Hermanos Herméticos – “Leyendas Legales”

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Hermanos Herméticos – Leyendas Legales

(2005 – Gamberros Pro)

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¿Está ya todo escrito como dijo Nas o por el contrario somos los únicos arquitectos de nuestro trayecto en la vida? Si nos inclinamos por la primera opción, podemos agradecer al destino que dos personas tan dispares como Aaron Baliti y Emilio Jordán Donaire se cruzaran hace más de veinte años en las calles del centro de Madrid y que, sorprendentemente, conectaran tan bien. Para finales de los noventa, Supra aka E-1000-io aka Jordán Donaire y Aaron Baliti aka Aaron el largo, podían ejercer de guías turísticos por las madrileñas plazas de Comendadoras o Cristino Martos. Compartiendo gustos musicales y filosofía de vida, decidieron sumar fuerzas y ponerse a trabajar en silencio, con pocos medios pero unos textos que ya entonces derrochaban humor, un ingenio por encima de la media y juegos de palabras poco habituales en el aburrido y doctrinal rap español. De aquellos días nacieron temas como Costrismo o Confesiones.

En 2001, Zona Bruta, la discográfica que por aquel momento tenía la plantilla más rentable del hip hop patrio, decidió editarles un maxi de tres temas. Tres perlas incomprendidas bajo un título inmejorable para englobar el mensaje del dúo: Interiorismo. Margaritas para los cerdos. El maxi pasó lógicamente desapercibido aunque hoy, como es habitual, sea una codiciada pieza de coleccionismo. Ellos siguieron saludando cuando rulaban por Conde Duque y tramando sigilosamente en las mazmorras del rap.

Se acercaba el año 2005 y se sentían aires de cambio en el rap nacional. No es descabellado decir que la apertura mental que vivimos actualmente en dicho género, aunque quede mucho camino todavía, tiene buena parte de su origen en aquel año y en una ciudad: Madrid. Hace casi una década empezaban a romperse los tabús sobre drogas y dealing en las canciones, los dogmáticos 4 elementos caían definitivamente por su propio peso y comenzaba a tomar forma la independencia musical que a día de hoy es prácticamente la única salida. Aunque sean detalles nimios y hoy suenen casi a chiste, es conveniente recordar que fue en torno a aquel año -mes arriba, mes abajo- cuando Madrid Pimps trajeron las versiones screwed y el jarabe, el colectivo Uglyworkz tendía lazos por toda la ciudad, las webs de descarga tenían en el top las demos de Guante Blanco y Toscano, Acqua Toffana daba pie a la actual Ziontifik y Chirie Vegas empezaba a vestir gorras planas.

Fue precisamente este último, tanto por estética como por temática y sonido, uno de los que más dio que hablar. El estreno oficial de Chirie Vegas en 2004, Vintage, supuso al mismo tiempo el nacimiento de Gamberros Pro (GP), un sello que también ha hecho que muchos haters aporreen el teclado sin piedad. Doo rags, viseras New Era y botellas de Moët nunca antes vistas en la escena nacional eran la excusa perfecta para odiar sin sentido. La segunda referencia del sello, Chocolate (GP, 2004), firmada por Costa, fue más leña para el fuego. Sin embargo el CEO de GP, Soply aka Lansky tenía en el taller dos diamantes perfectamente pulidos que, al margen de la amistad, poco tenían que ver con el resto de la escudería. Así, a mediados de 2005, se produjo el regreso inesperado y la verdadera presentación en público de Hermanos Herméticos: Leyendas Legales. 14 cortes repartidos en 48 minutos que de nuevo provocaron sentimientos encontrados entre los detractores de GP…pero también entre sus seguidores.

hermanos-hermeticos-leyendas-legales-artwork-01La primera escucha del álbum causó la misma reacción en los dos bandos: perplejidad. De una parte, la sensación de no haber oído nada igual antes. Por otra, la de no haber entendido nada. Esa es probablemente la gran virtud del disco y el grupo: Leyendas Legales es un álbum de múltiples escuchas. Nada está mascado, todo está sutilmente oculto y en cada nueva reproducción encuentras sentido a una frase, descubres un doble sentido o recuerdas el origen de un sample. Pongamos como ejemplo el cuarto track del elepé, Día de mayo. En principio, se presenta como algo luminoso y alegre (el mes de mayo, el amanecer, la romería de San Isidro), cuando en realidad es un grito de auxilio en plena guerra (May day! May day!), esa mentalidad de soldado necesaria en una urbe hostil por mucho que brille el sol.

Como es lógico, Hermanos Herméticos hablan mucho de la capital y del distrito en el que se han “criado con los putos rockers. La gente que no conozca bien Madrid puede llegar a pensar que el centro de la ciudad es todo esplendor y la decadencia está en el extrarradio. Sin embargo, quien haya paseado en los noventa o durante estos últimos años por los aledaños de Gran Vía (Ballesta, Puebla, Desengaño, Montera), por Noviciado o Malasaña, sabrá que efectivamente Hermanos Herméticos no necesita inventiva, porque “en los portales había yonkis fundiendo manteca”, en la Plaza del 2 de mayo podías disponer de “la guardia mora como Franco” y todavía hay “tacones de aguja, bodas de plata”, viejas que “dan limosna para jaco” y “transacciones en los bancos” de cada parque entre chicos que se vistena la moda con las bolsas” de la parroquia. Y todo esto orbitando alrededor del Kilómetro 0. Muchos de los lugares que mencionan aparecen en el videoclip que realizaron en colaboración con el colectivo Uglyworkz para el tema que abre el disco, Vamos otra vez, como la esquina del primer plano, situada en la Plaza Luna, la misma en la que aparecen apoyados en la portada del disco.

En sus líricas, entre el universo de ideas que pululan, hay dos constantes. Por un lado, la dualidad amor/desamor, que queda perfectamente reflejada, desde el propio título, en Mieles y hieles. Una bipolaridad sentimental que empapa todo el álbum: “los tonos de tu número son la música más bonita” frente a “tú no eres una puta, eres mi costilla”; “tienes ese don y lo sabes, eres muy perra” vs “aprendiste a ser así de mala por mí”; “dime cosas que te molen, que te hago una canción” contra “una hora para que me cojas del brazo”.

Por el otro, la educación, su importancia y la defensa de otras formas alternativas a las que nos han vendido. Haciendo hincapié en no desperdiciar esa educación, crean el concepto de Eduwastement, una vuelta de tuerca al Edutainment [education + entertainment] de KRS-One jugando con el término waste (malgastar). Un mensaje –quizá el más valioso del disco- dirigido a quienes están “perdidos a la edad de los veinte”, chicos de acera que no han estudiado en la Sorbona a los que lo único que les queda es su “cabeza matemática castigada como África”.

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Una de las cosas que más sorprendió a quienes no habían escuchado antes Milagros, el tercer corte del maxi, fue el estilo único e incomparable de Supra. Por supuesto, no convenció a todo el mundo. Aunque suene típico, a Jordán Donaire lo amas o lo odias, no hay más. Muchas veces fuera de ritmo o incluso hablando, rozando el slam, el Padre de la criatura es ácido hasta la médula, goza de un wordplay único en el spanish rap game (“te invito a cenar y tú pagas los platos rotos” o “todo depende del cristal con que se mire, Brugal, Jack Daniels, rayas como Tàpies”) y le encanta la provocación (“no todos los negratas son hijos de puta, pero los que mataron a Malcolm fueron negratas” o “fumo acostado, niego el Holocausto”). Además, es dueño de una jerga propia que consiste en una traducción literal de términos del inglés que abundan en el rap americano como “culos de puta” (bitch-ass), mis negratas” (my niggaz), “jodemadres” (muthafuckaz), “buscavidas” (hustlaz), “vendedores de droga” (drug dealaz) o guiños a himnos de la música estadounidense como One Nation Under a Groove de Funkadelic (“una nación bajo un surco”) o Say my name de Destiny’s Child (“di mi nombre, di mi nombre”).

Por contra, Aaron, con una forma de rapear más al uso, quitando su exquisita pronunciación de las uves, no destaca tanto en la forma como en el fondo, poseedor de un mensaje sin florituras por el que muchos de esos autoproclamados profesores del rap matarían (“Qué pasa con la gente, deshumanizados, ése es el equivalente, como reses marcados, no exactamente, rescato el pasado, para afrontar el presente y sortear los obstáculos”), con unas barras que son lección tras lección para la vida, listas “para usar por si falla la lógica y te sientes solo como un bluesman hablando con la armónica”.

Para las colaboraciones no fueron muy lejos y recurrieron a algunas joyas de la corona que resultan ser parte de su entorno más cercano. En Makein Mushkid, -una expresión árabe que significa “no hay problema”- invitan a otra leyenda legal para la que sobran presentaciones: Kamikaze, de nombre real Rachid Bagasse y, entre muchas otras cosas, miembro distinguido de El Club de los Poetas Violentos. El featuring no es casual, Kami y HH son viejos conocidos de los callejones de Madrid y “cabrones curtidos (como Aaron Hermético te tengo a tiro)”.  Con él comparten un estilo muy cinematográfico a la hora de rapear, basado en escupir imágenes y que ha creado escuela en Madrid. De ese estilo beben también Joka de Guante Blanco (“hay una opinel por cada opinión, vives de verde en verde y de marrón en marrón, cuando busques la solución, cenas a base de techo de habitación”) y Toscano, “el blanco del año”, que junto a Wyz Montecristo, del que seguimos esperando noticias, cierran el disco en la brillante Vida de colores.

El peso de las instrumentales descansa en su mayoría sobre los hombros de Versiones S, el alias de Aaron Baliti a la hora de producir. Y aportan su roca de granito Hoodlover -50% de Guante Blanco– (Vidas de colores y Leyendas Legales) y DJ Volo (Vamos otra vez, Makein mushkid, A 190, Mieles y hieles).
Si el estilo de los mc’s es original, la música sobre la que rapean no es menos. Sería prácticamente imposible encuadrar el sonido global de los beats en ninguna tendencia conocida –mucho menos en el sonido desarrollado en España hasta entonces-, lo que consigue ese aire único que sólo alcanzan algunos discos y que en el ámbito nacional, hasta la fecha, podríamos contar con los dedos de una mano.
¿El secreto? Quizá un poco de todo y mucho de nada. Musicalmente Leyendas Legales es un mosaico cromático en el que tienen cabida todos los tonos, matices y pigmentaciones. Quizá lo lógico sería reseñar la mezcla de muestras con elementos compuestos o la originalidad de muchas de las baterías –hasta el punto de que a más de uno le echaría para atrás la construcción del ritmo en el tema homónimo del disco-. Pero son las texturas y, por supuesto, la labor de DJ Volo en los decks como arreglista –responsable de esos scratches que con el tiempo son más difíciles de encontrar en los discos de rap-, lo que da ese sonido original e inconfundible al álbum.
Los tres beatmakers consiguen que samples ya conocidos suenen distintos. Para muestra un botón: en el Skit 3 el Ike’s Mood de Isaac Hayes está tan bien camuflado que es difícil relacionarlo con, por ejemplo, Beatiful mind de Cormega. Logran, en definitiva, que la música de un tema transmita una sensación opuesta a la de otro, pero compatible a la vez, fruto de la mezcolanza de estilos y, por definición, de la supresión de clichés sonoros.
Muchas de las críticas que se vertieron contra el disco y el grupo en los foros de lnternet, incluso por parte de los defensores acérrimos de Hermanos Herméticos, se dirigían precisamente contra el apartado instrumental. Sin embargo, es difícil imaginar a Aaron y Emilio sobre otro tipo de bases. La arritmia de las baterías sirve de perfecto compás para el estilo entrecortado de Supra (“Si algo extraño pasa en tu ba-rri-o”) y las esdrújulas sobradamente alargadas de Aaron (“en el megáaaafono ráfagas de áaaatomos, electrodos, me dicen ‘hey, como-váaaa-to-do?”’). El minimalismo de los beats va a juego con el de los textos: parece poco, pero transmite mucho.

El disco está de principio a fin teñido de música negra. Por ahí se pasean, de una u otra forma, grande figuras de la historia negra y su banda sonora como Mahalia Jackson, John Lee Hooker, Jimmy Hendrix, Miles Davis, Bob Marley (“excuse me while I light my spliff”), el Reverendo Jesse Jackson, Malcolm X o Martin Luther King, con la inclusión de su último discurso antes de ser asesinado, I’ve been to the Mountaintop”, de obligatoria escucha y visionado. Pero HH tienen claro que no han crecido ni en Detroit ni Queensbridge, por eso rememoran, con tanta sorna como elegancia, al Tío Calambres de Luis Aguilé en A 190 y al Huerfanito de Antonio Machín en Nadie que me quiera, o mentan con ironía figuras de la España casposa como Alfredo Mayo o Moncho Borrajo. Lo dicho: verdadera educación, mestizaje, guasa y clase a partes iguales.

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Aunque ya no fue lo mismo, en 2009, DJ Volo, Aaron Baliti y Supra1000 regresaron con Conservarse frío, también de la mano de Gamberros Pro, que este 2014 cumple diez años. No queda ni uno solo de los sellos junto a los que navegaban en la misma barca de la independencia musical. Por el camino han ido cayendo Estao Chungo, Fünkdamental, Mari Nakome, Background, Uglyworkz… Como diría Aaron, HH y GP ya son“historia, no moda“. Ahora Emilio y Aaron caminan por separado. Supra, con mejor intención que resultado pero igual de mordaz con la pluma, ha liberado dos trabajos de descarga gratuita: Trastorno límite (2011) y Peligra la vida del artista (2013). Por su parte, Aaron, más calmado, ha esperado el tiempo que ha creído conveniente y junto a su inseparable DJ Volo volvió ayer 7 de octubre (¡por fin!) con Cosas que decides, cosas que suceden.

Sin Hermanos Herméticos seguramente no conoceríamos como conocemos a Elsso Rodríguez, a Cecilio.G, a Erik Urano, a Infinitum…ni probablemente tampoco a Chirie Vegas, Kase-O o CPV. Incluso Tote King, en la cresta de su ola, al ser entrevistado en el documental Spanish Players, asumía con la boca pequeña su admiración por uno de los Hermanos Herméticos, el más alto. “Reconoce su jodido nombre”, que diría Supra, el más bajo.

Cosas que decides, cosas que suceden… Quizá no existe el destino y somos nosotros quienes, con nuestras elecciones, marcamos el camino y los acontecimientos que vivimos, quién sabe. Pero una cosa está clara: el tiempo pone a cada uno en su lugar. A los que les cerraron las puertas, también: los Hermanos han hecho que funcione. Parafraseando a un antiguo miembro del staff de Crypta Magazine, ¿cómo va a estar el hip hop muerto si Hermanos Herméticos es para siempre?