Our vinyl weighs a ton. This is Stones Throw

El Beefeater In-Edit, el festival de cine documental musical de Barcelona nos acerca cada año algunos de los mejores largometrajes de este género a la ciudad Condal . Teniendo en cuenta que muchas de las películas que se exhiben no encuentran distribución en nuestro país salvo en eventos como éste, hay que aprovechar la ocasión cuando aparece, incluso si coincide con un Barça – Madrid como el fin de semana pasado, momento en el que se proyecto “Our vinyl weighs a ton. This is Stones Throw” un repaso a la historia del sello Stones Throw a partir de la figura de su fundador, Chris Manak aka Peanut Butter Wolf.

Our vinyl weighs a ton. This is Stones Throw es el segundo documental del joven director americano Jeff Broadway, que tras realizar Tsua-Lei-Dan y producir Cure for pain. The Mark Sandman Story, un genial repaso a la trágica vida del vocalista de Morphine, se embarca en un recorrido de hora y media por la vida y obra de Chris Manak. Aviso de ante mano que durante el artículo desgranaré sin miedo a spoilers el contenido del documental ya que lo importante de éste no es lo que cuenta, algo que se puede encontrar en cualquier monográfico mínimamente extenso sobre el sello, sino cómo lo cuenta. La gran virtud de Our vinyl weighs a ton es como en sólo 90 minutos es capaz de hacer una radiografía pormenorizada de Peanut Butter Wolf y la gran constelación de artistas que le rodean gracias a un montaje ejemplar y una grandísima labor de documentación.

Entrevista con Jeff Broadway hablando sobre el documental

El film engancha al espectador desde que arranca, con una fiesta en casa de Peanut Butter Wolf en la que además de ponernos los dientes largos con las baldas y baldas de discos que vemos a sus espaldas, podemos escuchar un bizarrísimo freestyle de Dam-Funk hablando de su permanente. Tras esto, se sucede la primera avalancha de declaraciones en la que artistas tan dispares como Talib Kweli, Tyler The Creator o Kanye West describen la importancia que Stones Throw ha tenido para ellos.

A partir de este momento la película se divide en 9 capítulos, cada uno dedicado a un punto de la historia de Chris y el sello o a alguna de sus publicaciones más destacadas. El primero de ellos, “El sueño americano” explica la junentud de Peanut Butter Wolf , de la que proviene su ecléctico gusto musical, y sus inicios en la música junto a Charizma, MC y amigo de la infancia. Tras formar un grupo y conseguir un contrato con un sello de Hollywood, Charizma muere víctima de un tiroteo en 1993 , lo que paraliza todo el material musical del dúo.  Pese a que Chris intenta que el material vea la luz se encuentra con la negativa de varios sellos, por lo que opta por la autoedición, fundando Stones Throw en 1996. En este punto ya podemos ver algunas de las ideas en las que se basa Broadway para desarrollar el documental: el fuerte carisma de Peanut Butter Wolf, su peculiar visión comercial (o para muchos “no comercial”) y unos planteamientos inquebrantables, que le permiten seguir siendo independiente tras todo este tiempo.

Uno de los temas del dúo que nunca llego a ver la luz

Otra de las ideas fundamentales del documental aparecerá en el segundo capítulo, en el que se repasa la situación actual del sello, convertido a día de hoy en una especie de comuna de artistas de lo más diversos; algo que rompe bastante con la idea de sello “core” de rap que muchos tienen. La película muestra en este apartado a Chris como una especie de “Madre Teresa de Calcuta” de posibles estrellas desamparadas, a las que pone bajo su cobijo y les da la oportunidad de despegar. Una vez él les da su oportunidad ellos deciden si quedarse en el sello, como Homeboy Sandman, o marchar como Aloe Blacc. Como el mismo Chris explica, la función del sello es descubrir artistas, no crearlos, así como alterar su esencia lo mínimo posible. Dam-Funk muestra esto a la perfección en el documental cuando dice que dentro de unos años quiere estar en su Cadillac, sentado frente a la playa fumandose un puro y poder echar la vista atrás y saber que no se vendió. El mismo Chris a lo largo de la historia podría haber vendido el sello 4 o 5 veces, embolsándose una buena tajada, pero ha preferido ser fiel a su proyecto y su forma de hacer las cosas.

Tras esto, en el tercer capítulo volvemos al pasado, más concretamente al descubrimiento por parte de Chris de Madlib cuando todavía era miembro de Lootpack. La incorporación del productor al sello no tuvo sólo importancia a nivel musical sino también a nivel personal para Chris, ya que como muchos cuentan en el documental le permitió pasar página tras la muerte de Charizma. Dentro de este bloque hay que destacar el momento en el que Madlib explica que Quasimoto surgió tras un par de meses de consumo reiterado de setas alucinógenas. Una pequeña anécdota que sirve para ilustrar como fueron los primeros años del sello, en los que además de compartir proyecto Madlib y Chris compartieron piso, una especie de comuna en la que toda la familia Stones Throw convivía y creaba día y noche. Como dice Madlib si en aquella época se hubiesen estilado los “realities” esa casa habría dado para uno.

En este punto el documental pasa de girar en torno a Peanut Butter Wolf para hacerlo en torno a Madlib, al que algunos como Questlove ensalzan al nivel de considerarlo la persona que resucito la escena del rap en un momento crítico. Aquí dejamos de hablar de la galaxia Stones Throw para centrarnos en la propia constelación de Madlib y de todos aquellos artistas con los que ha colaborado como Talib Kweli.  Una vez puesto el foco en Madlib la aparición de Dilla y DOOM era inevitable, de forma que los tres siguientes capítulos se centran en Madlivianity y Champion Sound, en las figuras de sus creadores y como no, en la muerte de Dilla , aunque todo esto teniendo como figura central a Madlib. En este punto hay que destacar el savoir-faire del director, que evita el gossip, los planteamientos del tipo “Dilla changed my life” ( incluso se deja ver más como un “Madlib changed my life” en Dilla ) o mostrar el declive de Doom . En vez de esto opta por explorar la influencia mutua que existió entre Madlib y Jay Dee o la conexión entre Chris y Doom al haber sufrido los dos la pérdida de un ser querido en circunstancias similares (algo que en el caso de Doom ya explico Al aquí) ; y uno se queda pensando con la piel de gallina cómo decía Al en el artículo, igual que sin la muerte de su hermano quizá nunca hubiera existido MF Doom, puede que sin la de Charizma nunca hubiera existido Stones Throw.

Después de la muerte de Dilla el panorama que se dibuja para Stones Throw es de todo menos positivo . Madlib, centrado en sus proyectos más experimentales  y de jazz como Yesterdays New Quintet  ha perdido el interés por el rap  y Doom tampoco quiere seguir grabando, con lo que el sello se queda sin sus dos grandes referentes. Llegados a este punto la estrategia empresarial tomada por Chris es cuanto menos interesante. De la misma forma que hace 30 años pequeños sellos editaron discos que en su momento pasaron sin pena ni gloria y por los que hoy se pagan fortunas, hoy alguien tiene que editar los discos que seguirán el mismo camino dentro de 30 años. De hecho vemos a Peatnut despertándonos la fibra digger comentando que algún día buscaremos esas referencias raras de Stones Throw de las que sólo existen 200 copias. Para esto el jefe de Stones Throw no tiene mejor idea que contratar a personajes de la talla de Folerio o Diva, la estrella pop intergaláctica reencarnada en el planeta tierra para ayudar a la raza humana. Aquí Broadway se luce de nuevo con el montaje, intercalando a algunos de estos personajes con artistas de lo mas serio, indignadísimos ante la deriva del sello. Un momento mas propio de un APM que de un documental sobre un sello como Stones Throw. Esta serie de “artistas”  se contrarresta con la nueva hornada de músicos serios con los que el sello cuenta en la actualidad, y en la que se centra la parte final de la película. Figuras como Mayer Hawertone o Aloe Blacc representan la llamada segunda generación del sello, artistas jóvenes pero que comparten la filosofía original del sello. Mención especial merece el caso de Aloe Blacc y su I need a dollar, tema que Chris veía demasiado cursi para el publico de Sones Throw pero que se convirtió en un éxito cuando la HBO lo compró para la serie How to do it in America.

Uno de los videoclips de Folerio, sin desperdicio. Por cierto, a ver si os recuerda a alguien …

Hasta aquí más o  menos el recorrido argumental del documental, que como vemos condensa los mas de 20 años de historia del sello en 90 minutos. Puede parecer mucha información para tan poco tiempo, pero durante la proyección en ningún momento uno siente que este recibiendo un exceso de información, ni tampoco que se este obviando nada excesivamente importante. Posiblemente este equilibrio se deba tanto a la ya comentada buena tarea de montaje como al reparto entrevistado. Por citar solo algunos encontramos a Flying Lotus, Questlove, Oh No, Common, Dam Funk, y todos los artistas del sello mencionados anteriormente . A todo esto hay que sumar infinidad de material de archivo y alguno inédito como las grabaciones de la cámara casera de Fly Lo durante los años en los que Madlib y Chris compartian casa.  Por último hay que destacar la banda sonora. Claramente haciendo un documental sobre un sello como Stones Throw tienes mucho ganado en este aspecto, pero si además la selección de temas corre a cargo de Madlib, que incluye algún ritmo suyo inédito, es motivo mas de suficiente para que salgas del cine con agujetas en las cervicales y queriendo repasar todo el catálogo del sello nada más llegar a casa.

En resumen Our vinyl weighs a ton  es un muy recomendable documental para conocer a la cabeza pensante detrás de uno de los sellos más importantes del rap. Un proyecto que se ha mantenido inquebrantable respecto al mainstream y fiel a su filosofía tras los años; filosofía que se resume con la frase con la que Chris cierra el documental.

“De aquí a unos años quiero que mis discos o estén en la cubeta de 0’99$ en la de 100$, no quiero que estén en la de  5$. Quiero que la gente los ame o los odie, no quiero que dejen indiferentes.”