Creators #01: RZA

No me excederé en la presentación de esta nueva sección. El Súper A.M.O.R. que profesamos en CryptaMag hacía los beatmakers es evidente, tan evidente como que tarde o temprano tenía que llegar una sección como ésta a nuestra Ciencia. La Wu-Week nos brindaba la oportunidad perfecta, RZA, porque los grandes beatmakers y/o productores se distinguen por tener personalidad, un estilo bien sea en el resultado final o en la estructura, una identidad. Dejando las cuestiones burocráticas aparte, RZA es la pieza imprescindible en el sonido Wu-Tang. Ese sello destilado de innumerables influencias que iremos desgranando (el soul, el jazz, las bandas sonoras, otros beatmakers, la tecnología…) fue determinante para que Wu-Tang consiguiera una identidad instrumental que respaldara la propia identidad intransferible del grupo, y la de cada uno de sus miembros. Los beats que la hierba canalizaba desde los rincones oscuros de la mente de Robert Diggs estuvieron muy presentes durante la fase de desarrollo de Wu-Tang, incluidos los primeros discos en solitario de algunos de sus miembros. Bienvenidos a esta nueva sección dedicada al beatmaking.

 

Robbert Diggs

Nació el 5 de Julio de 1969 en Brooklyn, Nueva York. Creció a medio paso entre las residencias de su tío en North Carolina, su madre en Ohio y su padre en Pennsylvania. Como prácticamente casi todo chico negro americano barriobajero de aquella época, Robert creció escuchando soul y funk de los ’60 y ’70, entrando en contacto desde pequeño con las raíces de la música negra, y por tanto de la cultura afroamericana, lo que más se expandió a otras facetas de su vida como la pertenencia a los Five Percenters. Aparte de en su desarrollo personal, como es obvio este contacto se vio más tarde reflejado tanto en sus fuentes de samples (como demuestran los recopilatorios de finales de los ’90 “Shaolin Soul” (Delabel) o los más recientes “The Kings of Funk” con Keb Darge lanzados por Rapster Records) como en su estructura compositiva. No sería raro que artistas tan recurrentes para él como Willie Mitchel, Syl Johnson o Rufus sonasen en su entorno. Cuando tenía siete años, de camino a visitar a su abuela en State Island, su primo Gary Grice (mundialmente conocido como GZA) le propuso acompañarle después a una blockparty que se celebraba en el barrio. Aquello le impactó: la música que pinchaba Dj Jones, la forma de vestir de esos negros, el ambiente… Sintió que allí había encontrado parte de él, y desde entonces cruzó junto a su primo y compañía los boros de Nueva York, desde Brooklyn al Soundview del South Bronx, relacionándose con gente del rollo de todos los barrios para aumentar su contacto con aquel movimiento. Dos años después de aquella primera blockparty se vio con la soltura y la confianza para empezar a participar en las clásicas batallas que marcaron los inicios de la movida. Como todo iniciado en la materia, Robert no sólo se ciñó a una disciplina. Tageaba como Razor, hacía sus pinitos en el sintasol, y su curiosidad por los platos le llevó a sus primeros trabajos como repartir periódicos en Verazzano Narrows Bridge para poder pagarlos. En 1982, con trece años, Robert ya contaba con dos Technics SL-6, una caja de ecos, y otra de ritmos. Empezaba a despertar el monstruo.

1 – Syl Johnson / 2 – 01 Verazzano Bridge / 3 – Willie Mitchell / 4 – Soundville South Bronx / 5 – Technics SL6

RZA

Su alias con la tinta le llevó a ser conocido como The Reisa, pero por aquella época Robert no sólo se estaba introduciendo en el hip-hop. Ese mismo 1982, y tras un año de introducción en el islam y la Nation of Gods And Earths por parte de, como no, su primo GZA, Robert cruzaba el barrio para demostrar que conocía de memoria las 120 lecciones. Como ya hemos repasado por aquí, la “Z” en el Alfabeto Supremo es Zig-Zag-Zig, el camino entre el conocimiento, la sabiduría y la comprensión, lo que hizo que el alias de Robert pasara a de ser The Razor a ser definitivamente RZA, Ruler Zig-Zag-Zig Allah. Entonces la vida de Robert cambió, venía de una época un tanto confusa y negativa, y la incursión poco a poco en el juego y el islam supusieron un punto de inflexión, una nueva concepción de su vida. Su interés por los cacharros crecía, y la relación con otros dj’s y beatmakers como Dr. Rock, RNS, o Prince Paul, le permitía experimentar con sus máquinas en busca del aparato perfecto que le permitiera encontrar su sonido. Como todo mc falto de productor, RZA empezó a hacer ritmos porque quería un sonido que ninguno de los beatmakers que conocía le podía dar. Así es cómo entro en contacto con todas las cajas Roland desde la 606 a la 909, con el Casio CZ-101 o el RZ-1, con la SP-1200, o con el Ensoniq EPS, el sampler que influenciaría gran parte del sonido de principio de su carrera, empezando por el “Enter The Wu-Tang (36 Chambers)”. Su pasión por los aparatos, y la necesidad de ampliar su colección para explorar nuevos campos, empezó a despertar en RZA una adicción enfermiza. Poco después se haría con la nueva versión del EPS, el 16-Plus que conseguía deformaciones más largas del sample al tener 16 bit, lo que le permitía conseguir un sonido más sucio, con menos calidad.

“Years later, I heard people call it lo-fi, but I just thought it sounded more ghetto”.

                                                                                                                                                            RZA

1 – Casio CZ-101 / 2 -Ensoniq ASR-10 / 3 – Casio RZ-1 / 4 – Ensoniq EPS 16-Plus / 5 – Roland 606 / 7 – Roland 707 / 8 – Roland 808 / 9 – 909

 

Este aparato fue clave para que RZA contactara con su parte oscura. Esa nueva deformación sonora que el Ensoniq EPS 16-Plus le permitía sacar a las muestras acabó marcando gran parte de su carrera, y desarrollando uno de su estilos (no solo los rapeos se acabarían asociando con las artes marciales) que aún a día de hoy no abandona. Otra herramienta trascendental en su carrera fue el ASR-10, también de Ensoniq. Esta nueva herramienta le abrió nuevos campos al permitir la reproducción del beat que estabas haciendo mientras lo trabajabas. Además incluía 50 efectos, que no usó sólo para las producciones, sino que también le sirvieron para alguna toma de voz. Con el paso del tiempo la enfermedad de RZA crecía, Clavia Nord Lead, Fantom, Kurzweil… Una bolsón de tical, tiempo libre, imaginación, una influencia muy marcada desde la infancia de los comics y las matemáticas… Y así nació Bobby Digital, uno de sus alter egos más famosos, y no mí preferido precisamente. Según RZA (o su fumada), Bobby es su conversión en superhéroe dentro de la vida real, inspirado en Moon Knight y otros héroes que lo eran aun careciendo de poderes. La aventura dio para tres álbumes: “In Stereo” (1998 – Gee Street), “Digital Bullet” y “Digi Snacks” (2001 y 2008 – Koch Records) y para un intento de película que creo que se quedó en nada.

Del Lo-Fi al Hi-Tech

Aunque como he comentado, la trilogía de Bobby Digital no es de mi especial agrado, si merece mi simpatía por una sencilla razón: es una buena representación de la forma en que ha evolucionado la carrera de RZA. Su personalidad empezó como algo oscuro, desenterrado de algún túnel profundo que vinculara dos estaciones de Metro, de una sociedad afroamericana relegada a la supervivencia en los barrios bajos, o de un sótano de algún videoclub neoyorkino de Serie B con una cubeta de OST’s. Su, por aquel entonces, falta de conocimiento musical y esa pasión por el sonido sucio en ocasiones asociado con la mala calidad (pero íntimamente ligado a su personalidad) le convirtieron en un productor de referencia para los mc’s y grupos crudos de la escena. A parte de los propios Wu-Gambinos, desde los principales del clan a los afiliados (LA the Darkman, Killah Priest, Cappadona, Prodigal Sunn…) se podrían sumar a la lista Cypress Hill, su proyecto paralelo Gravediggaz, Dog Eat Dog, Sunz of Man o figuras con más renombre como Biggie, AZ o Big Pun. No obstante, cierto es que la mayoría de sus producciones acababan en el entorno Wu, pero a pesar de ello durante lo que resto de década de los ’90 y principios de los 2000 era habitual ver el nombre de RZA en decenas de discos que salían al mercado. Paralelamente, la creatividad de RZA exigía más conocimientos. Empezaba a dar clases de solfeo, aprendía a tocar varios instrumentos, había metido ya su hocico en el negocio musical cinematográfico desde hacía tiempo… Y eso se notó en su música, y en la unión con artistas más allá del rap como Björk, Texas, Massive Attack o The Black Keys, además de trabajar como co-productor o productor externo con gente como Kanye West. Su música pasó de aquel lo-fi primitivo, muy personal para la época, y por qué no decirlo a veces hasta cantoso (hay ritmos tan sencillos y carentes de buena mezcla que no hay por dónde pillarlos) a un sonido más orgánico, limpio y melódico gracias al uso de instrumentación real, como en “Digi Snacks”. En cierta parte no es más que el desarrollo lógico de alguien lleno de inquietudes, y que cree ciegamente en la superación y la expansión como camino de desarrollo personal. Algunos preferirán este nuevo sonido, aunque me temo que la mayoría de los reunidos en esta Wu-Week seguimos prendados de aquel sonido del Ruler sucio que seguramente no vuelva salvo raras excepciones, puede que el cine rente más.

PD: Si te faltan vínculos a cortes… que no cunda el pánico, eso lo dejamos para mañana…