La bajada a los infiernos de Daniel Dumile

Antes de que mandase a dobles a los conciertos, antes de que apareciese en estados poco recomendables para ofrecer espectáculos dignos, antes del mítico y excepcional “Madvillainy” (2004 · Stones Throw), antes del “Operation Doomsday” (1999 · Fondle ‘Em), antes de ponerse la máscara por primera vez, de renacer como MF Doom… antes de todo eso, fue KMD, antes fue Zev love X y, en el principio de los tiempos, Daniel Dumile.

KMD fue un grupo formado en Long Island en 1988 por Daniel Dumile (por aquel entonces con el sobrenombre de Zev love X, a partir d 1997 como MF Doom), su hermano DJ Subroc y un tercer miembro que originalmente fue Rodan, y después Onyx the Birthsone Kid.

Durante los primeros compases de la década de los 90, KMD se forjó un nombre y una reputación en el underground neoyorquino. Una de las señas de identidad del grupo fue siempre el afrocentrismo de sus temáticas y una lucha constante en contra del racismo. Fue el enfoque que le dieron a este espíritu, el que marcó el devenir de KMD. Las siglas, que provenían de ‘a positive Kause in a Much Damaged society’ o simplemente ‘Kausing Much Damage,’ reflejan claramente la evolución artística.

La primera referencia, “Mr. Hood” (1991 · Elektra Records) trataba lo ya mencionado desde un enfoque cómico y hasta en cierta medida naïve. Sin embargo, en 1993, la posición de KMD se radicalizaba con “Black Bastards” (1994 · Autoeditado). Ya desde el artwork diseñado para el lanzamiento, quedaba aparentemente claras las intenciones de la banda.

En la portada, podemos ver la caricatura de Sambo, la “mascota” de KMD (Sambo en castellano es zambo, término usado en su momento para referirse, de manera vaga, al mestizaje entre negros y amerindios en la época del colonialismo americano) colgado de una especie de horca. El título del álbum aparecía escrito en tipografía imitando el popular e infantil juego del ahorcado.

Además de su apariencia, el tono del grupo se oscureció por completo, pasando a tratar de una manera mucho más profunda y hasta en cierto punto combativa, lo que ya abordaron en su primer LP. Era un trabajo mucho más oscuro, tanto en su concepción, como enfoque e incluso sonido.

El concepto detrás de todo esto venía a reflejar la muerte al estereotipo. Todos los miembros del grupo eran activistas del movimiento Five Percenter. Con esto querían romper con su pasado anterior.

No hay que olvidar que los Dumile eran unos críos, literalmente, cuando lanzaron “Mr. Hood”. Esto no era más que la evolución lógica conforme iban creciendo. En el sello, sin embargo, crecía la preocupación respecto a este álbum. Pero de repente todo cambió.

En 1993, mientras cruzaba las vías del tren en Long Island, Subroc fallecía arrollado. Onyx decidía entonces huir, casi literalmente, de KMD. De ser un grupo perfectamente definido, en el que el pequeño de los hermanos se encargaba de la parte musical, Daniel Dumile se quedó solo, tanto en la vida en general como al frente de la formación. En Elektra Records, que por aquel entonces pertenecía a Warner, esta tragedia fue, a su vez, la gota que colmó el vaso y la excusa perfecta para atajar de raíz lo que se perfilaba en el horizonte como un gran problema.

Así lo cuenta Dante Ross, una de las figuras básicas para entender el hiphop de las últimas dos décadas. Ross era el A&R (término que hace referencia a la figura en los sellos que se encarga de buscar nuevos talentos, gestionar contratos, coordinar las sesiones de grabación, hacer de enlace entre bandas y productores etc.) de Elektra, y a su vez se convirtió en una de las personas más cercanas a los Dumile.

“Black Bastards” y el trágico e inesperado fallecimiento de Subroc llegaron en un momento en el que Warner aún arrastraba la polémica de Ice-T y su Cop Killer’. Un mes antes de la fecha planeada para lanzar este LP, Terri Rossi, columnista de Billboard, tuvo acceso a una copia promocional, y escribió una reseña centrándose principalmente en la controversia de su portada, interpretándola –erróneamente- como una oda al racismo. La periodista buscó apoyo en voces críticas de la escena para atacar el álbum, levantando una polémica que hasta entonces era inexistente. Temiéndose lo peor, decidieron cortar por lo sano: la obra jamás vería la luz.

La misma semana que Daniel tuvo que enterrar a su hermano, le convocaron a una reunión en las oficinas del sello, en el que junto a Dante Ross, se iban a dar cita los pesos pesados de Elektra y Warner (Richard Parsons, Sylvia Rhone…), con el fin de tratar este tema. Jamás se celebró. La discográfica se decantó por devolverle al único miembro de KMD los masteres del álbum y 20.000 dólares.

Traicionado por el destino, que se personó de forma trágica con la muerte de Subroc y de forma mezquina con la puñalada asestada por la industria, Daniel Dumile desapareció durante cuatro años. Cuatro años de los que poco se sabe, por propia decisión del artista. Dumile llegó a verse viviendo en la calle y como el mismo afirma en Doomsday, estuvo en prisión en Baltimore. La serie de catástrofes y golpes bajos que tuvo que soportar, fueron anulando poco a poco la personalidad humana, hasta dar lugar a un superhéroe que triunfó para acabar con la industria.

En 1997 Daniel Dumile se personó en el Nuyorican, una noche de micro libre, con la cabeza tapada con una media. Subió al escenario y empezó a recitar una especie de versos/rimas con el flow y el mensaje que le acabaría por hacer célebre. De ahí comenzó a captar la atención del público, con ella ganada llegó la de –de nuevo- discográficas y acabó por surgir MF Doom, y el artista que siempre aparece con su rostro tapado por una máscara.

La historia detrás del fallecimiento de Subroc, la muerte figurada de KMD y Zev Love X y el nacimiento del supervillano más famoso de la escena rap, MF Doom, está cargada de un simbolismo como el que pocas veces se ha visto. En 1991 el grupo, y en especial los dos hermanos Dumile, estaban llamados a ser pesos pesados en la escena musical que se desarrollaría a partir de entonces. Su fuerte componente político y a su vez el humor mostrado, junto al talento que derrochaban, les prometía un porvenir brillante. Quizás la inmortalidad artística. Ésta llegó, pero no de la manera que se esperaba. Subroc se ha convertido en una leyenda en proyección. Para los nostálgicos, es una figura a la que adorar por lo que podría haber sido. Por su parte, Doom, ha acabado firmando obras geniales, que cambiaron la historia del rap contemporáneo.

Curiosamente, la fama, el estatus de leyenda, le llegó tras la peregrinación por el desierto. Despojado de lealtad, de dinero, de un techo, sólo quedó el artista y la máscara. La historia de una vida que refleja como hay ciertas personas que están predestinadas a dejar su huella, por muchas piedras que se le pongan en su camino.

Una vez que conocemos el pasado de MF Doom, todo lo que le rodea cobra aún más sentido y un carácter más mítico. La muerte de Subroc nos dejó sin, posiblemente, una creación musical irrepetible. Pero a su vez, si no hubiese fallecido, lo más probable es que jamás hubiese nacido MF Doom, que Daniel jamás hubiese conocido a Madlib, o lo hubiese conocido en otras circunstancias y el Madvillainy no existiría hoy en día. Por supuesto, el bochorno de los últimos años de la carrera de Doom tampoco se produciría. No habría polémica, no habría concierto en los que no aparece, o aparece borracho, o aparece alguien con su máscara pero que no es él. Lo que son las cosas, la mayor desgracia humana, nos devolvió uno de los artistas más célebres que hemos conocido en las últimas dos décadas.