¿Por qué nos gusta Chief Keef?

Es posible que ni te guste Chief Keef. Quizás escuchaste un par de veces Love Sosa, o I Don’t Like –voluntaria o involuntariamente- y se quedaron grabadas en tu subconsciente. Te viste a ti mismo repitiendo eso de “A snitch nig***…” y haciendo movimientos arrítmicos compulsivos. Poco a poco te picó la curiosidad, y como eres una persona bien informada, empiezas a estar más receptivo a las noticias que vas leyendo de este adolescente de Chicago. Todo lo que le rodea te parece tan increíble, que te empiezas a enganchar más y más. De repente hasta El Mundo habla de Chief Keef… ¡El Mundo! ¡El mismo periódico que leen nuestros padres! Un día te despiertas, te metes en Twitter un rato y hasta Kanye West va a contar con este chaval para su próximo disco. Al final, te das por vencido y reconoces que, quizás te guste más el artista también conocido como Sosa de lo que pensabas.

Se ha escrito tanto sobre Keef que intentar hacer otro retrato robot parece absurdo. Sosa es… Sosa. La figura de este mc de Chicago da para estudio sociológico, porque más allá de lo unidimensional del personaje, es precisamente esto lo que le convierte en algo único: un adolescente del ghetto, padre desconocido, supuesta afiliación con bandas y largo registro criminal, o eso nos dicen. YouTube lo convierte en una estrella y una discográfica lo convierte en millonario. Su música se basa en tópicos llenos de rabia y violencia, horrible pronunciación y letras muy básicas pero igual de impactantes. Es decir, nada nuevo. Pero de repente todos parecemos hipnotizados con este chico. Tanto que nadie es capaz de apartar la mirada al horror que representa. Todos entendemos que acabará dramáticamente mal, pero icónicamente bien, con uno de esos destinos letales que tanto gustan al espectador, pero tan poco al actor que interpreta. Vamos, que a nadie le sorprendería que Keef pisase la cárcel mañana para un larga temporada o amaneciese cadáver. ¿Qué tiene de especial, pues, este colgado?

Es innegable: Chief Keef tiene un talento innato para su edad (18 años en agosto de 2013), aunque sea para afirmar en canciones que, si quisiese, podría mantener sexo con nuestras madres. ¿Cómo nos explicamos que, con este bagaje, haya conseguido un contrato de seis millones de dólares y contar las reproducciones en sus vídeos por decenas de millones.

Para llegar al fondo de esta cuestión, tenemos que estudiar el medio en que se desenvuelve. Aunque se hizo un nombre en la escena de Chicago con sus mixtapes, el escenario en el que bucea es, como ya hemos dicho, YouTube. En cuanto sus temas comenzaron a hacerse virales –con la ayuda en parte del remix de Kanye West de I Don’t Like- no hubo discográfica en el mundo que no quisiera hacerse con la próxima joya por explotar, el diamante a pulir del rap. Es una constante en los últimos dos años, de tu casa al Youtube, de la viralidad al estrellato y de ahí a los millones en la cuenta. Ya sabemos porque es millonario. ¿Pero cómo ha conseguido levantar tanta expectación?

Quizás es su corta edad. Chief Keef a julio de 2013 aún no cuenta con 18 años, como ya dijimos. Aunque su físico pueda engañarnos, estamos ante un adolescente con cuerpo de hombre. Desde que el mundo es mundo, y ya lo demostró en su momento Vídeos de Primera hasta nuestros días con YouTube, siempre nos han parecido graciosos los niños haciendo o diciendo cosas de mayores. Si en este caso tenemos a un niño fumando sustancias ilegales, siendo detenido por traficar heroína o que anda relacionado de una u otra manera, aunque sólo sea mediante rumores, con asesinatos… tenemos ya aquí la primera razón. En España vivimos algo parecido, con el boom del cine kinki y la realidad que estaba tras esas películas. Un criminal siempre es atractivo (en tanto y cuanto llama nuestra atención), si es un niño lo es todavía más, llámese Jaro, Pirri o Chief Keef en este caso.

Salvando las distancias temporales y culturales, existen muchos paralelismos entre esa generación de delincuentes españoles que surgieron de la post-dictadura y este rapper de Chicago. Chicos demasiado jóvenes envueltos en asuntos demasiado turbios, que de repente se convierten en famosos y ricos en medio de una sociedad que a la vez que les encumbra, les repudia. El caso de los primeros ya sabemos cómo acabó…

Si hablamos de Keef, no se trata sólo de la exaltación de la violencia, cosa que ya hicieron otros en su momento. Muchos artistas en la escena se convirtieron en voceros de un estilo de vida mafioso, sin haberse acercado nunca a una pistola. Pero era su capacidad para trasladar en rimas una realidad la que les hizo famosos. En este caso en concreto, Chief Keef además de cantar acerca de drogas, pistolas, asesinatos y mujeres de mala compañía, vivo este universo en primera persona. Es un producto puro y duro de las desigualdades sociales existentes en América, de la deficiente educación pública y de una configuración social que crea auténticas junglas en ciudades desarrolladas.

Sin embargo, esto no es suficiente para explicar lo interesante del personaje. Ha habido auténticos delincuentes cantando sobre delincuencia y no se les hizo millonarios con 17 años, ni les han escrito reportajes en The New York Times. Algunos de los perfiles que se han publicado sobre Sosa aluden al hecho de que esa rabia que muestra, no ha parado en ningún momento. Es normal rapear sobre lo que vives. Si en primera instancia vives en el barrio, escribes sobre el barrio. Si de repente te haces famoso y te ves rodeado de gente que cuelga Grammy’s en su estantería, escribirás sobre lujo. Vengas del ambiente que vengas, la reacción normal en el momento en que has logrado estatus y unos recursos económicos suficientes para tener la vida solucionada es parar, no seguir matando gente por un quítame-aquí-estos-tweets. Chief Keef no para encajar en esta definición de normal. ¿Qué tengo seis millones de dólares en la cuenta corriente? Qué más da, saltémonos la condicional de la forma más absurda y amarillista posible. Esto, que puede ser una de las causas que hagan que Sosa acabe entre rejas o entre paredes de pino, a la vez hace que el espectador, nosotros, no seamos capaces de apartar la mirada. Es como cuando sabes que alguien va a piñarse y no quitas la vista hasta que hay sangre. Chief Keef lleva encima de la cabeza un neón continuo que no para de brillar “AQUÍ ESTOY”.

Pese a ser un género que presume de ser real y auténtico, el rap no deja de ser una sucesión de tópicos. Hace poco surgía una divertida polémica en la red, ya que alguien con tiempo libro se dedicó a recopilar tweets de mcs criticando a otros mcs, antes de ser famosos. El trasfondo de todo esto era poner en relieve la hipocresía de los artistas, trabajando en la actualidad con gente a la que antes no respetaban. Pese a lo callejero que pueda ser el rap, no deja de sufrir un poco del síndrome futbolista en rueda de prensa: las mismas frases vacías y actitudes, una y otra vez. Sin embargo, Chief Keef viene a romper con todo esto una vez más. No le importa quedar bien con nadie. Si tiene que colaborar con el hombre con el ego más grande de la escena (léase Kanye West) lo hace. Y si tiene que olvidarse del nombre de la canción pues también.

Y es que aunque pueda parecer que Chief Keef encarna muchos tópicos raperos –violencia, armas, drogas, marginación…-, los representa, pero a su manera. Cualquier videoclip del típico rapero de medio pelo mainstream contiene los elementos básicos: las mujeres con escasa ropa, el séquito de amigos, los coches caros, quizás alguna pistola por ahí suelta… puede ser real, pero nadie se plantea que esos artistas estén todo el día haciendo lo que ves en el clip. Sabemos que es una representación. Sin embargo, si hemos de imaginar la vida de Keef, podemos creernos perfectamente que es así. Estamos asistiendo en directo a un estilo de vida que sabíamos que existía, pero que nunca nos mostraron tan explícitamente.

Una de las características de la cultura de masas del siglo XXI es la eliminación de las barreras entre la realidad y el espectáculo, lo que ha dado lugar a géneros como el infotainment (que mezcla la información con el entretenimiento) o producto como los reallity shows. Chief Keef supone la llegada de esta corriente en su máximo esplendor a la música rap. Estamos viendo algo que se nos vende como real –su estilo de vida- pero al que llegamos a través de un medio de ficción –YouTube, y en general la música como industria cultural. Keef es al rap lo que Gran Hermano a la televisión. Entendemos que real, pero no sabemos hasta qué punto, y nos causa repulsión y curiosidad a partes iguales. No lo queremos cerca, pero no podemos dejar de mirar.

Si echamos un vistazo a su lista de antecedentes mediáticos, tenemos para rato. Desde amenazar vía Twitter a Lupe Fiasco, hasta amenazar a Katy Perry. ¿Necesitamos más? Podemos añadir subir una fotografía a Instagram que capturaba el momento exacto en que recibía sexo oral. Dejar colgados a 50 cent y Wiz Khalifa en la grabación de un clip. O, por ejemplo, saltarse la libertad condicional al aparecer en uno de los episodios de la serie Selector de Pitchfork al grabarse en un galería de tiro y manejar armas de fuego.

Sin embargo, todo esto palidece si lo comparamos con otras de las polémicas en las que se ha metido, como todo el asunto de Lil JoJo: Un rapper de 18 años de Chicago entra en un intercambio de mensajes hostiles por redes sociales y amenazas e insultos en canciones contra el universo de Chief Keef. Todo esto termina con la muerte de Lil Jojo y comienza el espectáculo Sosa. Tweets riéndose de su asesinato, investigaciones policiales, la madre del fallecido acusando a Keef… Aunque se ha demostrado que no tuvo nada que ver con lo sucedido, son asuntos demasiado oscuros en los que nadie debería estar metido jamás, pero quizás con más razón alguien que con 17 años ya es millonario y famoso.

Como personaje posee un aura de atracción. Y como artista es innegable que tiene capacidades para hacer canciones que te obligan una y otra vez a darle repeat. Sin embargo, todo este asunto Chief Keef nos enseña una lección: en la época en la que el talento se mide en clicks de ratón, al final la música es lo que cuenta. Todos los ríos de tinta que ha derramado hasta el momento, no valen para cubrir el hecho de que la recepción de su primer álbum “Finally rich” (GBE/Interscope, 2013) ha sido pobre en cuanto a crítica y cifras, no estando a la altura de lo que nadie se esperaba.

Waka Flocka, en una entrevista en The Combact Jack Show, explicaba en palabras lo qué supone la figura de Keef: algo así como la representación de todos y cada uno de los raperos multimillonarios que llegaron del ghetto a la fama. Flocka excusa parte de la responsabilidad de sus acciones en el hecho de su juventud, del ambiente extremadamente hostil del que proviene o de la falta de referentes paternos y maternos. “(Chief Keef) ni siquiera es consciente de todo lo que tiene. A veces, simplemente no puedes ayudar a una persona, tienes que dejarla aprender”. Hasta el momento, en el proceso que lleva a Sosa de ser un rapero rabioso y criminal a un artista completo, además de dejarle aprender, se le ha dado un sello para su gestión, millones de dólares y la atención mediática. Sólo el tiempo dirá si realmente acaba aprendiendo o su camino termina antes de que pueda saberse la lección.