Deeper: una historia milenaria contada en imágenes

Un día alguien me contó que Sartre le confesó a Simone de Beauvoir: “el pecado habría sido no besarnos”. Nunca he logrado atribuir esta cita a ninguno de los dos. Pero sin duda, en algún lugar de Gary (Indiana), Freddie Gibbs seguro le ha cantado al productor más prolífico de Stones Throw, “el pecado habría sido no sacar un disco juntos”.

Y es que MadGibbs ha logrado una sintonía al crear música que pocos pensamos que se podría dar. Y una vez superada la sorpresa inicial aparece en escena un tercer elemento. Como si se abre la ventana y te encuentras al amante de tu mujer como ESE lo trajo al mundo. Y en vez de enfadarte o coger una escopeta y armar una tragedia digna de las Hurdes, lo aceptas decidido a demostrar que tres no son multitud.

Ese amante no es otro que Jonah Schwartz. Con un estilo simple y unas fórmulas ABC (que si un travelling, que si un poco de slow motion, que si el mismo estilo de fotografía) ha logrado poner imágenes a la boda creativa del rapero y el beatmaker.

Es tan fácil grabar un vídeo de rap como explotar un tópico. Las decisiones más sesudas a las que se puede enfrentar un realizador son ‘¿billetes de 500 o de 1.000?’, ‘¿Ciroc o Cristal?’, ‘¿Rubia o morena?’. Muéstrate naif delante de las cámaras y haz visible tu ostentoso estilo de vida y tendrás un viral auspiciado por Vevo.

No es que Freddie Gibbs haya inventado nada en sus letras ni que Madlib deje de hacer lo que sabe hacer. Pero lo que es grandioso es que con los tres singles de Piñata han logrado hacer una trilogía que ha convertido tres canciones de rap en una banda sonora.

Esta definición no es propia. Ha sido el propio Gangsta Gibbs el que ha definido su disco como un film Blaxploitation en vinilo, en el que se muestra tal, sincero, con sus múltiples errores pero sin arrepentimientos. Ante esto, Schwartz lo tenía muy complicado: no ensuciar uno de los mejores discos de rap de los últimos años. Y convertir en una película algo que ya es una película.

En realidad, la historia tras MadGibbs no es más que una historia corriente. Una introducción, un nudo y un desenlace. Sólo que en un escenario que a muchos nos resulta lejano. Pero a la vez dolorosamente cercano.

Todos los clips de Pinata aparecidos hasta el momento nos relatan historias de hombres extraordinarios. Porque lo ordinario es ir al trabajo, estudiar para un examen, pasear. Lo que va más allá de lo ordinario es limpiar un subfusil, asesinar a una persona por droga, pasar cinco años en la cárcel del condado.

Schwartz coge estas historias que nunca terminamos de creernos y las traduce al lenguaje cotidiano. Al de ese currito que vuelve del trabajo y se encuentro a su mujer con otro. Al de esa camarera que estudia por las noches para intentar una vida mejor. O simplemente a quien, buscando a alguien que la quiera, se escapa del sol odiándose un poco más a sí misma. Esos 20 segundos finales en los que no importa lo que se nos haya contado antes: todo se reduce a historias milenarias.

 Thuggin – El pecado

Así es la vida que rodea a Gibbs y así nos lo cuenta Schwartz. Un ruido en las escaleras, un segundo y un AK47 apuntándonos al entrecejo. Another day, another dollar. Seguramente muchos no nos creamos lo que nos cuenta este mc pero en la misma casa en la que guarda amontonadas armas tiene su estudio de grabación: teletrabajo.

Shame – El amor nos hará libres

O el amor como cualquier otra transacción. Da igual las caras, el resultado es el mismo. Ellas quieren algo de Gibbs y Gibbs quiere algo de ellas. BJ dice que no tiene porque ser un walk of shame, pero mientras las acompañamos hacia el portal, sentimos el peso de esa vergüenza.

Deeper – La penitencia

En el pecado va la penitencia y cinco años después todo ha cambiado y todo sigue igual. Sólo que en este caso ella no era una más pero el trato era el mismo. Los hombres han de tomar decisiones y a la salida del barbero le reviento. Mejor no. Fast Backward y ni le miro porque la quiero a ella y ella le quiere a él. Pero al final, todo vuelve siempre. Time is a flat circle.

Gracias Gibbs por escribir nuestro epitafio, gracias Madlib por poner la fanfarria, gracias Scwartchz por abrirnos los ojos.