Watios presentando Peace of Mind en Barcelona

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Todos sabemos que llenar una sala -aunque ésta no sea muy grande- en un concierto de rap, es una tarea muy complicada. Si además eres un grupo under y tocas lejos de tu ciudad es aún más difícil. Si a eso le sumas que el bolo es en una sala nada céntrica, con fama de mal sonido y, para colmo, tu concierto coincide con uno de Costa, otro de Falsalarma y la operación salida de vacaciones de Semana Santa, la cosa se convierte en una odisea. Pues todos estos factores se unieron para hacer la putada a un grupo gallego que pisaba Barcelona por primera vez con todas las ganas del mundo de presentar su último trabajo: “Peace of Mind”. Hablamos de Watios, hablamos de Sago y Judah.

Esa noche les acompañaban varios grupos, los locales Ill Bambinos y Juli & Jay Calabria, y  desde Galicia, 96ers. Mis responsabilidades laborales (cómo os podéis imaginar Crypta no nos da de comer) no me permitieron llegar al concierto hasta prácticamente la salida de Watios, pero mi compañero Enyor y su cámara estuvieron allí para inmortalizar el show.

Cuando entré en la sala recordé rápidamente por qué hacía tantos años que no había vuelto a asistir a un bolo realizado en la KGB. Fue asomar un pie a la pista del concierto y sentir como las probabilidades de que mi cabeza explotara a lo Abierto hasta el Amanecer se multiplicaban exponencialmente. La sala estaba bastante vacía, quedaban menos de 50 personas. A todo lo comentado anteriormente acerca de las dificultades para llenar en este día, hay que sumar otro factor: se permitía la entrada a mayores de 16 años, por lo tanto algunos menores seguramente habrían abandonado ya la sala para llegar a casa a una hora decente ya que, cuando Watios subieron al escenario, rondaban las 23:00h.

Elegí ir a cubrir este concierto porque Peace of Mind me pareció un trabajo fresco, con un sonido propio y definido durante toda su duración y me apetecía ver qué tal se lo montaban en directo, sobre todo después de ver las imágenes de su clip Saturno.

Ver la sala tan vacía me hizo pensar que quizás lo que iba a ver no me iba a dejar todo el buen sabor de boca posible. Sabemos que en un alto porcentaje, cuando un artista sale a escena para un público menos numeroso de lo esperado, suele mostrarse algo desganado, pero no fue así. Desde el primer momento en que Judah se puso a los platos, y Sago cogió el micro acompañado de Ponte en el papel de corista, el mc gallego lo dio absolutamente todo. No importaba que la sala estuviera poco poblada, no importaba que el sonido fuera una puta mierda, no importaban los cientos de kms que se habían metido ese mismo día, en el escenario no hubo lugar ni para lamentaciones, ni bajones, ni cansancio, ni maldiciones; como dijo Sago en cuanto se acercó el micro a la boca, esa noche se iba a liar parda. Nada les iba a aguar la fiesta. Nada ni nadie, ni el técnico de sonido.

Su actitud en todo momento fue irreprochable, trajo las pilas bien cargadas y puso toda su energía hasta que hizo que la gente les diera el calor que se merecían, dirigió varias palabras al público que, gracias al espectacular sonido de la sala, me fueron difíciles de descifrar, entre lo poco que pude captar, pronunció también unas como homenaje hacia el gran Bebo Valdés, fallecido ese mismo día.

Aunque ya he dado algunas pinceladas sobre el tema sonido, necesito hacer mención aparte para desfogarme. Entiendo perfectamente que las salas se preocupen más por la barra que por el sonido, pero hay límites. Lo de la KGB no es que sea pésimo, es que no tiene nombre, aún no se ha inventado el adjetivo para definir esa ínfima calidad de sonido que hacía que las bases que soltaba Judah no lucieran nada y que toda la buena percha escénica de Sago se viera nublada por lo mal que oíamos su voz. No sé si es culpa de la sala en general, del técnico de sonido en particular, de que hay pocos profesionales en el gremio con una mínima idea de qué deben hacer para que un concierto de rap suene bien, pero es triste saber que he estado en jams organizadas en polideportivos de pueblo que sonaban mejor.

Volviendo a los protagonistas, Sago fue cantando varios de los temas de su Peace of Mind, entre ellos, We Run, Quién es quién, Fly me o Salidas, y también temas de trabajos anteriores como Move o Checkealo, la base del cual, con el sample de Mary Jane Girls, trasladó nuestros pies por un momento a una pista de baile de los 80. Sago los cantó dándolo todo, animando, saltando, haciendo participar a la gente, recorriendo todo el escenario incluso después de hacerse un lío entre los cables de su micro y el de Ponte que le limitaba los movimientos, un Ponte del que no puedo acabar sin comentar su gran papel, serio en las formas, pero muy efectivo. Su mirada reflejaba la seguridad de esas personas que saben que lo están haciendo bien. Además tuvo también su momento para demostrar sus cualidades como mc y cantó el de tema de su EP “Palabra”, Disneyworld.

Los de La Coruña dejaron para la despedida el que quizás sea para muchos el tema estrella del disco, o por lo menos el más conocido: Saturno (ya sabemos que hoy en día los videoclips son imprescindibles para expandir tu trabajo). Fue el momento álgido del concierto, la gente coreaba el tema mientras Sago hacia que todo el mundo levantara las manos, hasta que Ponte le miró haciendo el gesto de silencio con el dedo en la boca, y acercó el micro al público, que serían pocos, pero se sabían el estribillo perfectamente y lo cantaron de principio a fin.

Para terminar, sólo deciros que desde aquí esperamos que la próxima vez que volváis por tierras catalanas sea en una sala mejor y tengáis más suerte con la fecha, estaremos ahí para poder disfrutar decentemente del concierto y no con esa basura de sonido, no era justo.

Aquí os dejamos con el vídeo resumen realizado por Enyor.