BehindBars#02 – The Bottle

 
 Brian Jackson y Gil Scott-Heron

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My Adidas’ de Run DMC inauguró esta sección, que hoy retomamos con el que fue considerado The Godfather of Rap, aunque él siempre se quitó ese mérito para otorgárselo a The Last Poets, y su compañero habitual de fatigas hasta aproximadamente la década de los ’80, Brian Jackson. No obstante, el apelativo que nunca se pudo quitar Gil Scott-Heron fue el de The Black Bob Dylan, debido a su continuo compromiso con la lucha social en general, y la afroamericana en particular. Este segundo capítulo de Behind Bars nos lleva a la América de mediados de la década de los ’70 de la mano de uno de los cortes de más éxito del fallecido artista, ‘The Bottle’.

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CONTEXTO HISTÓRICO

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Veintitrés de Enero de 1973, Estados Unidos. Richard Nixon, presidente en funciones por aquel entonces, anuncia ante todo el país que tras 6 días de negociaciones han establecido un alto el fuego en Vietnam. Los soldados volverían, se dejaría de bombardear el país, se dejaría de arrasar Vietnam con armas químicas y se dejarían allí los afectados por la guerra, muriéndose de hambre. La Guerra de Vietnam, aparte de dañar considerablemente los bienes humanos, terrenales y económicos de Vietnam, también supuso un varapalo anímico para los Estados Unidos. Aquella nación que venía de ser la gran triunfadora de la Segunda Guerra Mundial tras demostrar su capacidad bélica y económica a todo el planeta, había sido derrotada.

No obstante, esto no es una clase de historia, no vamos a hablar de los porqués y las claves de la última etapa de esta guerra, ni de cómo repercutieron a la hora de tomar la decisión. Lo que si nos interesa sin embargo, es cómo repercutió esa sensación de derrota militar, política y económica en la sociedad estadounidense. Cómo afectó al yankee de a pie que todo el planeta viera como su todopoderoso ejército caía frente a una panda de subdesarrollados milicianos de ojos rasgados.

Vietnam 01

Detrás de cada bandera en el porche, o de cada parche en la chupa, hay un sentimiento de patriotismo que bombea la sangre del corazón de la gran mayoría de norteamericanos. Cómo alimente cada uno ese orgullo es algo personal, pero que la imagen de tu país quede tan dañada como la de EEUU después de atacar Vietnam es algo que dolió en todas las almas, pero lamentablemente el dolor no sólo quedó ahí. Más de 50.000 soldados estadounidenses de todas las clases sociales habían perdido la vida en la guerra, 2.000 habían desaparecido, más de 300.000 venían heridos, amputados, paralíticos o afectados por el agente naranja, y eso sin contar los prisioneros de guerra que irían llegando en los meses (puede que años) sucesivos.

El que tuvo la suerte de no acabar con ninguna tara física, debería estar rezando si no vino con alguna mental, con alcoholismo crónico, o enganchado a alguna droga: el alma de América estaba podrida. La misma ambición que les posicionó cómo líderes mundiales ahora les estaba destrozando por dentro. Sus esperanzas morían, su ilusión hacía tiempo que ya lo había hecho, y la poca riqueza que quedaba tras la guerra lo estaba haciendo paulatinamente en las licorerías del barrio. Pero cuando todo parecía que estaba hundido en la mierda, alguien empujó más abajo.

Pobreza

Exactamente siete meses después, el 23 de Agosto de 1973, la OPEP (Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo) hace pública su decisión de bloquear la exportación de petróleo a aquellos países que habían apoyado a Israel en la Guerra de Yom Kipur, entre los que estaba Estados Unidos. Este bloqueo afectó de forma contundente a la ya castigada población estadounidense. El modelo productivo norteamericano era totalmente dependiente de la energía generada con el petróleo. Con un 6% del total de la población mundial, EEUU consumía el 33% de la energía de todo el mundo. Las consecuencias en la economía fueron desastrosas: la Bolsa de Nueva York perdió 97 mil millones de dólares y la moneda se devaluaba hasta alcanzar un 10% menos de su valor, mientras que el precio del petróleo se cuadruplicaba. Pérdida de valor del dólar, recesión, inflación…

Las condiciones de vida del país de las oportunidades se habían truncado en apenas un año. Aumentaba la tasa de desempleo, algunos trabajadores adultos perdían su trabajo sin relevo de la juventud pues no había dinero con qué contratarles… Las minorías sociales se hundían cada vez más en la marginación mientras observaban cómo las escuelas, el único futuro para sus hijos, cerraban en invierno para ahorrar el combustible de la calefacción.

“Ponme otra copa Johnny, al menos calienta”

 
 

FRÍO EN AMÉRICA Y ALCOHOL PARA MATARLO

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¿Se podría confirmar que “Winter In America” (1974 – Strata-East) es uno de los discos más importantes de la carrera de Gil-Scott Heron? Se podría estudiar, desde luego. Por una parte, es el primer disco dónde se reconoce explícitamente la figura, y por lo tanto la imprescindible labor del compositor, pianista, y amigo de Gil, Brian Jackson. Este reconocimiento viene de la mano del cambio de sello pues Gil y Brian abandonaron Flying Dutchman parece ser que debido a que su director Bob Thiele no quería repartir beneficios con Brian Jackson. Pero no hay mal que por bien no venga, el dúo encontró una alternativa idónea en Strata-East Records, un sello que habían fundado el trompetista Charles Tolliver y el pianista Stanley Cowell con la idea de editar música a favor de la formación y educación de la clase afroamericana. Eso permitió una mayor involucración de Brian, perceptible desde la primera escucha debido a los solos de piano, pero sobretodo al aumento de la musicalidad compleja en detrimento de una música más directa como la que venían haciendo en sus anteriores referencias. Eso en cuanto a lo musical, en cuanto a lo profesional, el éxito del tema que nos ocupa en esta nueva edición de Behind Bars hizo que Scott-Heron y Jackson dieran el salto al llamar la atención de algún cazatalentos de Arista Records.

Brian Jackson & Gil Scott-Heron

Que ‘The Bottle’ fuera el single del LP supongo que no sería casualidad. Era el tema con más groove y pegada de todo el disco, y con ese ritmo caribeño se convirtió en un habitual en las pistas de baile de la época a pesar de su temática cruda. Hay que destacar que en este caso Brian Jackson abandona los pianos por la flauta, por lo que será Scott-Heron quién percuta la cuerda durante toda la canción, de ahí que el teclado tenga menos protagonismo en este tema que en el resto de composiciones. La inspiración le llegó a Gil Scott-Heron como a cualquier gran genio creativo, tirado en la calle viendo la vida pasar, concrétamente viendo cómo gente de su barrio entraba a la licorería con botellas vacías para ahorrarse el gasto del envase cuando compraban alcohol (lo que hacíamos aquí en la guerra con la leche, vamos). Sobre el corte y su mensaje poco hay que decir que no se intuya o se entienda al escuchar la letra: un pueblo americano sin fe soplando para olvidar sus problemas pasados, actuales, o futuros. Un pueblo americano herido que pisoteaba su amor propio hasta vomitarlo sin saber cómo recuperar esa identidad.

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