Crónica: Bonobo y su The North Borders en Londres

Texto por Dj Manué.

El pasado sábado 23 de noviembre, Bonobo clausuró en Londres la gira de presentación de su último disco, “The North Borders”. Crypta Magazine estuvo ahí, y hoy te traemos una pequeña crónica de lo que pudimos ver.

La sala elegida para este fin de gira fue el O2 Academy de Brixton, antiguo barrio jamaicano donde hoy conviven sus habitantes originales con gente venida de todas las esquinas del mundo y un número creciente de gafapastas. Una especie de Lavapiés londinense, para entendernos.  La sala es digna de ser vista: con una capacidad de casi 5.000 personas, contiene –según nos enteramos en su web- el escenario fijo más grande de Europa, con una decoración que imita el exterior de un teatro romano. El sonido no le fue a la zaga, y fue en todo momento impecable, con bajos muy potentes y agudos claros y definidos.

El concierto comenzó con Hiatus Kaiyote de teloneros. Nadie conseguimos explicarnos qué hacía ahí una tía con gafas de bucear sobre un gorro de pelo, cantando con una especie de gritos raros y tocando de pena una guitarra. Totalmente prescindible. A continuación Flaco, un productor que no conocía, hizo un live set muy interesante en el que, como particularidad, grababa las voces, modificaba y loopeaba en el momento, encajándolas perfectamente con el resto de los sonidos. Comenzó muy tranquilo, casi como sonidos ambientales, y a lo largo de algo más de media hora fue subiendo de intensidad hasta llegar a una especie de house relajado. Perfecto para calentar el ambiente.

Cuando se apagaron las luces el público quedó en silencio. Y cuando el primer acorde de Cirrus sonó, la sala entera aplaudió gustosa dejando claro quién era la estrella de la noche.

En esta primera parte del concierto Simon Green actuó en solitario, con la ayuda de lo que parecía un MPC, una loopstation, unos cuantos pedales de bajo y una batería electrónica, todo puesto en fila asemejando el setup clásico de DJ. De esta manera fue añadiendo y manipulando las capas de sonido que caracterizan sus canciones, disparando samples y efectos y, en general, haciendo una especie de Live Set en el que el que pasó suavemente de Cyrrus a Saphhire, otro de los temas de su último trabajo. El sonido fue muy bueno y los temas estaban claramente orientados al baile, sonando más contundentes y animados que en su último disco.

Tras esta presentación, Szjederne salió al escenario y juntos interpretaron Towers. Para Stay The Same, Bonobo cogió el bajo, y se unió un guitarra, teclista y batería. La sorpresa del público cuando Andreya Triana (de la que comentamos aquí su primer disco hace unos meses) saltó al escenario fue mayúscula y muy celebrada, haciendo de este tema uno de los más emotivos.

Simon Green no tenía intención de dejar que el ambiente decayera lo más mínimo, y tras despedir a Andreya incorporó a un cuarteto de cuerda y una sección de vientos, conformando así la banda que le acompañaría el resto de la noche: 10 músicos de altísima calidad que interpretaron el resto del North Borders y la mayoría del “Black Sands” en vivo, incorporando además un sampler y baterías electrónicas. Esa fue para mi quizá la mayor sorpresa, ya que en la gira anterior –cuyo formato pensé que imitaría- Bonobo se “limitó” a tocar el bajo en la mayoría de sus temas, mientras aquí jugó muchísimo con la electrónica. Aunque en el disco de estudio quizá abuse de la tecnología, lo cierto es que en directo los temas funcionaron realmente bien.

Dicho y hecho, la sección de cuerda subió al escenario, tocó los primeros acordes de Kiara, y la sala estalló. Uno que viene del rap en España no está acostumbrado a estas cosas, y la música que le gusta la ve más en conciertos de 100 personas que de 5.000, así que la sensación podéis imaginarla: los pelos como escarpias al ver una de las salas más grandes de Europa voverse loca tras oír diez segundos de una de mis canciones favoritas.

En este punto la cosa se volvió a convertir un poco en un live set, y Ten Tigers, Kong, Ketto y Emkay sonaron casi sin interrupción. Los músicos aparecían y desaparecían según se les necesitara, mientas Simon cambiaba del sampler al bajo o tocaba este con tapping para disparar sonidos con la mano libre. La intensidad subió, y con un acertado juego de luces por momentos dio la sensación de estar más en una macrodiscoteca que en un concierto al uso. La diferencia es que aquí la gente no iba puesta ni eran las seis de la mañana, sino que a las diez de la noche no hizo falta nada más que buena música para que todo el mundo se dejara las zapatillas.

Tras un pequeño parón para recuperar el aliento del público y presentar la banda, Szjerdene reemplazó a Grey Reverend interpretando el First Fires con el que se abre el North Borders.  De ahí pasó a Jets, el Nightlite de Black Sands, Recurring del “Days to Come”, y un We Could Forever donde el saxofonista / clarinete / flautista de la banda hizo uno de los mejores solos de la noche.

El siguiente tema, El Toro, es uno de mis favoritos del Black Sands, y en directo fue quizá el mejor de la noche. Tras comenzar de manera idéntica a la versión del disco, los músicos se fueron retirando del escenario uno a uno hasta que el batería se quedó solo, en un solo (valga la redundancia) increíble. A continuación el saxo se le unió y hicieron un buen dúo, tras el que la banda al completo volviera y  finalizara el tema. Tras esta subida tocó un poco de relajación, y Transits fue la elegida. Todo terminó con un Know You en una versión casi tecno, un espectáculo de luz y sonido increíble, donde la banda se despidió y también Bonobo después de agradecer al público su asistencia y apoyo.

Para el bis esperaba otro de los mejores momentos del concierto. Andreya Triana volvió al escenario para interpretar The Keeper (analizado en el OG del domingo pasado) y Cornelia cerró el concierto con Pieces, de la misma manera que cierra el The North Borders.  Una hora y media resultó ser la duración perfecta del que ha sido para mi el concierto más especial del 2013.