Lost Where I Belong: La vida te madura como artista

La vida de una niña llamada Andreya junto a su madre jamaicana y su padrastro (su padre biológico las abandonó) anduvo de barrio en barrio británico absorbiendo culturas y experiencias. Empezó a cantar a los siete años, y a los catorce se mudó de Londres a Worcester, donde siendo más mayor comenzó a trabajar lo que más tarde llamó Freeflo Sessions. Las grabaciones que hacía Andreya consistían en usar una caja de ritmos o un pedal de guitarra con función loop para lanzar baterías, y resamplear su voz voz para loopearla y que sirviera de cama melódica sobre la que pudiera cantar. Seguramente algunos conozcáis la técnica del vídeo de la re-versión de Spirits de Jamie Woon, pero para que veáis como lo hace Andreya, pongo un vídeo de 2010 donde versiona uno de los temas del disco que vamos a revisar, A Town Called Obsolete, para los acústicos de la plataforma británica SBTV.

A los diecisiete años, mientras que estudiaba Tecnología Musical en Leeds, salió a buscarse la vida a los escenarios y fiestas de jóvenes talentos dónde se juntó con otros músicos (entre los que se encontraba su profesor Jamie Robertson que tocaba el piano) que formaban el colectivo Bootis. El colectivo (que a día de hoy creo que ya no existe) siempre se movió más por escenarios que por estudios, aunque de sus horas de grabación se pueden rescatar algunos cortes que como Levitation Blues o Peace of Mine que aparecieron en algunos recopilatorios. Poco más tarde, Andreya decidió abandonar las ropas elegantes de oficinista explotada para buscar su camino en la música, aunque eso le supusiera comer poco y mal la mayoría de los días. Andreya pues, es una de esas artistas pasionales que en un momento dado decide abandonar su carcelaria estabilidad financiera y laboral para apostar por su voz y su talento. Su música con Bootis y los Freeflo Sessions, la llevaron a coger un vuelo dirección Melbourne para participar en edición de 2006 de la Red Bull Music Academy en Australia.

Allí su camino se curzó con el de Flying Lotus, y el resultado fue Tea Leaf Dancers, una genialidad ambiental en la que Andreya fluye sobresaliente sobre la atmósfera de una composición minimalista de FlyLo, y que más tarde se recogería en el EP de éste llamado “Reset” (2007 – Warp Recordings). A partir de ahí, el resto es historia, tanto grabada como en directo. Andreya empieza a relacionarse con parte de la escena británica, Kidkanevil, Mr. Scruff, o Theo Pharris, y su nombre empieza a circular por recopilatorios como “Basement Soul: Sounds From the Floor vol. 01” (2007 – Unique Uncut Records) o alguno de los recopilatorios del sello de Gilles Peterson como “Bronwswood Bubblers” (2007 – Bronwswood Recordings) hasta que su camino y el de Simon Green (más conocido como Bonobo) se juntan en una fiesta. No sé si el fichaje por Ninja Tune fue anterior o posterior a dicho encuentro, pero la misma Andreya ha confesado en varias ocasiones no ser especial seguidora la música de Bonobo antes de conocerle, el clásico su nombre me suena pero no he profundizado en él. Aún así la ambición de Andreya no permitió que dejara pasar su proposición de hacer música, y tras años de conocerse en el estudio, sus talentos ensamblaron a la perfección. Esa química se materializó primero en las colaboraciones de Andreya en “Black Sands” (2010 – Ninja Tune) de Bonobo, y más tarde en su estreno: “Lost Where I Belong”.

Portada de "Lost where I Belong" de Andreya Triana

Andreya Triana – Lost Where I Belong

2010 – Ninja Tune

El disco está producido por Bonobo, al que nos referiremos como Simon Green ya que él usa su nombre de pila para todas aquellas composiciones que se quedan lejos de la aplastante personalidad musical de Bonobo, o de la más fiestera de Barakas. Aunque sobre él, y algunas apariciones ocasionales de Andreya más allá de lo vocal, recae el mayor peso del disco, Simon no es el único músico que aparece. Por orden de menor a mayor relevancia (sin ánimo de menospreciar el trabajo de nadie) aparecen Hannah Miller al chelo en X, y en mayor medida algunos colaboradores habituales de Simon tanto en estudio como en directo. Mike Simmonds aparece en el la apertura, Draw the Stars, Fin Greenall compone Up In Fire, al igual que Lost Where I Belong dónde también toca la guitarra. El grupo de metales The Killer Horns compuesto por el trombonista Alan Hardiman, el saxofonista Mike Lesirge y el trompetista Ryan Jacob, aparece en tres cortes, y el batería y productor Jack Baker del que ya os hablamos anteriormente en uno de nuestros dominicales, por su proyecto en paralelo junto a Lea Lea, del que ya podéis escuchar su trabajo homónimo “Lea Lea” que salió a primeros de mes por Wah Wah 45’s. Para los que estéis más o menos puestos, y para que los que no, indaguéis en sus referencias porque son muy interesantes, se podría decir que tenemos a una parte de los pilares de la escena blacktrónica de Reino Unido, junto a otros músicos con los que suelen colaborar habitualmente como Alice Russell, Quantic o Shë. Presentados los obreros, hablemos de la obra.

El disco empieza con Draw The Stars y su melodía infantil que toca Andreya, y que evoca a inocentes sueños en la cama –While the people sleep, I lie awake, encased in dreams, that carry me to a distant sound to undertake, I feel it’s way. Acompañan Mike Simmonds a los violines, y Simon Green, que hacen una cama perfecta para una Andreya, más bien insegura, que dolorida como será en la mayor parte del disco. Lost Where I Belong abre como un amanecer, con ese pequeño skit al principio, como si aquella niña inocente envuelta en la cama soñando hubiese quedado años atrás. Andreya entra tan desnuda como en el resto del disco, pero menos encerrada en sí misma. Ha crecido, ha descubierto la música para expresarse y quiere compartirlo con el mundo. No obstante, esa inseguridad sigue ahí, pero ha dejado de ser tan inocente y empieza a conocer el miedo -I can’t give you what I don’t have to give Am I going somewhere? Still I try to believe. Ahí entra Simon con el violín y añade misterio e intensidad a la melodía, como si representara el miedo de Andreya. A Town Called Obsolete abre con un ritmo cargado de groove de Simon Green y Jack Baker y con Andreya empezando a sentirse perdida la ciudad y dañada por el amor -As I sit here with this urgency and nobody to the side of me / all quiet and alone, needing answers of the unknowns … Impatiently overload / Missing someone that I’ve never known- pero guardando aún esperanza -just keep calling. En este corte es dónde Andreya empieza fusionar su inocencia y su madurez mezclando tonos agudos y graves, que más tarde comentaremos en casos más explícitos.

A partir de aqúi empiezan una serie de cortes que demuestran la que para mi es la principal virtud de Andreya Triana. Darker Than Blue lo abre una atmósfera asfixiante, que casi se podría interpretar como otro skit, como si se atravesara una fase. Entra un punteo de guitarra y un contrabajo que acompaña a Andreya hablando de unos ojos azules que debieron clavársele en el alma, y que engañan al resto bajo su mirada -Those eyes are darker than blue, I saw that looking at you / It’s not you, you wear up your sleeve,  the people stare as you walk down the street / The you, you wear up on your sleeve, shows the world who you are- pero que a ella ya no volverán a engañarla jamás, porque los mantiene lejos como el punteo de guitarra que se pierde bajo su dolor -All except me. Cuando empieza a hablar de él mete coros con su voz, que paran justo antes del -all excepted me- como si quisiera representar su soledad. La percusión empieza a acompañar al resto de la música y con la siguiente entrada del párrafo de Andreya llega uno de los puntos del disco dónde se puede notar explícitamente esa virtud de Andreya. Transmitir. Tan desnuda como en Draw The Stars y Lost Where I Belong, pero esta vez desde el dolor más puro y sincero. Cada vez que pronuncia -Those eyes are darker than blue, I saw that looking at you- y -To show the world who you are, all except me- lo hace desde un mismo dolor, pero enfocado desde distintas formas. Unas veces más sincera, otra más dolida, incluso victoriosa, o desde una consciencia demoledora de saber qué nada volver a ser igual, como después de comprender la verdad representada también con un cambio en la melodía -And they grow darker still,  Till the hour glasses fill, They grow darker still, And show the world who you are, all except me- y siendo la única estrofa en qué lo repite dos veces, como si necesitara soltarlo una vez más para poder deshacerse del todo. Entra un silbido, como si ese dolor se fuera tranquilo consciente del daño causado pero manteniendo esa bondad aparente de quién silba a engañar a otros, pero que a ella ya no lo hará jamás. Después lo repite en soledad, con otro tono, como si el dolor siguiera ahí, desde otra perspectiva distinta, pero siguiera. Como su voz distorsionándose y convirtiéndose en esa misma atmósfera  agobiante que abría el tema acompañando la música hasta poco después de que entrara Andreya cantando. Un ciclo constante, en el que siempre pasas por las mismas fases, pero nunca lo aprendes. Esas forma tan sentida de cantar al dolor –blue– por conocerlo bien me ha recordado ligeramente, y sin que sea una comparación, a Billie Holiday. Ahora, es cuando viene el matiz que hace que deje de ser una comparación con Lady Day y es que Andreya no tiene una voz excelente técnicamente. En algunas frases parece incluso que no llega, como cuando habla de que cada vez son más oscuros, pero lo canta de tal forma que podría ser propia impotencia del dolor. Tiene esa forma transmitir lo que siente con sutiles detalles, que consiguen ese contacto.

01. Draw the Stars
Mikey Simmonds: Teclado
Simon Green & Andreya Triana: Resto

02. Lost Where I Belong
Fin Greenall: Composición y guitarra
The Killer Horns: Vientos
Jack Baker: Batería
Simon Green: Resto

03. A Town Called Obsolete
The Killer Horns: Vientos
Jack Baker: Batería
Simon Green: Resto

04. Darker Than Blue
Simon Green & Andreya Tryana: Todo

Daydreamers podría ser una descripción exacta de Darker Than Blue en cuanto a la forma de comunicar de Andreya, pero añadiendo unos matices, y el primero se percibe nada más entrar Andreya. La voz joven y ligeramente sucia de Darker Than Blue, y los anteriores cortes parece haberse quedado en el bucle atmosférico. Entra una guitarra melancólica de Simon Green a la que comienzan acompañar los coros, estos sí todavía juveniles de las voces de Andreya, pero el timbre de la entrada de la letra es más grave y más firme, como si hubiese madurado y no le temblara tanto la voz por castigarla cantando a ojos azules -Leave your candle at the door, take off your feathers Show me your diamond pieces and such. Luego entra Jack Baker con las escobillas y el bombo haciendo un ritmo de corte jazzístico -I have a thought for you, only a little To put in your pocket to rust. El siguiente párrafo entra con la misma firmeza, pero la va perdiendo como si aún acechara esa debilidad, como el roto fly de -Hoping that we’d fly. Se mantiene un poco más aguda para el estribillo, como si la aparición de la palabra dreams resucitara esa inocencia, pero recupera firmeza en -but it WON’T capture us-, para seguir cantando después con la firmeza de la primera estrofa, y romperse de nuevo al volver el estribillo. Luego cambian la melodía y su tono, de nuevo con la lección aprendida como en Darker Than Blue, pero volviendo a romperse en un último estribillo, antes de aceptar que esta vez la luz si les capturó -now they’ve captured us.

Far Closer To You lo inicia la Andreya madura, pero se vuelve inocente, como quién se pierde en la incertidumbre de volver a confiar en alguien que no sean unos malditos ojos azules o unos daydreamers -But I can’t deny What I know in my mind / No I can’t deny What I feel inside. La música compuesta por Fin Greenall arrastra el misterio de Daydreamers y lo transforma en el brillo de los primeros cortes, que se hace definitivo tras un momento de duda y miedo intenso después del segundo estribillo -So if I can be far closer to you, then I might… / If I could be far closer to you, then I might…- que hace de puente para luego reincidir en el estribillo y cerrar con otra estrofa sobre un solo de batería de Jack Baker. Hasta entonces ya se había notado una notable influencia del jazz, y Something In Silence es la demostración de que Simon Green ha mamado jazz de todos los palos, esta vez la bossa nova. Del tono brasileño de la estrofa principal se va a un registro más rockero con la guitarra ligeramente distorsionada, que parece representar la duda -One step frightened, but you’re lovely / Two steps shy but let’s try […] One step I see it could get ugly / Two steps ignoring the signs- y aprovecha el punteo pisando de nuevo pedalera para que desaparezca el efecto, conectar de nuevo con Brasil y traer ese estilo que celebra el amor, la belleza, y el sexo. Simon Green hace un puente con el efecto de nuevo, se plantea la duda definitiva -You come undone and broken it seems A piece of you is no good to me- y añade instrumentos a la par que Andreya coros como acompañamientos, para dar firmeza a la melodía hasta que desaparece con el sonido de la cuerda del contrabajo y Andreya haciendo hincapié en su necesidad de buscar en el silencio, que las mentes no duden, y simplemente sentir -And I thought I could hear something in the silence…

05. Daydreamers

Jack Baker: Batería
Simon Green: Resto

06. Far Closer

Fin Greenall: Composición
Jack Baker: Batería
Andreya Triana: Percusión
Simon Green: Resto

07 Something In Silence

Andreya Triana: Percusión
Simon Green: Resto

Up In Fire parece venir de ese silencio en el que buscaba Andreya. De haber sentido, y a pesar de lo bueno que todo acabara, aunque esta vez sin cantar desde el dolor maduro y el timbre hecho pedazos de Daydreamers -But the heat put out the feeling That I gave to you And you gave to me Now there’s just a memory That sinks within me only to rise again. Entonces The Killer Horns entran alegrando el cotarro, para dejar a Andreya que cante feliz por ser consciente de que de quemar ruinas de amor va el juego. Cierra el disco X, la canción de despedida, la firma. Lo que siempre queda, que es el dolor porque lo que muere siempre mata una parte -The beginning was warmer, than your ending prose / You were another conqueror, I was another part disposed. El timbre de Andreya se queda entre la madurez y la inocencia, entre el dolor de si aún te echan de menos o si estás olvidado, y quién está esperanzado por que confía en que el camino siga.

08. Up In Fire

The Killer Horns: Viento
Mike Lesirge: Flauta
Jack Baker: Batería
Andreya Triana: Percusión
Simon Green: Resto

09. X

Hannah Miller: Cello
Simon Green: Resto

“Lost Where I Belong” es un disco compacto, tiene ese trabajo detrás que convierte un álbum debut en algo más que una recolección de temas de un artista. Recoge la mentalidad creativa y la personalidad de Andreya Triana, que dicho sea de paso, es bastante más sencillo cuando tienes a un músico y productor como Simon Green coordinando el apartado musical. Pero, profesionalidad y creatividad de Simon aparte, Andreya demuestra que a pesar de que su voz no es extremedamente técnica, tiene una calidez y capacidad de transmitir que no se entrenan en clases de canto. Se desarrollan con el continuo trabajo de transformar tus vivencias en música, y de sincerarte ante las páginas por mucho que duela. Parece ser que este camino llevarán sus siguientes trabajos, ya que confiesa que está trabajando duro con escritores, abriendo sus traumas y temores al máximo, para poder seguir comunicando como lo hace en este disco. Personalmente tengo ganas de escucharlo para ver si opta por desarrollar ese tono de dulce e inocente rotura, la voz madura y castigada que me recordó a Lady Day, o si va a seguir fusionándolas con el buen gusto que potencialmente parece tener.