Una historia corriente, good kid mAAd city de Kendrick

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 Kendrick Lamar – Good Kid, M.A.A.d City

(2012 – Top Dawg – Aftermath – Interscope Records)

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Hacía tiempo que no recordábamos un lanzamiento tan sonado. Quizás tanto tiempo como no arrollaba la escena musical un artista con tanta personalidad y talento. Pharrell Williams ha llegado a afirmar de él que es el Bob Dylan de nuestra época. Los blogs y magazines online arden con noticias, inéditos, actuaciones en directo, críticas.

Como el anti Moisés moderno, que en vez de separar las aguas acerca posturas, llega Kendrick Lamar y provoca un tsunami con su opera prima. Todavía hay nombres que pesan más que el hombre que lo lleva o su arte. Si Dre te apadrina y Snoop y The Game the entregan la antorcha de la West Coast, es que algo pasa. Es que algo vales.

Es entendible que si tienes el apoyo de la poderosa industria y talento y mensaje, la rueda gire. “Giró con O.D.”, y giró con “Section.80”. Pero los vasos de agua temblaban, como vaticinando un terremoto, en la mesa de los más comerciales y de los más puristas. Eso es lo extraño. Lo mágico.

Las grandes obras se muestran en los pequeños detalles. Kendrick Lamar se vació y desnudó en este “Good kid m.A.A.d. city” (GKMC). La portada: una Polaroid del mismo Lamar en su niñez. Desnudo. El anonimato y la despersonalización de los que le acompañan en ella. Su propia historia aplicable a quién la quiera entender. Y hubo quien no la entendió.

Este “GKMC” es un retrato del joven moderno. Es una foto de un hombre de color nacido en Compton en el año 1987, que intenta devorar a una ciudad que siempre puede con él. A un destino que parece implacable. “Good Kid m.A.A.d. city” es un diario personal, es un monólogo interno, una conversación con el espejo, convertido todo ello en clásico instantáneo del rap.

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El momento más importante del disco es el segundo después de que deja de girar. El vacío que deja en el pecho. Por eso es un clásico. No se trata de un barrio, de una ciudad, de un continente. Tampoco de un estilo musical o una clase social. Se trata de la universalidad de las historias. Del espejo en el que te reflejas.

“Good kid m.A.A.d. city” es la historia de una dualidad, de dos realidades distintas en un mismo envoltorio. Esta dualidad se expresa desde el propio título del álbum, compuesto por el nombre de dos canciones independientes, que tiran en distintas direcciones pero hacen referencia al mismo concepto.

El acrónimo m.A.A.d. tal y como explicó el propio Lamar también incide en este doble aspecto del disco. Se puede entender tanto como My Angel on Angel Dust o (lo que es aún más revelador) My Angry Adolescent Divided.

Todos estos juegos de palabras y significados ocultos acaban reforzando la idea del doble sentido del álbum. Por un lado, la del niño inocente en una ciudad perversa. Por otra la del chico con personalidad propia pero que la oculta por adaptarse a la corriente social. También la perspectiva del Kendrick Lamar famoso, que tiene que aceptar el frio de la fama y a su vez servir como luz para la sociedad. Y por supuesto la dualidad de estar contando una historia personal sobre una ciudad en concreto pero que a su vez es universal.

La grandeza de este GKMC también radica en que este concepto rodea todo el álbum, desde la disposición de las canciones hasta el artwork. Así, tanto las portadas de la edición regular como la edición deluxe recuperan elementos de la historia que se cuenta y ayudan a reforzar el mensaje.

“Good kid m.A.A.d. city” cuenta dos historias paralelas. Por un lado las diferentes reflexiones de Kendrick Lamar, situándose en distintos momentos de su vida pero desde la perspectiva de sus 25 años de vida y habiendo alcanzado las distintas metas que se ha propuesto. Y por el otro lado, mediante los distintos outros y skits nos cuenta la historia de K-Dot, él mismo con 17 años. Una historia común, de cualquier adolescente, que termina con una muerte, la bajada a los infiernos y la redención para convertirse en un nuevo Kendrick Lamar.

Como un puzzle, hay que ir avanzando y retrocediendo entre temas, componiendo paisajes con unos y otros. El outro de un track nos traslada a la intro de otro distinto. Una descomposición casi dadaísta con tintes y reminiscencias del collage. Una obra plástica formada por versos e instrumentales. Así, para captar las dos historias distintos que el propio Lamar va tejiendo, hay que saltar de un lado a otro, cortando y uniendo distintos skits.

Este doble significado no es tan solo ideológico. La parte musical del “GKMC” también serpentea entre distintas clases de sonidos, recuperando el espíritu Compton y en otras ocasiones apartándose por completo de los principios de la West Coast. Este concepto, como ya hemos afirmado, alcanza su grandeza en el binomio

Comienza la narración. Consciente de la propia realidad que va a contar, Kendrick Lamar comienza su viaje con una oración. Se acerca a Jesús como un pecador, agradecido por haberle hecho llegar hasta donde ha llegado. Por tener la oportunidad incluso de contar su historia.

Sherane nos presenta a este Kendrick Lamar/K-Dot con 17 años y desesperado por el sexo. Conoce a Sherane, cuerpo de striper. Sólo piensa en poseerla. Se introduce en su vida hasta el fondo, sólo por acabar con ella en su cama, o en el asiento de atrás. Ella tiene problemas en casa. Su primo es de una banda. Consigue quedar con ella después de muchos mensajes. Va a su casa en la furgoneta de su madre. Ella le espera fuera. Aparecen dos hombres encapuchados… El teléfono suena y nadie contesta. Es la madre de Kendrick y suena el buzón de voz. Iba a volver en quince minutos, y ella necesita la furgoneta.

‘I’m two blocks away, 250 feet

And six steps from where she stay, she waving me ‘cross the street

I pulled up a smile on my face, and then I see

Two niggas, two black hoodies, I froze as my phone rang’

Bitch, Don’t Kill My Vibe nos lleva a un plano distinto. A un Kendrick actual. Creciendo en la industria. No comprende lo que pasa a su alrededor, lo que le pasa a otros artista que pierden el foco de la situación. Gente que le rodea pero no le acompaña. La soledad: da igual de qué, del hombre moderno, del hombre rico, del artista.

De repente el outro nos catapulta a otro estadio compeltamente distinto: Backseat Freestyle. Todos los tracks de “Good Kid m.A.A.d. city” nos hablan de un Kendrick en un lugar y momento concreto. Un Kendrick que podría ser cualquier chaval de Compton o de otro lugar. El propio Kendrick afirmó en una entrevista que este tema trata de los sueños y la ausencia de preocupaciones de un joven de barrio. En el asiento de atrás del coche. No importa ni la falta de futuro ni de recursos, cuando tienes la ambición y la confianza. O vas hasta el culo.

‘OK, I’m never living life confined

It’s a failure even if I’m blind’

“GKMC” gira constantemente sobre un concepto en particular. Como en una especie de tragedia griega, donde el destino está escrito de antemano, para los jóvenes de hoy en día el camino está marcado y decidido por el puro azar. El puro azar de nacer en un bloque en particular, en una calle determinada, en un barrio. Por crecer con una pandilla u otra. La historia de quien no casa con la realidad que le ha tocado vivir pero lo acepta porque no hay otra alternativa. Una reflexión sobre la pérdida de identidad que todos podemos llegar a sufrir.

The Art of Peer Presure es uno de los tracks que incide directamente en esta idea. Nos encontramos con un Kendrick Lamar en un coche con sus homies, uno lleva un hierro, el depósito medio vacío. Hay drogas. No le gustan, pero tampoco puede decir que no. Están fuera del barrio, conocen a unas chicas, se buscan problemas. Kendrick no es violento, salvo cuando está con sus amigos. Llevan dos meses vigilando una casa, es la noche elegida. Pero entran y hay alguien. Escapan. Vuelven al barrio.

‘I never was a gangbanger, I mean I was never stranger to the funk neither

I really doubt it

Rush a nigga quick and then we laugh about it

That’s ironic ‘cause I’ve never been violent, until I’m with the homies’

Money Trees hace un repaso a lo vivido hasta el momento. La sangre salpica la vida de todos los que crecen en el límite. Lugares comunes se convierten en el cementerio de seres queridos, quizás los mismos que aparecen en la portada. Los lujos futuros jamás compensarán el dolor que queda atrás. Y en el outro, su madre sigue queriendo su furgoneta de vuelta…

‘Everybody gon’ respect the shooter

But the one in front of the gun lives forever’

En Poetic Justice nos encontramos en la piel del joven Kendrick en busca de Sherane. El título de la canción hace referencia a lo irónico de la situación. Como si de un poema de amor se tratase, Kendrick habla de Sherane. Pero solo piensa en ella como un objeto sexual. Lo que hace que se ciegue y no sepa ver el desenlace al que le lleva ella. Justicia poética. El outro nos traslada al primer track del GKMC, cuando dos encapuchados lo asaltan. Le preguntan de dónde es. Si está ahí por Sherane. No les importa, no les gusta. Bájate de la furgoneta antes de que te reviente.

Superamos el ecuador de este viaje y nos encontramos con los dos temas que dan nombre al álbum: “Good kid y m.A.A.d. city”.

Good kid es un canto a la realidad de Compton, a la dualidad de las bandas (Crips y Bloods) a la dualidad de la relación con los policías (buenos y malos) y a la propia dualidad que crece dentro de uno: aceptar la ciudad, jugar según sus normas aunque por dentro seas algo distinto. Kendrick acepta la situación, acepta los golpes (físicos y vitales) porque sabe que es su destino. Y que un día saldrá de allí o que siempre vivirá allí. Por eso tiene que respetar su destino: ser un buen chico en una ciudad mala.

‘The streets sure to release the worst side of my best

Don’t mind, cause now you ever in debt

To good kid, m.A.A.d. city’

Si Good kid es la dualidad de la persona, m.A.A.d. city es la ciudad (el elemento exógeno) que convierte al buen chico en mal chico. El escenario en el que la tragedia cobra sus víctimas y tiene lugar. Verdaderamente no importa la historia que nos está contando, porque otras iguales han pasado y otras iguales pasarán. Es la ciudad que mata a sus ciudadanos, la que da una vida más fácil robando que trabajando. Kendrick vuelve con sus amigos después de haber recibido una paliza. Le dan de beber.

‘Where you from, nigga?

Fuck who you know, where you from, my nigga?

Where your grandma stay, huh, my nigga?’

Las drogas. La presión de grupo (peer pressure). El alcohol. Swimming pools (Drank) es quizás la máxima expresión de la dualidad sobre la que gira el álbum. El foco del artista y la soledad de la persona, la máscara social por contentar al grupo. Kendrick mantiene un diálogo con su conciencia, un debate entre mantener la cordura o lanzarse a una piscina llena de alcohol. Una oda al exceso joven por culpa de los roles familiares y sociales.

Por culpa del alcohol (quizás) se tuercen las cosas. Se cambia el plan original. Kendrick y sus amigos van en busca de venganza. Pero quién muere es uno de ellos en sus propios brazos. Tal y como ya contó en su momento Jay Rock en Code Red.

‘Okay, now open your mind up and listen to me, Kendrick

I’m your conscience, if you do not hear me

Then you will be history, Kendrick

I know that you’re nauseous right now

And I’m hopin’ to lead you to victory, Kendrick

If I take another one down

I’mma drown in some poison abusin’ my limit’

Sing about me, I’m dying of Thirst recupera las historias propias del disco y de los trabajos anteriores. Todo el “Good kid m.A.A.d. city” gira sobre la idea del doble sentido, de las dos caras de una misma moneda. En este caso en concreto Kendrick habla sobre la relación (siempre tormentosa) con la misma ciudad que le golpeaba de adolescente, pero desde el punto de vista de la fama. No puede olvidar de dónde viene y lo qué le debe a su comunidad, a los protagonistas de su historia. Se lo debe a ellos y a sí mismo. No puede dejar eso atrás. Por eso debe contar su historia. La suya y la de los demás, que es la de todos y cada uno de nosotros.

Del mismo modo que antes estaba lleno de alcohol, ahora está lleno de rabia por la muerte de su amigo. Esta muerte, como la propia Maya Angelou les dice, es el comienzo de su nueva vida, algo que nunca deben olvidar.

Real es un canto a la propia identidad de Kendrick Lamar. La importancia de este tema para la historia que Kendrick nos está contando radica en los skits protagonizados por sus padres, dando por terminada la conversación telefónica. Una madre que conoce los pecados de su hijo, que sólo quiere que vuelva a casa, se aparte de la violencia y aprenda de sus errores. Que se centre en la música y cuente su historia a todos los jóvenes que vienen detrás en Compton.

‘You take this music business serious,

and put out something me and your dad can step to. S

hit, you know we from Chicago you know that’s what we do’

Por eso, aunque la historia de Kendrick es universal, no deja de ser la historia de un joven negro con sueños de grandeza en Compton. De ahí la importancia de este tema que cierra el “GKMC”. Un intercambio de diálogos entre Dre y Kendrick, la historia de dos puntos de vista sobre la misma ciudad, dos realidades diferentes que no dejan de ser la misma. Un tema que supone la entrega del relevo, donde Kendrick se autoimpone y es impuesto rey de Compton. Pero con la corona viene la responsabilidad. La de hacer llegar lejos su historia, tan lejos que la escuche la gente de Compton.

K-Dot coge la furgoneta de su madre. La misma que le conducirá a su propio destino. Del que no puede escapar, porque supondrá el final de K-Dot y el nacimiento de Kendrick Lamar. El mismo Lamar que nos cuenta su historia y la de todos nosotros.

‘Now everybody serenade the new faith of Kendrick Lamar

This is king Kendrick Lamar’

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