Despot, el genio egoísta

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José Luis de Villalonga escribía por el simple hecho de vivir muy bien. No es este el caso de Despot, el rapper que pudo ser pero no fue. Recuerda más a un malabarista carioca que sabedor de su exagerado talento se planta de palomero y corre lo justo, pero a la vez suficiente, para ganar el partido. Y es que si hay algo peor que prostituir el talento para poder comer, es malgastar la magia por pereza.

En cualquier representación artística se puede vender el soporte, la materialización, pero en el fondo el arte se regala. Por eso cuesta tanto regular en materia de derechos intelectuales. La misma razón por la que duele tanto cuando alguien nos priva de disfrutar de sus creaciones por puro egoísmo.

Despot es de esa clase de mcs: egoístas. Oriundo de Nueva York. Más en concreto de Queens. Ligado en cierta manera a a la atemporal Smart Crew y Lo-Life. Musical y personalmente relacionado con nombres como Das Racist, El-P, Mr. Muthafuckin’ eXquire, Mayhem Lauren o Action Bronson.

El pelirrojo nos gusta porque es como nosotros. El dos de enero promete apuntarse al gimnasio y el día 31 de diciembre acaba arrastrando sus penas. Sólo así se explica que en 2004 firmase por Definitive Jux y desde entonces haya protagonizado un total de ningún proyecto de larga, mediana o ínfima duración.

Es tanta la ironía de la carrera de Despot que ha conseguido que el grupo con el que iba –ya hablamos en pasado, ya tendremos tiempo de rectificar- a sacar su álbum –Ratatat– haya pasado de ser un “¡Díos mío, con Ratatat” a “¿Ratatat? Ah, sí…”. Tiene ese mérito. Y el de que da, independientemente de la fecha, siempre responda con “el año que viene” cuando se le pregunta sobre su próximo (y primer) disco.

La carrera de Despot parece estar marcada por ese sino que describe a las personas que simplemente están en donde hay que estar. Además de rapear bien, como ha demostrado en las escasas veces que le apetece, su mayor virtud es molar. Además de cómo poseedor de Polo y amigo de quien hay que ser amigo, como co-propietario de uno de los locales nocturnos más famosos de Nueva York: Santos Party House. En donde, por ejemplo, se celebraban las ‘The Rap Parties’ junto a Noisey, gracias a las cuales lo más selecto del rap se paseó por el garito.

A Despot podemos calificarlo como peculiar. Aunque sólo sea por el hecho de que una de las últimas noticias que ha protagonizado es un reportaje sobre su colección de bienes de Unabomber, conseguidos en una subasta del FBI. El terrorista que atentaba con sobres bomba desde una cabaña perdida en medio de la nada.

En 2012 PitchforkTV entrevistó a Despot y El-P en ‘Selector’, en directo desde el ahora descansando en paz 5-Pointz, y el minuto exacto que el primero habló delante de las cámaras deja claro cuál es su actitud respecto al mundo de la música: una persona que visita a The Alchemist, se graba un par de temas con él. Pero solo por diversión, jamás con la intención de publicar siquiera un EP.

Cuando escuchamos algunos de los pocos temas que nos deja, como House full of bricks, encontramos trazos del genio que creemos que Despot es. Un mc que refleja en su música la misma mezcla que se da en su discoteca. Y capaz de utilizar el cuento de los tres cerditos como metáfora de montar un imperio de la droga.

Sin embargo, él mismo reconoce que de genio no tiene demasiado. Más bien es una persona perezosa que si todavía no ha sacado disco es porque apenas alcance a escribir dieciséis barras al año. Y es tan humano que si sigue ligado de alguna forma al rap es porque siente cierta envidia –entendemos que sana- de ver cómo gente como Heems vive del rap y él no.

Y es que Despot no vive del rap –aunque eso no signifique que pase apuros económicos- pero vive el rap. Presente en discos como ‘Sit Down, Man’, ‘Relax’ o ‘Lost in Translation’. Y con una plaza en el Run the jewels tour. Bastante para quien apenas se pone delante de un micrófono.

Quien sólo escribe para mantener un buen ritmo de vida puede ser un golfo, un caradura o un vendido. Pero aunque sea poco moral, a ese que prostituye su creación jamás podremos acusarle de privarnos de lo suyo. Pero Despot es la peor de la clase de artistas. Aquella tan ruin que no nos da más porque simplemente no lo necesita. Lo repetimos: Despot es el mc más egoísta que existe actualmente.

Irónicamente, en una entrevista realizada en 2004 Despot cerraba el cuestionario diciendo “por favor, rap, espera por mí”. Le hemos hecho tanto caso que todavía seguimos esperando. Y esperaremos. En eso estamos.