Name Droppin #4: L’État Assassine (II) El caso Makomé.

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Car l’Etat assassine Makomé en a été victime, bing bang, la police est comme un gang.“

Así reza parte del estribillo de ‘L’Etat Assassine’, tema de Assassin que ha pasado a la historia por su tono denunciante hacia las barbaries policiales cometidas históricamente. No es la primera vez que hablamos sobre él en CryptaMag, hace unos meses explicábamos otro de los casos que se mencionan en el estribillo, el caso de Malik Oussekine. Hoy, sin embargo, nos centraremos en el otro joven que los parisinos recuerdan: Makomé M’Bowolé.

Como ya comentamos en el artículo referenciado, este tema de Assassin pertenece a la banda sonora de la mítica película “La Haine”, y si hay un caso que representa la esencia que el director nos quiere transmitir mediante el film, ese es el de Makomé, ya que, como el mismo Mathieu Kassovitz expresó, El Odio está inspirado en la muerte de este joven a manos de la policía. Los que habéis visto la peli y no conocíais el caso haréis las conexiones fácilmente.

Makomé M’Bowolé fue un joven asesinado por un policía cuando tenía solamente 17 años. Era el 6 de abril de 1993 cuando Makomé y dos amigos más fueron arrestados por la policía al ser encontrados con 120 cartones de tabaco Dunhill que presuntamente habían robado. Los llevaron a comisaría y fueron interrogados hasta que finalmente se decidió dejarles en libertad. Makomé y otro de los chicos eran menores y por lo tanto se avisó a sus padres. Los padres de Makomé, parece ser que como castigo para hacerle reflexionar, no se presentaron. Fue entonces cuando el inspector Pascal Compain (según fuentes, un tipo bastante amante del conflicto) decidió que iba a hacer hablar al joven fuera como fuera, así que se lo llevó para hacerle un interrogatorio “informal”.

Según los testimonios de otros policías que se encontraban en esta comisaría del distrito 18, el interrogatorio subió de tono, el policía presionaba a Makomé mientras el joven le profería insultos y amenazas. Entonces Compain, supuestamente como acto únicamente intimidatorio, sacó un arma de su cajón y apuntó directamente a la cabeza de Makomé. Aunque declararon que encontraban el acto estúpido, ninguno de los allí presentes creyó que el arma estaría cargada hasta que el inspector apretó el gatillo y Makomé murió de un balazo en la cara. Al ver el cuerpo muerto en la silla, el inspector gritaba “Sólo quería asustarle.” Al parecer, Compain declaró haber olvidado descargar su pistola al depositarla el día anterior.

El inspector Pascal Compain fue juzgado por homicidio voluntario enfrentándose a casi 30 años de cárcel, sin embargo tan sólo fue condenado a ocho años de prisión, y no por asesinato, sino por “actos violentos voluntarios con un arma habiendo causado la muerte involuntariamente”. Sentencia que fue considerada irrisoria por la familia de Makomé y por gran parte de la población. Ese tiro que había sido calificado por los forenses como un disparo a quemarropa, se había convertido de repente en un simple accidente.

Los abogados de la defensa se esforzaron para intentar hacer ver que su cliente simplemente era una persona humana más que, como tal, puede enervarse en un momento dado en el que llevan su paciencia al límite, y perder el control como había pasado con un Compain impotente ante la insolencia de un crío. ¿Dónde quedaba entonces la formación que recibe la policía para poder mantenerse fría en situaciones para ellos tan comunes? ¿Y el reglamento que prohíbe usar el arma así porque sí?

La familia apuntaba también el hecho de que hacía apenas un mes, un guardia de un supermercado había sido condenado a 15 años por propinar una paliza a un hombre causándole involuntariamente la muerte. Pero claro, un guardia no es un policía, no deben regirse por las mismas leyes. El padre de Makomé hacía hincapié además en posibles tintes racistas.

“Me preguntaba cómo el policía pudo llegar a tal nivel de odio como para dispararle en la cabeza cuando el chico no podía hacer nada. Hay tanto odio entre las dos partes que lo mínimo es hacerse esta pregunta.” 

· Mathieu Kassovitz, director de “La Haine”

Esta situación puede que no fuera fruto sólo del azar. Aunque en todas las épocas y con todo tipo de gobiernos, la brutalidad policial ha formado parte del día a día, el retorno de Charles Pasqua al Ministerio del Interior había propiciado un clima tenso, ya que él fue uno los responsables que “cubrieron” las barbaries policiales del movimiento estudiantil del 86, del que también os hablamos en el artículo sobre el caso de Malik. Las quejas públicas sobre este tipo de comportamientos habían aumentado durante los días posteriores a su vuelta, parecía que la policía campaba a sus anchas.

Así, justo un año después de la muerte de Makomé, nacía el “Observatorio de libertades públicas” organización que, conducida por el vacío que la prensa más mediática hacía a este tipo de violencia, decidió crear un modesto boletín llamado: “Que faite la police?”(¿Qué hace la policía?) cuyo manifiesto inicial era: “denunciar el comportamiento grosero, despectivo, provocador, racista, brutal y sexista de la policía de una Francia democrática.”

Más de 20 años después de su muerte, París no olvida y, el pasado 6 de Abril, se rindió homenaje a Makomé pintando un inmenso muro de la Rue Ordener en su memoria. 

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Texto por Lady R