Pusha T – My Name is My Name (2013)

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Pusha T – My Name Is My Name

(2013 – GOOD Music)

 “Just hand me the crown, i’m active again.”

Imaginaos por un momento que estáis en una tienda de discos ojeando un LP tras otro. Imaginaos ahora que os topáis con uno cuya portada es un simple código de barras a lo grande. ¿Qué haríais?, ¿Lo sacaríais o seguiríais adelante? ¿Y si en vez de esa portada hubieseis dado con otra cuya ilustración representara a tres negros montados en un descapotable saliendo de Virginia Beach? Vosotros, como yo, al leer esto pensareis que la cuestión no deja de ser sumamente subjetiva. Y si, efectivamente lo es, pero no está planteada a la ligera. El motivo de todo esto radica en que la respuesta a nuestra pregunta depende inexorablemente del concepto sobre el que se mueve todo el disco: la identidad. Dicho esto, vayámonos al principio.

 “It’s no risk without gain,

It’s no trust without shame,

It’s no us without Cain,

Push, my name is my name.”

Pusha ha explicado más de una vez en entrevistas que el concepto del disco toma como punto de partida a la frase que le da nombre: “my name is my name”. La cita proviene de una escena durante la última temporada de la popular serie de la cadena HBO The Wire. En ella, Marlo Stanfield, líder de una banda que rivaliza con el clan Barksdale por el control de las calles, entra en cólera al enterarse de que Omar Little (aka el mejor personaje de la historia de la TV) ha estado usando su nombre en las calles, retándolo a una confrontación a la que sabe que no puede responder y empañando así su reputación. Cuando Chris, su mano derecha, intenta quitarle hierro al asunto, Marlo le espeta: “What the fuck you know about what I need on my mind, motherfucker? My name was on the street? When we bounce from this shit here, y’all going to go down on them corners and let the people know: Word did not get back to me. Let them know Marlo step to any motherfucker. Omar, Barksdale, whoever. My name is my name!”.

Para Marlo (al igual que para Omar) su vida es la calle, se alimentan del respeto que su figura infunde a los que están a su alrededor. Es algo más importante que el dinero y las influencias, es su status. Que la gente hable de ellos sin pudor alguno es síntoma de que no les temen, algo que terminaría por derribar el castillo hasta sus cimientos.

Desde sus primeros cortes, Pusha T siempre ha dejado claro de donde proviene. Como ya dijo en el mítico Lord Willin (2002 – Star Trak), “the streets had made the mold”, no es por ello extraño que se sienta totalmente identificado con un personaje como Marlo que, endurecido por una infancia marginal en las calles, consigue llegar a ser alguien gracias al narcotráfico. Pero My Name Is My Name no es solo una muestra de identidad, también es un reclamo de su posición en la escena al igual que Marlo reclamó la suya en las calles.

Por otra parte el título del álbum tiene otra referencia oculta. En el versículo 3.14 del libro del Éxodo, cuando Moisés pregunta a Dios su nombre, éste le responde: yo soy quién soy, en inglés, I am who I am. Con esto, Dios quiere decirle a Moisés que si hubiera una sola palabra que pudiera definirle su existencia carecería de sentido, algo que contrasta con la obsesión de Marlo por no ver su identidad expuesta públicamente.

Esta referencia cobra sentido debido a las fuertes creencias religiosas que siempre han profesado los hermanos Thornton y que se ve reflejada en multitud de sus letras. Un ejemplo claro de ello es el título del diss track que Push lanzó contra Cash Money, referente a otro de los versículos del Éxodo: Exodus 23.1.

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“We was born to mothers who couldn’t deal with us, left by fathers who wouldn’t build with us.”

Lo siguiente que más nos llama la atención del trabajo es sin duda su artwork. Desde que a inicios de 2012 Kanye decidiera fundar la compañía de diseño gráfico DONDA, todos los diseños de los trabajos editados por GOOD Music han sido realizados por ellos y no sin poca controversia. Comenzando por Wrath of Caine (2013 – GOOD Music), DONDA ha acompañado a Pusha T en cada una de sus publicaciones siguiendo ese estilo minimalista que tanto entusiasma al señor West y que tan indiferente nos deja a los que somos simples mortales.

Aunque visualmente los diseños no sean el no va más, su valor reside en la relación total que comparten con el concepto del disco. Ciñéndonos a la portada del álbum, en ella vemos un gran código de barras que ocupa el centro de un encuadre totalmente blanco. T (como tantos otros) es un mc especialmente materialista en ciertos sentidos, para él la ropa o las joyas son elementos tan representativos de su identidad como él mismo. Dichos elementos no dejan de ser productos de consumo de los que la música también forma parte, de ahí el uso del código de barras. Los códigos de barras son a los productos lo que la huella dactilar al ser humano, los identifica. Si sumamos los números que componen el código obtendremos como resultado treinta seis, la edad de Pusha en la fecha de lanzamiento del disco. Al mismo tiempo si lo escaneamos con la aplicación de Amazon, ésta te redirecciona directamente al enlace para comprarlo. Con esto T consigue una vez más trasladar plenamente su identidad al álbum, y eso que aun no hemos hablado de música.

Tengo que ser sincero, no soy partidario de que el concepto prime sobre el arte. Tampoco lo soy del arte sin trasfondo, pero hay casos en los que en el desequilibrio de la balanza trasciende la perfección de un ideal. Pusha T sabe que en la representación de su identidad el arte no tiene cabida, no hay nada bello en ella, nada admirable. Ese es el motivo de que en la portada de Numbers On The Boards rezara NO ARTWORK, no estás comprando arte, estás comprando un producto, un producto que representa su vida.

Hasta aquí solo conocemos la superficie de todo lo que compone MNIMN, ahora debemos ahondar en el alma del concepto.

 “You niggas sold records, never sold dope.”

El estilo de Pusha ha estado centrado desde sus inicios en lo que comúnmente se conoce como Cocaine Rap o Coke Rap. Sus temas tienen como contenido primordial todo lo que rodea al tráfico de cocaína debido a su pasado como “drug dealer”. Hablar de coke rap es hablar de un tema que han tratado cientos de mc’s en la historia, desde Raekwon hasta Cam’Ron. Harían falta varios artículos para cubrir todas las variantes del género así que momentáneamente nos quedaremos con que la diferencia entre unos y otros radica en ciertos matices del contenido. Mientras algunos se meten de lleno tanto en el consumo como en la venta (caso de muchos mc’s de HTown o de Andre Nickatina en sus Cocaine Raps), otros como Push prefieren centrarse en los entresijos del narcotráfico y sus consecuencias.

Después de muchos años y muchas vueltas a los discos de Clipse, lo primero que me llamó la atención de MNIMN fue encontrar a un Pusha T potencialmente más maduro, mucho más consciente de su condición y no menos agresivo. En ciertas barras podemos entrever a alguien que tras muchos años en la cuerda floja, respira de alivio al ver sus expectativas cumplidas (“Everything that it seems, hear my pasion again, was never my dream, the inmaculate win”). Unas expectativas que jamás habrían sido reales de no ser por el narcotráfico (“Twenty plus years of selling Johnson & Johnson”). Para Push, vender droga significaba vender un modo de evasión a las personas que sufrían una realidad especialmente dura pero sin que ello le llevara a perder la ambición por mejorar la suya propia mas allá de los límites (“Got rich selling hope to the hopeless, but i’m a thinker, methodic in my motives”). Pese a saber que su vida no es un ejemplo para nadie, Pusha en ningún momento se siente culpable, las circunstancias le empujaron a ello (“Unapolished, Unapologetic”). Por este motivo T se muestra especialmente crítico con todos aquellos que hablan sobre el lifestyle callejero y el crimen en sus canciones pese a haber tenido una vida llena de comodidades desde el principio (“So I ain’t hearing none of that street shit, cause in my mind, you motherfuckers sold soap”), siendo Drake (como no podía ser de otro modo) el principal blanco de los disparos (“Came from the bottom, no one said it would be fair”).

MNIMN, lejos de lo que pueda parecer, es un disco líricamente muy complejo. Aunque el contexto general de la mayoría de las letras no deje de ser coke rap puro y duro, los versos están llenos de referencias a otros artistas (“But my tribe don’t quest like love”),  namedroppin (“Been baller, been Jacob, been dealer”), comparaciones (“Aryan, blonde hair, blue eyes like the führer”), juegos de palabras (“Blood on your diamonds ‘til you dying-dead”) y hasta versos que se refieren a otros versos (“My mind wanders on a PJ, my momma brought in a PJ’s” – referencia al trozo de Kanye en Kinda Like a Big Deal). Prácticamente cada barra esconde algo, lo cual le da una enorme vida al álbum si queremos destriparlo todo (aunque os aviso desde ya que para más de una vais a tener que buscar la ayuda de Google). El mayor punto negativo que aprecio en este aspecto, es el bajísimo nivel de algunos versos que para nada están a la altura de un mc como Pusha T (“I’m like D.Rose, No D-League”, por poner un ejemplo) y que hacen que te quedes perplejo preguntándote por qué coño suelta esa barra que bien podría haberla escrito un crío de diez años. Por suerte para todos, se cuentan con una mano.

En términos generales, el álbum nos deja joyas líricas como Hold On, 40 Acres o  S.N.I.T.C.H que demuestran la liga en la que juega un King Push que, para mi gusto, siempre ha sido uno de los mc’s con más skills de Norteamérica.

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Y ya que hablamos de técnica hay que hablar de Ab-Liva (aka el tío más underrated que te puedes echar a la cara). El integrante de la Re-Up Gang se suelta un trozo espectacular que deja el listón totalmente por las nubes. Aunque no es nada nuevo para él, allá por el 2002 ya dinamitó otro ritmo de The Neptunes en el debut “oficial” de los hermanos Thornton.

 “Cause what I captured is the beast unleashed in the pasture, story of the sheeps and the wolves I un-master.” – Ab-Liva (Suicide)

No se puede decir lo mismo de 2Chainz y Big Sean (bueno de éste último es que no sé si algún día se podrá decir algo positivo), su colaboración no aporta nada y canta de lejos que están metidos ahí con calzador por decisión de Kanye. Si el corte tenía alguna relevancia ellos se la quitan. Me sobra GOOD Music y me falta Malice.

Distinto caso el de Young Jeezy. Su feat a simple vista es totalmente lógico. Push siempre ha tenido devoción por Atlanta, además tanto él como Snowman son dos de las caras más representativas del cocaine rap. El fallo aquí está en el mismo Pusha, si vas a colaborar mano a mano con Jeezy, hacerlo sobre un ritmo de trap es tirarte piedras sobre tu propio tejado. El de Virginia no luce nada aquí, de hecho son para mi gusto, sus peores versos en todo el disco. Todo lo contrario a un Jeezy sobradísimo que parece que espera a las colaboraciones para mostrar su mejor cara tirándose un trozo digno de aquellos gloriosos días junto a J.U.S.T.I.C.E League y Dj Toomp.

Mención a parte merecen las apariciones de Rick Ross y Kendrick Lamar. Teflon Don complementa a la perfección un retrato único sobre el ascenso desde las calles hasta la cima del mainstream en el que ambos reflejan las dificultades que sufrieron durante su pasado como drug dealers (“Pain in my heart, it’s as black as my skin” – Pusha T) (“I seen children get slaughtered, niggas grandmothers assaulted” – Rick Ross). Dificultades que superaron gracias a la plena confianza que tienen en sí mismos (“Descended from kings, we at it again” – Pusha T) (“We were born to be kings, only major league teams” – Rick Ross), y en sus compañeros (“I motivate to put my niggas into motors” – Pusha T) (“If you slip and you fall I got you my nigga, hold on” – Rick Ross), motivándolos a luchar por salir de la calle como hicieron ellos y respaldándolos en todo momento.

Puede que Rozay no sea un mc que guste a todo el mundo, de hecho la mayoría de sus trabajos no son santos de mi devoción, pero esta vez he de reconocer que lo ha hecho. Desde las referencias cruzadas a Nasir, al cierre del corte a dúo remarcando ese “Follow the codes, ain’t no love for this hoes” la letra rebosa feeling por todos lados. Y es que Hold On es, sin ningún tipo de dudas, uno de los temas más sólidos del álbum líricamente.

 “Young king bury me inside a glass casket, windex wipe me down for the life after.” – Rick Ross (Hold On)

El pasado y las drogas también están presentes en Nosetalgia. Partiendo de un enfoque bastante dispar del de Hold On, Push y K-Dot nos hablan de cómo la cocaína y el crack marcaron sus vidas desde el principio (“Nigga, I was crack in the school zone” – Pusha T) (“Smokers repeatedly buying my Sega Genesis either that, or my auntie stealing it, hit the pipe and start feeling it” – Kendrick Lamar), creando una curiosa analogía entre la forma en la que el de Virginia afronta los daños colaterales que provocan sus actos (“We don’t drink about the pain, when a nigga die, we add link to the chain, inscribe a nigga name in your flesh.” – Pusha T) y la infancia de Lamar junto a unos padres adictos al crack, lo que hace de su futuro como drug dealer un daño colateral en sí mismo (“Daddy, one day i’m a get you right with 36 zips, 1000 grams of cocaine then your name will be rich” – Kendrick Lamar).

Por si fuera poco, el corte es una masterclass técnica de ambos mc’s. Mención especial para un K-Dot que nos deja un trozo fantástico y personal hasta la médula, añadiendo más madera al enorme cerco que empezó a construir con Section.80 (2011 – Top Dawg).

 “Nigga, this is timeless, simple cause it’s honest, pure as the fumes that be fucking with my sinus”

El resto del disco está acompañado por los hooks de Kelly Rowland, Future, The Dream, Chris Brown, Pharrell y Kevin Cossom. Para mi gusto todos cumplen bastante bien salvo el de Cossom. Hablamos de un tío que ha escrito los estribillos de muchos de los éxitos del mainstream en los últimos años (que no es algo que tampoco diga mucho a su favor), pero su aportación en MNIMN no pasa de ser resultona. Todo lo contrario que la sublime aparición de The Dream en 40 Acres.

 “Trouble world, trouble child,

Trouble times destroyed my smile,

No change of heart, no change of mind,

I’d rather die, than go home,

I’d rather die, than go home,

And I leaving without my 40 Acres.”

– The Dream (40 Acres) –

Tras la Guerra Civil, la comunidad afroamericana llegó a un acuerdo con el ejército estadounidense para que las tierras que los terratenientes del sur habían abandonado fueran repartidas entre los antiguos esclavos, ahora libres. Cada familia recibió 40 acres de tierra y una mula como únicas posesiones, pero tras la muerte de Lincoln la ley fue revocada y las tierras devueltas a sus dueños originales. Muchas familias se resistieron a irse y lucharon hasta el final contra el ejército para defender su única fuente de sustento.

Para Push, sus 40 acres representan todo aquello que le importa y por lo que luchará hasta el final. No es por ello coincidencia que éste sea uno de los temas en los que encontramos mas referencias hacia su entorno más próximo, y en especial hacia su hermano. Cuando el antiguo manager de Clipse entró en prisión (“You thought Tony in that cell would’ve made us timid”), Malice decidió dar un vuelco a su vida (“My better half chose the better path, applaud him”), cambió su a.k.a a No Malice y abrazó el cristianismo de una forma más profunda, alejándose del coke rap. T, pese a la insitencia de su hermano para que siguiera sus pasos, firmó por GOOD Music y continuó su camino (“Younger brother me a spoiled child, I fought him”). Por ello los 40 acres no son solo una referencia a su familia o sus logros personales, también son una forma de expresar la inamovible lealtad que profesa hacia su propia forma de vida y el lugar al que pertenece. Los 40 acres simbolizan la identidad misma de Terrence Thornton.

“Much rather burn us, ashes to ashes.”

Como comentaba antes, salvando los detalles que lo empañan en cierta medida, MNIMN me parece un disco bastante trabajado en lo lírico. Pusha T consigue plasmar un tremendo autorretrato al que solo separa de la perfección un apartado sonoro que pide a gritos mayor homogeneidad.

La primera vez que escuché MNIMN recuerdo que fue un poco decepcionante. En primera instancia se lo achaqué al hype, tienes tantas y tan buenas expectativas que cualquier cosa te va a parecer mejorable. Pero con el tiempo y las vueltas me di cuenta de que lo que hace que esa primera escucha del álbum no sea tan impactante como la de por ejemplo, GKMC (2012 – Top Dawg/Interscope) de Kendrick (salvando las distancias entre uno y otro), es la falta de un equilibrio sonoro que mantenga la consistencia que sí queda patente en las letras.

¿Quiere decir esto que los ritmos son malos o no dan la talla? Pues no. En términos generales el nivel de los beats es bastante bueno. De hecho algunos como el de King Push (que no, no es de Joaquin Phoenix ni del hijo de Lars Ulrich) nos descubren una nueva versión del de Virginia entre redobles de caja, charles a doble tiempo y subgraves, con mención especial para el magnífico reciclaje que hace el señor West del sample vocal que ya le sirvió como transición al brillante final de su New Slaves.

El desequilibrio sonoro del que hablaba antes viene principalmente impulsado por tres cortes que destacan de forma clara sobre todos los demás: Numbers On The Boards, Suicide y S.N.I.T.C.H. Tres temas que tienen a una potente sinergia entre el mc y el ritmo como denominador común.

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Hablar de Numbers On The Boards es hablar de uno de las mejores canciones que ha visto la escena norteamericana en los últimos años y sin lugar a dudas, la mejor del mc de Virginia hasta la fecha. Presidida por un magistral Don Cannon que parece no haberse olvidado de cómo hacer auténticos himnos, NOTB sienta sus bases sobre dos compases de bajo acompañados de un drum break, unos cuantos golpes de percusión (que no pueden evitar recordar a Wamp Wamp) y un puñado de samples vocales soltados hábilmente en determinados momentos del tema. Insultantemente simple y tremendamente efectivo. El beat parece estar hecho a la medida de un Pusha T que se lo come a base de skills. Una muestra de que lo más importante no es el número de teclas, si no cual de ellas tocar, algo de lo que Cannon sabe un rato.

 “It’s only one God, and it’s only one crown, so it’s only one king that can stand in this mound.”

Otro que sabe bien lo que se hace en esto de tocar teclas es Chad Hugo, el 80% de The Neptunes y gran ausente del disco junto a Malice, deja todo en manos de un Pharrell Williams que cada día que pasa es mejor productor. Y es que todo aquel que haya quemado a Clipse sabe de la importancia de los “ahijados” de Teddy Riley en la carrera del dúo de Virginia Beach. El feeling que siempre han desprendido los hermanos Thornton sobre los ritmos de The Neptunes es digno de estudio. No ha habido nadie en la escena Norteamericana capaz de sacarle a los beats de Chad y Pharrell un partido parecido a lo conseguido por Clipse en sus discos, algo que Pusha T se encarga de dejar claro en MNIMN.

Escuchar Suicide es como viajar nueve años atrás hasta aquel Hell Hath No Fury (2006 – Re-up/Jive) de ritmos de dos barras en bucle y subgraves que aun ponen a prueba la suspensión de cualquier woofer.  La soltura con la que Push y Liva se mueven entre la percusión y la secuencia del sinte reafirma lo hablado anteriormente sobre la sinergia implícita que embriaga a los temas de Clipse junto a The Neptunes. Un temazo con todas las letras al que T pone la puntilla con un hook soberbio.

En MNIMN todo acaba como empieza. Si el inicio de todo el proyecto vino con una referencia a The Wire, el final, como no podía ser de otra forma, también. Y es que aunque esta vez no es tan directa como la célebre cita de Marlo Stanfield, la temática de S.N.I.T.C.H (acrónimo de una de las frases del hook: “Sorry Nigga, I’m Tryna Come Home”) rebosa influencias de la obra de David Simon desde la primera barra (“Now when the phone start to click in, your words start to echo”). Push dedica el final de su álbum a los traidores, las escuchas telefónicas y todo aquello que pone a los federales en su puerta y a sus amigos en la cárcel (“But thing changed and we ain’t end up in the same box”) escudado por el estribillo de un gran Pharrell (“I think the feds are looking throught me, can’t you hear it in my tone?”) y un ritmazo no menos sublime que sienta su base entre sintes, redobles de charles, guitarras limpias y estrofas con drum breaks filtrados.

“Nowadays niggas don’t need shovels to bury you.”

La decepción del disco a nivel sonoro es sin duda alguna Hudson Mohawke. El joven productor británico (al que hemos visto hacer cosas realmente maravillosas) deja un beat en No Regrets que además de ser de lo más básico, canta a presets desde lejos. Lo mismo que su aportación en Hold On, aunque ésta, entre el piano y las entonaciones con autotune de Kanye, queda un poco más en segundo plano.

Caso parecido es el de Nottz en Nosetalgia, un beatmaker al que le hemos visto ritmos espectaculares durante años y años y que ni se ha esforzado en discernir un poco las notas del bajo de las tres de guitarra que forman un patrón que no se hace cansino gracias a los magistrales versos de Push y Kendrick. ¿Que es un temazo? si, ¿que la percusión es genial? también, pero el sampleo es básico hasta el extremo, y el beat, siendo honestos, no es de esos que puedas tener toda la tarde en repeat aun siendo dos compases en bucle.

Pese a todos los “peros” que hemos expuesto a lo largo del artículo, MNIMN no deja de ser un álbum bastante sólido en lo sonoro y exquisito en lo lírico. Quizá su mayor enemigo haya sido su propia campaña de promoción. Tras un año de adelantos y hype a granel, dudo que en las oficinas de GOOD Music se llegara a barajar siquiera la idea de un retraso. Fruto de esto salen a la luz fallos técnicos imperdonables para una producción de estas características como los clipeos en ciertos momentos de 40 Acres o la leve distorsión que se aprecia en los charles de S.N.I.T.C.H, claros indicadores de un mastering hecho a prisa y corriendo. Estos pequeños detalles, junto a otros como las colaboraciones de contrato, empañan en cierta medida un trabajo que por concepto, letras, y ante todo, la incuestionable calidad de Pusha T, bien podría ser uno de los mejores discos de rap de los últimos años.