Por qué nos gusta RiFF RaFF

“Mola, porque hay cocaína, y para la mayoría de mis amigos y para mí, la cocaína es lo más cerca que vamos a estar de la vida criminal”. Los comentarios de YouTube, además de ser a veces una forma de spam y otras un vertedero de memes repetidos, en ocasiones actúan como termómetro social. En este caso, esta cita es el comentario más votado en el vídeo de Versace Python Freestyle, de RiFF RaFF, en la famosa red. Y siendo sinceros, resume perfectamente por qué gusta tanto RiFF RaFF.

No es que guste Jody Highroller por la exaltación que llega a hacer de la droga en ocasiones. Nos gusta por el estilo de vida que representa. RiFF RaFF es como el Bart Simpson de la música rap. Es nihilista, es un gamberro… pero aunque es el niño malo de América, es precisamente un niño. ¿O acaso conocéis a alguien que odie a Bart Simpson?

RiFF RaFF es mitad personaje, mitad actitud. No sabemos cómo es JODY HiGHROLLER en su casa, en la intimidad de su hogar, pero tampoco me importa. Sólo sabemos que sus tatuajes feos, sus peinados raros, sus geometrías imposibles en la barba y sus pintas de paleto redneck del siglo XXI horrorizan y atraen a partes iguales. Habrá quien odie a RiFF RaFF porque no puede soportar que en una entrevista se dedique a soltar aparentes sinsentidos, pero lo que hay que comprender es que en su caso, la forma, el envoltorio, es el mensaje en sí mismo. Una oda a un estilo de vida naïve y despreocupado. Un auténtico foolish, o como podríamos decir aquí, paleto, con mucho más fondo del que parece.

Musicalmente podemos destacar dos grandes ítems en el perfil de RiFF RaFF. Por un lado, su excelente olfato comercial sin que ello signifique acabar sonando aburrido o repetitivo. Una de sus mayores virtudes es la de ser un excelente selector, capaz de intuir por donde van a ir los tiros en los siguientes meses y apropiarse de ese sonido. No significa ello que sea el descubridor de la pólvora, pero sí hay que reconocer su mérito para acercarse al fuego y no quemarse, como es el caso de sus escarceos con el trap, o por ejemplo, montarse temazos con instrumentales que tocan la fibra gracias a sus samples, como es el caso de Time, por ejemplo.

Segunda virtud: Pese a que se le acuse constantemente de sus pocas dotes para los rapeos más tradicionales, es innegable que es uno de los mejores hook-makers de la escena. Algunos de sus estribillos son simplemente geniales. Si juntamos estas dos características, podemos afirmar que algunos de los temas de RiFF RaFF son, sencillamente, geniales. Y no hay más que discutir. Gózalos si quieres, o quédate con los brazos cruzados y enfurruñado al fondo de la sala.

Y si seguimos hablando de cosas que no podemos negar, es impepinable el ojo empresarial de RiFF RaFF. No podemos referirnos a él como si se tratase de Donald Trump, pero tiene un sexto sentido para saber por dónde desarrollar su carrera. Desde que se hizo conocidillo por sus apariciones televisivas, pasando por incorporar el MTV a su alias o su relación con Soulja Boy. Vale, Soulja Boy está muerto para muchos musicalmente, y no nos llevaríamos su discografía a una isla desierta, pero si te ofrece adoptarte bajo su ala, aceptas. Y es ahí donde entra tu inteligencia en juego para saber usar esa oportunidad como trampolín. Y RiFF RaFF lo hizo, consiguiendo notoriedad y exposición. Tanta, que su talento no pasó desapercibido para uno de los genios de la música como industria y negocio, y entró a formar parte de Mad Decent, con todo lo que ello implica.

Quizás la carrera de RiFF RaFF parece a primera vista un montón de movimientos a cada cual más loco o patético por lograr la fama. Lo que hoy en día se conoce como attention whore en argot de Internet. Pero en realidad si hay una constante en su trayectoria: ser viral, con todo lo que ello implica. Y siempre siendo fiel a su propia esencia, aunque ésta sea lo más ecléctico que te puedes echar en cara.

RiFF RaFF, de edad desconocida, no vive bajo el prisma de conseguir que su nombre quede reflejado en los anales de la historia, o ganar millones de millones de dólares. Esos placeres ya los disfruta en su día a día, porque su personaje, que no su persona, es rico, famoso y notorio. Sin embargo, su meta, por lo que parece regirse desde que se levanta hasta que se acuesta, se basa en conseguir viralidad. En lograr que todo lo que lleva su firma logre sobrepasar la barrera del millón de visitas en YouTube. En ese sentido, JODY es quizás quien mejor representa la época en la que vivimos, aunque eso signifique ser un esclavo de su tiempo.

Dicho esto, todo lo que ha ido haciendo y deshaciendo a lo largo de los años tiene cada vez más sentido. Desde su presencia en aquel programa de la MTV que trataba de convertir a auténticos paletos en caballeros, hasta sus primeros vídeos en Internet, pasando por su escalada en el mundo de la música, todo va dirigido a que seamos incapaces de darle a “reproducir otra vez” a todo su material.

Posiblemente, y de manera muy irónica, lo que menos sentido tiene en esta ecuación es el contrato discográfico con Diplo, que se materializó como una cadena valorada en miles de dólares con la forma del Gato de Cheshire. Todo este movimiento empresarial, que se anunció por Twitter, parece no tener cabida en el imaginario de RiFF RaFF. Sin embargo, llegamos al punto exacto de la ecuación: Diplo no es idiota. Y RiFF RaFF tiene más talento musical del que sus comienzos en la industria podría hacernos pensar.

Además de su ya mencionada capacidad para hacer temazos, y aunque puede parecer en un primer momento que RiFF RaFF sólo dice tonterías, hay mucho más que rascar en su música. Es un genio en el uso de metáforas absurdas, cosificaciones psicóticas y en general, figuras literarias heredadas de la cultura televisiva más cutre y rancia de nuestra generación. Sus letras están llenas de referencias enmascaradas bajo supuestos absurdos y es el ídolo de las descripciones abstractas. Por ejemplo, cuando JODY dice “Presidential tint, Michelle Obama”, no se refiere al pelo de la primera dama, si no al color de las lunas tintadas, presumiendo además de su status de millonario. Algunos diréis, que idiotez, pero se trata de música rap, no de sentar cátedra ni cambiar el mundo. RiFF busca, o eso nos parece, decir lo mismo que otros raperos pero de una forma tan ridícula que sólo puedas aplaudir su genialidad.

Esa complejidad lírica es uno de sus puntos fuertes. RiFF nos va a hablar sobre sus posesiones materiales, sobre las drogas que consume y las mujeres de estación de servicio que pasan por su cama. Pero la belleza de las figuras que construye para trasladarnos esta realidad es asombrosa. JODY convierte el Houston profundo del que proviene, siempre presente en su música, en una especie de oasis paradisiaco.

Por poner las cosas en su contexto, una de las grandes virtudes que se le atribuyen a Action Bronson es su capacidad para traer a escena grandes iconos de la cultura popular de las clases medias-bajas estadounidenses -referencias a luchadores de capa caída del Wrestling, por ejemplo. RiFF RaFF juega a este juego y lo lleva a otro nivel.

Uno de los recursos más repetidas entre los mcs actuales es el namedroppin’, es decir, mencionar en sus letras el nombre de alguien famoso o icónico para trasladar su mensaje mediante las cualidades de esa persona. RiFF RaFF abusa del namedroppin’ de tal manera que lo ha llevado a un nivel completamente nuevo. Sus referentes no van de actores famosos, gangsters de películas de Hollywood u otros artistas. Artistas de los 80 y los 90, jugadores de la NBA malogrados o simplemente famosos o famosillos, nombres que te los esperarías en la boca de una ama de casa o en la de algún redneck, nunca en la de un rapero.

Por seguir citando algunas de sus cualidades, que para otros serán simplemente tonterías, no podemos pasar por alto su capacidad para la improvisación. Aunque alguna vez JODY HiGHROLLER ha afirmado que la gran mayoría de sus canciones son freestyle, exageración que no podemos tomar por cierta, sí que circulan por YouTube vídeos en los que podemos ver cómo se desenvuelve en este ámbito. Barras y barras durante minutos, o por ejemplo, el vídeo que os dejamos a continuación en el programa radiofónico Sway In The Morning. Una locura lírica en la que los locutores son incapaces de aguantar la risa, pero pese a lo surrealista de la situación, al final ellos mismos reconocen la grandeza de RiFF RaFF. Un resumen a la perfección de lo qué simboliza.

Pese a lo original que pueda ser en muchos aspectos, lo cierto es que la parcela de RiFF RaFF está ya más que inventada. En la actualidad hemos pasado del mc que se convierte en un icono, a la figura del icono en sí mismo, y que además de otras cosas, es mc. Por ejemplo, Lil’ B es un referente para toda su comunidad de fans que buscan en él un guía espiritual. Tyler es el referente de los niños de clase media-alta que son demasiado inconformistas para la realidad de sus barrios. Wiz Khalifa es un referente. JODY HiGHROLLER es un referente para su fanbase. ¿De qué? Difícil de explicar. Posiblemente el de Houston consigue aglutinar a todos los que en algún momento de su vida están cansados de tomarse demasiado en serio el rap, pero no quieren renunciar por ello a la calidad musical.

A través de su forma de escribir en Internet con todas las letras en caja alta salvo la “i” –quienes han intercambiado emails con él, afirman que esta manía la lleva hasta las últimas-, sus extrañas expresiones, sus frases ya míticas como “RAP GAME…”, la larga lista de equipos de la NBA en la que podría haber jugado si no le hubiesen expulsado por encontrar hierba en su chaqueta, la serpiente viva que usa a modo de brazalete… Todo son rasgos externos de imaginario, que han acabado calando entre sus fans. Algunos imitados, otros por razones obvias no, pero todos aceptados.

Otro de los puntos más atractivos de RiFF RaFF es lo opaco de su personaje, pese a ser tremendamente público y exhibicionista (y respecto a esto, nos podemos referir a la genialidad con la que ha adoptado la última red social de moda: Vine), tras sus letras y chorradas continuas hay mucho de autobiográfico. Por ejemplo, cuando dice “Podría haber jugado en…” seguido del nombre de algún equipo de basket, hay quien ve un guiño, o mejor dicho lamento, a la beca deportiva de la que se dice que disfrutó en la Universidad, pero que jamás llegó a nada porque no fue elegido para el equipo. También cuenta el periodista David Shapiro la capacidad de JODY HiGHROLLER para zafarse de las preguntas más personales que le planteó en una entrevista, y como ante esas inquisiciones se le notaba cierta incomodidad.

Quizás la razón por la que RiFF RaFF está en boca de todos, para bien o para mal, es su estatus de tornado. Decía recientemente que en último año había sacado 90 vídeos, con sus respectivas letras y beats originales. Su hiperactividad en todos los sentidos eclipsa su capacidad para hacer buena música. Pero está ahí para el que la quiera descubrir.

Aunque todo parece haber cambiado. En 2013, pese a toda la parafernalia y las colaboraciones estúpidas a cambio de –muy probablemente- altas cantidades de dinero, RiFF RaFF puede haber centrado el tiro. La presencia de Diplo en su carrera está actuando como un faro que le guía, y en el horizonte se presentan dos lanzamientos muy esperados. Un álbum conjunto y especialmente “Neon Icon”, para el que se ha esmerado en levantar expectación y que a diferencia de toda la avalancha de mixtapes que ha lanzado, éste sí que responde a la concepción normal de un LP. Anuncios del artwork, colaboraciones de peso y nombre, respeto al timming discográfico… Si “Neon Icon” acaba siendo un gran trabajo en términos de rap convencional, muy probablemente presenciaremos la conversión del persone en artista total. De lo contrario… siempre nos quedará YouTube, Bet Hip Hop y WorldStar.