Terry Richardson, desnudos, sexo y el pinopuente.

ATENCIÓN: Este reportaje incluye material fotográfico explícito y no apto para el trabajo, para verlo delante de tus padres y abuelos o si visitas Crypta desde el móvil durante la misa del domingo. Continua leyendo bajo tu propia responsabilidad.

En algún momento y lugar concreto de Nueva York, desde su estudio, Terry Richardson masturba a una joven modelo con su mano izquierda, mientras con la derecha aprieta el obturador. La misma mano con la que fotografiará, a lo largo de los años, a “todos-los-que-son”. Y será una de esas dos, quizás la izquierda, quizás la derecha, la misma que estrechará a Barack Obama, el presidente de los Estados Unidos, mientras los dos sonríen a la cámara. ¿No es maravilloso? Eso es Kibosh. 

Seguramente tu rapero favorito se ha dejado fotografiar por Terry Richardson. O tu ídolo en general. Y es posible que te hayas puesto su foto en redes sociales. Terry Richardson ha capturado a todo el mundo que merece la pena y ha hecho editoriales para todas las revistas que tu peluquero jamás comprará. Tiene lo que se necesita para ser un icono: las celebs se mueren por ser retratadas por él, tiene un estilo propio y reconocible y, quizás lo más importante, le persigue la controversia.

Terry Richardson es un personaje en sí mismo. Sus camisas de flanel a cuadros, eternas gafas, el pulgar hacia arriba, la tensión sexual en su trabajo. Le encanta ser el protagonista. No por casualidad, de sus editoriales y photoshootings son casi más famosos los making-of que las propia fotos.

Su faceta como fotógrafo está estrechamente ligada a la música. En realidad, Richardson está estrechamente ligado a todo lo que en algún u otro momento está de moda. Pero la música siempre ha sido una constante en su carrera. Wacka Flocka, el colectivo Odd Future al completo, Lil’ Wayne, Action Bronson, Young Jeezy, A-Trak, Pharrell Williams, Lupe Fiasco, Kanye West, Anthony Kieds, Rick Ross, Rich Hill, Azaelia Banks, A$AP Rocky, Lady Gaga…

Otra constante en su carrera ha sido la atmósfera sexual en su trabajo. Y con ella, como es lógico, la polémica. En el mundo de la fotografía de moda es común que periódicamente se destapen ciertos escándalos: Drogas, dinero, fiestas, vida nocturna… pero en el caso del Richardson, estas acusaciones han estado presentes desde siempre.

Kibosh representa la esencia de Terry Richardson como fotógrafo polémico. Concebido a medio camino entre un libro y una obra de arte en sí mismo, es un compendio editado de una serie de fotografía calificadas como personales -y también pornográficas. Kibosh salió publicado en 2005-06, en una edición limitada de tapa dura con un diseño black on black. En total, 358 instantáneas a todo color, muchas de ellas con un alto contenido erótico.

En cristiano: Kibosh son un montón de fotos en las que podemos ver a Terry pasándose por la piedra a modelos -de medio pelo, que nadie se espere ver a Kate Moss-, unas veces en poses acrobáticas y otras recreando situaciones enfermizas o simplemente ridículas o irrisorias.

En palabras del propio Richardson y a modo de introducción, Kibosh es “el libro más importante de mi carrera. Es el trabajo de una vida. Desde que empecé con la fotografía a los 16, primero como un hobby y luego como un modo de ganarme la vida, siempre pensé en Kibosh como un resumen de mi trayectoria. Es la parte más íntima e importante de mi yo profesional. Creo que la frase que introduce el libro -jamás le pediría a alguien hacer algo que yo mismo no haría- muestra el profundo respeto que tengo por las personas que han colaborado en esta obra“.

Sin embargo, no parece que estas declaraciones sean 100% ciertas. O no todos opinan lo mismo. El lanzamiento de Kibosh, si bien no significó el éxito mediático que muchos esperaban, sí que supuso un huracán de reacciones en el mundo de la moda. Algunas de las modelos retratadas llegaron a declarar que esas fotos acabaron viendo la luz sin su permiso y sin ellas saberlas. En concreto, circula por la red el testimonio de una de las protagonistas, que asegura que en medio de lo que ella creía un encuentro íntimo entre el bueno de Terry y ella, se percató de la presencia de algunos de los asistentes de Richardson sacando fotografías.

En un mundo en el que las sextapes catapultan a la fama a muchos famosos o famosillos, Kibosh nunca supuso, ni supondrá, una obra que pase a la posteridad. Nacido con un espíritu mitad rompedor, mitad artístico, las fotos que podemos encontrar dentro no acabaron de conseguir ni lo uno ni lo otro. Pese a ser una edición limitada todavía se pueden encontrar copias en Amazon.

Y es que en las página de este libro, pese a lo profundas y significativas que puedan llegar a ser las palabras iniciales, nos encontramos con supuestos momentos íntimos tras las cámaras, que en realidad se reducen a una sucesión de posiciones sexuales nada comunes, en las que la práctica del coito se entremezcla con asistentes de Richardson haciendo cosas de asistente. Una vez superada la sorpresa inicial, nos damos cuenta de que lo que se nos vende como el trabajo que quiere dejar para la posteridad es no es más que el artista recibiendo una felación por parte de una mujer que sale de un cubo de la basura.

Las insinuaciones, rumores o declaraciones acerca de la ética de trabajo del fotógrafo -que ha llegado a ser él mismo retratado por The Sartorialist- no son nuevas. La opinión que existe en el mundo de la moda, es que sus sesiones suelen tener una cierta escalada sexual, en ocasiones nada agradable para las jóvenes modelos, que no quieren decir que no a una de las vacas sagradas del mundo de la moda.

¿Cierto, mentira, mito, realidad… o algo a medio camino? No lo podemos saber. No existen acusaciones en firme acerca de estos rumores. La carrera del de Nueva York siguió subiendo, llegando a fotografiar al presidente Obama. Y quitando alguna que otra publicación en la que ha sido nombrado persona non grata, no han existido consecuencias a mayores tras la publicación de Kibosh. Siempre refiriéndonos a Richardson, porque en otros casos…

Una jovencísima modelo española, de medidas casi perfectas, pelo rubio platino, cejas ciertamente pobladas y un tatuaje entre el culo y la espalda que rezaba Made in Spain parecía destinada a ser la estrella mayor en el mundillo ya copado de egos de la moda. Era imagen de las marcas más respetadas y portada en las revistas más deseadas. Todo eso cambió tras la publicación de Kibosh. Aunque ahora el nombre no nos diga tanto como debería, Minerva Portillo estaba llamada a ser una de las grandes topmodelos de la década, como pudo ser Kate Moss. Sin embargo, cometió un error. Dejarse fotografiar por Terry Richardson en poses poco elegantes.

Tras eso, su carrera se vio truncada. Nunca existió una versión oficial, aunque sí oficiosa. Muchas puertas se le cerraron a partir de ese momento. Unos cuantos años después, la modelo valenciana volvió a la escena, pero nunca al mismo nivel. Sobre el affaire Richardson, nunca ha contado demasiado. En una entrevista a DT llegó a afirmar lo siguiente:

Es que no quiero hablar de ese tema. Sólo digo que él tiene problemas con la justicia porque dos niñas le han denunciado… Como se dice, “a todo cerdo le llega su sanmartín”. No quiero decir nada más. Para mí ese tema ha pasado, no quiero que se me relacione con él. Pero con el tiempo se ve que ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos.

Aunque como ya dijimos el libro salió en edición limitada en una tirada de 2000 ejemplares y nunca fue un éxito de ventas, algunas de las imágenes han acabado en Internet. Aquí nos hacemos algunas de las más extrañas o singulares, por llamarlo de alguna manera, aunque ni las alojamos, ni poseemos los derechos ni las hemos subido nosotros.