Comprender el afrofuturismo para comprender a Shabazz Palaces

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En un momento de ‘Space is the Place’, cuando Sun Ra visita un centro para la juventud afroamericana, una mujer le pregunta: ‘¿Cómo sabemos que no eres solo un viejo hippie?.

Él contesta:

‘¿Cómo sabes que soy real? No soy real. Soy como tu. Tu no existes en esta sociedad. Si lo hicieras, tu gente no estaría reclamando igualdad. Tu no eres real. […] Vengo hasta ti como “el mito”, porque es lo que es la gente negra. Vengo de un sueño que un hombre negro tuvo una vez hace mucho tiempo’

En su explicación, Sun Ra revela prácticamente todos los secretos y características de su cosmología y discurso filosófico: la suya es otra realidad, desde la que ha llegado para salvar a la raza negra de su hostil entorno en la Tierra, pero no lo hace exigiendo ningún derecho, sino fomentando la reterritorialización de la comunidad recurriendo al mito del espacio exterior.

Para Sun Ra, ‘mito’ es un término que se corresponde con una ‘forma de sabiduría’ o más apropiadamente: un ‘medio para comprender’.

Sun Ra elaboró una gran metáfora para describir la situación de su comunidad en el contexto que vivió y situarse al margen de ella simultáneamente: él se elevó en una dimensión mitológica propia, era un emisario de Saturno y su mensaje no reclamaba nada, pero tampoco lo criticaba, simplemente rechazaba de forma discursiva cualquier rasgo que le vinculara con su propia raza.

Sun Ra no creía en Dios. Tampoco era católico. No predicaba el acudir a la iglesia o rezar. No es góspel, ni soul. En su forma de actuar no existe dramatismo, se sustituyó por fabulación.

Contradice de forma nativa a la gran mayoría de intelectuales y artistas de su tiempo porque no busca ninguna victoria, simplemente se sitúa en otra perspectiva espacio-temporal con sus propias herramientas teatrales.

En ocasiones, se dibuja a Sun Ra como antagonista natural de Duke Ellington, y queda suficientemente claro que no solo por su revolucionario “concepto” de orquesta comunal.

En el tratado más importante sobre el afrofuturismo ligado a las expresiones artísticas y musicales, ‘More Brilliant than the Sun: Adventures in Sonic Fiction’ (1998), escrito por el fundador del Otolith Group, Kwodo Eshun, se escribe:

‘Sun Ra se identifica con los faraones, los déspotas, los opresores antiguos”. “No es parte de la raza negra, no es parte de América, él ha ido por otro camino’

En el capítulo del libro ‘Synthesizing The Omniverse’, el británico sienta las bases de la revolución de Sun Ra en su ‘oposición’ a la ética cristiana conectada con la raza negra; lo describe como un pagano que generó una fantasía paralela como una forma de ‘escapar’ del sistema de segregación y supremacía blanca.

Su raza era una raza del ‘espacio’, ‘cósmica’, a la vez que ‘antigua’, ‘ancestral’ y ‘mítica’. Su demanda estaba por encima de las de cualquier activista de su tiempo. Su representación demostraba el camino hacia algo ‘radicalmente diferente’ lejos de la mera aceptación en Estados Unidos.

Buscaba algo diferente y él se mostraba convencidamente diferente. La suya era lo que denominaba the race of space. Hasta para uno de los intelectuales negros más respetados de la misma época (que además compartió contexto con Sun Ra en los 60 dentro del colectivo poético Umbra), Amiri Baraka, Sun Ra ‘gravitaba una órbita distinta a la de todos sus iguales, era de un color distinto al negro.

El músico y teórico, de nombre original Sonny Blount, rompió con cualquier convencionalismo ligado al arte negro a partir de los años 50 y 60, utilizando la mitología y a él como médium para alcanzar la ‘libertad’: trazar un camino alternativo que pudiera representar social y culturalmente a la comunidad afroamericana.

Lo hizo utilizando una mezcla de cultura negra, tecnología, liberación, misticismo e imaginación, argumentos suficientes para considerarlo el primer eslabón del afrofuturismo décadas antes de que el término fuera bautizado por Mark Dery en 1994.

Afrofuturismo como movimiento que pueda englobar todo lo ocurrido después de Sun Ra no hace referencia a ninguna ‘celebración’, sino marca el comienzo de una extensión intelectual propia para las propuestas artísticas venidas desde esta comunidad. Por esta razón Sun Ra es el antepasado directo de Funkadelic o Drexciya, a pesar de no compartir a simple vista nada con el techno o con Detroit:

‘Drexciya es el subcontinente en el que habitan los hijos nonatos de las madres embarazadas provenientes de África que fueron lanzadas por la borda por los navíos que transportaban esclavos a Estados Unidos’

Drexciya, proyecto generado por Gerald Donald y James Stinson en Detroit, imaginaron una ficción basada en el ‘Atlántico Negro’ de Paul Gilroy: una representación del espacio cultural e intelectual de la diáspora negra, incluyendo América, África, el Caribe o el Reino Unido, donde se traza la expansión de la raza y al mismo tiempo se critica el modelo capitalista y la esclavitud. ‘El Atlántico negro es una forma de contracultura’.

Exactamente igual con nuevos elementos: una mitología que escogieron sus creadores para retratar su situación en Estados Unidos. Afrofuturismo traza un dibujo entre diferentes ficciones y singularidades, es un linaje conectado por la fantasía y la metáfora que también incluye a RAMM:ΣLL:ZΣΣ o Shabazz Palaces.

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GENEALOGÍA AFROFUTURISTA

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Para comprender Shabazz Palaces debemos comprender el afrofuturismo. Para comprender los objetivos de contar la historia de Quazarz, debemos comprender el afrofuturismo. Para comprender a Shabazz Palaces hay que comprender primero a Sun Ra.

Ishmael “Butterfly” Butler dio forma a su primera historia de reafirmación cuando Digable Planets debutaron su primer single: “Cool Like Dat” se convirtió en un modus operandi, una frase antecesora del ‘swag’ de Odd Future utilizada como forma de representación propia, tanto estética como social.

En aquel trío de Nueva York estaba presente el jazz como raíz musical, pero sus letras no se movían del suelo. Únicamente levitaron por encima de sí mismas para soñar con un futuro mejor en alguna rara ocasión.

Casi dos décadas después de aquel éxito, Butler surgió a la cabeza de un proyecto ‘radicalmente’ distinto: uno libre en cuanto a asociaciones musicales y conceptuales, con una narrativa cruda y metafórica, con una imagen llena de símbolos antiguos reinterpretados, con un conjuro en su voz que hacía recordar a Kool Keith.

Butler, ahora convertido en Palaceer Lazaro, sonaba como un alienígena sumergido en una metarealidad sin comienzo, sin final y sin explicación. Un escenario sin necesidad de justificación.

Sonaba con la densidad de Def Jux, US Pros o Company Flow, sobre los trazos de un upgrade de Antipop Consortium y una versión perfeccionada de su proyecto antecedente, Cherrywine.

Brotaba envuelto en incógnitas, transmutaciones de vocabulario, reasignación de términos medievales y referencias musulmanas (la más importante en su nombre, directamente a la Nación del Islam y la tribu Shabazz) y cosmológicas. Envuelto en su propia ciencia ficción donde se ataca al sistema mediante lírica compleja y con diversas lecturas, tal y como lo hacía la poesía y manifestaciones de Sun Ra.

Una brecha dimensional, un camino único con diferentes capítulos musicales capaz de servir para representar la situación de la raza negra en el presente. Así se muestran y funcionan Shabazz Palaces como uno de los últimos acontecimientos afrofuturistas conocidos.

La intención del proyecto es más narrativa que musical o sonora: su enfoque principal es contar metáforas a través de canciones y álbumes, plantear fábulas como la de Quazarz utilizando raras estructuras compositivas y no preocupándose por los efectos estéticos del producto final.

En el proyecto, en esos ‘dos gemelos espaciales’ (“Quazarz: Born on a Gangster Star” y “Quazarz vs. The Jealous Machines”), se analiza el presente azotando el mundo que nos rodea y en concreto al que acompaña a los afroamericanos: frases, menciones o títulos como Love in the time of Kanye, Migosphere o Drake world no son más que alegorías al actual momentum del hip-hop.

Pero se hace recurriendo a la mitología y la fantasía: aislando las problemáticas tecnológicas y sociales de nuestra actual humanidad situándolas en el universo Quazarz. La música, los tambores, los samples, los vibráfonos, la psicodelia, los sintetizadores son meros instrumentos para articular una historia que presenta a Quazarz como ‘médium para comprendernos a nosotros mismos’.

Una historia de tintes mitológicos que vertebra toda una crítica global. Una ficción que sostiene una conducta política que se traslada hasta nosotros como si unos contemporáneos The Disposable Heroes of Hypocrisy hubieran sido enviados a la Tierra desde una constelación lejana.

Musicalmente hablando esquivan la accesibilidad a la que se acercaron inconscientemente en “Black Up”, el álbum que les confirmó y aisló al mismo tiempo del espectro hip-hop común. Siguen la línea intrincada y no confortable de “Lese Majesty”, el predecesor de esta historia en dos volúmenes, editado en 2014.

Shabazz Palaces tienen su propio dialecto artístico, aunque hablen en un idioma conocido y utilicen herramientas musicales familiares. Se encuentran al margen. No son rap, no son música. No tienen rostro. Su rostro es el de sus historias. Y el ‘universo Quazarz’ es su cuento mejor elaborado y el que mejor representa su genealogía afrofuturista.

Porque se utiliza un mito, una invención, una presencia extraterrestre para explicar nuestras averías y nuestras preocupaciones, nuestras virtudes y nuestra extraña relación con la realidad. Así como catalogar a Sun Ra como un músico de jazz de vanguardia es quedarse en la superficie, catalogar como acto hip-hop a Shabazz Palaces es quedarse corto.

Texto por Frankie Pizá

Compra tus entradas para el concierto de Shabazz Palaces el 1 de Noviembre en Madrid (Sala El Sol), como parte del Ciclo 981 Heritage de SON Estrella Galicia.

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