Style Wars: el gas hecho vida

A finales de la década de los ’70 y principios de los ’80, la ciudad de New York vivió el desarrollo de una de las expresiones artísticas urbanas más importantes del planeta. Además de las guerras internas que se lidiaban en las calles entre violencia, abuso policial, y el crecimiento de la inmigración, se vivió el auge de una nueva forma artística que determinaría el arte contemporáneo. Esto es, “Style Wars”.

Portada del histórico documental de grafiti Style Wars

Toda forma de arte tiene sus inicios en el trazo. Desde las primeras pinceladas de los maestros de la pintura, pasando por los hermanos Lumière trazando los primeros story boards (junto a tantos realizadores neonatos del momento), hasta las primeras fugas de gas de una lata de spray que lograron la definitiva masificación del hip-hop en el mundo.

Aunque el hip-hop vería sus inicios a finales de la década de los 70 gracias a la injerencia de distintas raíces culturales provenientes de Jamaica, África y de la misma Norteamérica, la primera gran muestra audiovisual del surgimiento del graffiti sucedería en el año 1983 gracias al documental “Style Wars”, del director Tony Silver.

Silver, junto al productor Henry Chalfant, se fijaron en el surgir de este género y su vínculo con otras formas de arte de una New York que se debatía entre una cultura desarrollada desde su pasado histórico, y nuevas convenciones traídas por los inmigrantes latinos que amalgamaban una ciudad que se abría y cerraba ante estas expresiones. Silver y Chalfant decidieron reflejar la que sería, posiblemente, la más criticada de éstas: el graffiti.

Ambos, jóvenes pudientes de la ciudad elite de los Estados Unidos, tenían los conocimientos, la tecnología, la experiencia, y el acceso a los medios, para poder realizar cualquier producto audiovisual que se les pasará por la mente. Al ver el surgimiento de esta forma de arte, decidieron reflejarla en el género documental acercándose a jóvenes que por primera vez tenían en frente una cámara que los tomaba en cuenta y que no se dedicaba simplemente a criticarlos como hacían los medios de comunicación.

Este arte, víctima de persecuciones que se traducían muchas veces en arrestos y golpizas que en ocasiones acababan en la muerte, era la vía de expresión de muchos jóvenes que veían en los vagones de metro y paredes desnudas de las calles de Nueva York la manera de extrapolar las letras del rap y manifestar lo mismo que éstas hacían en su momento: el descontento con las desigualdades del país, con la política, y con una sociedad que les parecía avasallante y los disminuía dramáticamente.

Silver y Chalfant formaban parte de esas pocas personas que creían que el graffiti era una forma genuina de arte. Entonces pocos vislumbraban el grado de importancia que tendría muchos años después, cuando se dejó claro que no eran meros trazos inmaduros de sus creadores, sino lienzos de Michelangelo’s y da Vinci’s de esta nueva era.

Grafiti de Dondi

Dondi, Dez, Iz the Wiz, Crash… determinarían de alguna manera el trascurrir del graffiti que luchaba en las calles de New York una batalla que, después de ganada, sería trasladada a localizaciones como Los Ángeles, Chicago, y finalmente al resto del mundo. Sus ojos en el graffiti, y esa influencia que sólo tenían algunas de las familias poderosamente culturales de una ciudad cosmopolita por esencia, lograrían que este arte se llevara inclusive a grandes espacios artísticos, curados y avalados por grandes como Warhol y Basquiat (quién formaría parte de este arte).

En “Style Wars”, Silver y Chalfant se trasladan a los rincones más oscuros de New York paseando por la soledad e inseguridad de sus túneles subterráneos, en donde logran entrevistas a los artistas in situ mientras quiebran las leyes de la ciudad bajo la estética del gas. Pero también siguen la vida de estos artistas emergentes más allá de las paredes, en sus casas: nichos en los que son parte de la preocupación de familiares que dudan, como gran parte de la ciudad, de si lo que hacen es arte, y de si merece la pena que pongan en riesgo sus vidas cada madrugada.

El documental no se enfoca sólo en vanagloriar al arte en desarrollo. También logra, con astucia, declaraciones de autoridades de peso como el alcalde Ed Koch y otros representantes de la justicia y el gobierno que hablan desde el lado de la ciudad que detesta que ensucien sus paredes, y aún se niegan a reconocer el crecimiento del graffiti creando sistemas ¿inviolables? para sus artistas como alambres de púa, paredes de concreto y perros salvajes.

“Stlye Wars” hace hincapié en la generación que desarrollaría este arte, los que batallaban a diario con los artistas del break dancing. Otro género que crecía en los suelos de los parques a ritmo de funk y hip-hop, y que también era reflejo de la rebeldía de los adolescentes afroamericanos y latinos.

Las plazas y fiestas serían testigos de la influencia de los distintos tipos de bailes provenientes de todas las culturas que comulgaban en la ciudad, que se unirían en una expresión de danza que la mayoría de los artistas del momento copiarían y adaptarían en vídeos musicales, coreografías, e incluso películas que tratarían el break como un protagonista en sus pantallas.

Dos grafiteros divirtiéndose ante la cámara

Guerras artísticas

Pero no todo en el mundo de graffiti es armonía. En “Style Wars” los realizadores muestran las rivalidades entre distintas órdenes de artistas, y cómo se desarrollaba la lucha entre ellos, siendo muchas de éstas libradas en sangrientos enfrentamientos que quedarían póstumos ante una historia que es analizada y respetada hoy en día.

El ojo de Silver y Chalfant es inexperto. El manejo de la cámara es simple y cerrado en algunos momentos, lo que también es un ligero reflejo del inicio del documental independiente. Por esta misma razón “Style Wars” se convirtió en una obra de culto que se estudia hoy en día, y que ningún crítico tiene miedo en categorizar como una de los documentales más importantes del hip-hop.

Hoy este documental sigue exhibiéndose como una referencia histórica del surgimiento, no sólo del graffiti o del break dancing, sino del hip-hop como forma de arte que reflejaba las calles en las distintas expresiones que lo involucran.

PD: Recomiendo que consigan la edición aniversario del documental, en la que no sólo se cuelan escenas extras, sino que también lo hacen declaraciones de sus realizadores analizando la importancia de esos primeros pasos que dieron y la magnitud de los mismos.

Texto por Pablo Luis Duarte Borges.

El arte no es un crimen