Yo, el Coleta

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El Coleta es un hombre de palabra y ha cumplido lo prometido. Como hace un año anunciaba en la entrevista que concedió a esta casa, Yo, el Coleta, su tercer álbum en solitario, ya está en la calle. “2013 es el año”, vaticinaba en noviembre de 2012, y parece que acertó con el pronóstico. Ha trabajado muy duro para ello. Este Yo, el Coleta no ha venido solo. Antes de verano, el Coleta puso en marcha una campaña de financiación apoyándose en los seguidores que ha ido cosechando en estos últimos años para sacar junto al nuevo disco sus dos álbumes anteriores en físico: Iberikan Stafford (2009) y Más cornás da el hambre (2011). La trilogía incluye un póster a dos caras y una camiseta ‘macarra, macarra’ acompañada de un flyer de su primer concierto, firmado y numerado. Las galletas de los cd’s, guardados en un cuidado digipack, imitan los surcos de un vinilo. Denominó al combo Iberikan pack y pedía 18 euros de adelanto por él. Conseguido el número mínimo de supporters, un par de pedidos de figuras consagradas del rap nacional entre ellos, el Coleta empezó a repartir los Iberikan packs desde su barrio el lunes 14 de octubre. En mano, yendo a enviar paquetes a Correos, tachando cada nombre en una lista. El verdadero DIY (Do It Yourself), de pies a cabeza. Muchos jetas y vacas sagradas del rap español deberían tomar ejemplo o al menos sonrojarse antes de llamar crowdfunding a sus estafas.

 

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Apenas treinta y cinco minutos dura Yo, el Coleta pero la primera escucha no es suficiente para asimilar la avalancha de fotogramas que aparecen canción tras canción. Sin embargo, se puede sacar una conclusión que se confirma con escuchas posteriores: se nota una evolución clara respecto a sus dos anteriores trabajos. Yo, el Coleta es la continuación lógica de Iberikan Stafford y Más cornás da el hambre y también el culmen de la trilogía. Por un lado, llega al clímax de la imaginería quinqui y al mismo tiempo profundiza en la cultura pop española mucho más que en las otras entregas. Pero además, coincidiendo quizá con la época que vivimos o tal vez involuntariamente, ha añadido un interesante componente social a sus temas sin caer en el panfleto político.

Por las letras y temática, exceptuando un par de detalles, Yo, el Coleta podría haber sido escrito a finales de los noventa. Los verdaderos años noventa españoles, nada que ver con el “puro amor noventas” de los nacidos en 1995 que tan en boga está últimamente. La mentira y las consecuencias de la Expo y las Olimpiadas de Barcelona, la Ruta del Bakalao, los plumas Pedro Gómez, el busca para dar con el camello o los poblados de La Rosilla y Los Pitufos son algunas de las postales rescatadas del fondo del baúl de los recuerdos e inmortalizadas en este disco. Lo cuenta alguien que lo ha conocido de primera mano por su edad, (“con la edad de Cristo cuando fue a la cruz”) y eso se nota. Aunque las canciones parezcan un recital de nombres propios inconexos, el Coleta juega en una liga completamente diferente a la del namedroppin’ fácil del que se abusa actualmente en el rap español. Cada verso tiene su justificación e ilustra tanto como la colección completa de Cambio 16 ó el fondo documental de Informe Semanal. Didacticismo, pero no del que se da mascado. Aquí cada oyente es el encargado de montar las piezas y descifrar el mensaje.

La amenaza de Juan José Moreno Cuenca aka el Vaquilla en el juicio es idónea para la intro, Esto es el principio. Le acompaña además un vídeo de realización exquisita a cargo de Selector Marx. Todo encaja, pues no en vano el título del disco es un homenaje claro al biopic Yo, el Vaquilla, protagonizado por el propio Moreno Cuenca. A los gritos entrecortados del célebre atracador le siguen Rafi Escobedo y Mateo Morral; para muchos tres criminales, para otros, tres enemigos del Estado del bienestar y la nobleza. Una de arena y otra de cal: Domínguez, Amedo y los muertos del GAL hasta llegar al Señor X, el cerebro de la operación tras la cual siempre se creyó a Felipe González. Isidoro no es sólo una referencia popular más, sino el nombre que el ex-presidente socialista usaba en la clandestinidad. Todo está atado y bien atado, y así hasta el final.

Siguiendo con las comparaciones entre el Coleta y el resto de la escena, de un tiempo a esta parte se puede observar cómo algunos rappers españoles han recuperado las figuras del cine quinqui en sus temas. Al César lo que es del César, el Coleta ha sido el primero en incluir de lleno a los quinquis de los ochenta en su imaginario, y el que lo ha hecho de forma más sutil. Lo demuestra inequívocamente en El Jaro y el Pirri se me han aparecido en sueños, uno de los skits más originales de la historia del rap español y del que sólo pueden gozar quienes poseen la edición física. El Coleta no incorpora una escena de cualquier película quinqui en sus videoclips, sino que hace sus propios cortometrajes quinquis (Alegres bandoleros o Nanai Nanaina). En este interludio no le basta tampoco con insertar un diálogo de cualquier película de Eloy de la Iglesia, sería demasiado simple. Se mete directamente dentro del cine quinqui otra vez y con fragmentos vocales del Jaro y el Pirri construye una entretenida conversación en la que él mismo es partícipe. Brillante. Es de bien nacidos ser agradecidos y la inclusión en el interludio de la entrevista que realizó para Crypta Mag es para quitarse el sombrero. En la susodicha entrevista lo dejaba claro: “para que tú salgas en mi disco tienes que ser un clásico”. Y clásico tiene muchas interpretaciones, el que quiera entender, que entienda.

Su reino es Moratalaz y para esta tercera parte ha vuelto a contar en las colaboraciones únicamente con Starone y Broder Chegar. El primero rapea y actúa en Alegres bandoleros. El segundo da su habitual toque punk a las Bulerías de M.O. Ambos preparan sendos trabajos en solitario (Premium y Auto-gestión, respectivamente).

Makarras de M.O.: Broder Chegar, el Coleta y Starone en el backstage de la Sala Clamores el 14 de septiembre de 2013. (Foto: MLC Fotografía).

Makarras de M.O.: Broder Chegar, el Coleta y Starone en el backstage de la Sala Clamores el 14 de septiembre de 2013. (Foto: MLC Fotografía).

Sin lugar a dudas, la mayor influencia del Coleta sigue siendo el cine. Las referencias nuevamente son incontables, desde Regreso al futuro hasta Kickboxer pasando por gemas ocultas del cine quinqui como La reina del mate. Pero, en cualquier caso, siempre codificadas e inesperadas: “Renton corre mientras suena Born Slippy NUXX” o “No cambiarás las calles, cambiarás tú” en De trompo; “estoy a veinte minutos, llegaré en diez” en Segunda oportunidad pregunta a Pazos por los centollos” en Nonaino naino, por citar tres al azar.

En el terreno instrumental no se baja del burro y apenas usa samples, quitando a Los Chichos en Alegres bandoleros y el amor que profesa por Las Grecas en el ya popular Nanai Nanaina y la secuela Nonaino Naino. Nunca ha ocultado su bagaje musical y por Yo, El Coleta se pasean mitos urbanos como Obús, Ñu, Rosendo o Leño, la auténtica banda sonora de la periferia madrileña de los ochenta y noventa. Ni Queensbridge ni el Dirty South.

Pese a alguna tara en el plano técnico, juega a su favor otro de sus sellos personales, el sonido específico que encontró hace tiempo: sintes, distorsiones de voz (como anillo al dedo para el estribillo de De trompo) y hasta autotune en MdMO. Eso sí, cuando samplea acierta de pleno, bien sea para el estribillo de Perro Callejero o para los beats íntegros de Segunda oportunidad y Contad los muertos.

Por el título, Perro callejero engaña. Puede parecer un guiño a la saga de José Antonio de la Loma, pero no. Sobre una de las mejores bases del disco, utiliza los dobles sentidos del concepto del perro con una agudeza sorprendente, punchline tras punchline: “Perro sin correa, perro come perro/ huye de la perrera, jode a los sabuesos/ a tu Snoopy le robamos el hueso, a tu Lassie se la monta Pulgoso/ escupo con Rin Tin Tin, perro del hortelano/ represento mastín, galgo y alano/ quiero perros que muerdan al amo, no perroflautas levantando las manos“. El estribillo construido con una muestra de Los Chunguitos y otra de Extremoduro pone el broche a la canción.

Quienes hayan seguido desde el principio su trayectoria sabrán que otro de sus fetiches son los coches. Desgraciadamente, pocas cosas hay tan españolas como la muerte en la carretera. En Segunda oportunidad repite el mismo esquema que en Perro Callejero con un resultado igual de bueno. Utilizando distintas metáforas del mundo del motor repasa la larga lista de famosos muertos en accidentes de coche, sobre todo españoles, facturando uno de los mejores temas del álbum. El título de la canción está sacado de un programa de TVE de finales de los setenta llamado La segunda oportunidad, en el que uno de los más respetados especialistas de cine, el francés Alain Petit, recreaba accidentes de tráfico con la intención de concienciar a los telespectadores. Precisamente de la cabecera del programa proviene tanto el sample como la locución con las que Ramsés Gallego construye el beat. ¿Quién no querría una segunda oportunidad en esta vida, eh?

(Atentos al 1:50)

En su voz cascada también se puede apreciar una madurez artística. Ha pulido su tonalidad y poco queda ya de la voz timbrada de los días de Dlito. Las estructuras siguen estando muy trabajadas, nunca se sabe por dónde va a salir. Segunda oportunidad se puede tomar como ejemplo para constatar estos dos detalles: “Seguro a terceros, cuesta abajo sin frenos/ quitamiedos, lleváis un cepo/ punto negro, el Camaro del Jero/ trucaste un pepo, ángulo muerto/ amasijo de hierros, Despeñaperros/ matapijos, semáforo en rojo/ Salir ileso, JFK en el Lincoln y relación potencia a peso“. Un estribillo bordado y el Torete tirándose por un barranco son el colofón de este banger.

Si Perro callejero y Segunda oportunidad son los dos platos fuertes, el bonus track Contad los muertos es la guinda del disco, el postre agridulce. Un viaje por la España postfranquista cuyos efectos secundarios todavía padecemos. Lo hace como narrador omnisciente, sin inclinarse por ningún bando y con el pesimismo y la autocompasión de quien realmente es español, los mismos sentimientos que habitan en los cuadros de Goya y las novelas de Cervantes. Un himno instantáneo a años luz del patriotismo de cartón de Nadal, la Selección Española y las frustradas Olimpiadas de Madrid. Si la letra sobre el penetrante sample de Child in time de Deep Purple no te eriza la piel, es posible que hayas crecido en Vladivostok o tengas el corazón de piedra.

No es Rakim rapeando, de acuerdo. Pero de ingenio anda más que sobrado. En cada tema siempre deja un par de perlas. Y este ingenio no le ha llegado por ciencia infusa ahora, ya estaba en sus letras desde la época de Dlito: “envasas todo al vacío, como mi monedero/ aquí Juan Ramón fuma burro y es platero” decía en Caballo de Espartero (Delitokrazia, 2008). Ahora toca reconocer.

Yo, el Coleta es un disco redondo, fiel a un concepto claro y que enseña la parte no oficial de la historia que por necesidad debía ser contada. Y lo hace además elegantemente, haciendo pensar al oyente, obligándole a revisar los apuntes. Música de culto, en definitiva. El tiempo le dará la razón. Esperamos que, efectivamente, esto sólo sea el principio. ¡Dale Coleta, dale caña!

El Coleta suena en…