No os olvidéis de Mumia Abu-Jamal

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Tal día como hoy, el 9 de diciembre del año 1981, alrededor de las cuatro de la madrugada, un taxi recorre las frías calles de Philadelphia buscando clientes en la noche. Su conductor, Mumia Abu-Jamal, es un periodista negro que hace horas extras dos días a la semana en este segundo empleo para mantener a su familia. Al mismo tiempo, no muy lejos, un oficial de policía, Daniel Faulkner, detiene el vehículo en el que circula el hermano de Mumia, William Cook. Casualmente, Mumia pasa al lado, reconoce a su hermano que en ese momento está siendo agredido por el agente de policía, para el taxi en mitad de la calle y desciende del vehículo en dirección a su hermano. Lo que sucede a continuación no está claro para nadie al parecer. Minutos más tarde, Mumia yace herido de gravedad tiroteado junto al cuerpo del oficial Daniel Faulkner. El policía muere. Mumia Abu-Jamal sobrevive pero le esperan treinta años en el corredor de la muerte.

Así comienza la historia del preso político más famoso de Estado Unidos.  Nacido como Wesley Cook, cambió su nombre por el de “Mumia” en el instituto, tras una clase sobre cultura africana en la que su profesor, natural de Kenia, le explicó que significaba “príncipe” y se utilizaba para designar a quienes integraban el movimiento anticolonialista en Kenia contra la ocupación inglesa. Añadió “Abu-Jamal” (en árabe “padre de Jamal”) cuando su hijo Jamal nació.

Muy joven entró en el Black Panther Party en su sección en Philadelphia como Teniente de Información, haciendo labores de difusión y propaganda. El Partido Pantera Negra de Autodefensa acabó desangrándose en guerras internas, la llama de la revolución se fue apagando poco a poco entre sus filas dando lugar a distintos posicionamientos y sus partidarios. Mumia se hizo la promesa de que jamás entraría en otra organización. Víctimas del programa COINTELPRO del FBI, los líderes panteras acabaron en prisión, exiliados o muertos.

Comenzó entonces a desarrollar una carrera como periodista en diferentes radios. Trabajando en una de esas emisoras es como conoció a miembros de MOVE, a raíz de una entrevista que les hizo. MOVE fue un grupo afrocentrista con base en Philadelphia. De ideas anarcoprimitivistas, sus miembros eran partidarios de una vida en relación con la naturaleza y contrarios a los progresos tecnológicos. Llevaban una vida comunal, se dejaban crecer el pelo en largos dreadlocks y adoptaban el apellido Africa como reivindicación de su verdadero origen. Mumia fue abiertamente crítico en diferentes medios contra el violento desalojo que la policía hizo en 1978 de la primera casa que ocuparon los miembros de MOVE y simpatizó activamente con ellos pese a su promesa de no volver a militar. Nueve de los entonces detenidos en el desalojo siguen en prisión en la actualidad. En 1985, con Mumia ya preso, la policía atacó la casa donde se habían reinstalado los miembros de MOVE, dando lugar a un fuego cruzado que tocó a su fin cuando la policía dinamitó el hogar. El balance fue de once muertos –cinco de ellos niños– incluido el líder y miembro fundador, John Africa.

Está probado que la noche del 9 de diciembre de 1981, el hermano de Mumia, William, respondió al ataque del oficial Daniel Faulkner cuando éste le golpeó con la linterna. El propio William se declaró culpable en el juicio. Cuando Mumia fue encontrado gravemente herido, aún llevaba puesta una sobaquera y su revólver se encontraba junto a él. Efectivamente, Mumia tenía un arma y el permiso correspondiente ya que había sido asaltado y robado en su taxi previamente. Presumiblemente fue herido por el oficial Daniel Faulkner ya que la bala que se extrajo de su cuerpo coincidía con la munición del policía. La teoría de la acusación es que Mumia disparó primero a Daniel Faulkner, éste devolvió el disparo y Mumia herido y furioso se acercó hasta el policía que había caído al suelo también herido, se colocó encima y le disparó en la cara matándole en el acto. Mumia en todo momento negó haber sido él quien mató al oficial Daniel Faulkner.

Mumia ingresó en el hospital y después de ser intervenido estuvo un tiempo en estado crítico, lo cual no impidió que el juicio se realizase a los seis meses sin aplazamiento. Habiéndosele negado el derecho a ser representado por el líder de MOVE John Africa, decidió representarse a sí mismo y le dieron tres semanas para preparar su defensa. El juicio fue presidido por Albert Sabo, anteriormente ayudante del sheriff de Philadelphia durante dieciséis años y miembro por aquel entonces de la National Sherif’s Association y la Fraternal Order of Police. En ese momento ostentaba el dudosamente honorable récord de ser el juez que más personas había condenado a muerte en el estado de Pennsylvania. Con un tribunal casi en su totalidad formado por blancos –en una ciudad en la que la población negra rondaba entonces el 44%–, testigos que más tarde reconocieron haber mentido por la coacción policial, un estudio de la trayectoria de la bala que claramente no coincidía con la teoría de la acusación y obviando, además de las pruebas dactilares y de pólvora en el arma de Mumia, el testimonio de tres personas que aseguraban haber visto a un hombre de complexión radicalmente diferente a la del acusado huir de la escena del crimen tras realizar los disparos, ya poco podía impedir que el mazo del juez Sabo aplastase definitivamente a Mumia. En clara violación de sus derechos constitucionales, la acusación presentó como pruebas su afiliación a los Panteras Negras y MOVE junto con declaraciones de aquellos años sacadas de contexto. A día de hoy, visto el proceso con perspectiva, no cabe duda de que esa información fue determinante para que la balanza se inclinase a favor de la pena capital. Mumia Abu-Jamal fue condenado a muerte y enviado al corredor donde ha pasado casi treinta años, gran parte de ellos bajo el código de “Custodia Disciplinaria” –un régimen de aislamiento draconiano más conocido en la jerga carcelaria como “El Agujero”– en castigo por su negativa a cortarse el pelo.

Un dato clave para entender el rompecabezas de la madrugada del 9 de diciembre de 1981 fue pasado por alto durante el juicio. Billy Cook, el hermano de Mumia, no viajaba solo en el momento en que el agente Daniel Faulkner le obligó a parar el coche. En el asiento del copiloto iba un compañero de trabajo llamado Kenneth Freeman cuyo carné de conducir fue encontrado en el bolsillo del policía muerto. Este dato se ocultó en el juicio. Además de su complexión física, el chaleco militar que llevaba Freeman coincide con la descripción que varios testigos dieron del hombre que huyó tras disparar al agente. Sin embargo, Kenneth Freeman jamás fue llamado a testificar. Existe una teoría, defendida entre otros por J. Patrick O’Connor en su libro The Framing of Mumia Abu-Jamal (Chicago Review Press, 2008), que sostiene que fue Kenneth Freeman quien disparó al policía y huyó. Seguramente jamás lo sabremos: Kenneth Freeman fue encontrado muerto –esposado, atado y desnudo– en un descampado la noche del 13 de mayo de 1985 –el día que la policía bombardeó la casa de MOVE–. Su muerte fue archivada como “debida a causas naturales”.

La condena a Mumia ha sido recurrida y dichos recursos desestimados en varias ocasiones. A lo largo de los años han sido aportadas nuevas pruebas y se han desenmascarado las falsas acusaciones al mismo tiempo que la solidaridad internacional crecía haciendo mundialmente famoso su caso. En el hip hop pronto se convirtió en un icono y han sido muchos los que de una u otra manera se han volcado en su caso o han apoyado la causa, entre los que se puede contar a Snoop Dogg,  Mos Def, Jedi Mind Tricks, Saul Williams o rappers con un discurso más politizado como dead prez, Inmortal Technique o KRS-ONE. Fuera del rap, artistas como Fermin Muguruza o Rage Against The Machine –que incluyeron su imagen en el videoclip de Renegades of Funk junto con la de Leonard Peltier, otro preso político no tan conocido– también han hecho campaña a favor de su liberación.

En su larga estancia en prisión, Mumia ha escrito varios libros y ha seguido colaborando con diferentes medios hablando de su caso en particular así como de la situación interna de las prisiones estadounidenses, haciendo honor al apodo que se le había adjudicado ya antes de su arresto: “la voz de los sin voz”.

El 7 de diciembre de 2011 se le conmutó la pena de muerte por la de cadena perpetua. Sin lugar a dudas un grandísimo logro, fruto de años de esfuerzo y de la presión mediática que han ejercido las numerosas campañas internacionales. Pero la lucha no acaba ahí, aunque así nos lo quieran hacer creer. Es indiscutible que Mumia Abu-Jamal fue condenado y sigue siendo un hombre preso por sus ideas políticas, por ser una voz discordante contra el sistema. No nos olvidemos jamás de Mumia. Las atrocidades de Guantánamo, Abu Ghraib y tantos otros ejemplos a gran escala tienen su origen en casos individuales como el suyo. Hay que atacar el problema de raíz. Hoy igual que ayer: ¡libertad para Mumia Abu-Jamal!

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