Oda a Cheese

Atención: Este artículo contiene spoilers (datos y revelaciones acerca de la trama) sobre las cinco temporadas completas de The Wire. Léelo bajo tu responsabilidad.

Uno de los placeres que nos da The Wire (HBO, 2002), es el trasfondo de sus personajes. Son toda una escala de grises, tremendamente volatiles, cambiantes y morbosos. Es como ver la porno del Plus codificada un par de décadas atrás. Te gusta más el trasfondo que intuyes que la realidad que podrías llegar a ver.

Desde el principio de los tiempos, o más bien desde que existen castas, organigramas, jerarquías, poderes o simplemente un hombre con un garrote aporrando a un semejante, al ser humano le han encantado las historias en las que el poderoso se iguala con los corrientes humanos. El concepto entero de la catarsis gira sobre este principio. Qué mejor manera de olvidarnos de que nuestra vida apesta, que viendo a estatuas doradas acabar convirtiéndose en cobre y chatarra.

Por eso nos gusta The Wire. Bueno, por eso y por la jerga, por tener una construcción narrativa nada complaciente pero adictiva, por sus tramas, sus localizaciones, su espíritu de denuncia, por su carácter universal, porque los guionistas se cargan al que haga falta sin miramientos, por no ser paternalista con el espectador… y bueno, ya que estamos en una revista sobre rap y música negra, nos gusta porque esta serie es muy rapera. Pero volviendo atrás, nos gusta tanto, como ya dijimos, porque sus personajes son de todo menos planos. Pero hay excepciones.

Cheese Wagstaff no es blanco ni negro, pero tampoco gris. En realidad es verde. Pero no verde esperanza. Es verde color dinero. Desde su alias en las calles hasta las motivaciones que le mueven día a día, parece que todo se basa en el dinero. Si habéis visto la reciente y estadounidense versión de House of Cards, es posible que ya conozcáis la diferencia entre dinero y poder. A Cheese le mueve lo primero, aunque pueda parecer que quiere poder o respeto. Lo que quiere en realidad es la falsa sensación de poder que otorga el dinero.

Es esta necesidad la que le convierte en un personaje totalmente plano. Como el burro que sigue adelante incesantemente, intentando atrapar la zanahoria, Cheese avanza por la trama de The Wire como un elefante por una cacharrería. O como un caballo desbocado galopando hacia un descampado. Vemos su fatal desenlace a quilómetros, sabemos que se va a estrellar, pero no podemos dejar de sentir cariño por él.

Cheese Wagstaff es, en la serie de The Wire, el sobrino favorito de Prop Joe, el capo de la droga por excelencia de East Baltimore. Es difícil catalogar el personaje de Joe respecto a otros de los que aparecen en la serie, ya que es una suerte de comodín. Paciente, observador, maquiavélico, estratega. Siempre a medio camino entre amigo y enemigo. Aunque en The Wire, el peor enemigo de cada personaje es uno mismo.

Su sobrino es todo lo contrario. Interpretado por Method Man, ha crecido al amparo de la gran sombra de su tio. Ha tenido más oportunidades y especialmente, ha sobrevivido más tiempo del que se merecía. Impulsivo, arrogante, y seguro de sí mismo, su aparición en The Wire se basa en su creencia de que las balas hacen daño a todo el mundo, excepto a él.

Pronto descubre que sí. Que a él también le duele y sangra cuando le disparan. Cheese aparece en la segunda temporada de The Wire. En ella, Avon Barksdale está en la cárcel y su mano derecha, Stringer Bell, decide hacer un movimiento tras su espalda (o hacia delante, según se mire) para intentar recuperar el poder del que gozaron tiempo atrás. Para ello entrega parte de las torres de edificios donde tienen montado su imperio de distribución de droga a Prop Joe a cambio de que éste último se convierta en proveedor de droga de primera calidad. O lo que es lo mismo, entrega la posesión más preciada de Avon. Porque además de ser una fuente inagotable de dinero, esas torres simbolizan el poder y el respeto. Son la materialización del sueño americano del hombre de color en los projects.

Con el fin de recuperar, tanto las torres como su trono, Avon contrata a Brother Mouzone, un asesino a sueldo que viste con la estética de los miembros de la Nación del Islam, y que bajo las gafas clubmaster que siempre lleva, se encuentra uno de los personajes más despiadados, fieros, peligrosos y carismáticos de The Wire. Y una de sus víctimas será Cheese.

Es aquí cuando empezamos a coger cariño al personaje de Cheese. Como el pobre humano que se encuentra bajo el designio de los dioses y no entiende qué está pasando, pero no le paran de suceder desgracias, Cheese recibe el primer balazo de su vida sin saber muy bien a qué se debe. Colocado por su tío al frente de una de las torres de Avon, y empujado por su carácter inconsciente, se encuentra de repente con un tiro en la zona del hombro, tras intentar reírse primero, y noquear después, a Brother Mouzone. Por supuesto, él no sabe quién es Brother Mouzone. Pero nosotros sí. Y vemos como sus bromas, que sólo le hacen gracia a sus dos amigos, y su actitud “no-me-importa-nada” sólo hacen dirigir al pobre Cheese hacia el acantilado, más y más rápido. Y al final cae al vacío.

La importancia de Cheese en The Wire podría acabar aquí. Nos habríamos reído de él, habría desaparecido igual que sale de la escena, sangrando, dolorido y cojeando y aquí paz y después gloria. Sin embargo, su peso argumental crece y crece. En la tercera temporada, vuelve a darnos otro de los grandes momentos cómicos de la serie. En esta ocasión, Cheese sigue amasando más poder y su peso en la organización liderada por su tío también es mayor. Este hecho le hace objetivo, otra vez sin él saberlo ni merecérselo, de la escucha telefónica policial. Sin embargo, su madurez como personaje también es mayor, porque una y otra vez consigue saltarse el cerco de la autoridad, gracias a la ferrea disciplina que impone a sus subordinados. Nadie habla de negocios por teléfono.

Sin embargo, un día salta la alarma en los cuarteles de la unidad de Major Crimes. Cheese está confesando un crimen a sangre fría. Telefónicamente. Y todo está grabado. Es el momento de ejecutar el operativo. La red de Proposition Joe puede por fin caer. El sobrino por excelencia es detenido e interrogado. Y otra vez el mundo vuelve a dar un vuelco por culpa de Cheese sin que éste sepa lo que pasa a su alrededor. El crimen que le atribuyen, no es otra cosa que el sacrificio al que Cheese tuvo que someter a su perro. Finalmente, toda la escucha se viene abajo por una “inteligente” maniobra de este drug dealer venido a más en ocasiones. Imperdible la escena del interrogatorio a cargo de Bunk y McNulty, con perlas para el recuerdo:

Según The Wire avanza y la trama se completa, el personaje interpretado por Method Man comienza a oscurecer y a hacerse más profundo, pero a la vez en ningún momento deja de perder ese fondo unidimensional que le ha caracterizado siempre. Cheese sigue siendo foolish, idiota, simple, básico, aunque su peso en la trama y en la organización criminal crezca y crezca. Por momentos, llegamos a odiarle, al ver los distintos movimientos que va haciendo por amasar más y más. Según asciende, como una especie de Judas a cambio de monedas, va traicionando a distintos personajes de la trama, como Butchie -el fiel aliado de Omar- o incluso a su propio tío. La persona que hizo posible que Cheese fuese Cheese, traicionado por su propia sangre.

Finalmente, en el momento en que Wagstaff se ha visto atrapado por la espiral que The Wire propone para los peones que campan en su tablero, y se ha convertido en un alma más compleja y ha conseguido lo que quiere, tiene que decir adios a esta vida. Por una serie de casualidades, y por sus “hábiles” movimientos a las espaldas de los demás, consigue sentarse en el trono de rey. Ocupa este puesto el suficiente tiempo para hacer lo que nunca pensamos que sería capaz: pronunciar un profundo discurso que en boca de otro personaje se añadiría a esos momentos épicos del tiempo que pasamos en Baltimore, pero que en la suya no deja de sonar ridículo y… pum. Cheese es asesinado por Slim Charles debido a la traición que llevó a cabo sobre su tío.

Cheese es uno de los caracteres más curiosos de la serie. No sabemos cómo, pero ha logrado más protagonismo del que jamás pensamos que llegaría a gozar. Es como cuando ves a alguien tropezar cómicamente delante tuya. Cuando sabemos que alguien se va a caer, y que no puede hacer para evitarlo, el tiempo que pasa hasta que alguien se desmorona se hace tremendamente largo. Eso nos sucede con Cheese. Sin embargo, su lado cómico, su personalidad tan ignorante hace que nos caiga hasta bien, incluso cuando se ha mostrado como el peor de los traidores. Eso sí, por muy bien que nos cae por momentos, que levante la mano el que no haya sido infinitamente feliz por unos momentos cuando Slim lo mata.

Uno de las múltiples curiosidades que tiene The Wire, también está relacionada con este caracter. Randy Wagstaff, uno de los niños que se convierte en protagonista durante la cuarta temporada (el que vive con su madre adoptiva y recibe todo tipo de amenazas y castigos por convertirse en un chivato para la policía)… es el hijo de Cheese. Pese a lo evidente que pueda llegar a ser, al compartir apellido, en ningún momento en la serie de dice, cuenta o se insinúa. David Simon, el creador de la serie, lo confirmó en distintas declaraciones. En la quinta temporada esta filiación se iba a descubrir, pero finalmente se cayó del guión. Ahí tenemos otro motivo más para odiar a Cheese. ¿Cómo es posible que tu hijo esté pasando todo lo que pasó, y tú seas uno de los Gs más respetados de East Baltimore y te de absolutamente igual? Y sin embargo, no terminamos de odiarlo con todas nuestras fuerzas…

No es ningún secreto que los acercamientos de los distintos miembros de Wu-Tang al mundo del cine y televisión, no pasarán a los anales de la historia. Tampoco la interpretación de Method Man como el sobrino de Prop Joe lo hará. Sin embargo, lo que en otra situación sería negativo, aquí no lo es tanto. Uno de los aciertos de The Wire es su elenco de actores. A muchos de ellos les queda grande esa palabra, siendo tan solo gente de la calle que se ponen delante de una cámara y convierten sus vivencias en las de sus personajes.

En este caso en concreto, la grandeza de Cheese también radica en que hay mucho del Method Man que podemos encontrar en distintos discos o incluso en otros proyectos -como la muy cuestionable How High- en su personaje de chico de esquina y luego intento de kingpin. En cualquier otra serie, película o incluso en la vida real, odiaríamos a este tío que con la ignorancia por bandera se dedica a reírse, a menospreciar y a traicionar a todo lo que se mueve por un puñado de dólares. En The Wire, por algún extraño motivo, acabamos hasta por cogerle cariño. Es lo que pasa cuando estás Way Down in the Hole