Vic Mensa – 16 shots, para que no olvidéis que un poli asesinó a Laquan McDonald.

“And we all know its cause he black, shot ‘em 16 times, how fucked up is that”

Vic Mensa ni siquiera necesitó nombrarlo hasta sus dos últimos versos para que todo Estados Unidos identificara fácilmente que este tema iba dedicado a Laquan McDonald, un joven afroamericano asesinado por la policía en octubre de 2014, en la ciudad natal de este mc, Chicago. Y es que es imposible borrar de la memoria de la población de esa ciudad, y de cualquier persona que lo viera, el vídeo en el que un agente de policía dispara 16 veces sobre este adolescente. Escalofriante escena que se incluye al final del videoclip de ’16 Shots’. Pero hay algo aún más escalofriante, adentrarse en la historia de corrupción, encubrimiento y ocultación de pruebas que se esconde detrás de este caso de brutalidad policial.

 

 

El tema vio la luz casi dos años después del día del asesinato de Laquan y se incluyó en el EP “There’s Alot Going On” (2016 – Roc Nation). En este periodo de tiempo, la indignante cronología que se fue sucediendo debió empujar a Vic Mensa a plasmar toda esa mierda en forma de canción y poder tirar una barra tras otra contra las fuerzas del orden: ‘So its, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, fuck 12!!! 16 shots, and we buckin’bak’ escupe con agresividad en el estribillo del tema. (*12 es slang usado para referirse a la poli). Pero si alguien está pensando que el de Chicago sólo quiso sacar rédito de la situación, debe saber que Vic participó activamente en algunas de las protestas que se organizaron, teniendo incluso problemas con la policía. ‘I just made me a mil’ and still militant’

No es casual tampoco que el clip de ’16 Shots’ se publicara cuando se cumplían dos años del asesinato de Laquan, con un oscuro contenido visual que es todo un alegato contra la brutalidad policial y en el que Vic Mensa no escatima en expresividad de su cuerpo para reflejar la indignación de toda una comunidad. Y no sólo lo hizo a través del vídeo del tema, si no que lo repitió en cada actuación y cada directo al interpretar ’16 Shots’. Puedes ver en youtube como en sus directos no falta alguna representación de la policía, sea en forma de figurantes, bailarines o de decorado y como se tira al suelo abatido mientras se relata el asesinato de Laquan en la outro del tema. De hecho, pocos días después del lanzamiento del clip, Vic Mensa interpretaba el tema en el show de Jimmy Kimmel con Travis Barker (Blink182) a la batería, metiéndose en una pelea, coreografiada con pasos militares, contra dos bailarines vestidos de policía.

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El asesinato Laquan Mcdonald, un nuevo intento de ocultar la brutalidad policial

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La noche del 20 de octubre de 2014, un policía asesinó brutalmente a Laquan Mcdonald, un chaval de 17 años, una vez más, de raza negra, y una vez más, la versión oficial proporcionada inicialmente distó mucho de la versión real. Versión que el sistema intentó encubrir por todos los medios, esta vez (por fin) sin éxito.

Esa noche, la policía de Chicago recibió una llamada en la que unos vecinos alertaban de que habían visto a un adolescente allanando vehículos en un aparcamiento de camiones. Varios agentes respondieron al aviso y se encontraron con Laquan, al que siguieron unos minutos observando que sostenía un cuchillo, así que decidieron pedir refuerzos y solicitaron por radio que se personara una patrulla con un táser. Fue el oficial Van Dyke el que llegó, y bajando del coche, desenfundó su pistola y disparó contra el chico en lugar de usar el arma de electrochoque. Según la versión oficial, Van Dyke había decidido abrir fuego por su propia seguridad y la de sus otros compañeros, al ver cómo el joven se estaba acercando hacia ellos empuñando el arma.

Fueron medios de comunicación independientes los que arrojaron luz al caso tras haber tenido acceso a la autopsia, que revelaba cómo Laquan había recibido 16 tiros, al menos dos por la espalda. También descubrieron y denunciaron la existencia de un vídeo en el que se podría apreciar claramente que, en ningún momento, Van Dyke había podido temer por su vida.

Autopsia Laquan McDonaldEl vídeo, grabado por la cámara del salpicadero de uno de los coches patrulla, no fue publicado hasta más de un un año después de los hechos. En virtud de la Ley de Libertad de Información, varios importantes medios de la prensa solicitaron el acceso a esta grabación pero se les negó una vez tras otra. Fue a raíz de esta sospechosa negativa, cuando se descubrió toda la trama de encubrimiento que se había puesto en marcha desde la noche del asesinato.

Y es que las imágenes del vídeo, como he dicho, incluidas al final del clip de Vic Mensa, son realmente estremecedoras y no dan lugar a discusión: la policía mintió. Laquan en ningún momento supone un peligro para ningún oficial. Cuando Van Dyke llega a escena y baja de su coche tarda, tan solo, seis segundos en comenzar a disparar al chico, al que se le ve alejándose por mitad de la calle, con las manos abajo y a una distancia ya prudencial de las patrullas. Tras los primeros disparos, Van Dyke no recula (como declaró en su momento) sino que sigue disparando mientras se acerca más al chico, que se desploma en el suelo y en ningún momento intenta levantarse. Las imágenes son espeluznantes, tanto que hasta se puede percibir el humo provocado por los balazos.

 

 

Sin embargo, este vídeo no vio la luz hasta un año después de la muerte de Laquan, cuando un juez ordenó su publicación de forma inmediata como respuesta a la denuncia del periodista Brandon Smith después de que la policía rechazara una y otra vez las peticiones de visionado de la cámara. Las consecuencias no se hicieron esperar, un día antes de la fecha límite para la publicación del vídeo, el alcalde de Chicago, Rahm Emanuel, hacía un llamamiento a la calma y la fiscal del condado, Anita Álvarez, anunciaba que se imputarían cargos por homicidio en primer grado contra Van Dyke, dos actos que dieron a entender cómo se había intentado ocultar la verdad bajo intereses políticos.

La omisión del vídeo fue sólo el principio, a partir de ahí se fue descubriendo todo el entramado mediante el que hubieran conseguido dar carpetazo al asunto si no hubiera sido por la aparición de esas imágenes, empezando por el nivel base: el departamento policial, que desde el primer momento, puso a girar la rueda para disfrazar, una vez más, un asesinato bajo el nombre de uso justificado de la fuerza. Todos los policías allí presentes, al menos siete agentes, conspiraron para apoyar la mentira de Van Dyke, un agente que, por cierto, coleccionaba unas veinte quejas civiles en su contra durante sus catorce años de servicio, que iban desde uso excesivo de la fuerza, hasta insultos racistas, sin haber sufrido nunca ningún tipo de medidas disciplinarias. Se dice que, en comisaría, incluso obligaron a algún testigo a cambiar declaraciones para que cuadrara con la versión que querían dar. Versión que los medios tradicionales, cómo no, parte de esta asquerosa maquinaria, repitieron como perritos obedientes.

Para más inri, aparte de la ocultación del vídeo de la cámara del coche policial, es muy posible que se destruyera la grabación de la cámara de seguridad de un Burger King próximo al lugar de los hechos. Según el encargado del establecimiento, la policía entró poco después del tiroteo y solicitó acceso al sistema de seguridad de la entrada. Pasado un rato, había sido borrada más de una hora de grabación que coincidía con la hora de los hechos.

Pero para intentar evaporar una historia así, se necesita algo más que ese primer escalón de encubrimiento a nivel policial, el crimen tuvo que ser, obviamente, tapado por diversas autoridades superiores y contar con la ayuda de los órganos estatales correspondientes, empezando por la fiscal, el consejo municipal o la alcaldía. ‘The mayor lying saying he didn’t see the video footage’ canta Vic Mensa en los primeros versos de 16 shots. Se supo incluso que, cuando se encontraron contra las cuerdas, Chicago ofreció un acuerdo por 5 millones de dólares a la familia de Laquan a cambio de la no divulgación del vídeo.

Tanto el alcalde, pieza importante del Partido Demócrata, como otros peces gordos del poder, debieron sentir pánico ante la protesta, incluso revolución que podía venírseles encima. Los recientes antecedentes tras el asesinato de Michael Brown en Ferguson (que dejaré para otra ocasión) o de tantos otros disturbios provocados por casos semejantes a lo largo de la historia eran prueba inequívoca de lo que el conocimiento de la realidad, apoyada por unas imágenes tan espeluznantes (como ocurrió por primera vez con Rodney King), podía provocar en una ciudad considerada baluarte histórico del partido y en la que Obama había obtenido tantos apoyos. ¿Podían permitirse en el partido que otro asesinato de un joven negro cayera bajo el mandato de un presidente negro?

Pero el daño ya estaba hecho. Otro chaval de raza negra había vuelto a ser asesinado por la policía con total impunidad y había sido visibilizado por millones de personas en sus casas: ‘Cops killlin kids and stayin’ out of jail. Chicago estaba en un momento crítico. El mundo había podido ver todo lo que habían tratado de enterrar y las calles no tardaron en ser tomadas al grito de ’16 Shots and a cover up. Las manifestaciones se sucedieron durante meses por el centro de la ciudad, mayormente sin graves incidentes, aunque no exentas de ciertos enfrentamientos con los agentes. Consecuencia importante fueron las pérdidas económicas ocasionadas los primeros días, coincidiendo con las fechas de compras navideñas o el Black Friday, debido a que algunos establecimientos optaron por cerrar sus puertas ya que las protestas se concentraron en las calles más comerciales de la ciudad y los manifestantes realizaron acciones como apagar las luces de un gran árbol de navidad. También unos estudiantes de medicina hicieron un simulacro de muerte, de 16 minutos, frente al Palacio Municipal.


 

Algunas de las peticiones de los manifestantes eran la dimisión de la fiscal o el alcalde, aseguraron que harían una sentada de 16 días frente a su casa para forzar su renuncia. También la de Garry McCarthy, el superintendente de la policía, que fue destituido por Emanuel en diciembre: ‘es un excelente líder pero la ciudad necesita a alguien nuevo capaz de restaurar los lazos entre la comunidad y la policía.

Y por fin, cuatro años después, en Estados Unidos se oía esa combinación de palabras tan extraña… ‘juicio a un policía por asesinato’. Y el veredicto era aún más insólito “CULPABLE”. Unas palabras que no se oían desde unos 40 años atrás, y que pocas personas guardaban fe en escuchar. De todos modos el juicio no estuvo exento de polémicas, empezando por la elección del jurado, en una ciudad en la que sólo un 40% de los residentes son blancos. También por el intento de la defensa de mover el juicio a otro condado.

Después de tan solo 7 horas de deliberación, al fin se hacía justicia en un caso de estas características, y Van Dyke fue declarado culpable de homicidio en segundo grado aunque la acusación era de primer grado, (reduciendo así de buena manera la condena) y 16 cargos de agresión agravada, uno por cada disparo, puesto que cada disparo privaba más a Laquan de la posibilidad de sobrevivir.

Aunque de momento, esta sentencia es sólo un caso aislado y no debemos olvidar dónde poner el foco, al fin, toda una comunidad podía beber de una pequeña gota de justicia en medio de esa oleada histórica de casos de brutalidad policial en los que la policía siempre había salido indemne.

”This for Laquan on sight, when you see Van Dyke
tell him I don’t bring a knife to a gunfight”
Vic Mensa – 16 shots.

 

Texto por Lady R