El$$o Rodríguez – Estatus del antihéroe, interpretaciones sobre su figura.

Estatus del pícaro también. El personaje de El$$o se engloba en un terreno bien conocido en el género español, el del buscavidas, el superviviente astuto que sale vivo de todas las situaciones límite. No en vano, la RAE define pícaro como “Persona de baja condición, astuta, ingeniosa y de mal vivir.” 

Baja condición inherente a los bajos fondos donde se sitúan los lyrics de El$$o. Los bajos fondos del cine negro norteamericano de los años 30, los bajos fondos de los poetas europeos o los bajos fondos portuarios en blanco y negro. Nos sitúa por tanto en un imaginario, real o no, tangible y coherente a su actitud por cuanto lo habita y no lo fantasea. El personaje de El$$o transita por su entorno como un elemento más de él, sin glorificación ni glamour, y, ni muchos menos, la luminosidad y  limpieza que en muchas ocasiones ha venido asociada a la vida de los “fuera de la ley”. En primer lugar, porque como antihéroe, ni siquiera es protagonista -como héroe henchido- de nada, sino mero testigo de los éxitos ajenos y de los fracasos propios. Su posición no es central, sino lateral. En el mundo que habita su personaje es mero atrezzo de las grandes historias. Si tuviéramos que asociar una imagen visual al lugar donde nos traslada El$$o sería al fondo de un bar mal iluminado, donde una sombra posa su vaso medio lleno sobre una mesa destartatalada mientras observa el juego que se desarrolla ante sus ojos, del cual es partícipe en ocasiones, aunque siempre con el mismo resultado: la derrota.

Aunque astuto e ingenioso, al pícaro la vida no le sonríe. La suerte -por azarosa que sea- siempre cae del lado de otros, y sólo su propio inteligencia le permite seguir tirando hacia adelante. Las historias de El$$o son las historias del derrotado y de las consecuencias que ello deriva. Historias de la pérdida y del perdedor, ya consciente de su condición de loser alimentada por un fatalismo incorruptible. Conoce y acepta el juego, así como las cartas que le han tocado. Historias de su estatus. Su posición. Así, construye su existencia sobre estos cimientos, los solidifica y los mantiene firmes, al mismo tiempo que lo mantienen firme. Una vez has aceptado la derrota (“buscando pasión en cada todo a 100”, “escribo la autobiografía de un primo”, “en mi epitafio, aquí yace un cretino”), los golpes ya son aceptados incluso antes de ser recibidos. La caída no es ni inminente ni cercana, sino continua. La vida es vivir jodido. La sensación de estar de paso, de nada que ocupa un espacio (“porque a nadie le importa si estás de paso o no”) destinada a fracasar continuamente hasta su muerte es constante en el discurso de El$$o. Estás aquí por azares de la vida y el triunfo no forma parte de dicho azar. Es simplemente un superviviente más en este absurdo que es la existencia. Autárquico por definición (o como consecuencia), El$$o, como aquel personaje de La Náusea, simplemente se “sobrevive”. Bajo las reglas de uno, y el gobierno de uno, incapaz ya, de confiar en un entorno que le condena al hundimiento (Autarcía/Autocracia).

 

 

El antihéroe, en su definición clásica, es un personaje que no posee virtudes heroicas ni valores morales positivos asociados a esta actitud (valiente, idealista, fuerte, luchador…). En el género el protagonismo le llega de rebote y sin que él (rara vez es femenino) lo busque ni lo desee. Y aunque en las últimas décadas su aparición (sobre todo en el cine de acción -desde Bruce Willis hasta Jason Statham-) ha venido acompañada del triunfo definitivo en la vida (o ante el mal) como redención y exculpación de pecados pretéritos, al verdadero antihéroe esta resolución positiva de su existencia les es vetada e impedida. En general, el antihéroe, el pillo, funciona como eje o engranaje que permite que la maquinaria termine de engrasarse y funcionar (o de triunfar); funciona como mecanismo funcional (siempre temporal y nunca definitivo) para llegar a un objetivo. Llegando a recalcar en continuas ocasiones a la muerte como única salida posible, como última liberación del paria ante una vida de desastres. Por tanto, sus acciones se revelan siempre como objeto, y nunca como sujeto (“problema en la subasta, nadie puja un duro”, “olvidaos de la historia”, “señor Don Nadie”). El éxito es un tren que no para en su estación. Siempre pasa de largo por más que se intente pararlo (o dinamitarlo). Como consecuencia, el hastío y el cinismo -el descreímiento- son las paredes en las que habitan los textos de El$$o. Existe, entonces, una total conciencia de derrota afianzada por el conocimiento de los mecanismos interiores que mueven el mundo y a los seres humanos (estamos ante un análisis claramente posmoderno), que tal y como se encarga de relatarnos a través de su música, no son nada bonitos. Aunque sea una contradicción, el vacío completa -llena- su estatus.

 

 

Dicen que al final sólo nos queda el amor. Pero ni con esas. Al arquetipo del perdedor, el amor se le antoja como la única vía posible, el último cartucho. Pero “¡Ay bendito!”, el amor es el más traicionero de todos. A El$$o, como a todos los perdedores literarios, llegamos después de. Ya sólo quedan los posos de la amargura y del rencor (“viniste a mi vida preguntando por droga, te fuiste escuchando puta”, “fuiste mi hula hop”) de algo pasado. El status de El$$o se sitúa entre la ruptura y el olvido, en ese punto intermedio de ni quiero ni te perdono, pero tampoco consigo olvidar. Las líricas de El$$o se convierten en narraciones de la post-ruptura, narradas desde la madurez, pero también desde el dolor, sin el drama ni el manierismo asociado a las letras de desamor características del pop. Narra a pie de suelo, desde las calles que habita, y, sobretodo, desde la normalidad del ser humano y su comportamiento ante el fin abrupto de las relaciones humanas. Ese punto intermedio de soledad y vuelta a la independencia (Autarcía), forzada por el desastre. A través de sus canciones El$$o nos sitúa siempre en ese punto intermedio, en esa nada dubitativa entre el horror del fin, el dolor punzante de la herida reciente (“sólo guardo amor para mi madre”) y el período de recuperación, en su caso, seguramente para volver a repetir la secuencia (el pesimismo del perdedor). Basada en experiencias reales o no (¿acaso importa eso?), la literatura de El$$o se centra en las relaciones rotas de mala manera y sobre ellas pivotan la mayoría de sus creaciones (“Aunque tu cueva ya no sea mi cueva” “en el after haciendo como si no nos conociéramos”, “antes era cuando me miras se me empalma y ahora es nena, como me mires se arma”), confirmando la derrota en las relaciones humanas como la peor de todas y sobre la que se construyen/destruyen y confirman las personalidades (con sus esqueletos en el armario) de todos nosotros. El determinismo o el fatalismo vuelve a aparecer escondido bajo la aceptación de esta derrota. Nada se puede hacer (“soy experto en, bueno, respiras por lo menos”), salvo exponer las miserias de esta existencia. Exposición que, en el caso de El$$o, y paradójicamente, es de todo menos mísera y sucia, sino brillante a nivel formal y de contenido.

 

“Aún recuerdo tu cama y el ufff, que puto frío, nos moríamos de culto de amor, de costo y vómito

Por el momento nos creímos perfectos, y el futuro llegó como un desastre natural

¿recuerdas? y Mario Picazo nos miraba”

 

Esta situación de entre períodos también es trasladada a la propia figura del narrador. La propia construcción del personaje responde, como consecuencia, a acciones pasadas que configuran (como hemos señalado ya) su comportamiento. Haya amor o no, el personaje de El$$o responde al arquetipo del seductor del cine negro (“por el ingenuo romanticismo de ser Humprey Bogart en un mundo deshecho”), crápula, cautivador empedernido de mujeres en busca de emociones fuertes, descreído y orgulloso (“canallas trasnochados”, “putas de prepago”). También destila chulería española, la del casanova de tasca de mala muerte, habitante de las madrugadas. Sin saber realmente que ocurrió en el pasado, el El$$o del presente no se deja manejar ni manipular; si no me tocas, no me hieres, si no me hieres no sufro. El escudo como forma de vida. Empirismo naturalista en estado puro (el determinismo empapa todo su trabajo). De ahí que si en el pasado nada funcionó, tampoco es posible que en el presente -o en el futuro- funcione. Está impedido por la propia resolución empírica que ha adoptado. De todo ello deriva su condición de tirita, del tipo que pasa para no quedarse en tu vida. De explosión (pasión, hedonismo) temporal con su onda expansiva (ruptura traumática). De intermedio.

Sin espacio para la duración y con la ruptura como fin de antemano, sólo es posible atraer a otros como tú. El$$o vuelve a recuperar otro arquetipo, el del análogo femenino. Por lo que cuenta, y por como lo cuenta, la elección de con quien comparte cama siempre es errónea (por el resultado final catastrófico), y aunque la culpabilidad en estos casos es compartida -uno atrae lo que es-, no está de más señalar que normalmente en este género, el personaje femenino es tan destructivo o más que el masculino. La espiral de autodestrucción de estos seres heridos transmuta en una espiral de destrucción mutua cuya máxima consecuencia es un erial emocional donde es imposible que vuelva a crecer nada. Lo grande de El$$o es situarnos, precisamente, en ese momento post-apocalíptico en el que importa menos la causa, que la reacción. El$$o prefiere ubicarnos en el espacio intermedio del ¿y ahora qué?

 

“Mátame, mátame, cúbreme de perfidia, ahógame en tu vanidad de pobre niña rica,
ponme en la línea, con la bandera blanca y una orquídea amarilla esperando en la puerta,
elígeme y gástame soy la oferta del día,
las flores están muertas, la cena ya esta fría,
y la alerta es cada vez mas obvia, porque hace un cuarto de hora que Aretha canto la última,
en el hilo musical una furtiva lagrima, en la siguiente pagina pone
¿Qué coño esperabas? ¿Milagros como Fátima?
Chico, te has tirado toda una vida pateando el Karma
y ahora es normal que todo vuelva,
cuando el mundo se deforma,
mi fármaco es tu vulva,
aunque tu cueva ya no sea mi cueva te esfumaste sin mas como la chica de la curva.”

Estatus del pillo, del perdedor, del pícaro, del antihéroe. Estatus de la tradición literaria española de la tragicomedia y el esperpento. Estatus del absurdo, desde el Quijote hasta Gila. El estatus de El$$o Rodríguez.

 

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