Sobre Cocodrilos y Crowdfunding

Alligators y Crowdfounding

Que corren tiempos confusos para el rap en España no es nada nuevo. Y no es nada nuevo, porque quizá sea en lo único en que coinciden los dos submundos que se han ido desarrollando y que están vigentes actualmente. Sobre cómo hemos llegado hasta aquí ya hablaremos (y escucharemos), pero lo realmente importante es el momento actual, que está plagado de detalles que hacen pensar que si bien hace diez años de casi todo, lo que habrá dentro de diez años será bien diferente a lo que hay ahora (ya me voy preparando para pillar hostias en el 2024).

Es importante que antes de nada, si vas a seguir leyendo no te tomes nada de lo que aquí diga como ciencia o verdad, ya que por eso está englobado dentro de opinión. Pero lo que es más importante, si vas a seguir leyendo por carnaza o para reforzar tu opinión, olvídate, esto no es la cabecera generalista: no tenemos que seguir llenando tu cabeza de semillas (mentiras) sobre madridismo/barcelonismomensaje/competi¿socialismo?/¿centrismo?reality/swag para mantenernos aquí o para dorar la píldora a los artistas o los inversores (ojalá los hubiera). Aunque todavía queden fanáticos Ronceros defendiendo gilipolleces en los comentarios de Youtube y en sus timelines, tratando de sentar cátedra sobre cómo han de hacerse o no han de hacerse las cosas: ya somos todos mayorcitos, o eso creemos.

La salida de Alligators causó algo de revuelo, pero no vamos a entrar en materia de ropa porque aquel que piense que el rap y la vestimenta no están ligados se ha perdido algunos capítulos. Puede empezar (sin ningún tipo de complejo) por comprender un poco el concepto de sapeur, repasar un resumen de la relación histórica entre rap y moda, conocer algún hito de las relaciones comerciales entre grupos y marcas, o simplemente ver cómo un artista puede revalorizar una prenda. Sólo gente de España es capaz de decir que deja de escuchar un artista español porque se ha vendido (vamos, porque viste una determinada marca) y escuchar Kanye West, A$AP Rocky, Jigga, Pusha T… y entre tanto comentar con sus colegas las nuevas botas que lucirán CR o Messi la siguiente temporada.

Por supuesto tampoco vamos a hablar de young killahs de internet que viven en varrios muy chungos que no deberíamos pisar para que no nos roven, ni de los contrarios romanticones que dicen que no representa hip-hop porque vestir ciertas marcas es traicionar sus puros ideales, vestir otras como Nike, no. No vamos a hablar de ellos porque la mayoría son jóvenes que crecerán, aprenderán a leer (y visualizar) entre líneas, y si siguen investigando la Historia comprenderán que el rap mama, ha de mamar, y da de mamar a multitud de campos creativos de nuestro entorno empezando por la ropa o el arte pasando por el cine o los videojuegos, y, también aprenderán que aunque nuestro país sea un caso excepcional, el rap es un negocio como otro cualquiera dentro de la música y dentro del engranaje global.

“El mundo gira en torno a ideas deseables. Si crees que no las quieres, muy bien”

Con el deseo tiene bastante que ver el denominado crowdfunding, en castellano algo así como micromecenazgo. Generalmente se desea lo que no se tiene. Si descartamos el concepto más romántico (la paz en el mundo) y lascivo (te lo hacía bien duro) de deseo, y nos ceñimos a lo estrictamente material, podemos hablar de que los niños desean piruletas o una consola, los rappers unas bambas o un disco (o droga), y la mayoría de la gente ser ricos o mierdas así que creen que solucionarían su vacío interno (como la droga). Pero no estamos haciendo labores de educación de críos criticando la droga, ni vamos a hablar de sociología y psicología, ni siquiera de política o economía, aunque vivamos en un mundo en el que constantemente tienes empresas tratando de buscar cómo crear deseos en las personas para ellos forrarse y conseguir su deseos. Algo así como, tú que eres pobre y/o poco ambicioso confórmate con desear este objeto que vendo y no necesitas, para yo comprarme el yate.

En el caso de la gente creativa, más particularmente los músicos que es nuestra parcela, el crowdfunding es una plataforma muy útil para poder dar un empujón final a un proyecto ya empezado: darle una buena mezcla, conseguir materializarlo físicamente en un determinado formato, grabar un videoclip promocional… Incluso, y aunque yo no lo comparta del todo, también es útil para comenzar un proyecto muy ambicioso que requiere una gran financiación para hacerlo posible. Para lo que no vale, es para financiar un proyecto grabado en un home-studio con colaboraciones de tus amigos.

Pero, aparte del deseo, y muy relacionado con él, hay otra pieza clave del mundo en el que vivimos: la relación entre oferta y demanda. Explicándolo de una forma sencilla, si alguien oferta algo a un precio y unas condiciones, y existen los demandantes suficientes que deseen ese producto o idea a ese precio y condiciones, se llega a lo que se llama punto de equilibrio.

Eso es casi ciencia, y es realidad aplastante. Tan aplastante como que haya empresarios que venden estrellas, o artistas que venden sus mierdas en botes, y hay gente que se las compra. Tan aplastante como que esos hechos dicen mucho de cómo ven algunos empresarios/artistas a su clientela/público, y que probablemente diga mucho más de estos últimos que de los primeros. Pero mientras esperamos que algún raper español empiece a meter su mierda en botes para incluirlo como recompensa en su próximo disco, volvamos a la música y el crowdfunding.

Mucho ha cambiado el negocio cuando algunos artistas antes defendían que la fabricación del CD era lo más barato, y que el sello y la distribuidora eran unos ladrones porque se llevaban la mayoría del dinero timando así a público y artistas. Ahora, sin sello ni distribuidora de por medio, esos mismos artistas ofertan en sus crowdfunding CD’s al mismo precio (o más caros) que lo que estaban en la tienda.

Mucho ha cambiado el negocio cuando antes era una crisis en la música que no se vendiera un CD a 15€ en una tienda física, y ahora se compran por 50€ la edición digital con el físico, una camiseta y una dedicatoria. Y es ahí a donde yo quería llegar, a las recompensas que van más allá del disco (sea este en formato digital, CD, vinilo, o cassette si nos pasamos de gafapastismo).

No recuerdo muchos crowdfunding que vendieran sólo el disco, y uno de los que recuerdo y con los que participé tenía más que ver con el deseo que con el negocio. Los artistas en cuestión buscaban financiación para poder planchar en vinilo un trabajo que ya habían realizado años atrás. El sueño de todo músico de rap: su música girando en un plástico. Pedían dinero para la nueva masterización que exigía el cambio de formato, la fabricación, y los envíos, y por esto último había dos recompensas: una para envíos nacionales, y otra para envíos fuera de España. Los artistas como agradecimiento, aparte del disco firmado (no te cobraban 3€ por firmarlo), incluían un bonus track que sólo se puede disfrutar en físico en ese vinilo, tú nombre como mecenas del proyecto (no te cobraban otros 3€ por ponerlo) y de paso te regalaban otro trabajo suyo en formato CD (no te cobraban 5€ más por liberar stock).

Esa gente vendía una buena edición del disco (vinilo firmado, bonus track, tu nombre como mecenas) por X€. Ahora hay gente que, sin darte ni su música, te cobra 3€ por poner tu nombre en la dedicatoria del disco. Ese fue el primer gran visionario del crowdfunding: voy a cobrar 3€ para que alguien ponga su nombre en un disco que no va a tener, y así luego si quiere verlo tiene que comprarme el disco aparte. Ríete tú de Donald Trump y de los que venden estrellas y botes de mierda. Lo mejor es que algunos incluso lo han llamado algo así como donación sin ánimo de lucro. Vamos que yo no doy un duro por lo mío pero quiero que lo des tú sin llevarte nada a cambio.

Luego tenemos otras tantas versiones del hombre de negocios. Uno de ellos es el que incluye sus viejos trabajos (musicales o de otra disciplina) que no consiguió vender por un pequeño plus de 10 o 12€: la forma perfecta de vaciar el trastero. Pero también tenemos toda clase de premios rocambolescos: una letra escrita a mano por un plus de 4 ó 6 €, es decir, escribir una letra a mano en cinco minutos (diez si quieres que quede muy bonita) vale la mitad que tu disco; 25€ más por aparecer en los créditos en vídeo de Youtube (así expresado tal cual, si es en Vimeo no); 6€ por un dibujo del logo; la asistencia del artista a una fiesta privada por unos 20€; un día en el estudio con el artista (lo que no necesariamente significa un día de aprendizaje musical con el artista, que eso también lo he visto y es respetable) suele rondar entre los 30 y los 50€; y luego, algo más normal como puede ser descuentos en los conciertos, o merchandising de camisetas, gorras, bolsas, sudaderas… Entre esas ofertas también encontramos una muy interesante que son los packs de X discos para ahorrar perras, como cuando pillabas un par de talegos entre todos los del barrio. La pena, que generalmente el ahorro por unidad no sobrepasa los 2€.

No obstante, este no es un artículo de opinión para criticar el crowdfunding, aunque algunos sepamos que hay discos que no valen 14.000 € (menos mal que otra gente es más sensata y pide cantidades menores). Es una herramienta muy útil para conseguir gente que financie tu proyecto cuando no eres especialmente conocido o te falta respaldo de los medios o los sellos, lo es para cuando eres conocido y quieres trabajar de una forma más independiente, e incluso también lo es para poder pagarte la entrada de un piso con lo que te sobre. Probablemente de aquí a unos años se consolidará como la herramienta del futuro, y muestra de ello es que cada vez hay más plataformas que permiten este tipo de financiación. La cuestión es hacer un uso responsable de dicha herramienta para que tanto artistas como público no pierdan la credibilidad que se ha ganado como medio de financiación.

La intención era más comentar estos tiempos confusos para el negocio del rap en este país. Confusos porque con poco más de un mes el vídeo de Alligators, aunque no tenga 20.000€ de crowdfunding detrás, tiene más reproducciones que todos los vídeos de BOA Music en lo que va de año exceptuando dos: Little Pepe y Shotta con Morodo.  Tiempos confusos porque mientras hay gente que guarda su paga de verano para financiarse sus proyectos, o se los financia por otras vías, los artistas consolidados del rap que llegaron ahí criticando multinacionales, rompen con el sello especializado que apostó por ellos para fichar por majors. Tiempos confusos con gente autoeditándose LP’s en vinilo a 15€ y sellos reeditando discos de 2001 a 25 €. Tiempos confusos en los que artistas que reconocen que tienen el placer de vivir de la música (su esfuerzo les ha costado, eso es innegable) recurren al crowdfunding para financiar un disco que todavía ni han empezado a trabajar. Tiempos confusos que será más fácil analizar dentro de otros diez años, como bien dijo mi fella Bob.

Para cerrar, os dejo un interesante gráfico que hicieron en RTVE analizando los resultados de la plataforma Verkami, y una curiosa anécdota de mecenazgo, allá por finales de la década de los ’80 en un pueblo una ciudad de Extremadura… Y curiosamente, también incluía el nombre como mecenas, sin sobrecoste alguno.

N. del A.: En el momento no reocordaba de dónde eran Extremoduro, ¡paz para todos los placentinos ofendidos!