El rap de Toni Cantó

Seguramente en la lista de pecados de Toni Cantó, el mancillar un género musical como el rap figure bien enterrado. Y es que a este “actor” metido a “político” le ha tocado pedir perdón últimamente al estilo Juan Carlos unas cuantas veces. Si hiciésemos una lista de grupos sociales y su importancia, los raperos no sabemos que posición ocuparían, pero seguro que muy por debajo de las mujeres y los animales. Así que, como nadie va a decir “lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir”, será mejor hacer autocrítica. ¿Cómo es posible que algo que nos tomamos tan en serio, sea continuo objeto de mofa y escarnio? Veamos…

En primer lugar, hay que reconocer las cosas como son. Somos ridículos. No lo digo yo, lo dice la RAE: Ridículo: loc. adv. Expuesto a la burla o al menosprecio de las gentes, sea o no con razón justificada. Esto es impepinable. El rap en España está sometido a la burla y el menosprecio. Quizás cada vez menos. Pero lo está. ¿A quién no le ha dado un pelín de vergüenza reconocer en público que escucha rap? A tu jefe, a esa muchacha que te intentas ligar… Muchos diréis: a mí no me la da. Vale, nos alegramos por ti, por poder llevar una vida desenfadada. Pero sabemos que entre los que nuestros lectores, en las sombras, muchos habéis sufrido el bullyng musical. Estamos con vosotros…

Todavía recuerdo, con quince años, estar escuchando rap en mi casa, metido en mi mundo, en mi burbuja, haciendo gestitos. Darme la vuelta y ver la cara de mi madre. Esa mirada que transparentaba un pensamiento: ¿en qué nos hemos equivocado…? Yo creo que en nada, pero la sociedad no para de hacerme creer que sí. Si lo pienso, sólo se me ocurre otro genero musical que lleve tanta estopa por parte de humoristas de barra de bar e imitadores rancios. Y es todo lo que tiene que ver con el rock. No importa género o subgénero, es sonar una guitarra y saltar un gilipollas a mover la cabeza, hacer cuernos y a tocar la air-guitar. Pero esto pasa cada vez menos, aunque algún creativo escaso de ideas o de cocaína todavía se lanza a la piscina en anuncios de televisión.

Lo cierto es que la ya desaparecida clase media sigue ávida de estereotipos. Esto es algo que pasa desde la tragedia griega. Al común de los mortales le gusta sentarse a ver la televisión y desconectar. No le gustan los desafios. Para eso está el horario de oficina, los sudokus y las clases de spinning. Y ahí es donde entran en juego los estereotipos. Volvemos a la RAE: Imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable. Si queremos que el vecino del 5º se descojone, tendremos que hacerlo de algo que conozca todo el mundo. ¿Qué sentido tiene si no? Y vale, el rap es algo desconocido para la sociedad en general. Pero todo el mundo sabe que existe una música de negritos, con pistolas, que hacen gestos con las manos y van con los pantalones cagados. Música de negritos, blanco fácil. Qué irónico.

Tenemos, muy en parte, nuestra respuesta. Es como carnaval. Es fácil disfrazarse de indio con cuatro plumas. Y es fácil creerse conectado con la chavalería diciendo cosas que rimen sobre un supuesto ritmo. Pero la explicación no puede ser tan sencilla. Vale, el rap es algo simple en su concepción, bien definido en el imaginario colectivo y unido a las generaciones jóvenes. Esto podría explicar que, por ejemplo, en EE.UU. también se utilice el rap como chascarrillo fácil de vez en cuando. Pero las diferencias son abismales. Allí es una industria. Y se le trata con el respeto que se merece. Aquí, José Luis Moreno tiene la mano metido en el culo del rap. Y sólo somos marionetas.

Pero no podemos ser tan necios de pensar que el profe nos tiene manía. Es necesaria cierta autocrítica. O mucha autocrítica. La industria del rap en español no vale nada. No descubrimos nada nuevo. Pero quizás si lo repetimos mucho, acabe cambiando algo. ¿Qué maldito problema tiene el rap en España, entonces?

En España las cosas empezaron mal ya casi desde los inicios. A finales de los 80, pese a que la movida ya estaba muriendo, las ganas de reivindicar de las generaciones jóvenes seguían casi intactas. Cuando el rap entró en España, los mods todavía se zurraban con los rockers. Pero a diferencia de otros movimientos, con el rap hubo una particularidad. No entró aquí a través de Londres. Lo hizo casi directamente. En lo relativo al rap no se hizo la réplica EE.UU – UK – España. Por lo que costó mucho más que llegase a nuestro país. Así que si por aquel entonces era difícil tener un colega que te trajese una parka de su viaje, imagínate tener un amigo que te trajese vinilos de USA, o algún fanzine.

De primeras ya no nos pudimos enterar bien del todo de qué iba eso del rap. Y para terminar de arreglarlo, algún iluminado, en un momento en concreto, consiguió colar la versión oficial de que el rap era poesía. Y lo de los cuatro elementos. De que el rap no era música, que era algo más profundo. De golpe y porrazo, el rap en España le pasó algo parecido al movimiento beat: de una corriente artística se pasa a algo totalmente distinto: pintas feas y unos supuestos valores que jamás tuvo. Pero de todo esto han pasado ya muchos años. ¿Por qué las cosas no se han arreglado?

España no es EE.UU., Reino Unido o Francia. Aquí no hay mercado suficiente para determinadas cosas. En el mundo musical, o te devora el circo comercial, o no mereces ni ser escupido. O sales en los 40, u olvídate de vivir de esto. El pastel se lo llevaron cuatro en su momento, y por lo pronto son casi los mismos los que se lo siguen llevando. Así que sin apoyo de los medios generalistas, fue imposible transmitir una imagen distinta a la que corría de mente en mente. El rap en España sigue siendo cosa de negritos haciendo gestos, o cosa de cuatro chavales raros que hacen cosas muy extrañas, como escribir una canción usando solo una vocal. Sí, hubo intentos y buenos intentos de cambiar las cosas. Pero acabaron fracasando.

Con Internet surgió otra esperanza. Por fin había información, un medio en el que poder expresarse libremente, del que podían surgir sinergías. La cosa siguió creciendo. Herramientas, software y hardware. La gente con talento tenía a su alcance un canal para explotar. Y la cosa mejora. Pero seguimos igual. Quien merece vivir de esto, se muere de hambre. Hay mucha gente con auténtico talento y verdaderos trabajadores que reciben migajas. Por otra parte, quien no lo merece, se llena los bolsillos. Y Toni Cantó nos deleita con su rap, animándonos a alistarnos en la Marina.

¿Qué clase de pecados hemos cometido para que pese a tener todos los ingredientes, en España no salga nada bueno? Muchos. Como público somos unos ratas. No pagamos por nada. Como profesionales somos aún más ratas. Todo lo queremos gratis. El beat, el artwork, la fotografía. La profesionalidad brilla por su ausencia. ¿Cuántos rapers reciben clases de canto? La misma prisa que les quema por subir el vídeo al YouTube es la misma que les falta a la hora de estudiar teoría musical. Términos como el ROI, Marketing o Relaciones Públicas no le dicen nada a nadie. Los medios no se preocupan por transmitir conocimiento. Desprecian su enorme poder de influencia, dedicando espacio muy valioso a hacer entradas sobre mcs ridículos. Es más fácil destruir que construir. Todos nos hemos reído con Lorey Money. ¿Pero nos hemos planteado que las mismas personas que han dedicado su esfuerzo a aumentar el mal estereotipo del rap en España podrían haberlo usado en, precisamente, lo contrario?

Mientras que en EE.UU., por ejemplo, Jimmy Fallon, junto a Justin Timberlake, pare uno de los mejores sketches relacionados con el rap (lo tiene todo, homenaje, humor, respeto…), en España tenemos a Resines haciendo no sé sabe qué en la Gala de los Goya. Mientras en EE.UU. se ríen con el rap, aquí se ríen del rap. Quizás por eso, mientras allí viven del rap, aquí seguimos esperando.