Collectors: Una historia de Navidad

ardilla

Como ya comenté en la intro del primer Collectors, siempre ando con mil ojos, mirando por todas partes a ver que curiosidades me encuentro relacionadas con el mundo del rap o con otras frikadas que me molan, y en estas fechas además tengo la excusa perfecta para auto-convencerme de vacíar mis bolsillos, así que mi radar está al 100%. Por eso, en un día como estos, di con ella. Es genial. Os cuento la historia.

Hará unas tres Navidades, estaba en el Carrefour, (si, en el Carrefour, quédate con el dato) concretamente en la zona de los juguetes. Andaba enzarzada en la búsqueda de un regalo para Mario, mi ahijado. ¿Qué se le regala a un niño de poco más de un año? Me estaba paseando mirando los cientos de peluches que inundaban las estanterías cuando, de repente, la vi… Me estaba mirando, podía oír cómo me llamaba, está claro que había estado esperándome. Evidentemente no pude resistirme, la cogí, y… ¡oh! En el pie tenía uno de esos botones que, cuando los aprietas, el peluche hace cosas… Rápidamente apreté esperándome escuchar cualquier historia, un rap cutre con voz de pitufo maquinero o algo así y… ¡tachán! Lo que presenciaron mis oídos y mis ojos es mejor que lo comprobéis vosotros mismos, mi cara de alucinada en ese momento debió ser digna de retratar. Sólo digo que mi ardilla se mueve con más ritmo que muchos individuos de los que he visto yo en los conciertos de rap. Ríete de Alvin y las ardillas, ella sí tiene estilo:

 

 

¡Seguro que ahora quieres tener una eh!

Ah… a Mario le compré otro peluche muy mono, pero cuando viene a mi casa va directo a por la ardilla. Es irresistible. Ella es el alma de la fiesta. Ella tiene todas las papeletas para ser la mascota de Crypta.