Entre dos realidades, Good Kid Maad City de Kendrick

Kendrick Lamar - Good Kid Maad City cover

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 Kendrick Lamar – Good Kid, M.A.A.d City

(2012 – Top Dawg – Aftermath – Interscope Records)

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Posiblemente estamos ante el álbum debut (quizás junto al de A$AP Rocky) más esperado de los últimos años. Mixtapes mediante y el espléndido “Section 80” auguraban algo muy grande para el líder de Black Hippy y fichaje estrella de Dre. Quizás mucha presión para alguien tan joven y para ser un álbum debut (no se veía nada así desde que cierto chaval de Queens provocó un buzz tremendo allá por el ’94). A esto hay que sumarle la presión de pertenecer a un sello mainstream, el cual obedece a una serie de criterios y objetivos bastante alejados de lo que Kendrick Lamar a nivel personal como artista pretende y aquellos a los que aspira con la creación de este álbum. Existía un miedo a que la presencia de Dre o la mano del fantasma del mainstream apareciera para convertir el debut de Lamar en una especie de disco orientado/conducido según los criterios de algún A&R trasnochado. Las expectativas de todos eran altas, y el resultado no sólo está a la altura, sino que traspasa las barreras de lo esperado convirtiendo en “Good Kid M.A.A.d City” en el mejor LP debut desde “Illmatic” y en seguramente el mejor disco que servidor haya escuchado en la última década.

Nunca antes nadie había sido capaz de sacar un disco tan sincero, tan personal, sin caer en el terreno del victimismo, la emotividad o la lágrima fácil (propios del emo o de la espectacularidad dramática del culebrón) o en el terreno del bochorno más absoluto. La sinceridad con la que se enfrenta a si mismo y a sus sombras del pasado no ha tenido cabida antes en una cultura tan machista (tan analfabeta emocionalmente) y tan segura de sí misma como el rap.

Cuenta Kendrick que necesitaba un LP así para poder seguir hacia adelante y ajustar cuentas con sus demonios interiores. Para ello decidió concebirlo, tal y como reza el subtítulo del LP, como una historia corta sobre Compton. Sin embargo, no es una historia corta sobre Compton, sino sobre Kendrick Lamar y las influencias positivas y negativas del entorno (sociales, económicas y familiares) en la creación, construcción y maduración de una persona. Es decir, es la historia del propio Kendrick enfrentándose a Compton.

Es por ello que el disco arranca con un joven K-Dot conociendo a una chica que vive en la frontera entre Compton y Paramount. Es en la adolescencia cuando más somos influenciables a los elementos externos, y es también en este período cuando la personalidad que nos definirá está en un proceso de derribo y edificación continua. Sherane también sirve para establecer el tono del álbum. Desde el rezo inicial que pasa desapercibido al principio para luego convertirse en elemento revelador en las siguientes escuchas, hasta la aparición del primer skit de los muchos que tiene “Good Kid, M.A.A.d City”. Un solo tema basta para, uno, presentar la historia de la que vamos a ser testigos; dos, resaltar la importancia de Dios en el LP; y tres, mostrar los skits como elemento lubricador del engranaje que hace girar la historia.

And six steps from where she stay,

she waving me ‘cross the street

I pulled up a smile on my face,

and then I see two niggas, two black hoodies,

I froze as my phone rang

El entorno, las condiciones sociales y las amistades articulan el discurso de Kendrick (quien es o quien aparenta ser, es realmente quien dice ser, es otro…), cuya personalidad real se encuentra agazapada ante la imposibilidad de descubrirse y mostrarse. Ser uno o ser otro, o no ser ninguno. Aparece entonces el dilema, la construcción (ficticia) social del negro perteneciente al ghetto vs Kendrick: “Good Kid, M.A.A.d City”. De izquierda a derecha, de derecha a izquierda, el tambaleo identitario se evidencia en las constantes escapadas con los homies, ya sea de la policía, las bandas o, en la mayoría de ocasiones, de ellos mismos ante la voragine carnivora del determinismo social.

We made a right, then made a left, then made a right,

then made a left, we was just circling life

My mama called – “Hello? What you doin’? “Kicking it”

I should’ve told her I’m probably ‘bout to catch my first offense with the homies

But they made a right, they made a left then made a right,

then another right, one lucky night with the homies

Es mas, es Kendrick quien duda y quien te hace dudar ¿soy yo el que va con mis homies con el arma cargada o soy aquel chaval tranquilo que no quiere salir de la furgoneta a las puertas de la casa de Sherane? Cual vampiro que se mira al espejo y no ve nada, Lamar se encuentra incapacitado para resolver el dilema sin perder algo por el camino, lo que ve no es él, sino una proyección tambaleante de otras proyecciones sociales construidas. Se encuentra atrapado en un mundo cuyos códigos de conducta permutan en comportamientos fundamentalistas y sectarios (de nuevo, las referencias religiosas) que no lo diferencia de aquellos que consideran su enemigo (cfr. la soberbia analogía entre las bandas y la policía en Good Kid).

Vive en Compton, ergo, por definición, debe ser un thug y hacer locuras, ergo, le/te entran las dudas, ese quien soy yo te mantiene agarrado al disco todo el tiempo. Es la dicotomía personal que resume el disco: la cuestión identitaria. Es por ello, también, que Good Kid M.A.A.d City se convierte en la representación musical de la posmodernidad que habitamos, puesto que el desarraigo y la cuestión identitaria es la base sobre la que pivota todo el arte posmoderno. La desubicación emocional, la sensación de no pertenecer al lugar físico en el que habitas o la presión que este ejerce sobre tu persona se ha convertido en universal, traspasando las fronteras de la inner city para afectarnos a todos, habitemos en ella o no. Quien no se ha preguntado alguna vez en su vida ¿quién soy y adonde voy?

“Man down Where you from, nigga?”

“Fuck who you know, where you from, my nigga?”

“Where your grandma stay, huh, my nigga?”

“This m.A.A.d city I run, my nigga”

Mc Eiht refleja perfectamente el dilema que vive el joven Kendrick (“Wake yo punk ass up! It ain’t nothin but a Compton thang”) te recuerda que estas en Compton ¿acaso se te ha olvidado? ¿Es Eiht entonces una representación, una versión adulta de un Kendrick que hubiera decidido dejarse llevar por las presiones externas en vez de tomar su camino, sea el que fuera, y costara lo que costara? ¿Es Eiht la representación adulta de la conciencia que nos impulsa a cambiar nuestras vidas?

I’m still in the hood

Loc, yeah that’s cool

the hood took me under so I follow the rules

Es por ello que la tristeza, el sentimiento de soledad (intensificado por un trabajo instrumental soberbio que contribuye a sumergirte en la melancolía que destila Lamar) inunda con su presencia aquellos temas en los que el real yo de K-Dot lucha con la imagen social (sea la propia del entorno o la de sus amistades) que proyecta y la suya, precisamente proyectada fuera de su propio yo cual observador omnisciente de lo que ocurre para completar la narración. La distancia entre quien eres y quien creen que eres.

Lamar parece contemplar momentos de su vida desde lejos, como si realmente no interviniera en ellos (especialmente visible en Me & the Homies), atenazado por el fantasma del fatalismo.

Swimming Pools funciona entonces como extensión de M.A.A.d City y Me & the Homies, es el peer pressure el que le lanza a sumergirse en la bebida (‘Some people wanna fit in with the popular, that was my problem, I was in the dark room’), más preocupado de encajar y de representar aquello que se supone que una persona de su generación y demografía social es, que lo que realmente siente que es o debería ser, para precisamente, encajar consigo mismo. Lo cual también enlaza con la temática planteada dos temas después, que importa todo lo demás, el amor que pareces repartir, sino eres capaz de darte amor. Incluso, (lo que redunda en la grandeza del tema y en lo comentado respecto a Eiht), es su propia conciencia quien aparece de forma súbita para avisarle de que ese no es el camino. Seguir comportándose como quien no es, negando su propia existencia en función de presiones externas (personificadas en el alcohol) sólo le puede llevar a un cul de sac (expresión repetida en varias ocasiones a lo largo del disco), a la muerte.

La muerte como provocador del cambio es otro elemental central del disco, cuya presencia es, al mismo tiempo, literal, y metafórica. Literal por donde vive (la muerte es una presencia constante, su tío, su amigo Dave…), y metafórica por el significado que asociamos a la muerte como punto y aparte, o punto final de algo, sea la vida, una relación, y por supuesto, tu propia identidad. Es decir, morir para resurgir.

La cuestión religiosa, tan presente, tiene, entonces, más que ver con la muerte y resurrección (o con el concepto indio de la reencarnación) que con la propia fe per se. Funciona como conductora del deseo de Kendrick de morir y reencarnarse en un nuevo ser. Matar a los demonios que te persiguen y morir con ellos. ‘I´m tired of running, dying on thirst’. Kendrick personifica a toda una generación que tiene en sus manos romper con la dinámica negativa de huida hacia adelante.

No es sino al final del disco cuando nos damos cuenta de esto ‘And the chapter that read at 25 I would live dormant at 5 in the morning’ de que la importancia de Dios y de la religión tiene más que ver con su condición de pecador perdido en este mundo (‘I am a sinner, who’s probably gonna sin again, Lord forgive me, Lord forgive me, things I don’t understand’) y el deseo interior de cambiar, de mirar hacia adelante y de convertirse en quien realmente es o aspira a ser que con una cuestión pura de fe. En definitiva, de nuevo, entra en primer plano la cuestión identitaria y el valor -en este caso- de la religión para responder a preguntas espirituales.

Surge así la necesidad de romper con los clichés, con la dinámica habitual, si sigues haciendo lo mismo y siempre fallas, ¿porqué vuelves a hacer lo mismo otra vez? La venganza (niggas killin’ niggas), entonces, no tiene sentido o cabida si has de estar en paz contigo, perdona y serás perdonado. Tampoco son casuales las referencias continuas al cine sobre el barrio que tan de moda estuvo a principios de los noventa, y sobretodo, a “Boyz In da Hood”, reforzadas a través del concepto cinematográfico que Kendrick quiso imprimirle al álbum.

I’m like Tre, that’s Cuba Gooding

I know I’m good at

Dying of thirst

Dying of thirst

Dying of thirst

El personaje central, Tre, es la encarnación cinematográfica de Lamar, no puede existir nadie que se le asemeje más y con quien comparta las mismas dudas existenciales. No en vano, Dyin of Thrist termina con un skit claramente homenaje al momento en el que Tre decide bajarse del coche justo antes del tiroteo que acabaría con el asesino de su mejor amigo a manos de Ice Cube:

‘I’m fuckin’ tired of this shit, I’m fuckin’ tired of running, I’m tired of this shit, my brother homie…’

Es Kendrick en este caso quien está cansado de correr, de huir, y es Dios (bajo la batuta de una espléndida Maya Angelou camuflada de transeúnte) quien le ofrece la salvación a través de la oración, como se la ofreció a la humanidad a través del sacrificio de Jesús. Es Jesús (real o figurado) quien entra en sus vidas para salvarlos y para darles la oportunidad de comenzar un nuevo camino que rompa con el ciclo anteriormente comentado.

El sacrificio, la muerte y Jesús no es una temática ajena al rap, pero aquí no deriva en la construcción pop (heredada del romanticismo) del artista maldito que muere para renacer en leyenda (James Dean, John Lennon, 2pac o Biggie), sino que se convierte en la conductora de una nueva existencia. No existe la muerte física (al menos la del propio Kendrick), sino la muerte y desaparición de un estado mental, y si se quiere, incluso la muerte y desaparición de un estatus social, resultante del abandono de las prácticas sociales y culturales (construidas desde fuera por los estamentos de poder y perpetuadas desde dentro por sus habitantes) del ghetto.

“Is that what I think that is?, I know that’s not what I think that is, why are you so angry? I see you young men are dying of thirst, do you know what that means? that means you need water, holy water, you need to be baptiste with the spirit of the Lord.”

Es el rezo quien termina de liberar a Lamar y a sus amigos y es quien enlaza con el Kendrick de 25 años de 2012, el que ahora conocemos. El rezo funciona como detonador, de big bang primigenio que nos traslada al presente, es el momento en el que Lamar se da cuenta de que quiere ser narrador (rapper) de una realidad que le atañe y de la que cree que puede sacar una lectura positivay transmitirla a sus coetáneos generacionales. Aprovechando sus cualidades técnicas -que no son pocas-, Kendrick mimetiza otras personalidades que funcionan como contrapunto y que, rizando el metalenguaje, se dirigen hacia él y al público (su deseo de ser narrador se hace presente) a la vez.

Si antes era su propio yo el que se veía desde arriba, casi en tercera persona cual narrador omnisciente, ahora que es consciente de quien es, cuenta desde la misma posición, bajo el abrigo de su personalidad y de su forma de entender el mundo, la suya y otras historias. Hemos pasado de las dudas existenciales y de la seguridad ficticia y hormonal de los 17 años en Backseat Freestyle a la seguridad y fuerza que transmiten los dos últimos temas (así como Bitch Dont Kill My Vibe) como reflejo de la madurez y de la liberación de Kendrick.

Now everybody serenade the new faith of Kendrick Lamar,

this is king Kendrick Lamar,

King Kendrick and I meant it, my point intended is raw

Decíamos que existe una constante mezcla entre la narración en primera persona, y la narración en primera persona ficticia (si queremos llamarlo así). Al principio no sabes si es Kendrick quien habla de sí, otro/a que habla de (o hacia) Kendrick u otro/a que sencillamente aparece para agregar puntos de vista o contenido al concepto del álbum (excluyendo a las colaboraciones). No es la primera vez que un rapper adopta otras personalidades o abraza caracteres ficticios, pero nunca habíamos sido testigos de tantas complicaciones estéticas a tantos niveles. Contenido y forma se unen, se retuercen y se abrazan al servicio de una historia. Al final te queda la impresión de que estamos ante una tela de araña, llena de hilos que se entrecruzan aparentemente de forma desordenada para construir algo más resistente y consistente y cuya belleza total sólo puedes admirar desde la distancia.

Esto afecta no sólo a la estructura interna de cada tema, sino también a la estructura completa del LP. Su organización, o su lectura, no es lineal. La historia salta de un tema a otro, de un Kendrick niño, a otro adolescente, al Kendrick actual, del momento con Sherane al momento de la diversión y tristeza con los homies, a la actualidad representando Compton. Todo un collage de reminiscencias vanguardistas y técnicas avant-garde cinematograficas trasladadas al plano musical. Incluso se atreve a introducir un tema síntesis que recapitula lo ocurrido hasta ese momento (Money Trees), pero que también adelanta acontecimientos y deja pistas de vital importancia para entender el corpus del LP.

La narración se asemeja entonces a “Rayuela”, y Kendrick transmuta en una especie de Cortázar, dispuesto a despedazar la lógica interna de un disco y de un LP conceptual, para permutar en un caos ordenado que convierte el modo shuffle o aleatorio en nada más alejado del azar. Aunque es recomendable escuchar -al menos por primera vez- el disco de principio a fin, no es necesario seguir el orden para comprender o entender la historia que subyace, sino que además, la lectura aleatoria complementa y suma nuevas lecturas que se agregan a la propiamente lineal.

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