Después de Mayo

No queremos un mundo en el que la garantía de no morir de hambre equivalga al riesgo de morir de aburrimiento. (Raoul Vaneigem – Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones)

 

Ellos lo sabían, dieron con la fórmula. Los grandes componentes que rigen nuestra vida pueden interrelacionarse sin despreciar los sueños y la ilusión por continuar.
Me parece fundamental evocar el espíritu situacionista y su consecuencia posterior, el mayo francés del 68, para exponer aquí el potencial que tiene el arte como valor principal para una toma de conciencia crítica del contexto de recesión y dificultades en todos los aspectos en el que nos encontramos, sin caer en panfletos, canciones donde prima la cantidad de información a la calidad de la emoción o caer en el recurso fácil del dogmatismo.
No es mi intención explicar el proceso social que se dio en Francia en el año 68 pero sí tomarlo como referencia de este texto donde me gustaría poner de relieve la dualidad contenido – forma que siempre se ha dado en la música y concretamente en el auge del panorama underground del rap en España (tampoco es mi deseo hablar sobre grupos y su origen porque se ha hecho en repetidas ocasiones).

Lo principal que se dio a finales de los sesenta fueron cuatro cosas: el malestar profundo de la sociedad francesa, la cultura de masas cada vez más en auge (música, cine, etc.), la sensibilidad por el arte y, lo fundamental, la juventud. Una juventud que se ve afectada directamente por la censura, la vulneración de derechos y libertades, y unas ganas por tener voz, unas ansias de que el mundo escuche lo que tenían que decir.

Pues bien, yo creo desde hace diez años venimos siendo testigos de estas ansias por cambiar el rumbo del género, nuestro mayo particular.
En el 2004 sale “Vintage” de Chirie Vegas y el cemento empieza solidificarse. Dos años después nace “Jóvenes bajo presión” de Elio Toffana y el telón se levanta totalmente.

La semilla empezaba a crecer. Se comenzó a creer que otra forma de hacer las cosas es posible, que los viejos parámetros estaban caducando, que existe una historia de la que somos parte y homenajearla de alguna manera, significaba crecer musical y emocionalmente. El sonido yankee, la cultura francesa, la jerga, las pintas, la métrica… la forma y el contenido empiezan a caminar juntos y nos damos cuenta de que existen historias pequeñitas o metáforas cercanas con las que nos podemos sentir mucho más identificados que con grandes relatos ingeniosos acompañados de rimas muy bien hechas.

 

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Muchos especialistas insisten en que los jóvenes parisinos en el 68 no querían transformar el mundo, querían transformar la vida. Muchas pintadas, iconos de la época, rezan cosas como “la acción no debe ser una reacción, sino una creación”,
“cambiar la vida, transformar la sociedad”, “olviden todo lo aprendido y comiencen a soñar”
, entre otras.

Yo creo que aquí se hizo algo parecido, se comenzó a soñar y se dejaron las reacciones atrás. Se empezó a crear de verdad y a asumir que el cambio en el rap tenía que llegar. Que el rap siempre fue subversivo y contestatario es un hecho. Pero es que además, se entendió que una canción no puede ser solamente un folleto político, porque aburre. Y esta sociedad ya no quería aburrirse, quería hablar de los problemas del barrio y las inquietudes de los chavales que soñaban en un parque, que querían transformar su vida. De ahí la importancia de Vintage y Jóvenes bajo presión.

Como digo, la cultura de masas es aquí un factor clave para la democratización del acceso a la música. El crecimiento imparable de las plataformas musicales en internet, la llegada de la comunicación instantánea y la normalización del rap por parte de gran sector de la población juvenil hace que se descubran nuevas maneras de escribir, producir, transmitir y conocer. Porque empezamos a conocer más, la gente empezó a buscar y a escuchar las raíces del género, a sentir y a aprender.
Todo esto sumado a una saturación de los grupos del momento así como la de sus discográficas (Zona Bruta, Rap Solo, Boa, SuperEgo, etc.) que en aquel momento hegemonizaban la mayoría de auriculares y repetían muchas veces la misma fórmula como un mantra infranqueable.

La cosa es que pasamos de lo macro a lo micro, pasamos a escuchar problemas y ambiciones donde, de alguna manera, todos éramos protagonistas, sin dejar a un lado el arte, sin dejar a un lado la vida.

Empezamos a pillar que la forma también es importante y esas ropas tan extravagantes que acompañaban esas canciones tan raras eran un conjunto que desprendían una identidad única que nunca se olvidaría.
Ralph Lauren, Lacoste, Airmax… Nadie lo entendía, pero el paso del tiempo hizo que además de entenderlo, lo supiesen apreciar. El ya conocido movimiento lo life, la estética francesa, el aire noventero, la cultura de las ambiciones de la gente de barrio (importante destacar películas referentes para el movimiento como “La Haine”, “Haz lo que debas”, “El precio del poder”, “Clockers”, entre otras) consiguió que la forma estuviese incluso por encima del contenido y enseñó que una buena canción es un conjunto de factores que tiene una historia detrás y plasmarla, no implica solamente tener una buena letra “original” con una historia completamente ajena a ti con rimas consonantes y pareados comprensibles para todos, sino que implica empatía, compenetración y sentimiento de que de verdad crees lo que estás diciendo.

Los grupos, las canciones y la música adquirieron una riqueza inaudita donde la originalidad, la rabia, las ganas de comerse el mundo y el desparpajo fueron seña de identidad de una generación que olvidaba todo lo aprendido para comenzar a soñar.

Por otro lado, los productores empezaron a disfrutar mucho más de su oficio y comenzaron a arriesgar. Como ya he dicho, la accesibilidad a material extranjero creció de tal manera que, con tan solo un click, podías a tener una biblioteca musical variadísima donde elegir samples y salir del estándar común que se escuchaba hasta ese momento. El soul y el funk predominaban en los beats que todos conocemos y ya no era necesario hacer un diggin’ exhaustivo para encontrar joyas diferentes con las que acolchonar las instrumentales. De hecho, actualmente la riqueza de las bibliotecas musicales es tal que podemos encontrar sonidos tan poco convencionales en el rap como el house, el chillout, indie, etc. que sorprendentemente casan perfectamente con las letras apropiadas para ello. Sonar fresco y luminoso es arriesgado pero engorda al género, y el arte lleva viviendo toda su historia de traspasar las barreras de lo establecido. Parece que eso, se comienza a comprender.

Una de las ideas principales con las que se construyó el alma del 68 fue la puesta en práctica de la autogestión. Tener una autonomía que te permitiese tomar decisiones sin estar sometido a entes superiores fue una máxima que ilusionó y funcionó.

 

Despues de Mayo 68

Aquí, empezaron a nacer los llamados home studios que dotaron de independencia  a los grupos para poder tomar decisiones y empezar a mover el resultado por las plataformas que se iban abriendo poco a poco y que además eran el mejor canal para darse a conocer. Ya no era necesario llevar tu música a nadie para que la aprobase y la moviese. La autonomía era evidente. Me lo hago yo mismo, con mis normas, mi forma y mi contenido y además, lo empiezo a difundir por donde yo quiero. El ejemplo paradigmático es el sello Ziontifik, que además de dar un golpe en la mesa demostrando que se puede mezclar ciencia, cine o literatura con el rap, pueden funcionar de forma autónoma con tanta profesionalidad. Claro que hay trabajo y mucho esfuerzo detrás pero también una apuesta absoluta por hacer las cosas de otro modo.

Así las cosas, el saco del “jip jap” empieza a no tener fondo y los complementos tan desconocidos pero tan enriquecedores empiezan a llegar y nos revelan que la música es sinónimo de libertad y que puedes hacer lo que te dé la gana siempre que lo hagas con pasión (o algo así decía Kurt Cobain). Ahí está el “5%” de MDE Click, eso que todavía muchos no comprenden. El revuelo y el cambio de visión de C. Tangana y su Agorazein, el enfoque arábico hardcore de la SDJ… Seguro que me dejo muchos, pero no se trata de enumerar.

Lo que trato de decir es que en el mes de mayo de 1968 ocurrió algo mágico, porque no solo se dio en Francia (aunque fue un emblema), se dio en México, en España, en Uruguay o en Checoslovaquia y lo más importante, se respiraba l’impossible, los jóvenes querían robar la felicidad y de alguna forma, lo consiguieron. Porque, ¿qué hay más subversivo que un grupo de personas conectadas por el faro del cambio, sin saberlo y actuar en consecuencia? Porque el cambio no se dirige y si se intenta hacerlo, a mí no me vale. Y eso pasó aquí. Los grupos nos demostraron otra forma de sentir y el tiempo les dio la razón.

La premisa es la libertad de forma y contenido. Claro. Pero creo que desmontar los viejos parámetros para empezar a ver belleza en lo sencillo es una tarea a veces difícil para el hombre moderno lleno de sobre-estimulación.
Hay veces en las que tenemos tanto que decir que lo mejor es decir lo menos posible. La capacidad de imaginar y de convertir una magnífica idea en conceptos asequibles a todos los oídos, a veces es difícil de encontrar. Hay veces en las que tanto virtuosismo instrumental hace que el contenido sea banal e incoloro. Hay veces en que la revolución la queremos hacer en el resto y no en nosotros mismos.
Hay veces en que los errores, si son nuevos, son bonitos.

Es cierto que la moda y las tendencias son un peligro para la proliferación de material similar en abundancia y que al final se cae otra vez en lo mismo de siempre, donde se prima la cantidad y la visibilidad, a la calidad y a la conciencia de por qué hacemos lo que hacemos. Pero al final, o te llega o no te llega lo que escuchas. Y da igual cómo. Así que arriesgar y demostrar que podemos salirnos de la carretera principal para encontrar vías diferentes con las que llegar al mismo destino, que no es otro que la de activar nuestro cerebro y nuestras sensaciones, es enriquecedor a todas luces y en un mundo donde el ego ha jugado un papel histórico fundamental, ampliar nuestras fronteras y perspectivas es digno de apreciar.

Texto por Luis Suyana