lo cual, de ser cierto, convertiría a “Because the Internet” en una especie de proyecto de metarealidad, en el cual todos los elementos que forman parte del mismo están cortados por el mismo patrón: forma y fondo, continente y contenido, son el mismo. Da igual que hablemos de la promoción, del propio artista o el mensaje general.

Si tuviésemos que apostar, no lo haríamos ni por la sinceridad ni por la interpretación, si no por el camino del medio. Detrás de toda una serie de pasos genialmente planificados, de una actitud fehacientemente expuesta, hay un ansia de mostrarse de forma honesta, de arrancar la careta. Quizás, “Because the Internet” es el disco más real de rap, sin necesidad de ser el disco más callejero. Y a la vez no deja de ser mera pose e interpretación.

Hablemos de la portada. Un .GIF animado, que convierte la cara del rapper en una especie de test de rorschach. El hecho de ser una imagen animada no es un recurso inédito en el mundo de la música, pero sí que adopta un cierto significado cuando se relaciona con el propio título del álbum. ¿Qué hay más propio de internet, del mundo tecnológico, que una imagen que cobra vida?

A nivel musical, “Because the Internet” es dinámico, es fresco, con influencias que van desde la electrónica hasta el RnB. No es “Yeezus”, pero tampoco a este disco le podemos pedir ser la avanzadilla del rap middlestream y comercial en 2013. “Because the Internet” es genial en su conjunto, pero correcto en su plano musical. Eso sí, divertido de escuchar. Y en el que se nota la mano a la producción de Glover, que ha ido creciendo en este ámbito hasta firmar una de las referencias más completas de este año.

Dos de los puntos en los que Childish Gambino fue más castigado en “Camp”, el fluir y mensaje, también han crecido exponencialmente en este trabajo. Ahora entiende mejor cada base, y a diferencia de su actitud depresiva, su relación con este es mucho más musical, más atrevida, lanzándose a cantar y entendiendo mejor las necesidades de las canciones. En lo relativo a sus letras, Glover sigue mostrando su faceta de guionista y cómico, abusando en ocasiones de retóricas en cierto modo infantiles, pero sigue siendo un mc divertido de oír, sabiendo plasmar a la perfección en sus letras la personalidad de todos los chicos que crecieron con la televisión (y no con el rap) en los 90.

Con una cartera de 20 tracks, Childish Gambino es mucho más valiente en este álbum, que en mixtapes anteriores. Ya no necesita a SchoolBoy Q o Danny Brown para subir el listón. Si en su momento se le critico que el nivel de colaboraciones hacía enrojecer de vergüenza sus habilidades, ahora se junta  de la gente necesaria. Invita a Chance The Rapper y sólo le deja hacerse un estribillo. Cuenta con Azaelia Banks pero ésta no se lo merienda. Y con Jhene Aiko, hace una pareja que se define por el entendimiento y las sinergias. Junto a ella crece, pero no desmerece.

Lo positivo de “Because the Internet” es que adivinamos a un Childish Gambino que tiene potencial para crecer. Con esta obra, ha demostrado que sabe parir un disco que es mucho más que un disco. ¿El problema? Que si bien en el cómputo global, la idea es originalmente brillante, en el detalle, en las distancias cortas, flaquea. Algunos temas parecen compuestos a golpe de sentimiento. Pero le falta una coherencia global de sonido. No hay que olvidar, que aunque tu intención sea crear una experiencia, al final todo se reduce a un disco de rap. Y en ocasiones, Glover parece olvidar que tiene entre manos nada más y nada menos que eso, un LP.

 Seguramente habrá quien vea en Glover un actorucho con ansias de postureo. O un llorica haciendo música. Muchos preferirán un disco de rap en el sentido clásico: beats que rompen cuellos y un mc escupiendo. A otros nos encanta que haya trabajos tan completos, que nacen de una realidad, se hacen uso de ella como medio y ponen todos los elementos a su disposición. Desde el momento en que Gambino juega con los elementos del guión y los crea en la vida real (por ejemplo, en el guión aparecen citados perfiles de Twitter y Tumblr que existen en la realidad, creados por el propio artista), o consigue viralizar elemento como la frase ROSCOE’S WETSUIT (la prueba aquí), “Because the Internet” se convierte en un genialidad. Me preguntaron por lo mejor de 2013. Por original, pero ante todo, por sincero, me quedo con “Because the Internet”.

Bonus track:

Danny Brown – Old

Cover

Danny Brown – Old

Fool’s Gold, 2013

Si tu disco te lo publica Fool’s Gold, seguro habrá hype. No por casualidad, la mente maestra tras la discográfica, pertenece al mismo notas que puso a todo fan de los 40 principales a cantar eso de, nanananaa, Barbara Streisand. Como no somos de piedra, fuimos un poco víctima de esa enfermedad moderna que nos obliga a querer matar a nuestras madres por tener antes que nadie algo, no importa el qué, pero déjame ya ver ese capítulo final de una temporada de una serie que me dejará indiferente al acabar, o te arriesgas a que haya suicidios en masa. Traducido: da igual que fueses, o no, fan de Danny Brown. Todos teníamos ganas de escuchar «Old” (Fool’s Gold, 2013).

Aunque no leas Pitchfork, y no pienses que “XXX” cambió el rap contemporáneo –no, no lo ha hecho, ¿vale?- nos apetecía sumergirnos en este LP. Nos lo vendieron bien, con entrevistas por aquí, teasers por allá, vídeadelantos… Y la verdad es que no había tampoco excesivos motivos. Por ejemplo, Dip, tampoco es que nos apasionase… pero ahí estuvimos, atentos a que se lanzase “Old” y descubrir de una vez, por qué estábamos nerviosos sin razón aparente.

¿Estaba justificado? Eso lo deberá responder cada uno. Lo cierto es que el que firma esta crítica –en realidad deberíamos decir, el que dicta esta crítica a un becario desde el jacuzzi- ha quedado satisfecho con el resultado final. Tras varias, profundas y atentas escuchas, se puede decir que “Old” es un gran disco, con luces y sombras, pero gran disco.

La música es como la vida –si nos ponemos, la música es vida-. Y en la vida a nadie le gusta la gente terriblemente perfecta. Nos gusta la gente con un diente roto, cuando este diente roto es fruto de una personalidad repleta de anécdotas divertidas. Nos gusta la gente con peinados raros, pero no raros de tronista de reallity de Telecinco. Nos gustan las canciones aburridas o directamente malas entre dos temazos, porque hacen que estos brillen más y los bailemos con más ganas. Nos gusta no saber qué esperar. Todo esto, es Danny Brown y “Old”.

La figura de Danny Brown es dicotómica. Ahora mismo, es la cara visible de la vertiente hipster de la generación M. La generación M es la formada por todos esos jóvenes y no tan jóvenes, que hartos de la situación actual, en vez de tirarse a galopar y acabar suicidándose, se drogan con Molly, lo dicen abiertamente y así pasan las tardes, o quizás las noches. El Molly es democrático, más aún que la cocaína, porque lo consumen tanto modernos como macarras, y hacer apología de esa droga no está del todo mal visto, cosa que todavía no pasa con la cocaína. Y si la generación X tuvo mucho que ver con el grunge, la generación M tiene mucho que ver con el rap.

Decíamos que es dicotómico, porque lo curioso de todo esto, es que antes de que Danny Brown fuese un icono hipster, llevaba braids y se dejaba ver con G-Unit. Vamos, que o bien es como esa choni reconvertida a moderna, o bien es que hace lo que le viene en gana. Esa segunda opción es la que ha defendido siempre Danny Brown. Tanto, que ya nos advirtió antes de lanzarse “Old”, que su disco iba a ser un poco yo-lo-valgo. Y en efecto, no mentía.

“Old” está estructurado un poco como un vinilo, con sus dos caras. La primera, mucho más clásica en el sentido rap. La segunda, responde a los sonidos que se llevan ahora. Es decir, la cara A es bum bap bum, la cara B es adjaodjaodjoajdowikiwikiwikiwikisrkillexdubstep. En la cara A tenemos a un Danny Brown mucho más personal, que nos muestra sus demonios y sus miedos, reflexiones del pasado y hacia el futuro, y en la cara B tenemos a un Danny Brown que hace estribillos en los que repite la misma palabra varias veces.

Esta absurda simplificación, define muy bien el espíritu de “Old”. Mientras que en su hemisferio más hiphop, tenemos una variedad de sonidos increíblemente rica, una buena sintonía y composición, temáticas más profundas e interesantes y lo más importante, una presencia del mc sin efectos vocales, en la segunda nos encontramos un disco más aburrido. Este aburrimiento es fruto de esa vertiente electrónica, que en este caso seguro habrá a quien le encante y no comparta esta crítica, pero humilde y sinceramente, no logra su objetivo. Es repetitiva, las colaboraciones no aportan lo que nos gustaría y la sintonía general es plana.

La impresión general es que cuando Danny Brown quiso ir de moderno, se acaba haciendo aburrido, y cuando abre sus entrañas, es cuando vemos la personalidad musical realmente interesante. Aunque ya lo hemos insinuado… ¿por qué nos gusta más la cara A?

Las colaboraciones. No es que sea un disco que sobresalga por el nivel de las mismas. Pero Freddie Gibbs y SchoolBoy Q hacen lo suyo. Le dan variedad y color a la primera mitad, cosa que, por ejemplo, A$AP Rocky no consigue. El mismo A$AP Rocky que ha de estar por decreto en tu disco si quieres molar en esto del rap de masas.

El juego que da el Danny Brown high-pitched y el Danny Brown sin efectos. Nos habíamos olvidado, quizás, pero sin adornos, su rap es crudo y directo. Es lo suficientemente atractivo para no necesitar florituras. En la cara A, la presencia de los dos Danny Brown, casi intercalándose, te mantiene pegado a los cascos como si fuese imposible despegarte de ellos. Efecto que comienza a caer en picado a partir de Dope Song (Side B).

El apartado musical. La cara A nos parece coherente y sinérgica. La cara B es mucho más plana, pese a que sus producciones son mucho más eléctricas, más enérgicas, más hiperactivas. Pero es que, que uno de los hemisferios sea más electrónico, no significa obligatoriamente que el otro peque de aburrido.

Aunque quizás, lo más interesante del Side A es, lo no musical. La sinceridad con la que Danny Brown se desnuda en los primeros compases, deja en pelotas –valga la casi redundancia- al “otro” Danny Brown. Ver, u oír, al de Detroit bregar contra demonios de la fama, los del pasado, los familiares o su forma de entenderse como artista. Sí, nos hace muchísimas gracia el Brown más ácido y gamberro, pero el humano es mucho más completo.

 Que nadie se lleve a engaños, “Old” es un gran trabajo. Extenso sin ser pesado, original sin abrumar, con varios de lo que en inglés se ha venido a denominar radio hit pero sin caer en la comercialidad. ¿Ecléctico? Sí, pero tiene su razón de ser, es un trabajo que nace por y para la dualidad y la multitud de voces. ¿Disco del año? Quizás para algunos. ¿Un muy buen disco? Aquí, pese a todo, no hay duda.

¿Qué está pasando en Nueva York? (Parte III)

Volvemos a retomar la serie de artículos sobre el pulso actual de Nueva York. Un repaso a la escena musical en torno al rap y nuevas tendencias de la ‘gran manzana’. En esta edición, tiraremos del hilo a partir de una serie de artistas ya consolidados que, pese a estar firmados con distintos sellos, han formado una especie de universo. Que la disfrutéis.

Das Racist

Das Racist era un dúo/trio formado por Heems, Kool A.D. (natural de San Francisco) y el hypeman Dapwell. A medio camino entre Queens y Brooklyn, pasaron a la fama tras publicar el tema Combination Pizza Hut and Taco Bell, que se ha llegado a convertir casi en un ad-lib. Muy focalizados en el sector de las mixtapes, se convirtieron en uno de los grupos más icónicos y con un estilo más propio dentro del underground neoyorquino. A finales de 2012 dieron fin a la formación, como se suele decir, en extrañas circunstancias. Pese a esto, tanto Heems como Kool A.D. continúan con su carrera. Como grupo han publicado dos trabajos: “Shut up, dude” y “Sit down, man”, esta última quizás su producto más característico.

Heems. Tuvo un 2012 muy activo, publicando dos trabajos: “Nehru Jackets” y “Wild Water Kingdom”. Quizás el miembro más “rapero” de los dos en el sentido estricto, representa el estilo que hizo famoso a Das Racist: mezcla de humor y activismo y principios ideológicos. En sus canciones acostumbra a combinar las temáticas de carácter más urbano, con una profundidad al tratar aspectos como el racismo o el estilo de vida hindú. Muy concienciado en combatir el racismo, ha desarrollado activamente, además de su faceta musical, aspectos como el empresarial. En 2013, junto a Pitchfork (uno de los medios que más ha apoyado al grupo), lanzó uno de los mejores temas del año, Soup Boys, que se hizo célebre por poner el acento sobre el programa de los drones (vehículos aéreos no pilotados) desarrollado por el gobierno de Estados Unidos.

Como ya dijimos, Heems también es el CEO de Greedhead Music, el sello a través del cual ha ido lanzando la carrera de artistas como el ya mencionado en esta serie, Meyhem Lauren. De hecho, su labor como rapper y empresario ha sido retratada por publicaciones tan emblemáticas como Forbes.

Big Baby Gandhi.

Posiblemente uno de los artistas más interesantes. Interesante, porque cuanto más reluciente parecía su futuro, él mismo anunció vía su Twitter que dejaba el rap. A nivel musical, es una especie de Heems pero mucho más joven y posiblemente con más talento. Lleva un paso más allá el componente ideológico y la manera en que plasma el racismo hacia su comunidad. Además, destaca en la faceta de productor.

Pero, tras sacar dos mixtapes (“Big F**King Baby” y “No1 2 Look Up 2”), lo dejó. ¿La razón? Centrarse en sus estudios como farmacéutico, el pésimo panorama económico que le planteaba el rap independiente y un hastío hacia todo lo que rodea la escena. Tras este anuncio, ha lanzado un par de trabajos más que ya tenía preparados antes de retirsa, como “Unrealeased Freestyles + Other Bad Song Ideas” y “America Eats Its Babies”. En resumen, una personalidad muy interesante para disfrutar de su música.

Lakutis.

Mitad ruso, mitad neoyorquino, otro de los artistas que creció al amparo de Das Racist, y también –como si no- Mishka Records. Un exponente de la cultura NYC que podríamos calificar como weirdo (rarito). Entre lo que nos ha regalado, podemos citar el “I’m in the forest EP” (2011, Mishka Records). En cuanto a su estilo, si antes decíamos que Gandhi era Heems, Lakutis recuerda irremediablemente a Kool A.D. Recientemente publicó “Too Ill for the Law”, vídeo que sirve de adelanto a su próximo trabajo y que esperamos con ganas: “Three Seashells”.

Le1f.

A los que sigáis la escena Queer rap neoyorquina, quizás os suene este nombre, o quizás no. No es que se encuadre dentro de este subgénero, pero desde el primer momento se ha unido su nombre como artista a su condición sexual. Cuando se realizan perfiles sobre el carácter musical de Le1f, se recalca continuamente el hecho de que es gay. Sin embargo, él mismo se encarga de repetir que su objetivo es hacer música universal. Su estilo es muy cercano al género electrónico y se ha relacionado con nombres como Azaelia Banks, Mykki Blanco o Nguzunguzu. Hasta el momento ha firmado títulos como “Liquid EP”, “Fly Zone” o “Dark York”, en el que se encuentra el single “Wut”, uno de sus singles más conocidos.

Cuenta Heems como, cuando rumiaba en su cabeza la idea de establecer su propio sello, pidió consejo a su amigo El-P. Éste último contaba con experiencia en esta faceta tras ser co-fundador y CEO de Definitive Jux durante una década. La respuesta de este último fue “no lo hagas”. Pero Heems lo hizo y el resto es ya historia. Pero esta anécdota, nos sirve para hablar del siguiente artista. Sí, lo habéis adivinado…

El-P.

Si hablamos de alguien que cuenta los años que lleva en el juego por decenas, supone una locura intentar hacer un breve perfil artístico. De El-P podemos decir que es empresario, una de las figuras más célebres del indie de NYC y un mc con una de las capacidades letrísticas más salvajes. Aunque ha desarrollado mil proyectos, nos quedaremos con el último. Junto a Killer Mike ha formado el grupo Run the jewels. Recientemente han publicado un LP homónimo, con colaboraciones de gente como Big Boi, lanzado bajo Fool’s Gold. Aunque en nuestro país la recepción ha sido tibia, es ya sin duda uno de los discos de 2013.

Despot

Aunque cuenta con una década en la escena, también lleva sobre los hombros el peso de no haber sacado todavía ningún álbum. 2013 podrá ser su año, si por fin lanza el LP en el que está trabajando. A modo de retrospectiva, entró en el círculo de El-P a través de Yak Ballz, y desde entonces ha aparecido en los trabajos de El-P, Das Racist, Mr Muthafuckin’ eXquire… Aunque quizás su relación artística más sólida y significativa se centra en el duo Ratatat, con los que ha sacado algunos de sus temas más célebres. Pese a la falta de material sólido, es uno de los mcs con mayor proyección, por lo menos en cuanto a talento. Sólo falta saber si por fin lo materializará en un LP y (nos) saciará las ansias de su música.

Mr. Muthafuckin’ eXquire

Una de las personalidades más histriónicas del rap neoyorquino. Lanzado a la escena por Mishka Records, publicó “Lost in translation”, al que ya metimos mano en Crypta, y unas cuantas mixtapes y temas de todo tipo. Con una cierta afición a los traseros sobredimensionados y todo tipo de sustancias, parece haber encontrado un sitio en el que se siente cómodo. Artista bien pagado del underground en el que puede hacer lo que realmente le place.

En esta edición, a través de la figura de Das Racist, y más concreto la de Heems, hemos intentado hacer un repaso de una serie de artistas relacionados que actualmente están, a su manera, haciendo del underground de NYC una escena en sí misma. Todavía quedan artistas muy interesantes por tocar, así como los grandes pesos pesados de la ciudad. ¿Volveremos con más ediciones? Deberíamos. Pero aunque no están todos los que son, si son todos los que están.

El autorretrato de Danny Brown

Remember when my first meal was school lunch

Now I spit a 16 straight with no punch

Remember all for dinner all we ate was Captain Crunch

Now we blow big blunts on the way to brunch

Es duro crecer en Detroit. Que se lo digan a Danny Brown. El mc, de origen afroamericano, y filipino por parte de abuela paterna, nació en el seno de un matrimonio adolescente. Su padre, DJ de música house; la madre de éste, trabajadora incansable de General Motors que, gracias a este puesto, pudo proveer de casa y hogar a toda su descendencia. Si su abuela le permitió crecer como persona, sus padres como artista. Brown cuenta como, para evitar que merodease por las calles con todo lo que ello implica, tuvo todo lo que podía desear un niño: videoconsolas, Internet… y lo más importante, acceso a toda clase de música, desde Rage Against The Machine hasta rap.

Went from good fella to commissary slips

Now I got back up man every time I slipped

Never ever quit, I just kept on pursuing

Teacher always ask me, what was I doing

Mientras lo común en su generación era escuchar a Tupac, Brown (que se introdujo en el rap a través de E-40 o A Tribe Called Quest) saltó a Nueva York y descubrió, gracias a su padre y su primo, referencias como Nas o Wu-Tang Clan. Todo este pastiche de artistas, fue conformando el mc que hoy conocemos, con su actitud “no me importa nada voy a hacer lo que me apetezca”. Es difícil encuadrar a Danny Brown en un sonido, porque no hay una sola corriente de la que beba, hay infinitas.

Scribbled in my notebook and never did homework

Low attention span, guess these Adderall worked

Rocked Tommy Hil shirts, ones with the boat

Rockport kicks way before we even smoked

Las drogas son una parte esencial para entender el fondo del de Detroit. Tanto como consumidor, como proveedor. A raíz de escuchar a músicos como el ya mencionado Nas, comenzó a cambiar su percepción sobre la marihuana, y con este cambio, a consumirla. Bajo los efectos de esta droga, su actividad artística menguó. Pero pronto entró otra sustancia en escena. El Adderal, medicamento indicado para las personas con déficit de atención, se convirtió en el perfecto aliado del mc. Él mismo reconoce que su mejor canción está escrita bajo los efectos de este compuesto derivado de la anfetamina. La presencia de distintas sustancias es una constante a lo largo de su carrera, como por ejemplo, en el tour “Relax” que realizó junto a Das Racist.

Used to have baby lungs, choking when I hit it

Nowadays lace a whole seven in a sitting

Remember back then we thought we growed up

Rushing at a kid just to be grown up

Con 18 años, sus padres se separan. Siendo el mayor de tres hermanos y sin un sustento económico definido y constante, Danny Brown comienza a vender droga. Tras ser arrestado, rompe su promesa de dejarlo la primera que le cojan. Poco después vuelve a ser detenido, con lo que acabará cumpliendo ocho meses en prisión en 2007. Este hecho le llega con su carrera artística ya comenzada, tras haber hecho sus primeros pinos en la industria. Al salir, es el momento de decidir si continúa con una vida a medio camino entre la delincuencia y el pasotismo, o si apuesta por la música.

I can eat a pound and shit sixty four quarters

Burn up fire and drown drops of water

Son, I told you I got them beans like Goya

Gone off them pills got me jumping off the sofá

Antes del Danny Brown con el flequillo cardado hacia un lado, teníamos al Danny Brown con braids. En 2003, el mc comenzó sus primeros pasos en la escena con el grupo Reserv’or Dogs, sacando una referencia que lograría cierto ruido en Detroit “Runispokets-N-Dumpemindariva”. Tras salir de la cárcel comenzó a viajar a Nueva York, conoció a un A&R de Roc-A-Fella y su música empezó a girar por los circuitos comerciales. Aunque este contacto no terminó de cuajar, tiempo después entablaría amistad con Tony Yayo, y esta relación le llevaría a entrar en el universo G-Unit. Como cuenta el propio Brown, a 50 Cent le gustaba su música, pero su fichaje por el sello nunca se concretó por un tema de estética. Danny Brown no casaba con la imagen que el grupo representaba.

Hotter than a Hot Pocket out the devil microwave

Model bitches begging just be a nigga’s sex slave

Exotic foreign garments lookin’ tailor made

And when these bitches see me man they wetter than the everglades

2010 fue el año clave en la vida de Danny Brown. Publicó “The Hybrid”, y fue en ese álbum en el que descubrió el efecto vocal que ahora imprime a todos sus rapeos y le hace terriblemente característico. Ese mismo año, Brown fichaba por Fool’s Gold. El manager del mc, le ofreció a la discográfica la posibilidad de que éste firmase por el sello. A-Trak, tras consultarlo con Q-Tip, decidió darle una oportunidad. El resto es historia.

Everyday same shit, me getting paid

Waking up, new bitch, it’s me getting laid

Used to take bottle back, waitress bring the bottle back

Now they see me shining and they looking like a Sour Patch

Bajo el paraguas de Fool’s Gold, Danny Brown comenzó a desarrollar su yo artístico en su máximo exponente. O lo que es lo mismo: la ausencia de un yo definido. Lanzó, en formato digital gratuito, «XXX» (2011 – Fool’s Gold). Las publicaciones independientes enloquecieron. Pitchfork no dudó en subir de la barrera del 8 sobre 10 para calificar el álbum. Fue la confirmación de que Brown comenzaba a encontrar su hueco, tras pasar por el underground de Detroit, intentar alcanzar el mainstream en Nueva York, se sintió cómodo en la independencia artística. A partir de ahí llegaría lo que todos conocemos más o menos. Una mayor relación con nombres como A$AP Rocky, su aparición en el remix de ‘Huzzah!’ Junto a Despot, El-P, Das Racist y Mr. MFN eXquire. La polémica de la felación recibida en directo en un concierto. Sus declaraciones afirmando que odia a Mac Miller como músico. Y finalmente, “Old”.

Nigga catch a heart attack,

Newport soft pack never blow blunt wraps

But these blunt raps sewn up

Whoever thought I’d be the greatest growing up

Titulado en un principio “ODB”, luego rebautizado como “Old” (2013 – Fool’s Gold) por fin ve la luz el que puede ser su álbum consagración. Según sus propias declaraciones, “Old” está concebido como un vinilo, con su cara A y su cara B. Una, la del artista old school de rap. Otra, más orientada hacia nuevos sonidos como el trap. ¿Qué podemos esperar nosotros? Que sea él mismo, lo cual es no saber qué esperar.

Letras de la canción obtenidos de Rapgenius.com

Referencias biográficas documentadas de la entrevista ofrecida por Danny Brown a Complex Magazine

La bajada a los infiernos de Daniel Dumile

Antes de que mandase a dobles a los conciertos, antes de que apareciese en estados poco recomendables para ofrecer espectáculos dignos, antes del mítico y excepcional “Madvillainy” (2004 · Stones Throw), antes del “Operation Doomsday” (1999 · Fondle ‘Em), antes de ponerse la máscara por primera vez, de renacer como MF Doom… antes de todo eso, fue KMD, antes fue Zev love X y, en el principio de los tiempos, Daniel Dumile.

KMD fue un grupo formado en Long Island en 1988 por Daniel Dumile (por aquel entonces con el sobrenombre de Zev love X, a partir d 1997 como MF Doom), su hermano DJ Subroc y un tercer miembro que originalmente fue Rodan, y después Onyx the Birthsone Kid.

Durante los primeros compases de la década de los 90, KMD se forjó un nombre y una reputación en el underground neoyorquino. Una de las señas de identidad del grupo fue siempre el afrocentrismo de sus temáticas y una lucha constante en contra del racismo. Fue el enfoque que le dieron a este espíritu, el que marcó el devenir de KMD. Las siglas, que provenían de ‘a positive Kause in a Much Damaged society’ o simplemente ‘Kausing Much Damage,’ reflejan claramente la evolución artística.

La primera referencia, “Mr. Hood” (1991 · Elektra Records) trataba lo ya mencionado desde un enfoque cómico y hasta en cierta medida naïve. Sin embargo, en 1993, la posición de KMD se radicalizaba con “Black Bastards” (1994 · Autoeditado). Ya desde el artwork diseñado para el lanzamiento, quedaba aparentemente claras las intenciones de la banda.

En la portada, podemos ver la caricatura de Sambo, la “mascota” de KMD (Sambo en castellano es zambo, término usado en su momento para referirse, de manera vaga, al mestizaje entre negros y amerindios en la época del colonialismo americano) colgado de una especie de horca. El título del álbum aparecía escrito en tipografía imitando el popular e infantil juego del ahorcado.

Además de su apariencia, el tono del grupo se oscureció por completo, pasando a tratar de una manera mucho más profunda y hasta en cierto punto combativa, lo que ya abordaron en su primer LP. Era un trabajo mucho más oscuro, tanto en su concepción, como enfoque e incluso sonido.

El concepto detrás de todo esto venía a reflejar la muerte al estereotipo. Todos los miembros del grupo eran activistas del movimiento Five Percenter. Con esto querían romper con su pasado anterior.

No hay que olvidar que los Dumile eran unos críos, literalmente, cuando lanzaron “Mr. Hood”. Esto no era más que la evolución lógica conforme iban creciendo. En el sello, sin embargo, crecía la preocupación respecto a este álbum. Pero de repente todo cambió.

En 1993, mientras cruzaba las vías del tren en Long Island, Subroc fallecía arrollado. Onyx decidía entonces huir, casi literalmente, de KMD. De ser un grupo perfectamente definido, en el que el pequeño de los hermanos se encargaba de la parte musical, Daniel Dumile se quedó solo, tanto en la vida en general como al frente de la formación. En Elektra Records, que por aquel entonces pertenecía a Warner, esta tragedia fue, a su vez, la gota que colmó el vaso y la excusa perfecta para atajar de raíz lo que se perfilaba en el horizonte como un gran problema.

Así lo cuenta Dante Ross, una de las figuras básicas para entender el hiphop de las últimas dos décadas. Ross era el A&R (término que hace referencia a la figura en los sellos que se encarga de buscar nuevos talentos, gestionar contratos, coordinar las sesiones de grabación, hacer de enlace entre bandas y productores etc.) de Elektra, y a su vez se convirtió en una de las personas más cercanas a los Dumile.

“Black Bastards” y el trágico e inesperado fallecimiento de Subroc llegaron en un momento en el que Warner aún arrastraba la polémica de Ice-T y su Cop Killer’. Un mes antes de la fecha planeada para lanzar este LP, Terri Rossi, columnista de Billboard, tuvo acceso a una copia promocional, y escribió una reseña centrándose principalmente en la controversia de su portada, interpretándola –erróneamente- como una oda al racismo. La periodista buscó apoyo en voces críticas de la escena para atacar el álbum, levantando una polémica que hasta entonces era inexistente. Temiéndose lo peor, decidieron cortar por lo sano: la obra jamás vería la luz.

La misma semana que Daniel tuvo que enterrar a su hermano, le convocaron a una reunión en las oficinas del sello, en el que junto a Dante Ross, se iban a dar cita los pesos pesados de Elektra y Warner (Richard Parsons, Sylvia Rhone…), con el fin de tratar este tema. Jamás se celebró. La discográfica se decantó por devolverle al único miembro de KMD los masteres del álbum y 20.000 dólares.

Traicionado por el destino, que se personó de forma trágica con la muerte de Subroc y de forma mezquina con la puñalada asestada por la industria, Daniel Dumile desapareció durante cuatro años. Cuatro años de los que poco se sabe, por propia decisión del artista. Dumile llegó a verse viviendo en la calle y como el mismo afirma en Doomsday, estuvo en prisión en Baltimore. La serie de catástrofes y golpes bajos que tuvo que soportar, fueron anulando poco a poco la personalidad humana, hasta dar lugar a un superhéroe que triunfó para acabar con la industria.

En 1997 Daniel Dumile se personó en el Nuyorican, una noche de micro libre, con la cabeza tapada con una media. Subió al escenario y empezó a recitar una especie de versos/rimas con el flow y el mensaje que le acabaría por hacer célebre. De ahí comenzó a captar la atención del público, con ella ganada llegó la de –de nuevo- discográficas y acabó por surgir MF Doom, y el artista que siempre aparece con su rostro tapado por una máscara.

La historia detrás del fallecimiento de Subroc, la muerte figurada de KMD y Zev Love X y el nacimiento del supervillano más famoso de la escena rap, MF Doom, está cargada de un simbolismo como el que pocas veces se ha visto. En 1991 el grupo, y en especial los dos hermanos Dumile, estaban llamados a ser pesos pesados en la escena musical que se desarrollaría a partir de entonces. Su fuerte componente político y a su vez el humor mostrado, junto al talento que derrochaban, les prometía un porvenir brillante. Quizás la inmortalidad artística. Ésta llegó, pero no de la manera que se esperaba. Subroc se ha convertido en una leyenda en proyección. Para los nostálgicos, es una figura a la que adorar por lo que podría haber sido. Por su parte, Doom, ha acabado firmando obras geniales, que cambiaron la historia del rap contemporáneo.

Curiosamente, la fama, el estatus de leyenda, le llegó tras la peregrinación por el desierto. Despojado de lealtad, de dinero, de un techo, sólo quedó el artista y la máscara. La historia de una vida que refleja como hay ciertas personas que están predestinadas a dejar su huella, por muchas piedras que se le pongan en su camino.

Una vez que conocemos el pasado de MF Doom, todo lo que le rodea cobra aún más sentido y un carácter más mítico. La muerte de Subroc nos dejó sin, posiblemente, una creación musical irrepetible. Pero a su vez, si no hubiese fallecido, lo más probable es que jamás hubiese nacido MF Doom, que Daniel jamás hubiese conocido a Madlib, o lo hubiese conocido en otras circunstancias y el Madvillainy no existiría hoy en día. Por supuesto, el bochorno de los últimos años de la carrera de Doom tampoco se produciría. No habría polémica, no habría concierto en los que no aparece, o aparece borracho, o aparece alguien con su máscara pero que no es él. Lo que son las cosas, la mayor desgracia humana, nos devolvió uno de los artistas más célebres que hemos conocido en las últimas dos décadas.

¿Rompiendo? una lanza en favor de Mac Miller

macmiller

Para el que haya estado metido en una caverna este verano, Mac Miller ha sido uno de los nombres que Kendrick Lamar soltó en Control. El de Compton, hizo su propia lista de mcs, considerados como los aspirantes al trono. Para el que haya estado metido en una caverna los últimos años, Mac es uno de los raperos más notorios de los últimos tiempos, si entendemos como tal millones de reproducciones en YouTube, colgarse el cartel de “no hay entradas” en conciertos y ocho cifras en la cuenta bancaria.

Mac Miller es uno de los artistas más pasionales que existen actualmente. Tiene una potente base de fans acérrimos, y lo más importante: levanta un sentimiento de odio exagerado entre todos aquellos que no comulgan con su forma de entender la vida y su actitud. Y generalizando, suele tener más tirón entre adolescentes, para qué negarlo.

Tras dos singles Miller lanzó K.I.D.S. (Rostrum Records, 2010), una mixtape de corte naïve, despreocupada, en consonancia con el aura que rodea a este mc. Cuenta con una serie de temas que podríamos calificar como dignos. Además, es un trabajo casi unipersonal, con una sola colaboración. Sin embargo, pese a tener ciertos atributos, nada podría explicar el éxito a nivel viral que consiguió, logrando reventar los registros habituales en DatPiff.

Este éxito se puede explicar, en buena medida, al componente empático y psicológico. Mac Miller engancha con todos esos críos y no tan críos, de clase acomodada, que quizás podríamos englobar bajo el paraguas del término “hypebeast”. Una generación que busca la diferenciación, pero superficial. El rap es un contexto, una excusa, como lo puede ser Instagram o las marcas de moda urbana. Una forma de buscar satisfacción personal, la aprobación social y, en el fondo, una razón para quedar con sus amigos, beber latas de Four Loko y esperar mientras empiezan las clases en la uni.

Esto tiene una parte positiva: tus oyentes son los que tienen el poder económico suficiente para financiar tu estatus de artista. Pero una contrapartida: tus detractores son los que podríamos denominar oyentes hardcore. Seguramente el público más maduro, te odiará.

La materialización de este hecho tuvo lugar con su primer álbum. “Blue Slide Park” (Rostrum Records, 2011) convirtió a Mac Miller en uno de los raperos mejor pagados, con unos números de ventas realmente buenos, y también le valió el ticket para irse en un exhaustivo tour por toda América (que a punto estuvo de costarle la salud, todo sea dicho). Pero la recepción crítica fue, como poco, gélida. Pitchfork, por ejemplo, le dio un 1 sobre 10, en una decisión que hasta algunos blogs recogieron como noticia.

Es decir, tenemos un artista que continúa haciendo dinero y dando conciertos, pero a su vez sacando material que sigue dándole razones a sus haters para odiarle todavía más.

Tras una crisis personal y como ya dijimos, hasta física (cuentan que los palos que le llovieron le dejaron realmente tocado), Mac Miller decidió hacer las maletas y mudarse de su Pittsburgh natal a Los Ángeles. Allí ha establecido su hogar y, lo más importante, su estudio. Curiosamente, tras esta mudanza, ha ido afianzando sus relaciones con artistas locales. ¿El resultado? Actualmente cuenta por amigos y socios musicales a nombres como Earl, Vince Staples o miembros de TDE como SchoolBoyQ o Ab-Soul. Muchos de ellos ahora incluso graban sus trabajos en su estudio.

El resultado de todo este proceso ha sido su último trabajo editado comercialmente: “Watching movies with the sound off “(Rostrum Records, 2013). Pese a que para los que odian con toda su alma a Mac Miller, este LP les ha pasado desapercibido, nos atrevemos a definirlo –y abrimos paraguas- como un buen disco. Y es que cuanto más se afianza su relación con determinados nombres, más sentido parece tomar su carrera.

Tras una serie de obras en las que, mejores o peores, todos los temas tenían un cierto tufillo a intentos de hits youtuberos, “Watching…” tiene un aire mucho más madurado y pensado, conservando todavía ese aire gamberro (que puede llegar a ser inaguantable) que siempre nos llega a la nariz cuando escuchamos algo de Mac Miller, pero a su vez es más serio. En resumidas cuentas: se podría escuchar sin que tus amigos raperos te insulten en redes sociales.

Este cambio la percepción de Mac Miller está sustentada, esencialmente, en el aspecto musical. Sus nuevas amistades artísticas (especialmente la nueva ola angelina, y con mención destacada a las barras de SchoolBoyQ en su colaboración) han ayudado a mejorar su aura. En el ámbito de las producciones también ha dado un paso adelante, dejándose de samples facilones y contando con la presencia de nombres como The Alchemist o Chuck Inglish. Además, el todo, el conjunto, es mucho más sólido que todas las referencias anteriores.

Es destacable además las positivas sinergias que goza con, por citar un ejemplo, Vince Staples. Muchos de los beats de este mc están firmados por Mac Miller bajo uno de sus sobrenombres: Larry Fisherman. “Stolen Youth EP”, un proyecto colaborativo entre ambos es la prueba de ellos. Lanzado este verano, con producciones de Miller y rapeos Staples, se ha convertido en una de las mixtapes de los últimos meses, aunque muy infravalorada.

En definitiva y a grandes rasgos, su personalidad sigue siendo la misma. Sigue siendo el niño odioso blanco del rap, con unas pintas que rozan lo estrafalario, sigue protagonizando un reallity en MTV y por supuesto sigue teniendo unos tatuajes absurdos y una actitud que incita a que te caiga mal, sin saber muy bien la razón. Pero Mac Miller está madurando y sus últimos trabajos son prueba de ello. Los medios ya no le atizan como antes y sus nuevos amigos, molan. Sí, para muchos, todavía corny. Para otros, alguien a quien ya tener en cuenta en el panorama.

¿Quién es SZA?

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SZA es el nuevo fichaje de TDE (Top Dawg Entertainment). O mejor dicho, la nueva fichaje. Tras meses de rumores, entre los que llegó a sonar el nombre de Action Bronson, el sello del que forman parte SchoolBoy Q, Kendrick Lamar, Ab-Soul y Jay Rock ha ampliado la familia en 2013. Primero fue Isaiah Rashad. Y a mediados de agosto, ha sido el turno de esta mc.

SZA cuenta con una interesante herencia. De madre cristiana y padre musulmán suní, creció bajo unas premisas educativas diferentes a las que solemos encontrar en otros artistas. Tenía prohibido ver televisión, salvo Los Simpson, programa del cual su padre era fan. Solana Rowe, que así se llama, creció con Lisa Simpson como referente. Toda la cultura a la que tenía acceso, era aprobada previamente por sus progenitores, y vestía según los códigos de la hiyab.

Apenas un año antes de anunciar su incorporación a Top Dawg, Solana era ajena a eso que le llaman rap. Lo más parecido era la poesía, expresión artística a la que ahora es aficionada. Pero a través de un amigo de su pareja, comenzó a plasmar las poesías sobre ritmos y el resto es –el comienzo de- historia.

Actualmente cuenta con dos trabajos en formato mixtape: “See.SZA.Run” y “S”, su último lanzamiento y que es el preludio a “Z” y “A”. Para celebrar el anuncio de su unión a TDE, nos ofrecieron desde el sello Teen Spirit, single producido por WondaGurl y que en poco más de 24 horas superó las 40.000 reproducciones en SoundCloud.

Su estilo, como ella mismo lo califica, se engloba como Glitter trap (glitter en inglés significa brillo). Un concepto que hace referencia al toque a pop, melódico, brillante y alegre de su música. Una contraposición al escenario del que viene.

Ahora sólo queda esperar, dejar pasar el tiempo, para ver si las apuestas, sean a favor o en contra, se acaban cumpliendo. Hasta el momento TDE era sinónimo de Black Hippy (el supergrupo de Schoolboy, Kendrick, Ab-Soul y Jay Rock). Con los dos últimos fichajes, Top Dawg se ha ido conviertiendo en lo que es, un sello. Es cierto que los nuevos nombres vienen a aportar aire fresco, pero a su vez, ¿quién sabrá si rompen la sintonía casi perfecta que había entre los cuatro de California?

¿Quién saldrá ganando aquí? ¿TDE, Black Hippy, SZA…? ¿Todos? Por el momento, Top Dawg aumenta su cartera de miembros con una incorporación que hace del sello un agente de peso en el sector del rap independiente. A su vez, el perfil de esta mc es distinto, diferente y ante todo, muy original. Sólo queda saber, si tanta originalidad no acabará por ser perniciosa para un sello que, hasta el momento, presumía de tener por estrellas a todo su plantel de artistas. El tiempo dirá.

¿Por qué nos gusta Spitta?

Spitta

Curren$y, Currency, Spitta, Spitta Andretti… Muchas maneras de escribirlo, de referirnos a él, pero sólo una realidad: uno de los mejores mcs actualmente. Con una de las carreras y trayectorias más pensadas y coherentes, con unos principios empresariales sólidos, por sus lazos en la industria, por sus referencias, colaboraciones, estilo… Lo tiene todo, salvo el éxito masivo a gran escala. Para saber más Curren$y, remontémonos a sus orígenes:

Aunque 2008 es el año clave, sus comienzos datan de 2004, donde su entrada viene acompañada de No Limit Records y Cash Money. Nos contaba Kruze en la entrevista realizada por BBB, como la falta de promoción y el retraso continuado de su álbum (“Music to fly to”) hizo que, sin necesidad de que le enseñasen la puerta de salida, se acabase retirando del universo Young Money.

De los apenas dos años que formó parte del sello, queda el single Where da cash at, junto a Lil’ Wayne, y en el que ya se intuía en sus barras lo que podría llegar a ser , aunque la temática está, en este caso, muy influenciada por su pertenencia por aquel entonces a Cash Money.

Hablábamos de 2008. Alrededor de esa época también surge otro de los aspectos que acabarán por ser fundamentales para entender el personaje de Curren$y. Fly Society es el movimiento/grupo formado por el mc y gente como Terry Kennedy (proskater de marcas como Supra o KR3W en su momento). Un proyecto que nunca se acabó de definir como marca de ropa o como formación.

En 2010, Spitta explicaba para XXL (una de las revistas sobre rap con mayor éxito comercial en EE.UU.) la realidad tras Fly Society. Al parecer, según el de Nueva Orleans, Terry Kennedy, que fue introducido por Curren$y como miembro, registró por su cuenta el nombre y logo del grupo para apropiárselo.

Por un lado, nos encontramos la falta de apoyo de la industria. Por otro, la traición de la misma. ¿Qué tenemos? Un artista que apuesta por la autogestión y regalar, que no malgastar, su talento. Por ello, a partir de 2008, comenzó su ofensiva de mixtapes, trabajos gratuitos y álbumes editados que ha mantenido hasta el momento. Quizás lo que mejor define a Curren$y, además de su música, es el haber tomado su camino llegado el momento, y no despegarse de él.

De esa época tenemos canciones como Reagan era, que aunque por aquel entonces todavía pertenecía Fly Society, ya podemos intuir lo que estaba por venir: muscle cars, ese flow medio lazy, pero que destaca por una enorme musicalidad, referencias a videojuegos, ser rico del barrio, weed… en definitiva, un rapero que se dedicaba a nada más y nada menos que rapear, soltar rimas y rimas sobre barras y barras.

“This Ain’t a Mixtape”, con Monsta Beatz, y “Jet Files”, fueron los trabajos que inauguraron su nueva era como artista, futuro empresario y autogestor y –seguramente- como persona. Los dos LPS fueron publicados, en formato digital, por Amalgam Digital. Con el tiempo y la mayor exposición, acabaron por editarse copias físicas. El fiel reflejo de los pasos que iba dando Spitta como artista consolidado.

Si seguimos repasando su legado discográfico, es necesario avanzar hasta 2010, seguramente el año más significativo para su trayectoria. No es que las  referencias anteriores sean malas, pero es en este ejercicio cuando las cosas se ponen serias. Hablamos de Pilot Talk, tanto el I (Roc-A-Fella, 2010) como el II (Roc-A-Fella, 2010). Es aquí donde el Curren$y que conocemos actualmente, toma forma completa, tanto ideológica como musical. Ambos aparecidos en un breve lapso de tiempo, inferior a seis meses; ambos lanzados bajo Roc-A-Fella, además de estas coincidencias comparten muchos principios que ayudan a entender que es Spitta hoy en día:

La labor de producción: Quizás la primera vez que Curren$y confiaba en un productor característico, de peso y con un sonido tan propio. En este caso hablamos de Ski Beatz, pero más adelante lo volveremos a ver en casos como Harry Fraud (el chico de oro). Ski Beatz se encarga del 99% de las producciones en ambos casos, consiguiendo darle una coherencia absoluta en este plano a los Pilot Talk. La empatía y la simbiosis entre los dos es absoluta. Es un acierto que el camino de estos artistas se cruzase y diese lugar a estas dos obras. Empezamos a ver a un Spitta que hace las cosas con un sentido, y ese sentido es, ni más ni menos, seguir su intuición, pulida a base de palos y palos de la industria.

Las colaboraciones: Pilot Talk da paso a algunos de los artistas que mejor sintonía parecen tener con Spitta: Devin the Dude, Dom Kennedy, Stalley… Ya no son gratuitas, tienen su explicación, y ayudan a darle al trabajo consistencia. Nombres más o menos potentes, pero con su razón de ser. Además, la misma empatía que se siente en las producciones, se traslada a estas colaboraciones. No terminan aquí las apariciones, con invitados de auténtico lujo como Snoop Dogg, Big K.R.I.T., Smoke DZA, Sir Michael Rocks, Raekwon, Jay Electronica, Mos Def… múltiples palos y estilos, pesos pesados y rookies en plena forma. La cantidad de artistas que pasan por dos álbumes y su riqueza, es increíble.

JETS: Quizás el elemento más característico de la personalidad de Spitta. El germen de lo que JETS es hoy en día, comenzó con la buena relación de Curren$y con sus apadrinados: Trademark the Skydiver y Young Roddy. El de Nueva Orleans es amigo de la infancia de ambos, y una suerte de mentor, y es en los Pilot Talk donde los conocemos por primera vez. De estos dos LPS salen dos auténticos temazos: Roasted y Hold On. La relación entre los tres fue fructificando, llegando hasta el punto de convertirse en discográfica, más allá de un movimiento, un ad-lib o una filosofía.

Un año después, Curren$y ficha por Warner Bros y con motivo de lo mismo se convierte en CEO de Jet Life Recordings, con la incorporación automática de los dos mcs. Después llegarían Smoke DZA o Sir Michael Rocks, dando a la disquera una profundidad y variedad en su cartera de artistas. O lo que es lo mismo: el hombre eternamente apaleado por la industria, consigue hacerse con el control de su producción, ser su propio jefe, y fichar a personajes de calidad y que a su vez son amigos. El reflejo de que se puede triunfar siendo fiel a tus propios principios.

Dentro de los Pilot Talk: Hasta el momento Curren$y era un buen músico, con buenas canciones y buenos trabajos. La salida de Pilot Talk I y II convierte su legado en excelente. Address, con Stalley, sirvió para hacer notorio a este último, y es un auténtico himno a cómo el dinero y la fama puede también no cambiar a las personas. Un alegato a los orígenes. Michael Knight cuenta con uno de los mejores estribillos, y también más simples, de toda la carrera de Spitta. Life Under the Scope nos enseña a un Curren$y rabioso con los medios y escupiendo barras al más alto nivel. The Hangover nos trae a dos artistas cantándole a la vida naÏve, Audio Dope II, Famous, Hold On… el nivel de estos discos es sobresaliente. Verdaderamente no son LPs que cuenten con un gran trasfondo. No nos relatan ninguna historia y no tienen mayor razón de ser que el propio Curren$y haciendo lo que mejor sabe: rapear, y rapear a un altísimo nivel. Las temáticas son las mismas que veremos a lo largo de los años, y habrá a quien le aburra, pero del mismo modo que podemos aguantar a Pusha-T hablando de tráfico de drogas durante cientos de canciones, podemos aguantar a Spitta hablar sobre zapatillas, Chevys, marihuana y bad bitches, aunque no compartamos su estilo de vida.

Ventas: Quizás la piedra de toque continua en su carrera, ni de lejos cercanas a otros ejemplos. Las del Pilot Talk están actualmente en torno a las 30.000 unidades, y las del Pilot Talk II no son mejores. Para que nos hagamos una idea, gente como Drake, Kanye o Minaj pasan de las 200.000. O lo que es lo mismo: Curren$y es un gran artista, pero nunca será un gran artista comercial.

Aunque los Pilot Talk fueron las obras más representativas de Curren$y, entre 2008 y 2010 su producción musical fue hiperactiva. Y entre ella, encontramos una mixtape que, al igual que estos dos LPS, es ejemplificante. Hablamos de “How Fly”, junto a Wiz Khalifa. Entender donde estuvieron uno y otro, y entender donde están uno y otro, es entender el camino que ha llevado Curren$y en esto que llamamos rap.

En el momento de publicar “How Fly”, Curren$y y Wiz Khalifa venían de situaciones parecidas, que no iguales. Los dos habían tenido contacto con el lado mainstream (el de Pittsburgh ya gozaba de una fama considerable anteriormente, Spitta formando parte de los sellos más míticos de NO), los dos contaban con una imaginario en sus letras similares, tenían muy buena sintonía, gusto por los coches e incluso a la hora de rapear había similitudes. Claro que en el caso de Wiz, muchas eran heredadas de su “hermano mayor”. Sin embargo, hoy, Khalifa es una caricatura de lo que fue en su momento, casado con Amber Rose y un estado físico que por momentos podríamos considerar decrépito, y Spitta sigue haciendo lo mismo: lo que le viene en gana. Eso sí, el primero con mucho más dinero en su cuenta corriente.

Más allá de lo que pueda parecer, la idea de Curren$y como sinónimo de autenticidad, no se limita la hecho de “no venderse” (podríamos abrir otro debate sobre lo que supone no venderse), a seguir con sus mismas ideas y ya. En el período comprendido entre 2010 y hoy, ha seguido publicando trabajos con un aceptable nivel, regalando hits y tomando decisiones empresariales, más o menos acertadas, pero que demuestran que hay algo más. Por ejemplo, su alianza con Bittorrent.

En una época en la que las discográficas intentan matar moscas a cañonazos y acabar con Internet, demonizando a los usuarios y atacando molinos de viento, Curren$y se ha aliado con el enemigo. Mientras que “Yeezus” usaba la antipromoción, y “Magna Carta Holy Grail” salía junto a una de las marcas de tecnología más grandes del mundo, Jet Life cogía un poco de una estrategia, un poco de otra, y se marcaba lo impensable: el Red Eye Project. A través de Bittorent los usuarios pueden descargarse la mixtape, acceder a un documental o comprar entradas para los conciertos, en un movimiento muy similar a los ya comentados, pero anti-comercial en su concepción.

2013 ha sido el año en que las posturas en el hiphop se han radicalizado. La fuerte explosión del EDM en Norteamérica, ha permitido que corrientes como el trap estén en boga, con lo que ello implica. El mensaje se ha simplificado, los temas se han radicalizado, la música se ha electrificado y el rap se ha viralizado. Ahora, si no tienes 20 millones de visitas en YouTube, si no rimas las mismas palabras una y otra vez y hablas sobre dinero y disparar, pareces estar fuera del radar. Y es un poco lo que le he pasado a Curren$y, siempre fuera del círculo predominante en ese momento.

Esto no implica que en los últimos tres años tengamos material suyo para dar o regalar, o ejemplos de lo que es capaz de hacer. Por ejemplo, Twistin Stank, remix de Hard in the paint, en el que demuestra en cinco minutos de lo que es capaz, siendo una de sus canciones más completas y en la que da una auténtica lección de lo que debe ser el rap.

En lo relativo a su discografía, si tenemos que seleccionar un lanzamiento de los últimos tiempos, podemos quedarnos con “The Stoned Immaculate” (Jet Life/Warner Bros, 2012), que sin suponer un cambio exagerado respecto a los argumentos que suele ofrecer, ha supuesto uno de sus discos más completos, más pensados y con mejores resultados comerciales. Por no hablar de las colaboraciones, a destacar quizás la presencia de Pharrell…

Para 2013 está previsto que podamos disfrutar de la tercera parte de la trilogía Pilot Talk. ¿Qué podremos esperar? Seguramente lo mismo. Lo cual no significa nada negativo. Con más de una década en activo, con el respeto de todo tipo de nombres, con un ojo clínico e intuitivo para los negocios de esta industria, lo raro sería esperar poco de Curren$y.

 

Hiro, Earl, Chum, Hive

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“Doris” (Odd Future – 2013), será la primera referencia editada de Earl Sweatshirt, posiblemente el miembro más especial de Odd Future. Es cierto, Tyler es posible que sea la representación hecha personaje del espíritu del colectivo, Frank Ocean la representación del arte, o Dommo Genesis la representación de lo que debe ser un rapper en el sentido clásico. Pero Earl es el más especial. Quizás el más talentoso, seguramente uno de los que mejor rapea, sin duda un gran escritor que sabe deformar los significados bajo formas rebuscadas, y sobre todo un mc completo, que con aunque con cierto aire infantil sabe darle su personalidad a todo lo que hace.

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De “Doris” conocemos ya un puñado de singles y, lo más destacable, contamos con dos vídeos que a título personal son una maravilla. El ya maduro Chum, y el reciente Hive, este último con colaboraciones de Casey Veggies y Vince Staples. Sirvan para abrir boca de lo que nos encontraremos el 20 de agosto cuando se publique este LP.

Más allá de lo mucho o poco que pueda gustar Earl, lo que Doris nos ha dejado hasta el momento es, sin duda, dos piezas de arte en formato audiovisual. Y es que tanto en Chum como en Hive, los dos clips están firmados por Hiro Murai, realizador asiático asentado en Los Ángeles que, entre otras cosas, también ha hecho cosillas para nombres como David Guetta.

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El resultado, en los dos singles, se puede describir con los mismos adjetivos. Gran dirección, exquisita fotografía, brillante talento y mucho gusto a la hora de crear las atmósferas. Hablamos de un género musical en el que los clips se basan, demasiado a menudo, en el mentourage (séquito, o como se dice coloquialmente: campo de nabos) del mc, fajos de billetes, coches de alta gama y pasarela de moda del barrio. Que haya alguien capaz de hacer dos obras tan distintas, y a la vez tan buenas, es digno de mención.

Aunque puede parecer naïve por momentos, en Chum, Earl se calza todo una declaración de sentimientos, dando lugar a un tema muy personal en el cual hace continuas alusiones a la ausencia de figura paterna, su relación con su madre, su posición respecto a las relaciones personales o todo el asunto del internado en el que pasó una temporada desaparecido y que Complex Magazine, la publicó en una especie de reportaje de corte sensacionalista.

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Muy en consonancia con el tono de la canción, está el tono que consigue darle Hiro Murai al clip en general, con juegos de luces y sombras, un sempiterno blanco y negro que lejos de ser pedante, en este caso está muy acertado y juegos con los planos y con los distintos ejes. Un gran producto que consigue introducirte en la atmósfera creada y el climax del tema.

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Por su parte, Hive es un tema más estricto, en el que, especialmente las barras de Vince Staples, son puro escupir por el placer de escupir. Pese a responder en cierta parte a esta concepción clásica del rap, no podemos olvidar que estamos hablando de tres artistas que responden en buena medida al concepto nueva escuela, en mayor o menor grado, por lo que la dirección de Hiro Murai vuelve a ser aquí sobresaliente. Un trabajo en el que la iluminación es de diez, la fotografía vuelve a rozar un nivel espectacular y los distintos recursos estilísticos, lejos de sobrar, añaden a reforzar el estilo particular de Earl, muy en consonancia de su imaginario.

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Además de recursos estilísticos y su toque personal, existen similitudes más allá de estos niveles entre los dos clips. Por citar algunos ejemplos, destaca como usa la figura de Earl a nivel protagonista, los personajes utilizados, el ambiente caótico y oscuro, los movimientos de cámara… En definitiva, dos grandes clips que, guste más o menos Earl, son para disfrutar.

 

A Jay-Z se le va de las manos

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El título previsto para esta entrada era otro completamente distinto. Y es que Jigga es muy poderoso. Hace triángulos con las manos, es propietario de una franquicia de básquet (o tiene un ridículo porcentaje accionarial, qué más dará eso) y una de las personas más notables y potentes de la industria musical. El caso es que luego me acordé del “Watch de Throne” (Def Jam – 2011) y he caído en la revelación definitiva de la música rap. Jay-Z se ha puesto celoso de Kanye West, de paso un poco de Daft Punk, ha llevado a cabo la campaña de marketing más heavy de la historia de la música y por el camino ha dejado un disco, así como quien no quiere la cosa.

Jay-Z anunció “Magna Carta Holy Grail” (Def Jam – 2013), y de ahora en adelante MCHG, que así se llama el bicho, mediante un anuncio de televisión. Aderezado con una serie de reflexiones profundas, con Pharrell, con Timbaland imitando con sus movimientos los zarpazos de un gato loco, aquello parecía más una charla motivacional que le das a tu escuadrón antes de mandarlo a una muerte segura en una guerra estúpida de una película taquillera. Pero era el anuncio de lanzamiento de un disco. A Jay-Z no le valía una nota de prensa, no.

Y no le valía una nota de prensa porque poco antes Kanye West ya había jugado a re-inventar las reglas promocionales con su “Yeezus”, sacándose un artwork nada convencional (de hecho podríamos denominarlo el anti-artwork) y pasando bastante de hacer promoción al uso, aunque sin embargo, tuvimos “Yeezus” (Def Jam – 2013) hasta en la sopa. Jay-Z decidió para su “MCHG” que iba a recoger el testigo de pesadez de la promoción de lo último de Daft Punk, y que iba a cagarse la perra, hablando coloquialmente.

Y lo ha petado. Porque en apenas 15 días ha dado un vuelco a la industria musical, ha vendido el alma de ésta a una marca (Samsung), ha hecho que no sepamos qué hacíamos antes sin tener este disco en nuestras orejas y se ha convertido en la persona más importante de la historia del rap, quizás no para siempre, pero sí de momento.

La ecuación de este MCHG es bastante simple. Un 16 de junio anuncia salida del disco para el día 4 (curiosamente, Día de la Independencia en EEUU). Y la particularidad que hace a este trabajo único es que se podrá descargar gratuitamente mediante una aplicación en dispositivos Samsung antes de su salida, en lo que podríamos denominar una win-win-win situation. Jay-Z gana porque vende un millón de copias, por valor de 5 millones de dólares, antes del lanzamiento del trabajo. Samsung gana porque recibe una publicidad que es inestimable e impagable. Y los oyentes (que tengan un Samsung, todo sea dicho) reciben el LP gratis.

Algunas de las primeras críticas que circulan por la red ya se atreven a calificar a “Magna Carta Holy Grail” como un clásico instantáneo. Entrar en este tipo de valoraciones, tan pronto y tan sumidos en el hype es arriesgado y no merece la pena. Pero sí que es cierto que como maniobra de mercadotecnia es de diez. No se va a convertir en práctica habitual, porque los términos que se han manejado aquí son irrepetibles en otro lanzamiento. Es decir, es imposible que todos los artistas empiecen a recibir millonadas por sistema por sacar sus discos mediante aplicaciones de smartphones. Pero sí que no nos debería extrañar si de ahora en adelante comenzamos a ver discos patrocinados y esponsorizados por grandes marcas. O nuevos canales de distribución, más adecuados al uso que se hace hoy en día de los dispositivos. Cada vez, el oyente medio escucha más música a través de tabletas y móviles que de ordenador (ya ni menciono aquí otro tipo de reproductores). ¿Por qué seguir apostándolo todo por una vía que muestra síntomas de agotamiento?

Si analizamos los términos en que se hizo el anuncio, sólo podemos aplaudir. Una campaña en televisión en las finales de la NBA, con la presencia de algunos de los nombres que hoy en día son sinónimo de éxito masivo. Conozco a una persona que se enfadó con otra por dilucidar quién podía presumir de haber conocido antes el Get Lucky. Además de ser el reflejo de la decadencia moral que estamos viviendo, lo es también de que hoy en día Pharrell tiene que estar en tu trabajo. Ya sea en una canción o haciendo bulto en el estudio.

Si seguimos analizando las caras que vemos en ese estudio, nos encontramos con Rick Rubin (también conocido en comentarios en YouTube de quinceañeras como “el mendigo ese”). Rick Rubin es uno de los productores más importantes de la historia de la música en general y del rap en particular. Culpable de que este género cruzase barreras con otros estilos, se profesionalizase y dignificase. Y también responsable de muchos clásicos de los de verdad. Por supuesto, productor de “Yeezus”. Tiempo después nos enteramos de que no tenía nada que ver con “Magna Carta Holy Grail”. Simplemente pasaba por allí y se tumbó en un sofá. Supongo que eso es lo que hace la gente con talento y los iconos, pasar el rato unos con otros mientras Samsung graba un anuncio de TV. Lo que sorprende es el hecho de que sea Rick Rubin quien sale, y no Obama, por ejemplo. Estaría ocupado espiando Facebook ese día.

Prueba de que MCHG ha cambiado el juego, es que RIAA, el organismo que se encarga de certificar el estatus de los discos respecto al número de ventas, ha cambiado las condiciones existentes hasta el momento. “Magna Carta Holy Grail” va a ser el primer LP en el que se tengan en cuenta las descargas gratuitas (ya que en este caso Samsung ha pagado por ellas) y además se contarán inmediatamente, ya que la política actual era la de esperar 30 días para cuantificarlas. O lo que es lo mismo, este disco será el primero que cuente con la certificación “Platino” justo en el momento de comercializarse.

Dice David Broc en la crítica que hace del LP para PlayGround que uno de los alicientes del mismo es que, por primera vez en mucho tiempo, se recupera la vieja ilusión al saber que a la hora X del día Y, podrás escuchar el disco al mismo tiempo que el resto de los mortales. Ni caóticos y chapuceros leaks, ni comerte fakes descargados de páginas rusas ni nada. Y tiene su buena parte de razón. A título personal no lo comparto, ya que soy de la opinión de que si el día 15 de junio de 2013 podía vivir sin lo último de Jay-Z, hoy también puedo, y que lo disfrutaré igual si lo escucho al minuto de publicarse que tres meses después. O quizás más. El partido que le saco a un trabajo depende de mi estado de ánimo, no del ciclo de vida comercial. Y me resulta muy curioso que seamos una sociedad capaz de despertarnos a las 4 de la mañana con una sonrisa si se trata de gastar el dinero, pero incapaces de hacer lo mismo si se trata de ganarlo.

Pero estamos en una sociedad en la que los hábitos de consumo son cortoplacistas y para un gran número de oyentes, tener un disco, tenerlo ya, con la sensación de “ser el primero” y si además, es a una calidad certificada hace que “Magna Carta Holy Grail” pase a convertirse en la mejor estrategia de mercadotecnia jamás contada.

En realidad MCHG no deja de ser lo mismo de siempre con un envoltorio espectacular. El diseño de las artes gráficas siguiendo las líneas actuales de pomposidad, falsa profundidad, misticismo y significado, las colaboraciones de los nombres más de moda de fuera del rap –Justin Timberlake, Frank Ocean-, los nombres de algunos títulos de canciones como Fckwithmeyouknowgotit (qué necesidad habrá de cosas así…), el propio nombre del disco, el tono del anuncio… ¿Es necesario rizar tanto el rizo? Es una tendencia actual con gran calado, pero lo cierto es que la línea entre presentar un trabajo con un concepto profundo, y presentar una paja mental con aires grandeza, en ocasiones es demasiado fina. Ojo con eso.

Quitando pequeños detalles, y es que nadie es perfecto, Jay-Z lo ha vuelto a hacer. Ha conseguido ser el hombre de moda una vez más. Si en su momento dijimos que Rocky representa el nuevo estatus del artista, definitivamente Hova representa el nuevo estatus del empresario. No es que haya inventado nada –movimientos de promoción así ya los ha habido similares- pero como siempre, lo ha llevado a otro nivel. Últimamente existía la impresión de que todo en lo que Jigga estaba metido, se convertía en noticia (o polémica). Pues abran paso al nuevo rey Midas, porque ya es oficial: todo lo que Jay-Z toca, además de en noticia, se convierte en oro.

¿Por qué nos gusta Chief Keef?

Es posible que ni te guste Chief Keef. Quizás escuchaste un par de veces Love Sosa, o I Don’t Like –voluntaria o involuntariamente- y se quedaron grabadas en tu subconsciente. Te viste a ti mismo repitiendo eso de “A snitch nig***…” y haciendo movimientos arrítmicos compulsivos. Poco a poco te picó la curiosidad, y como eres una persona bien informada, empiezas a estar más receptivo a las noticias que vas leyendo de este adolescente de Chicago. Todo lo que le rodea te parece tan increíble, que te empiezas a enganchar más y más. De repente hasta El Mundo habla de Chief Keef… ¡El Mundo! ¡El mismo periódico que leen nuestros padres! Un día te despiertas, te metes en Twitter un rato y hasta Kanye West va a contar con este chaval para su próximo disco. Al final, te das por vencido y reconoces que, quizás te guste más el artista también conocido como Sosa de lo que pensabas.

Se ha escrito tanto sobre Keef que intentar hacer otro retrato robot parece absurdo. Sosa es… Sosa. La figura de este mc de Chicago da para estudio sociológico, porque más allá de lo unidimensional del personaje, es precisamente esto lo que le convierte en algo único: un adolescente del ghetto, padre desconocido, supuesta afiliación con bandas y largo registro criminal, o eso nos dicen. YouTube lo convierte en una estrella y una discográfica lo convierte en millonario. Su música se basa en tópicos llenos de rabia y violencia, horrible pronunciación y letras muy básicas pero igual de impactantes. Es decir, nada nuevo. Pero de repente todos parecemos hipnotizados con este chico. Tanto que nadie es capaz de apartar la mirada al horror que representa. Todos entendemos que acabará dramáticamente mal, pero icónicamente bien, con uno de esos destinos letales que tanto gustan al espectador, pero tan poco al actor que interpreta. Vamos, que a nadie le sorprendería que Keef pisase la cárcel mañana para un larga temporada o amaneciese cadáver. ¿Qué tiene de especial, pues, este colgado?

Es innegable: Chief Keef tiene un talento innato para su edad (18 años en agosto de 2013), aunque sea para afirmar en canciones que, si quisiese, podría mantener sexo con nuestras madres. ¿Cómo nos explicamos que, con este bagaje, haya conseguido un contrato de seis millones de dólares y contar las reproducciones en sus vídeos por decenas de millones.

Para llegar al fondo de esta cuestión, tenemos que estudiar el medio en que se desenvuelve. Aunque se hizo un nombre en la escena de Chicago con sus mixtapes, el escenario en el que bucea es, como ya hemos dicho, YouTube. En cuanto sus temas comenzaron a hacerse virales –con la ayuda en parte del remix de Kanye West de I Don’t Like– no hubo discográfica en el mundo que no quisiera hacerse con la próxima joya por explotar, el diamante a pulir del rap. Es una constante en los últimos dos años, de tu casa al Youtube, de la viralidad al estrellato y de ahí a los millones en la cuenta. Ya sabemos porque es millonario. ¿Pero cómo ha conseguido levantar tanta expectación?

Quizás es su corta edad. Chief Keef a julio de 2013 aún no cuenta con 18 años, como ya dijimos. Aunque su físico pueda engañarnos, estamos ante un adolescente con cuerpo de hombre. Desde que el mundo es mundo, y ya lo demostró en su momento Vídeos de Primera hasta nuestros días con YouTube, siempre nos han parecido graciosos los niños haciendo o diciendo cosas de mayores. Si en este caso tenemos a un niño fumando sustancias ilegales, siendo detenido por traficar heroína o que anda relacionado de una u otra manera, aunque sólo sea mediante rumores, con asesinatos… tenemos ya aquí la primera razón. En España vivimos algo parecido, con el boom del cine kinki y la realidad que estaba tras esas películas. Un criminal siempre es atractivo (en tanto y cuanto llama nuestra atención), si es un niño lo es todavía más, llámese Jaro, Pirri o Chief Keef en este caso.

Salvando las distancias temporales y culturales, existen muchos paralelismos entre esa generación de delincuentes españoles que surgieron de la post-dictadura y este rapper de Chicago. Chicos demasiado jóvenes envueltos en asuntos demasiado turbios, que de repente se convierten en famosos y ricos en medio de una sociedad que a la vez que les encumbra, les repudia. El caso de los primeros ya sabemos cómo acabó…

Si hablamos de Keef, no se trata sólo de la exaltación de la violencia, cosa que ya hicieron otros en su momento. Muchos artistas en la escena se convirtieron en voceros de un estilo de vida mafioso, sin haberse acercado nunca a una pistola. Pero era su capacidad para trasladar en rimas una realidad la que les hizo famosos. En este caso en concreto, Chief Keef además de cantar acerca de drogas, pistolas, asesinatos y mujeres de mala compañía, vivo este universo en primera persona. Es un producto puro y duro de las desigualdades sociales existentes en América, de la deficiente educación pública y de una configuración social que crea auténticas junglas en ciudades desarrolladas.

Sin embargo, esto no es suficiente para explicar lo interesante del personaje. Ha habido auténticos delincuentes cantando sobre delincuencia y no se les hizo millonarios con 17 años, ni les han escrito reportajes en The New York Times. Algunos de los perfiles que se han publicado sobre Sosa aluden al hecho de que esa rabia que muestra, no ha parado en ningún momento. Es normal rapear sobre lo que vives. Si en primera instancia vives en el barrio, escribes sobre el barrio. Si de repente te haces famoso y te ves rodeado de gente que cuelga Grammy’s en su estantería, escribirás sobre lujo. Vengas del ambiente que vengas, la reacción normal en el momento en que has logrado estatus y unos recursos económicos suficientes para tener la vida solucionada es parar, no seguir matando gente por un quítame-aquí-estos-tweets. Chief Keef no para encajar en esta definición de normal. ¿Qué tengo seis millones de dólares en la cuenta corriente? Qué más da, saltémonos la condicional de la forma más absurda y amarillista posible. Esto, que puede ser una de las causas que hagan que Sosa acabe entre rejas o entre paredes de pino, a la vez hace que el espectador, nosotros, no seamos capaces de apartar la mirada. Es como cuando sabes que alguien va a piñarse y no quitas la vista hasta que hay sangre. Chief Keef lleva encima de la cabeza un neón continuo que no para de brillar “AQUÍ ESTOY”.

Pese a ser un género que presume de ser real y auténtico, el rap no deja de ser una sucesión de tópicos. Hace poco surgía una divertida polémica en la red, ya que alguien con tiempo libro se dedicó a recopilar tweets de mcs criticando a otros mcs, antes de ser famosos. El trasfondo de todo esto era poner en relieve la hipocresía de los artistas, trabajando en la actualidad con gente a la que antes no respetaban. Pese a lo callejero que pueda ser el rap, no deja de sufrir un poco del síndrome futbolista en rueda de prensa: las mismas frases vacías y actitudes, una y otra vez. Sin embargo, Chief Keef viene a romper con todo esto una vez más. No le importa quedar bien con nadie. Si tiene que colaborar con el hombre con el ego más grande de la escena (léase Kanye West) lo hace. Y si tiene que olvidarse del nombre de la canción pues también.

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Y es que aunque pueda parecer que Chief Keef encarna muchos tópicos raperos –violencia, armas, drogas, marginación…-, los representa, pero a su manera. Cualquier videoclip del típico rapero de medio pelo mainstream contiene los elementos básicos: las mujeres con escasa ropa, el séquito de amigos, los coches caros, quizás alguna pistola por ahí suelta… puede ser real, pero nadie se plantea que esos artistas estén todo el día haciendo lo que ves en el clip. Sabemos que es una representación. Sin embargo, si hemos de imaginar la vida de Keef, podemos creernos perfectamente que es así. Estamos asistiendo en directo a un estilo de vida que sabíamos que existía, pero que nunca nos mostraron tan explícitamente.

Una de las características de la cultura de masas del siglo XXI es la eliminación de las barreras entre la realidad y el espectáculo, lo que ha dado lugar a géneros como el infotainment (que mezcla la información con el entretenimiento) o producto como los reallity shows. Chief Keef supone la llegada de esta corriente en su máximo esplendor a la música rap. Estamos viendo algo que se nos vende como real –su estilo de vida- pero al que llegamos a través de un medio de ficción –YouTube, y en general la música como industria cultural. Keef es al rap lo que Gran Hermano a la televisión. Entendemos que real, pero no sabemos hasta qué punto, y nos causa repulsión y curiosidad a partes iguales. No lo queremos cerca, pero no podemos dejar de mirar.

Si echamos un vistazo a su lista de antecedentes mediáticos, tenemos para rato. Desde amenazar vía Twitter a Lupe Fiasco, hasta amenazar a Katy Perry. ¿Necesitamos más? Podemos añadir subir una fotografía a Instagram que capturaba el momento exacto en que recibía sexo oral. Dejar colgados a 50 cent y Wiz Khalifa en la grabación de un clip. O, por ejemplo, saltarse la libertad condicional al aparecer en uno de los episodios de la serie Selector de Pitchfork al grabarse en un galería de tiro y manejar armas de fuego.

Sin embargo, todo esto palidece si lo comparamos con otras de las polémicas en las que se ha metido, como todo el asunto de Lil JoJo: Un rapper de 18 años de Chicago entra en un intercambio de mensajes hostiles por redes sociales y amenazas e insultos en canciones contra el universo de Chief Keef. Todo esto termina con la muerte de Lil Jojo y comienza el espectáculo Sosa. Tweets riéndose de su asesinato, investigaciones policiales, la madre del fallecido acusando a Keef… Aunque se ha demostrado que no tuvo nada que ver con lo sucedido, son asuntos demasiado oscuros en los que nadie debería estar metido jamás, pero quizás con más razón alguien que con 17 años ya es millonario y famoso.

Como personaje posee un aura de atracción. Y como artista es innegable que tiene capacidades para hacer canciones que te obligan una y otra vez a darle repeat. Sin embargo, todo este asunto Chief Keef nos enseña una lección: en la época en la que el talento se mide en clicks de ratón, al final la música es lo que cuenta. Todos los ríos de tinta que ha derramado hasta el momento, no valen para cubrir el hecho de que la recepción de su primer álbum “Finally rich” (GBE/Interscope, 2013) ha sido pobre en cuanto a crítica y cifras, no estando a la altura de lo que nadie se esperaba.

Waka Flocka, en una entrevista en The Combact Jack Show, explicaba en palabras lo qué supone la figura de Keef: algo así como la representación de todos y cada uno de los raperos multimillonarios que llegaron del ghetto a la fama. Flocka excusa parte de la responsabilidad de sus acciones en el hecho de su juventud, del ambiente extremadamente hostil del que proviene o de la falta de referentes paternos y maternos. “(Chief Keef) ni siquiera es consciente de todo lo que tiene. A veces, simplemente no puedes ayudar a una persona, tienes que dejarla aprender”. Hasta el momento, en el proceso que lleva a Sosa de ser un rapero rabioso y criminal a un artista completo, además de dejarle aprender, se le ha dado un sello para su gestión, millones de dólares y la atención mediática. Sólo el tiempo dirá si realmente acaba aprendiendo o su camino termina antes de que pueda saberse la lección.

25 años, 25 temas

Recientemente me ha dado por ver mi DNI, y me he dado cuenta de que ya tengo 25 palos (uuuuh que mayor). Y como buen amante del rap, es mandatorio haber escuchado esta música desde el minuto 1 de tu vida. Por ello, en honor a todos los años que he recorrido hasta el momento, he aquí mi selección de 25 temas, uno por cada primavera transcurrida. En algunos casos la elección es lógica e impepinable, en otra responde a sentimentalismos, en otra simplemente a filias, y en otras, no responde a absolutamente nada. Y nunca necesariamente es la mejor  o la más lógica. Dicho esto, que vosotros la disfrutéis, y que yo pueda hacer otra con 50 temas, como poco.

(1988) N.W.A. – Fuck Tha Police

Sin duda, el top de ese año se debate entre Fuck Tha Police y Straight Outta Compton. Pero aunque hoy nos pueda parecer un poco naive, en su contexto determinado fue una auténtica revolución. Que la simpleza de su forma no empañe su fondo.

(1989) Biz Markie – Just a friend

Si 24 años después te copian descaradamente dos rappers españoles, es que sin duda tu canción ha sido la mejor de ese año

(1990) Brand Nubian – Slow Down

«One for All», publicado a finales de 1990, lanzó ese tema como uno de sus singles, alcanzando el top 3 en la categoría HipHop de Billboard. Uno de los mejores temas publicados ese año, de un grupo con el que el paso de los años no se le ha portado todo lo bien que debería.

(1991) A Tribe Called Quest – Can I Kick It?

Esto debería ser una especie de saludo secreto entre raperos. Yo te digo «Can I Kick It?» y tú me respondes «Yes, you can!», y ya nos hacemos superamigos sin necesidad de más.

(1992) Pete Rock & CL Smooth – The Reminisce Over You (T.R.O.Y.)

No tenemos ninguna duda. De lo contrario, una tal Lady R nos pegaría fuerte por no elegir T.R.O.Y. O eso creemos. Por si acaso, no nos arriesgaremos.

(1993) Wu-Tang Clan – Can It Be All So Simple

Como en Crypta hemos escrito dos artículos muy chulos sobre este tema (aquí el mío, y aquí otro mucho mejor) pues ya está, decidido.

(1994) Nas – Life’s a bitch

Quizás el tema más memorable de uno de los discos más míticos jamás publicados. Me cuesta decantarme por este Life’s a bitch en lugar de Memory Lane. Lo que no me cuesta es quedarme con Illmatic por encima de todo lo que pasó en 1994.

(1995) Mobb Deep – Shook Ones (Part II)

Quizás no es el tema que más me guste de «The Infamous». De hecho, me quedo antes con Right Back at You. Y sin duda, de ese año me quedo por encima de todo con «O4CL». Además, los que me conocen saben que no soy una persona anclada en los 90 en cuanto a gustos musicales, más bien todo lo contrario. Pero recuerdo cuando empecé a entender inglés lo suficiente para descifrar el estribillo y comprenderlo, y cómo en ese momento cambió mi percepción de este Shook Ones Pt II. Sólo por lo mágico de ese momento, me quedo con este tema.

(1996) Dj Shadow – Organ Donor

¿El más mainstream (por decirlo de alguna manera)? Sí. Pero también mi favorito de «Endtroducing…..». Qué le voy a hacer.

(1997) The Notorious B.I.G. – Kick in the door

Las comparaciones son odiosas y de este año no tengo un gran recuerdo en particular. Hay buenos discos de nombres míticos, pero todos palidecen respecto a los años anteriores. Eso sí, toda la magia que hay alrededor de Kick in the door, lo hace único. Aunque me quede con Rae & Ghost y con Nas mucho antes que con Biggie.

(1998) Mos Def & Dj Honda – Travellin’ Man

Outkast, Black Star o Gang Starr lanzaron este año algunos de los mejores álbumes de las últimas décadas. Pero por sentimentalismos varios y seguramente baratos, me quedo con la colaboración entre Mos Def y Dj Honda. Recuerdo escucharlo por primera vez y ALUCINAR -en mayúsculas- con la manera de fluir. Me abrió los ojos y los oídos a una realidad que hasta entonces desconocía.

(1999) Dr. Dre feat. Snoop Dogg – Still D.R.E.

De 1999 me quedaría con Nas Is Like, o incluso con algunos de mis temas favoritos de «The Real Slim Shady LP» peeeero… ¿quién no ha meneado el cuello a lo loco con este beat?. Pues eso.

(2000) Eminem – The Way I Am

Me empieza a costar elegir sólo una canción por año. Tirando de hemeroteca veo que se empiezan a juntar discos que quemé demasiado en distintas épocas de mi vida. Sin embargo, me quedo por encima de todos con «The Marshall Mathers LP». Eminem en su punto justo, con la rabia explotada en todo su esplendor sin hacer el ridículo, temas de más cachondeo pero sin pasarse de rosca, alguna que otra canción para polemizar… pero sin duda, un producto muy compacto y redondo, y que todos en mayor o menor medida escuchamos hasta que las pilas del discman dieron de sí. Este The Way I Am me parece el track más maduro y trabajado musicalmente del LP, pero a la vez el más natural y catártico.

(2001) Dilated Peoples – Worst Come to Worst

A partir de aquí las decisiones ya son puramente personales y emocionales, ya que la cantidad de discos sólidos y destacables crecen exponencialmente cada año. Hace años vi a D.P. en directo y me parecieron de los artistas foráneos que con más ganas defendieron su trabajo en nuestro país. Teniendo en cuenta que Worst Come to Worst ha sobrevivido a los años y borrados de canciones en mi iPod… pues  ahí lo tenéis.

(2002) Clipse – When The Last Time

Aunque sea, quizás, la canción más radioformulera (que me perdonen por inventarme este término) del «Lord Willin'», y aunque esté Kelis por ahí en medio, la presencia de Skateboard P y la oda a la vida rápida y al sexo fácil en discotecas que hacen Malice y Pusha-T, diez años antes de que esta temática se haya convertido en un tópico, hacen que este When the Last Time sea mi elección para el 2002.

 

(2003) 50 Cent – In Da Club

Nadie saca un álbum debut, sale hasta en la sopa con sus singles, vende millones de copias y se convierte de repente en «the next big thing» sin una campaña de marketing maravillosa detrás. Pero seamos serios. En 2003 se lanzaron grandes discos que supusieron un ejercicio de talento mucho mayor que «Get Rich or Die Tryin'». Por eso quizás puede decir muy poco de mí gusto como selector quedarme con este In Da Club. Pero he dicho que tenemos que ser serios, y lo vamos a ser. Por mucho marketing, mucho Eminem y Dr. Dre, por mucho que se repitiese aquello de los nueve disparos, In Da Club en su momento dejó a muchos con el culo roto. Es posible que no escuche este tema por iniciativa propia desde 2004, pero al César lo que es del César.

(2004) Snoop Dogg feat. Pharrell Williams – Drop It Like It’s Hot

En su momento me flipó por ese beat que recuerda al ruído que hace el dedo contra un moflete. Con el tiempo, conforme fui creciendo y madurando, he aprendido a apreciar lo atemporal del vídeo y a coger referencias que en su momento se me escapaban.

(2005) Danger Doom feat. Talib Kweli – Old School

Quizás el tema más naive del álbum, pero me tiene ganado desde el primer momento que lo escuché con ese sample, quizás facilón, pero he ahí su grandeza. Un disco que a mí personalmente me sigue gustando, fruto de la buena relación artística existente entre Dumile y Danger Mouse.

(2006) J Dilla – Two Can Win

D.E.P.

(2007) Blu & Exile – Cold Hearted

Una de mis canciones favoritas de uno de mis discos favoritos. Catártica y sublime a nivel musical y artístico. Punto y final.

(2008) The Cool Kids – Delivery Man

Continuamente repetimos que The Cool Kids fueron unos adelantados a su época y que todo lo que hacían en su momento, se les replica ahora. Es un poco cliché, pero es muy cierto. Salvo la tendencia de compartir camiseta XXXL con niños pequeños, que Sir Michael Rocks intentó introducir en Delivery Man, pero fracasó, en lo demás fueron unos pioneros.

(2009) Jay Electronica – Exhibit C

Mi disco favorito de ese año fue el «Boy Meets World», de Fashawn. Me pareció un trabajo bastante sincero y natural sin ser corny. Pero luego llegó Jay Electronica, se cascó estos versos sobre una producción de Just Blaze y me dejó sin argumentos.

(2010) Curren$y – Life Under the Scope

Spitta saca tanto material, y siempre a un nivel tan sobresaliente, que en ocasiones tendemos a olvidarnos de él. Como si lo que hiciese fuese fácil. Sin embargo es todo un ejemplo de cómo mantener una carrera fiel a unos principios. Pese a las ingentes cantidades de marihuana que fuma diariamente, su legado artístico es ya inmenso. En 2010 sacó «Pilot Talk», que entre todas las canciones que podríamos destacar incluía este Life Under the Scope, una suerte de alegato contra los massmedia y su relación con los artistas, y revisión del tema publicado un año antes bajo Creative Control.

(2011) Tyler, The Creator – Yonkers

Aunque ahora pueda ser un poco pesado, especialmente por todo lo que le rodea y su universo de rabia teen, es imposible no destacar Yonkers como el tema que nos puso a buscar en Google como locos quién era este Tyler que posaba cucarachas en su mano y hacía como que se suicidaba.

(2012) Kendrick Lamar – m.A.A.d. City

¿Podríamos escoger otro? De la obra de arte (que pesados somos) que es este «good kid, m.A.A.d. city», me quedo con la colaboración con Mc Eith. La manera de trasladarnos a finales de los 80 es simplemente sublime.

(2013) SchoolBoy Q – Hell of a Night

Con medio año todavía por transcurrir, sería osado decidirse por un tema de este 2013, pero como he de poner uno para que sean 25… pues que sea éste, y a final de año ya me arrepentiré. Con las redes sociales que si Yeezus esto, Yeezus lo otro, yo de lo que más ganas tengo en este 2013 es de Oxymoron, así que a la espera de que salga, me decanto por Hell of a Night, que de repente para calmar el ansia me está viniendo de perlas.

Cinco #01 – Kilt 2, de Iamsu!

Cinco es un gran número. Es impar, con lo cual te olvidas de posibles empates indeseables. Tiene versatilidad, porque tres es demasiado poco, siete quizás es mucho. Es un número muy socorrido, porque siempre que piensas en una selección, te viene a la mente elegir cinco. Trasladado a la música, si hablamos den un LP, que cinco temas sean temazos, hace que estemos hablando ya de un producto a tener en cuenta. Por eso quise inaugurar esta sección, en la que aprovecharé para destacar cinco temas de discos que se me vayan ocurriendo, por uno u otro motivo, a la vez que sirva para hacer un breve perfil del artista tras la obra.. Esta semana es el turno de Iamsu! y su Kilt 2. 

Iamsu! es un mc y beatmaker natural de Richmond. En 2011 produjo y apareció en el tema «Up! (Beat that P**** up) junto a LoveRance, una canción que resume muy bien su perfil musical: desenfado, humor y temas muy bailables, con un toque muy personal y sonido característico, pura bahía. La colaboración alcanzó millones de reproducciones en YouTube, 50 cent añadió un verso posteriormente en el que muestra buenas habilidades pero muy poca empatía hacia el beat y Iamsu! siguió haciéndose un nombre y sacando material. A medio camino entre corrientes más experimentales, personalidad Bay y escarceos con lo mainstream, Iamsu! es un referente en todo lo relativo a rap «de club» (¿eso existe?) sin necesidad de excentricidades. Recientemente publicó su última mixtape: Kilt 2, y éstas son mis cinco joyas:

#01 Father God

La canción que abre el proyecto es clave, o te introduce en el estado mental adecuado o hace que, si no eres muy paciente, abuses del botón siguiente. En este caso, parece que sea Aliyaah la que te dice «quédate». Nada mal.

#02 Hold it Down

Gran parte de este trabajo queda en casa. Producido por P-Lo, del colectivo The Invasion, este tema es el primero que te introduce sin remedio y sin salida en Kilt 2. El beat atrapa y desde el minuto 0 te invita a mover los brazos.

#03 Millions

También producido por P-Lo, me encanta no saber si me pondría este tema para un chill-out, para una pista de baile o para viajar por el espacio. También me ganó lo de «black hoodie, white ones, black jeans«.

#04 Return of the Mac

La referencia a In Da Club es sublime, me encanta la ironía. El beat es otro nivel y las colaboraciones están porque tienen que estar. Y cuando escucho el estribillo me puedo imaginar el videoclip en mi cabeza. Me gusta que una canción sea tópica pero a la vez buena.

#05 – 100 Grand remix

Basta ya de cerrar los discos con fade-out. Y si tienes a Juvenile por ahí, mejor que mejor.

Por qué nos gusta RiFF RaFF

“Mola, porque hay cocaína, y para la mayoría de mis amigos y para mí, la cocaína es lo más cerca que vamos a estar de la vida criminal”. Los comentarios de YouTube, además de ser a veces una forma de spam y otras un vertedero de memes repetidos, en ocasiones actúan como termómetro social. En este caso, esta cita es el comentario más votado en el vídeo de Versace Python Freestyle, de RiFF RaFF, en la famosa red. Y siendo sinceros, resume perfectamente por qué gusta tanto RiFF RaFF.

No es que guste Jody Highroller por la exaltación que llega a hacer de la droga en ocasiones. Nos gusta por el estilo de vida que representa. RiFF RaFF es como el Bart Simpson de la música rap. Es nihilista, es un gamberro… pero aunque es el niño malo de América, es precisamente un niño. ¿O acaso conocéis a alguien que odie a Bart Simpson?

RiFF RaFF es mitad personaje, mitad actitud. No sabemos cómo es JODY HiGHROLLER en su casa, en la intimidad de su hogar, pero tampoco me importa. Sólo sabemos que sus tatuajes feos, sus peinados raros, sus geometrías imposibles en la barba y sus pintas de paleto redneck del siglo XXI horrorizan y atraen a partes iguales. Habrá quien odie a RiFF RaFF porque no puede soportar que en una entrevista se dedique a soltar aparentes sinsentidos, pero lo que hay que comprender es que en su caso, la forma, el envoltorio, es el mensaje en sí mismo. Una oda a un estilo de vida naïve y despreocupado. Un auténtico foolish, o como podríamos decir aquí, paleto, con mucho más fondo del que parece.

Musicalmente podemos destacar dos grandes ítems en el perfil de RiFF RaFF. Por un lado, su excelente olfato comercial sin que ello signifique acabar sonando aburrido o repetitivo. Una de sus mayores virtudes es la de ser un excelente selector, capaz de intuir por donde van a ir los tiros en los siguientes meses y apropiarse de ese sonido. No significa ello que sea el descubridor de la pólvora, pero sí hay que reconocer su mérito para acercarse al fuego y no quemarse, como es el caso de sus escarceos con el trap, o por ejemplo, montarse temazos con instrumentales que tocan la fibra gracias a sus samples, como es el caso de Time, por ejemplo.

Segunda virtud: Pese a que se le acuse constantemente de sus pocas dotes para los rapeos más tradicionales, es innegable que es uno de los mejores hook-makers de la escena. Algunos de sus estribillos son simplemente geniales. Si juntamos estas dos características, podemos afirmar que algunos de los temas de RiFF RaFF son, sencillamente, geniales. Y no hay más que discutir. Gózalos si quieres, o quédate con los brazos cruzados y enfurruñado al fondo de la sala.

Y si seguimos hablando de cosas que no podemos negar, es impepinable el ojo empresarial de RiFF RaFF. No podemos referirnos a él como si se tratase de Donald Trump, pero tiene un sexto sentido para saber por dónde desarrollar su carrera. Desde que se hizo conocidillo por sus apariciones televisivas, pasando por incorporar el MTV a su alias o su relación con Soulja Boy. Vale, Soulja Boy está muerto para muchos musicalmente, y no nos llevaríamos su discografía a una isla desierta, pero si te ofrece adoptarte bajo su ala, aceptas. Y es ahí donde entra tu inteligencia en juego para saber usar esa oportunidad como trampolín. Y RiFF RaFF lo hizo, consiguiendo notoriedad y exposición. Tanta, que su talento no pasó desapercibido para uno de los genios de la música como industria y negocio, y entró a formar parte de Mad Decent, con todo lo que ello implica.

Quizás la carrera de RiFF RaFF parece a primera vista un montón de movimientos a cada cual más loco o patético por lograr la fama. Lo que hoy en día se conoce como attention whore en argot de Internet. Pero en realidad si hay una constante en su trayectoria: ser viral, con todo lo que ello implica. Y siempre siendo fiel a su propia esencia, aunque ésta sea lo más ecléctico que te puedes echar en cara.

RiFF RaFF, de edad desconocida, no vive bajo el prisma de conseguir que su nombre quede reflejado en los anales de la historia, o ganar millones de millones de dólares. Esos placeres ya los disfruta en su día a día, porque su personaje, que no su persona, es rico, famoso y notorio. Sin embargo, su meta, por lo que parece regirse desde que se levanta hasta que se acuesta, se basa en conseguir viralidad. En lograr que todo lo que lleva su firma logre sobrepasar la barrera del millón de visitas en YouTube. En ese sentido, JODY es quizás quien mejor representa la época en la que vivimos, aunque eso signifique ser un esclavo de su tiempo.

Dicho esto, todo lo que ha ido haciendo y deshaciendo a lo largo de los años tiene cada vez más sentido. Desde su presencia en aquel programa de la MTV que trataba de convertir a auténticos paletos en caballeros, hasta sus primeros vídeos en Internet, pasando por su escalada en el mundo de la música, todo va dirigido a que seamos incapaces de darle a “reproducir otra vez” a todo su material.

Posiblemente, y de manera muy irónica, lo que menos sentido tiene en esta ecuación es el contrato discográfico con Diplo, que se materializó como una cadena valorada en miles de dólares con la forma del Gato de Cheshire. Todo este movimiento empresarial, que se anunció por Twitter, parece no tener cabida en el imaginario de RiFF RaFF. Sin embargo, llegamos al punto exacto de la ecuación: Diplo no es idiota. Y RiFF RaFF tiene más talento musical del que sus comienzos en la industria podría hacernos pensar.

Además de su ya mencionada capacidad para hacer temazos, y aunque puede parecer en un primer momento que RiFF RaFF sólo dice tonterías, hay mucho más que rascar en su música. Es un genio en el uso de metáforas absurdas, cosificaciones psicóticas y en general, figuras literarias heredadas de la cultura televisiva más cutre y rancia de nuestra generación. Sus letras están llenas de referencias enmascaradas bajo supuestos absurdos y es el ídolo de las descripciones abstractas. Por ejemplo, cuando JODY dice “Presidential tint, Michelle Obama”, no se refiere al pelo de la primera dama, si no al color de las lunas tintadas, presumiendo además de su status de millonario. Algunos diréis, que idiotez, pero se trata de música rap, no de sentar cátedra ni cambiar el mundo. RiFF busca, o eso nos parece, decir lo mismo que otros raperos pero de una forma tan ridícula que sólo puedas aplaudir su genialidad.

Esa complejidad lírica es uno de sus puntos fuertes. RiFF nos va a hablar sobre sus posesiones materiales, sobre las drogas que consume y las mujeres de estación de servicio que pasan por su cama. Pero la belleza de las figuras que construye para trasladarnos esta realidad es asombrosa. JODY convierte el Houston profundo del que proviene, siempre presente en su música, en una especie de oasis paradisiaco.

Por poner las cosas en su contexto, una de las grandes virtudes que se le atribuyen a Action Bronson es su capacidad para traer a escena grandes iconos de la cultura popular de las clases medias-bajas estadounidenses -referencias a luchadores de capa caída del Wrestling, por ejemplo. RiFF RaFF juega a este juego y lo lleva a otro nivel.

Uno de los recursos más repetidas entre los mcs actuales es el namedroppin’, es decir, mencionar en sus letras el nombre de alguien famoso o icónico para trasladar su mensaje mediante las cualidades de esa persona. RiFF RaFF abusa del namedroppin’ de tal manera que lo ha llevado a un nivel completamente nuevo. Sus referentes no van de actores famosos, gangsters de películas de Hollywood u otros artistas. Artistas de los 80 y los 90, jugadores de la NBA malogrados o simplemente famosos o famosillos, nombres que te los esperarías en la boca de una ama de casa o en la de algún redneck, nunca en la de un rapero.

Por seguir citando algunas de sus cualidades, que para otros serán simplemente tonterías, no podemos pasar por alto su capacidad para la improvisación. Aunque alguna vez JODY HiGHROLLER ha afirmado que la gran mayoría de sus canciones son freestyle, exageración que no podemos tomar por cierta, sí que circulan por YouTube vídeos en los que podemos ver cómo se desenvuelve en este ámbito. Barras y barras durante minutos, o por ejemplo, el vídeo que os dejamos a continuación en el programa radiofónico Sway In The Morning. Una locura lírica en la que los locutores son incapaces de aguantar la risa, pero pese a lo surrealista de la situación, al final ellos mismos reconocen la grandeza de RiFF RaFF. Un resumen a la perfección de lo qué simboliza.

Pese a lo original que pueda ser en muchos aspectos, lo cierto es que la parcela de RiFF RaFF está ya más que inventada. En la actualidad hemos pasado del mc que se convierte en un icono, a la figura del icono en sí mismo, y que además de otras cosas, es mc. Por ejemplo, Lil’ B es un referente para toda su comunidad de fans que buscan en él un guía espiritual. Tyler es el referente de los niños de clase media-alta que son demasiado inconformistas para la realidad de sus barrios. Wiz Khalifa es un referente. JODY HiGHROLLER es un referente para su fanbase. ¿De qué? Difícil de explicar. Posiblemente el de Houston consigue aglutinar a todos los que en algún momento de su vida están cansados de tomarse demasiado en serio el rap, pero no quieren renunciar por ello a la calidad musical.

A través de su forma de escribir en Internet con todas las letras en caja alta salvo la “i” –quienes han intercambiado emails con él, afirman que esta manía la lleva hasta las últimas-, sus extrañas expresiones, sus frases ya míticas como “RAP GAME…”, la larga lista de equipos de la NBA en la que podría haber jugado si no le hubiesen expulsado por encontrar hierba en su chaqueta, la serpiente viva que usa a modo de brazalete… Todo son rasgos externos de imaginario, que han acabado calando entre sus fans. Algunos imitados, otros por razones obvias no, pero todos aceptados.

Otro de los puntos más atractivos de RiFF RaFF es lo opaco de su personaje, pese a ser tremendamente público y exhibicionista (y respecto a esto, nos podemos referir a la genialidad con la que ha adoptado la última red social de moda: Vine), tras sus letras y chorradas continuas hay mucho de autobiográfico. Por ejemplo, cuando dice “Podría haber jugado en…” seguido del nombre de algún equipo de basket, hay quien ve un guiño, o mejor dicho lamento, a la beca deportiva de la que se dice que disfrutó en la Universidad, pero que jamás llegó a nada porque no fue elegido para el equipo. También cuenta el periodista David Shapiro la capacidad de JODY HiGHROLLER para zafarse de las preguntas más personales que le planteó en una entrevista, y como ante esas inquisiciones se le notaba cierta incomodidad.

Quizás la razón por la que RiFF RaFF está en boca de todos, para bien o para mal, es su estatus de tornado. Decía recientemente que en último año había sacado 90 vídeos, con sus respectivas letras y beats originales. Su hiperactividad en todos los sentidos eclipsa su capacidad para hacer buena música. Pero está ahí para el que la quiera descubrir.

Aunque todo parece haber cambiado. En 2013, pese a toda la parafernalia y las colaboraciones estúpidas a cambio de –muy probablemente- altas cantidades de dinero, RiFF RaFF puede haber centrado el tiro. La presencia de Diplo en su carrera está actuando como un faro que le guía, y en el horizonte se presentan dos lanzamientos muy esperados. Un álbum conjunto y especialmente “Neon Icon”, para el que se ha esmerado en levantar expectación y que a diferencia de toda la avalancha de mixtapes que ha lanzado, éste sí que responde a la concepción normal de un LP. Anuncios del artwork, colaboraciones de peso y nombre, respeto al timming discográfico… Si “Neon Icon” acaba siendo un gran trabajo en términos de rap convencional, muy probablemente presenciaremos la conversión del persone en artista total. De lo contrario… siempre nos quedará YouTube, Bet Hip Hop y WorldStar.

Julio Iglesias es rap

Como todos sabemos, o por lo menos todos los que hemos pasado por la Hip Hop University –o en su defecto la Universidad de la Calle o Rap Solo Universidad-, el rap es algo más que música. Es un sentimiento, una actitud, un estado mental. It’s a hustling for a living. Es tu bandana perfectamente colocada en tu cabeza, para que no se caiga al realizar powermoves. Es demostrarle a todo el mundo en el metro lo rapero que eres con el altavoz del Smartphone. Por ello, para todos los que somos conscientes de que el rap va más allá, he aquí mis diez razones qué explican por qué Julio Iglesias es rap. Y seguramente más rap que tu rapeiro favorito:

1. He’s making it rain: Es una de las principales riquezas de nuestro país. Y todos sabemos que tener dinero es ser rap. Todas las cosas que son necesarias para ser rap cuestan mucho dinero. Los coches para el clip. Las zapas para el clip. El Moet para el clip. Las chicas para el clip. Imprimir los fajos de pega para el clip. El clip en sí no cuesta dinero, porque si eres rap, te lo hacen gratis tus colegas. Pero quitando ese detalle, todo eso supone una suma interesante. Julio Iglesias podría pagarlo sin pestañear. Atrévete a decirme que no es rap.

2. Es un jugador: Antes de que cualquiera de esos rapers se juntasen con supermodelos, Julio Iglesias ya estaba en ese juego. Actualmente está casado con una exmodelo que es 22 años más joven que él, pero si quisiese, podría enamorar a tu madre con sólo llevarse la mano al pecho y soltarse un par de barras. Ten esto en cuenta antes de atreverte a decir que J.I. no es rap.

3. Es de familia rica: Esto es conditio sine qua non. Todo buen raper tiene que ser de buena familia, para que los comentarios en YouTube tengan una base sólida con la que criticarte. También vale que tu padre sea policía. En este caso, J.I. sólo es de familia rica, pero vale para tacharlo de la lista de requisitos para ser rap.

4. Inventó el concepto mixtape: Actualmente tiene publicados más de 80 referencias en 14 idiomas. Ese tío es una máquina de sacar discos, y sin necesidad de que se lo hostee nadie. Lo siento por toda la fanbase de Lil B (o de su versión española: Primer Dan), pero Julio Iglesias lo hizo antes. Y mucho mejor. Antes de que los rapers lo subiesen de su habitación al YouTube y de ahí a la fama, Julio Iglesias ya estaba saturando las calles con su música. Y mucha de ella en vinilo. Doblemente rap.

5. Acabó en la música como válvula de escape: En su caso, la música fue una salvación a un dramático accidente de tráfico. Pero es que en el caso del 90% de nuestra escena, el rap es una opción de huir del drama diario que viven: que te deje la novia, que te salga mal la Selectividad… Julio Iglesias nos ha enseñado que la música te puede ayudar a salir de todo ello.

6. La música es un negocio residual para él: Sí. Julio Iglesias es mundialmente conocido por su música. Pero si consultamos Wikipedia, además de crooner es empresario. ¿Os suena? Cualquier raper que se precie, está en esto pero como podría estar en aquello. Es una manera de decirnos: disfruta de mi música, porque en cualquier momento puedo dedicarme a otra cosa. Una vez más, Julio Iglesias ya era empresario antes de que estuviese de moda declararse empresario en raps.

7. Tiene swag: Durante seis meses fue divertido inundar Twitter con el hashtag #SWAG. Aunque ahora esa palabra este demodé, Julio Iglesias ya tenía swag hace cuarenta años. O si no, atrévete a demostrarlo y busca una foto en la que no salga hecho un pincel. Pues eso.

8. Latinoamérica: Así es. Julio Iglesias supo ver la oportunidad de negocio y conquistó el mercado latinoamericano para que años después, un montón de gente salida de Zaragoza, Sevilla o Alicante llenasen estadios en la ciudad de Quito. Y todos sabemos que el mercado latinoamericano es crudo y empático. Tienes que conectar con él de verás para triunfar, y eso sólo se consigue siendo 100% real. Por ello, tirando de silogismo, podríamos decir que Julio Iglesias también inventó el reggeaton y el rap de calle. Y el storytelling. Así que dale gracias cada vez que te escribas tus dieciséis.

9. Es un O.G: Toda esta lista se basa en cosas que Julio Iglesias ya hacía antes de que todos naciésemos y que ahora son tendencia en el rap.

10. No sabe cantar: Y tú, ¿acaso conoces a algún raper que sepa cantar?

Oda a Cheese

Atención: Este artículo contiene spoilers (datos y revelaciones acerca de la trama) sobre las cinco temporadas completas de The Wire. Léelo bajo tu responsabilidad.

Uno de los placeres que nos da The Wire (HBO, 2002), es el trasfondo de sus personajes. Son toda una escala de grises, tremendamente volatiles, cambiantes y morbosos. Es como ver la porno del Plus codificada un par de décadas atrás. Te gusta más el trasfondo que intuyes que la realidad que podrías llegar a ver.

Desde el principio de los tiempos, o más bien desde que existen castas, organigramas, jerarquías, poderes o simplemente un hombre con un garrote aporrando a un semejante, al ser humano le han encantado las historias en las que el poderoso se iguala con los corrientes humanos. El concepto entero de la catarsis gira sobre este principio. Qué mejor manera de olvidarnos de que nuestra vida apesta, que viendo a estatuas doradas acabar convirtiéndose en cobre y chatarra.

Por eso nos gusta The Wire. Bueno, por eso y por la jerga, por tener una construcción narrativa nada complaciente pero adictiva, por sus tramas, sus localizaciones, su espíritu de denuncia, por su carácter universal, porque los guionistas se cargan al que haga falta sin miramientos, por no ser paternalista con el espectador… y bueno, ya que estamos en una revista sobre rap y música negra, nos gusta porque esta serie es muy rapera. Pero volviendo atrás, nos gusta tanto, como ya dijimos, porque sus personajes son de todo menos planos. Pero hay excepciones.

Cheese Wagstaff no es blanco ni negro, pero tampoco gris. En realidad es verde. Pero no verde esperanza. Es verde color dinero. Desde su alias en las calles hasta las motivaciones que le mueven día a día, parece que todo se basa en el dinero. Si habéis visto la reciente y estadounidense versión de House of Cards, es posible que ya conozcáis la diferencia entre dinero y poder. A Cheese le mueve lo primero, aunque pueda parecer que quiere poder o respeto. Lo que quiere en realidad es la falsa sensación de poder que otorga el dinero.

Es esta necesidad la que le convierte en un personaje totalmente plano. Como el burro que sigue adelante incesantemente, intentando atrapar la zanahoria, Cheese avanza por la trama de The Wire como un elefante por una cacharrería. O como un caballo desbocado galopando hacia un descampado. Vemos su fatal desenlace a quilómetros, sabemos que se va a estrellar, pero no podemos dejar de sentir cariño por él.

Cheese Wagstaff es, en la serie de The Wire, el sobrino favorito de Prop Joe, el capo de la droga por excelencia de East Baltimore. Es difícil catalogar el personaje de Joe respecto a otros de los que aparecen en la serie, ya que es una suerte de comodín. Paciente, observador, maquiavélico, estratega. Siempre a medio camino entre amigo y enemigo. Aunque en The Wire, el peor enemigo de cada personaje es uno mismo.

Su sobrino es todo lo contrario. Interpretado por Method Man, ha crecido al amparo de la gran sombra de su tio. Ha tenido más oportunidades y especialmente, ha sobrevivido más tiempo del que se merecía. Impulsivo, arrogante, y seguro de sí mismo, su aparición en The Wire se basa en su creencia de que las balas hacen daño a todo el mundo, excepto a él.

Pronto descubre que sí. Que a él también le duele y sangra cuando le disparan. Cheese aparece en la segunda temporada de The Wire. En ella, Avon Barksdale está en la cárcel y su mano derecha, Stringer Bell, decide hacer un movimiento tras su espalda (o hacia delante, según se mire) para intentar recuperar el poder del que gozaron tiempo atrás. Para ello entrega parte de las torres de edificios donde tienen montado su imperio de distribución de droga a Prop Joe a cambio de que éste último se convierta en proveedor de droga de primera calidad. O lo que es lo mismo, entrega la posesión más preciada de Avon. Porque además de ser una fuente inagotable de dinero, esas torres simbolizan el poder y el respeto. Son la materialización del sueño americano del hombre de color en los projects.

Con el fin de recuperar, tanto las torres como su trono, Avon contrata a Brother Mouzone, un asesino a sueldo que viste con la estética de los miembros de la Nación del Islam, y que bajo las gafas clubmaster que siempre lleva, se encuentra uno de los personajes más despiadados, fieros, peligrosos y carismáticos de The Wire. Y una de sus víctimas será Cheese.

Es aquí cuando empezamos a coger cariño al personaje de Cheese. Como el pobre humano que se encuentra bajo el designio de los dioses y no entiende qué está pasando, pero no le paran de suceder desgracias, Cheese recibe el primer balazo de su vida sin saber muy bien a qué se debe. Colocado por su tío al frente de una de las torres de Avon, y empujado por su carácter inconsciente, se encuentra de repente con un tiro en la zona del hombro, tras intentar reírse primero, y noquear después, a Brother Mouzone. Por supuesto, él no sabe quién es Brother Mouzone. Pero nosotros sí. Y vemos como sus bromas, que sólo le hacen gracia a sus dos amigos, y su actitud «no-me-importa-nada» sólo hacen dirigir al pobre Cheese hacia el acantilado, más y más rápido. Y al final cae al vacío.

 

La importancia de Cheese en The Wire podría acabar aquí. Nos habríamos reído de él, habría desaparecido igual que sale de la escena, sangrando, dolorido y cojeando y aquí paz y después gloria. Sin embargo, su peso argumental crece y crece. En la tercera temporada, vuelve a darnos otro de los grandes momentos cómicos de la serie. En esta ocasión, Cheese sigue amasando más poder y su peso en la organización liderada por su tío también es mayor. Este hecho le hace objetivo, otra vez sin él saberlo ni merecérselo, de la escucha telefónica policial. Sin embargo, su madurez como personaje también es mayor, porque una y otra vez consigue saltarse el cerco de la autoridad, gracias a la ferrea disciplina que impone a sus subordinados. Nadie habla de negocios por teléfono.

Sin embargo, un día salta la alarma en los cuarteles de la unidad de Major Crimes. Cheese está confesando un crimen a sangre fría. Telefónicamente. Y todo está grabado. Es el momento de ejecutar el operativo. La red de Proposition Joe puede por fin caer. El sobrino por excelencia es detenido e interrogado. Y otra vez el mundo vuelve a dar un vuelco por culpa de Cheese sin que éste sepa lo que pasa a su alrededor. El crimen que le atribuyen, no es otra cosa que el sacrificio al que Cheese tuvo que someter a su perro. Finalmente, toda la escucha se viene abajo por una «inteligente» maniobra de este drug dealer venido a más en ocasiones. Imperdible la escena del interrogatorio a cargo de Bunk y McNulty, con perlas para el recuerdo:

Según The Wire avanza y la trama se completa, el personaje interpretado por Method Man comienza a oscurecer y a hacerse más profundo, pero a la vez en ningún momento deja de perder ese fondo unidimensional que le ha caracterizado siempre. Cheese sigue siendo foolish, idiota, simple, básico, aunque su peso en la trama y en la organización criminal crezca y crezca. Por momentos, llegamos a odiarle, al ver los distintos movimientos que va haciendo por amasar más y más. Según asciende, como una especie de Judas a cambio de monedas, va traicionando a distintos personajes de la trama, como Butchie -el fiel aliado de Omar- o incluso a su propio tío. La persona que hizo posible que Cheese fuese Cheese, traicionado por su propia sangre.

Finalmente, en el momento en que Wagstaff se ha visto atrapado por la espiral que The Wire propone para los peones que campan en su tablero, y se ha convertido en un alma más compleja y ha conseguido lo que quiere, tiene que decir adios a esta vida. Por una serie de casualidades, y por sus «hábiles» movimientos a las espaldas de los demás, consigue sentarse en el trono de rey. Ocupa este puesto el suficiente tiempo para hacer lo que nunca pensamos que sería capaz: pronunciar un profundo discurso que en boca de otro personaje se añadiría a esos momentos épicos del tiempo que pasamos en Baltimore, pero que en la suya no deja de sonar ridículo y… pum. Cheese es asesinado por Slim Charles debido a la traición que llevó a cabo sobre su tío.

Cheese es uno de los caracteres más curiosos de la serie. No sabemos cómo, pero ha logrado más protagonismo del que jamás pensamos que llegaría a gozar. Es como cuando ves a alguien tropezar cómicamente delante tuya. Cuando sabemos que alguien se va a caer, y que no puede hacer para evitarlo, el tiempo que pasa hasta que alguien se desmorona se hace tremendamente largo. Eso nos sucede con Cheese. Sin embargo, su lado cómico, su personalidad tan ignorante hace que nos caiga hasta bien, incluso cuando se ha mostrado como el peor de los traidores. Eso sí, por muy bien que nos cae por momentos, que levante la mano el que no haya sido infinitamente feliz por unos momentos cuando Slim lo mata.

Uno de las múltiples curiosidades que tiene The Wire, también está relacionada con este caracter. Randy Wagstaff, uno de los niños que se convierte en protagonista durante la cuarta temporada (el que vive con su madre adoptiva y recibe todo tipo de amenazas y castigos por convertirse en un chivato para la policía)… es el hijo de Cheese. Pese a lo evidente que pueda llegar a ser, al compartir apellido, en ningún momento en la serie de dice, cuenta o se insinúa. David Simon, el creador de la serie, lo confirmó en distintas declaraciones. En la quinta temporada esta filiación se iba a descubrir, pero finalmente se cayó del guión. Ahí tenemos otro motivo más para odiar a Cheese. ¿Cómo es posible que tu hijo esté pasando todo lo que pasó, y tú seas uno de los Gs más respetados de East Baltimore y te de absolutamente igual? Y sin embargo, no terminamos de odiarlo con todas nuestras fuerzas…

No es ningún secreto que los acercamientos de los distintos miembros de Wu-Tang al mundo del cine y televisión, no pasarán a los anales de la historia. Tampoco la interpretación de Method Man como el sobrino de Prop Joe lo hará. Sin embargo, lo que en otra situación sería negativo, aquí no lo es tanto. Uno de los aciertos de The Wire es su elenco de actores. A muchos de ellos les queda grande esa palabra, siendo tan solo gente de la calle que se ponen delante de una cámara y convierten sus vivencias en las de sus personajes.

En este caso en concreto, la grandeza de Cheese también radica en que hay mucho del Method Man que podemos encontrar en distintos discos o incluso en otros proyectos -como la muy cuestionable How High- en su personaje de chico de esquina y luego intento de kingpin. En cualquier otra serie, película o incluso en la vida real, odiaríamos a este tío que con la ignorancia por bandera se dedica a reírse, a menospreciar y a traicionar a todo lo que se mueve por un puñado de dólares. En The Wire, por algún extraño motivo, acabamos hasta por cogerle cariño. Es lo que pasa cuando estás Way Down in the Hole

De cómo Raekwon convirtió el Snow Beach en una pieza de coleccionista

Hay pequeños detalles que pueden cambiar el mundo del rap. O por lo menos, el mundo de la moda asociada al rap. Cuando hablamos de estas historias, nos pueden echar en cara el qué pinta en una revista musical hablar de trapitos. Pero la realidad es que estamos tratando toda una realidad que rodea a esta música. De niños poniéndose una tirita en la cara, de Adidas sin cordones en todos los parques, de gorros Kangol en los 80, de Everlast y su camiseta de los Celtics sin ser de Boston, de Pharrell revolucionando la estética de la música de calle, del chandal y los medallones de oro de Rakim… de infinidad de aspectos que han hecho que generaciones enteras de chavales cambiasen por completo su estética por culpa de la música rap.

A mediados de los 80 Polo Ralph Lauren pasó de ser una línea dentro de una de las marca asociadas a un estilo de vida medio, medio-alto, a convertirse en un auténtico fenómeno en el ghetto, junto a Gucci o Tommy, entre otras. El proceso es simple, los mismos que cuando eran niños eran el blanco de las burlas por su ropa, dado que venían de ambientes de exclusión y pobreza extrema, son los mismos que al crecer asocian estas firman a un estatus social, y a una forma de escapar de la realidad que viven. Y para conseguirlas estaban dispuestos a hacer todo lo que fuese necesario.

Vestir Polo en el ghetto llegó a simbolizar el dinero necesario para comprarlo, el poder para robarlo o disponer de capacidad económica por métodos ilegales, y también el respeto necesario para que no te lo quitasen. A la vez, Polo era como una tarjeta de visita. Te permitía acceder a ambientes que de otra manera, estaban completamente vetados.

Todo esto, que más que moda es un movimiento sociológico, empezó a centrarse alrededor de Polo como marca de una manera aún más acentuada, y las distintas pandillas o simplemente grupos de chavales con intereses en común, comenzaron a dar lugar a una corriente que no paró de crecer exponencialmente, hasta llegar a ser una filosofía, un dogma o casi una religión. En el 85 Polo era un símbolo, y pocos años después pasó a ser una bandera. El estandarte bajo el que unificar un estilo de vida, que llevaba parejo una estética determinada. Así fue como acabó fraguándose lo que se dio a conocer como ‘Lo Life’.

Cuando salió el vídeo para acompañar el Can It Be All So Simple, ya había pasado una década desde que se había plantado la semilla de todo esto. En este tema, que forma parte del album debut de Wu-Tang, Raekwon y Ghostface Killah hacen una especie de oda al estilo de vida bajo el que han crecido. Para el vídeo, en palabras del propio Rae, decidió ponerse algo que representase, en mayor o en menor medida un guiño, y simbolizase el mensaje de la canción: Una pieza que fuese fresca, que indicase poderío económico y respeto, que diese a entender que se trataba de alguien que sabía de qué iba el juego. Y también una especie de código para los demás que también sabían de qué iba el juego.

Para ello escogió un pullover que le costó aproximadamente 300$. El elegido fue el Snow Beach, una especie de cortaviento de una sola pieza, que combina el amarillo, con el azul navy, letras en formato block en el pecho con la leyenda «SNOW BEACH», detalles en rojo como las coderas y el logotipo de esta línea en una de las mangas.

Hoy vale por Ebay y a través de resellers como poco diez veces más, e incluso se le conoce como «The Raekwon» en honor a los escasos minutos, si es que llega a ese tiempo, durante los cuales el chef lo lleva puesto en el vídeo del que estamos hablando. Y además de estos aspectos cuantitativos, en el plano cualitativo, ha acabado por convertirse en el símbolo por excelencia de los ‘Lo Life, así como uno de los items más codiciados por muchos, tanto amantes de Polo como ávidos y desalmados consumidores de piezas vintage por pura moda.

Verdaderamente Raekwon nunca fue el máximo exponente de los ‘Lo Life. Su importancia en el movimiento ha sido capital, como ha demostrado el paso de los años, pero nunca fue un miembro de la crew, como puede ser Thirstin Howl III, fundador y una de las caras más reconocidas y mediáticas. Simplemente se trataba de un thug al que le gustaba vestir Polo, del mismo modo que le gustaba llevar Wallabee’s. En parte por casualidad, en parte por su ascendente como estrella del rap y sensación mediática, y en parte porque se trata de una pieza que es increíblemente bonita en términos estéticos, acabaron por convertir este Snow Beach en historia del rap y del movimiento ‘Lo Life.

¿Es para tanto? Para muchos y una amplía mayoría, no. Pero pensémoslo de otra manera. Desde hace décadas estamos sometidos a multitud de inputs. Sólo unos pocos sobreviven y se quedan clavados en nuestro subconscientes. Si te gusta lo más mínimo la estética Polo, seguramente no te importaría hacerte con un Snow Beach. Raekwon ha conseguido que no nos importase tener en nuestro armario una pieza con décadas de historia. Algo que pocos han logrado. A esto hay que sumarle la importancia de esta prenda como representación de toda una corriente social.

Hay otros artistas que han conseguido cosas parecidas. Posiblemente Kanye sea uno de los más destacados, al lograr resucitar en los últimos años la colección Bear de Polo. Otros, como Chris Brown, han aparecido en público luciendo este Snow Beach. Sin embargo, el hecho de intentar lograr notoriedad a costa de, para muchos, algo casi sagrado, hizo que le saliese el tiro por la culata…

Lo interesante de todo esto es la capacidad de Wu-Tang, aunque en este caso se trate en particular de Raekwon, de cambiar la escena y su poder de amplificación y promoción, ya sea de la música o de la moda. ¿Si Rae no se hubiese puesto el Snow Beach para la grabación del vídeo, el movimiento ‘Lo Life lo habría notado? Podríamos afirmar, casi rotundamente, que no. Pero tampoco podemos negar que cuando pensamos en Polo y ‘Lo Life, uno de los varios nombres que nos vienen a la cabeza es el de The Chef.

Hablar de Polo en España es hablar, necesariamente, de Polo Shock Crew. En su opinión, el Snow Beach «es una joya» y simboliza «por decirlo de alguna manera, el buque insignia, la pieza más deseada y cotizada» La importancia del Snow Beach no termina aquí, porque también «es el reconocimiento de que el movimiento Lo-Life se estaba extendiendo por el panorama de Hip-Hop de aquella época».

Pese a esto, para la gente de Polo Shock Crew también se ha magnificado en cierta medida el Snow Beach. Le preguntamos si no se habrá dado más importancia a esta pieza, por lo menos en nuestro país, tras la moda Polo que llegó al rap hace unos años y su respuesta es clara. «De eso no hay duda. Hace 4 o 5 años muy poca gente se habia fijado en el Snow Beach, y menos gente todavía sabía que Snow Beach era una gama de Ralph Lauren». Además, «hoy día se ha maginificado el precio de esta gama de piezas, puesto que son difíciles de conseguir y los precios son muy elevados».

Y es que lo cierto es que tras el Snow Beach hay toda una realidad. Como nos explican Polo Shock Crew, porque en esa misma gama «aparte del pullover que lleva Raekwon, también hay chandal, gorra, mochila, chaleco, abrigo…». Además, porque ya hubo antes de Raekwon artistas rap que representaron un estilo de vida ‘Lo Life en sus vídeos: «Polo era uno de los referentes dentro del rap en los años 90 al igual que Tommy Hilfiger, de hecho antes de que Raekwon vistiera el Snow Beach, tenemos como referentes a Zhigghie con su famoso vídeo, Toss it up, donde todos los componentes vestían piezas de la gama Stadium, también muy apreciada por ‘Lo Heads Y ‘Lo Lifes».

También tratamos con Polo Shock Crew la necesidad de relativizar la importancia de Wu-Tang dentro del movimiento ‘Lo Life. «Wu-Tang vistió Polo en la época de los 90´s pero bajo nuestro punto de vista no fue un revulsivo dentro del moviemiento ‘Lo Life, excepto con la citada pieza a la que nos referimos. Este movimiento viene de años atrás teniendo notoriedad nuestro uniforme que es Ralph Lauren en años antes de que Raekwon saliera a escena», afirman, aunque «lo que sí es verdad, es que sin ningún tipo de afiliación, han ayudado a dar a conocer el movimiento, tanto en su forma de vestir como en sus letras».

Es lógico que al estar asociado a una marca, el movimiento ‘Lo Life en ocasiones pueda ser interpretado desde fuera como frívolo o superficial. Sin embargo, el dinero o una colección extensa no es lo importante: «A nosotros nos representa la gente que lleva Polo por que realmente le gusta, no por que tu asesor de imagen te diga que los 90 están de moda tienes que llevar Polo y gastarte 3000 pavos en una prenda que ni conocías o ni te habías interesado. A nosotros nos representa más una persona que tenga pocas piezas, pero que se las ha trabajado, que alguien que tiene muchas piezas por las que ha pagado su precio en tienda o más». Lo importante detrás del Snow Beach, y de Polo y el movimiento ‘Lo Life, es lo que representa. Y para Polo Shock Crew, ‘Lo Life «significa, Love and Loyalty, para nosotros es amor y lealtad por nuestra familia y nuestro uniforme».